BREVE HISTORIA DE AKENAR Y LOS MARES TRANQUILOS

 

SOBRE LA CRONOLOGIA  

Hoy en día en Akenar se usa el sistema cronológico sillenita (AS y DS significa “antes de Sillevan” y “después de Sillevan”) muy similar al del Reino de Eria. También es cierta la existencia de muchos lugares no acomodados a la cronología arcana, que siguen la línea temporal según listas de reyes o grandes señores. Algunos reinos, como Kernia, tienen una Casta sacerdotal que, aunque no tan poderosa como la Iglesia arcana, trata de mantener un control temporal mediante una cronología propia.  

Por lo tanto, mientras el Reino de Eria está en su año 3451 (451 IV), el Imperio de Akenar se encuentra en su año 1025 DS, el Gran Reino de Kernia en el 779, y las tierras de Ala’i en el año 1635. Por el cómputo del antiguo Imperio de Vilonia, estaríamos en el año 2027.

SOBRE ERIA (Nota de Raemon el Tartamudo)

Quizás este manuscrito, por algún motivo extraño, caiga en manos de alguien ajeno al Reino de Eria. A modo de explicación puedo decir que este libro ha sido iluminado en las tierras del continente de Eria, en uno de los reinos que ocupan el centro de dichas tierras, el más antiguo de ellos[1]. Uno de los clérigos de nuestra orden, el anciano frai Simón, realizó cuatro viajes a las lejanas tierras de Akenar, que aquí describe, y, viendo cercano el final de sus días, me ha pedido mi humilde ayuda para poder registrar sus recuerdos por escrito para que sirvan de ayuda a los que están por venir. Confío en que su memoria sea fiel a la verdad.

HISTORIA COMÚN

Hay muchos principios posibles para contar la historia de los Mares Tranquilos, nosotros empezaremos por narrar las migraciones de los pueblos svardos. Es seguro que estos pueblos habitaron el norte de Draak desde tiempos inmemoriales, tierras de hielos eternos de las que apenas hay recuerdos. De todos los siglos que pasaron allí no queda nada salvo lo que marcó el principio de la historia de Draak, el miedo. Al parecer un peligro más allá de las tierras boreales hizo que estos pueblos bárbaros, siempre duros y fuertes, se trasladasen a las zonas del cálido sur huyendo de algo, hace unos cuatro milenios. Según los escritos más antiguos, cuando estos bárbaros svardos arribaron a las zonas costeras de los Mares Tranquilos, habitaban allí unos pueblos nativos llamados ogarthes. Esto era, más o menos, la zona del actual Carcaigh. El Rey de los ogarthes, un gigante llamado Rothum, se resistió a que los acobardados svardos habitasen las tierras de su reino y comenzó una larga guerra. Fue entonces cuando aparecen por primera vez los ilkos, unos nómadas merodeadores habitantes de las costas sureñas de Draak, que eran esclavos de los ogarthes. Al parecer los svardos se refugiaron en las tierras de los ilkos, con el apoyo de estos. Pronto la guerra cambió su curso y la capital natal de Rothum, llamada Rimergoar, fue asaltada y quemada por un ejército norteño liderado por Rolefson, uno de los primeros reyes svardos conocidos. Dicen las leyendas que Rolefson era nieto del dios Moradín, al que ellos dan el nombre de Gleind o Wodden, el padre de los svardos de este Confín (la raza completa es llamada los Hijos de Man; está claro que los svardos y los manni[2] son dos ramas de la misma raza de hombres norteños; aunque sus historias hablan de tres ramas, ignoro dónde se encuentra la tercera).

Así pues, en las zonas más orientales del continente, se formaron varios reinos svardos a consecuencia de la caída de los antiguos ogarthes.

Fue entonces cuando las tierras de los nómadas ilkos en las montañas y costas de Ai’ean[3] fueron invadidas por los enanos, una raza tan antigua o más que los svardos, que habitaba la Gran Cordillera desde tiempos tan ancestrales que no hay memoria para hablar de ellos. Aunque a los enanos de entonces –ni a los de hoy en día- no les gustaban los grandes viajes, el motivo de la invasión fueron las incalculables riquezas minerales de Ai’ean[4]. Para iniciar la conquista descendieron de la Gran Cordillera hasta las llanuras del que hoy en día es Reino de Kernia, y se dice que durante veinte años prepararon un ejército de esclavos capturados entre las tribus de humanos zarkos, a los que finalmente hicieron huir hacia el sur. Con los esclavos y unos inmensos animales de guerra, llamados elfantros, marcharon desde la meseta de Kern hasta las Ciénagas de Swam, donde al parecer perdieron gran parte del ejército. Pese a las azarosas dificultades, lograron atravesar los pantanos, y su inesperada llegada a Ai’ean fue tan repentina como victoriosa. Allí, el rey enano Obom I, fundó el Reino de Aynea, y esclavizó o expulsó a los ilkos hacia los reinos svardos del este y hacia las islas de los mares de Sargos, Vúlpara y del Ilko –que recibió su nombre precisamente por estos hombres-.

Hace tres mil años, tras su expulsión de las tierras continentales, comenzó el auge de los viajes marinos ilkos allende los mares.

En el continente existieron numerosos reinos svardos de los que apenas queda memoria, el Reino de Mut, el Reino de Wied, las tierras de los Hombres del Hierro... de estos viejos nombres apenas se conservan viejas tumbas con forma de túmulo, inscripciones rúnicas en piedras gastadas, alguna espada de hierro o bronce forjada con viejos hechizos y poco más. Estos svardos sin nombre atravesaron el Mar de Vain hasta lo que llamaron Vilonnya. Allí habitaba, según las leyendas, una serie de pueblos y clanes élficos, sobre todo en los bosques del sur de la isla, que pronto tuvieron que pagar un Geld o tributo a los pueblos svardos. Pese a que la conquista svarda parece que fue rápida, nunca llegó a ser realmente efectiva pues los norteños nunca han estado unidos bajo un solo Rey, y aunque comparten unas costumbres claramente distintas de las de los otros pueblos, también presentan grandes diferencias entre sí. Además, en aquella época el centro de la isla estaba ocupado por una inmensa masa boscosa, en la que ni las más aventureras bandas de guerreros svardos pudieron penetrar.

En el Oeste, fue en esta época cuando comenzaron las guerras entre los enanos de Kernia y los orcos de los yermos. Las huestes de los enanos eran poderosas y habría de pasar mucho tiempo hasta que el clamor orco fuese oído en los confines de las fortalezas enanas. Sin embargo los caminos dejaron de ser seguros y muchos lugares tuvieron que amurallarse. En esta época vivió Olok el Yunque, uno de los mayores armeros enanos de todos los tiempos, que forjó los Anillos de los Enanos y el Martillo de Gleind, entre otras maravillas.

También en estos tiempos, en el mar, aparecen historias acerca de un pueblo ilko, los azures, maestros de la navegación y de la astronomía. Su comercio llegaba lejos, desde las cercanas mercancías de los reinos svardos hasta las lejanas telas y cristales de Sigia[5], el más bello de los reinos en el extremo sur de Ankay. Eran unas tierras tan lejanas que muchos no creían de su existencia.  

Fue hace unos dos mil quinientos años cuando empezó el declive de los Dos Reinos de los Enanos, que se extendían desde la Gran cordillera hasta Aynea y eran el más fuerte de los dominios conocidos hasta la época. Esto lo causaron muchos motivos: la isla de Azur formó una liga con otras ciudades ilkas y comenzó a hostigar la costa occidental de Aynea, principalmente para acabar con el poderío comercial de los enanos en el Mar de Vúlpara; los orcos amenazaron el corazón del reino cuando numerosas huestes arrasaron la meseta de Kern y se asentaron allí; los desaparecidos zarkos regresaron del sur, huyendo de los lejanos Reinos Negros de Yu y sus hombres de piel negra, que dominaban el desierto pedregoso y la sabana del Oeste de Ankay hasta la desconocida costa del Mar Verde y sus ignotas islas; por último, los peligros de las ciénagas de Swam –la única ruta terrestre entre ambos reinos- se acrecentaban año tras año y el dominio ilko de los mares era inquebrantable, lo cual imposibilitaba en gran medida las comunicaciones entre los Dos Reinos.

Estos motivos, junto con las disputas dinásticas en el interior del reino, consiguieron llevar al traste las más esperanzadas aspiraciones enanas sobre el dominio de las costas del Mar de Sargos. El Reino se disgregó en varios, de los cuales los más fuertes eran dos, el Reino de las Montañas, en el oeste, y el Nuevo Reino de Aynea. Los reinos de los enanos jamás se recobrarían del golpe que les había sido asestado.

Hace dos mil trescientos años, se dio en Vúlpara un extraño fenómeno: en algunas ciudades del archipiélago se depusieron los reyezuelos y príncipes para imponer lo que se dio en llamar Dictadura de los Filósofos, destacando la polis de Cretón. Al mismo tiempo, las ciudades vúlparas de Sarkai, Trenea y Gor pasaron por una etapa de libertad sin precedentes. Los hombres y las mujeres eran tratados por igual y hasta he oído decir de aquella época que los hombres ricos y pobres compartían mesa durante los festejos a los Dioses, de los cuales tan sólo conozco a Kord, muy adorado en Sarkai. Esta tradición de libertades sufrió una súbita extinción en el fin del milenio.

Volviendo, sin más dilaciones, a aquellos lejanos años que rodearon las tiranías vúlparas, causadas en gran parte por culpa de la nueva liberación de los dominadores enanos, sobre todo en las urbes costeras del continente, habrá que decir que el dominio enano no se extinguió por completo. Quedaba el comercio de los metales. Los enanos no sólo hallaron grandes vetas de mithril en las profundas montañas de Aynea, sino que eran los únicos poseedores del secreto de la forja del hierro, pues en aquellas épocas antiguas casi todas las armas eran de bronce o metales innobles. Los enanos, con sus impresionantes armaduras de hierro y sus hachas de batalla, sustituyeron su dominio con la venta de las mismas en vez de con su uso. Tuvieron un gran poder económico sobre la zona aún en aquellas décadas de mayor libertad vúlpara. Por su parte, muchos fueron los magos y alquimistas que trataron de conseguir el secreto de la Forja.  No hubo hombre, ni mago, ni hechicero, ni alquimista ni herrero alguno que lograse su objetivo. El secreto de la Forja seguiría velado muchos siglos a los ojos de los que no fuesen enanos.

En este momento he de reconocer un vacío en la memoria de mis manuscritos. Hace unos años una de las salas de la Escuela Palatina de Akenar sufrió un pavoroso incendio que llevó a la ruina una parte de la biblioteca, y al parecer lo relativo a lo acaecido en Vilonnya desde la llegada Svardia hasta la aparición de Osthildar I el Magno, ha sido perdido entre la ceniza y el humo. Aproximadamente los svardos pusieron el pié en la isla hace unos dos mil cuatrocientos años, y de ser unas meras compañías de saqueadores y mercenarios svardos penetrando hostilmente en la isla y haciendo pagar tributo a los moradores, pasamos a encontrar escritos, casi trescientos años después, de cómo una nueva raza, mestiza de svardos y elfos, deifican a su nuevo y joven Rey. Da la impresión de que las costumbres élficas, mucho más sofisticadas y refinadas que las svardas, se fueron enraizando en los conquistadores, hasta que éstos las adoptaron como propias. Incluso después de siglos de civilización e Imperio, estas costumbres se pueden entrever en los ritos de aquelarres faéricos, en los que se danza alrededor de unos fuegos el día de Solsticio de Verano, en las figuras de las Iglesias y en las oraciones de los vilonios. 

El primero y más extraño de los vilonios se llamaba Oshtildar. Al parecer era hijo de los bosques y de los valles. Llegó al castillo de Ethelwald con la edad de 14 años, y allí enamoró de manera sorprendente a la hija del señor Owulf, un svardo cuya familia no había sufrido cruce alguno con los elfos. Owulf murió en un duelo con Oshtildar, lo que me hace pensar que realmente Oshtildar era ya noble. Sea lo que fuere, se casó en invierno con Lenyel. La bondad y magnificencia de Oshtildar fueron a más, y pronto los moradores de todo el Este de Vilonnya le reverenciaban como su señor. Los nobles de estos lares se reunieron con él, lo coronaron como Señor de Laek Vilonnya, es decir, de la Isla de Vilonia. Esto sucedió hace 2027 años, el que en el cómputo vilonio fue el año 1.  

A este acontecimiento siguió la Guerra de las Coronas, con el rey svardo Rackard del Reino de Haldheimm, y el Reino de los acos, Cirannia, en el Norte. De esta larga guerra no hablaremos más que lo necesario. Osthildar, al mando de un ejército tal que nadie conociera, dominó en trece años la isla completa. En el año el año 13, dominada toda la isla de norte a sur, de este a oeste, desde la costa a las alturas.

Al mismo tiempo, en otros lugares del mundo conocido, sé que acaecieron asuntos de importancia capital. La ciudad de Azur cayó bajo la fuerza de algún pueblo desconocido. Creo, por la naturaleza de las fuentes, que sufrió una invasión o algún cataclismo. El hecho real es que en el cambio de milenio todas las referencias en las fuentes acerca de la ciudad de Azur desaparecen de manera repentina, y no alcanzo a adivinar qué ocurrió realmente. Me cuesta imaginar qué clase de poder consiguió borrar de los mapas y los pergaminos a esta gente y sus marinos.

Este fue el respiro que los reinos enanos, todavía en pie, necesitaban. Había sucumbido años atrás la ruta de Swam, por donde trataron de establecer rutas comerciales con Aynea, sin éxito. Uno de los muchos reyes orcos de Kern se convirtió a una religión llegada de tierras lejanas, salvaje y destructiva, e impulsado por sus nuevas creencias lanzó sus huestes contra las murallas de las ciudades enanas del Reino de las Montañas.

Relata un pergamino de oscura piel de zok que hallé en una colección de un mercader alino hace casi siete lustros, que los zarkos, enemigos naturales de los enanos, enviaron por aquellas fechas, unos cincuenta años antes de la coronación de Osthildar en Vilonia, a un emisario najarí a pactar con los kernios. No sólo es el primer lugar de la historia en el que se les denomina kernios a los habitantes semiorcos del sur, sino que también es el primer acto de hostilidad entre kernios y zarkos, pues el mensajero fue despedazado para ojos de Harkut I, el que se podría decir que fue primer rey kernio, o al menos el primer monarca adorador de Assur, en estos momentos un dios menor, que mencionaré más tarde. Sospecho que algún suceso anterior que desconozco llevó a este enfrentamiento, que desembocó hoy en día en un odio asumido desde la juventud por las gentes de ambos pueblos.

Todos los habitantes de los Mares Tranquilos conocen la historia del Imperio Vilonio, puesto que todos y cada uno de los pueblos bañados por tan generosas aguas han escrito sus propias historias en la inmensa Crónica del Imperio Vilonio. En estos pergaminos esbozaré un resumen de los hechos acaecidos en los Mares Tranquilos en aquellos tiempos en los que los hombres-elfo dominaban las tierras y los mares, construían ciudades y dictaban leyes que, pasados los milenios, todos los reinos de los hombres seguirían recordando.

En el 40 año vilonio,  el Rey de Lahk Vilonnya, Osthildar el Magno, subió en sus naves de viento rumbo al continente de Draak, para conquistar los reinos svardos de Skunnland y Mervion en una fugaz guerra. En pocos años conquistó todas las tierras de los Reinos hasta las Montañas de Tork, cerca de Svardia. Tras todo esto y decenas de guerras victoriosas, el Rey murió, el año vilonio 190. Su mítica espada, Hades, fue destruida.

Una de las más dura de las guerras jamás libradas fue la que tuvo que llevar a cabo Egnvir, hijo menor de Osthildar. Se trató de la guerra con el Reino Enano de Aynea. Pese a las victorias vilonias, la guerra jamás concluyó, y los enanos nunca fueron conquistados del todo en su península. Ni siquiera durante el Bajo Imperio Vilonio.

Así pues esta guerra comenzó el año 193. Egnvir invadió el reino enano por el norte, por tierra, mientras que su lugarteniente, Aelemir, tomaba en el sur las ciudades costeras con la flota vilonia. Esta guerra fue el principio de la expansión vilonia. Años después dominaron Borundia, Korán, y la costa norte del Desierto de las Dunas. El Imperio, en aquellos primeros siglos, era temido por su poderío y grandeza, tanto la de sus naves como la de sus caballeros de pálida tez y luenga melena.

La época del Alto Imperio se suele delimitar desde el año vilonio 1 hasta el 352, año en el que la Dinastía Vilonia no dejó descendencia, y se produce la I Guerra Fratricida. Al parecer la grandeza del Imperio llevaba consigo una creciente lucha por alcanzar el poder en las Cortes de Verano e Invierno, y la corrupción, así como la desidia y el despotismo, se habían apoderado del Imperio. Esta guerra civil enfrentó no sólo a los nobles de Vilonia entre sí, sino también a los de todos los dominios imperiales en Draak. Tras el enfrentamiento, que finalmente se decidió en la batalla campal de Termos, en Korán, salió victoriosa la facción de Onodair, que se coronó Emperador del Mundo y Semilla de la II Dinastía, en el año 361. Tras ello conocemos una época de debilidad, en la que el Imperio perdió el control de las Marcas más norteñas en Svardia, así como sufrió un retroceso en los avances de la guerra en Aynea.

Casi veinte años después de la coronación de Onodair, éste fue asesinado por los cortesanos. Se inició la II Guerra Fratricida, mucho más breve y victoriosa. De ella surgió la figura del Rey de Reyes, Yelvain. En el año vilonio 380, el Rey de Reyes se erigió como fundador de la III Dinastía, y no sólo recuperó, en los 151 años que duró su reinado, todo lo perdido durante el reinado de Onodair, sino que llegó al Mar de Sargos y conquistó a zarcos, ilkos y enanos toda la costa sur de los Zarcos, dominó Tresia, la costa del levante de Kernia, construyó fuertes en Swam, fundó Gondomar y sojuzgó Vúlpara, Gor y Everonia, además de profundizar en el Desierto de las Dunas en busca del Oasis de Salar, en el que hizo construir la Ciudadela de Vaith para proteger las posiciones vilonias de la costa de los ataques de los nómadas tuaregs, unidos bajo una nueva fe. La nueva fe, el Destino[6], se irá haciendo fuerte poco a poco desde estos tiempos hasta la llegada del Profeta a Mirra, en el año vilonio 392.

Dícese del Rey de Reyes que fue la más grande figura de la Historia. No lo creo. Tampoco estoy seguro de lo que las malas lenguas aseguran, acerca de los rituales y las magias negras en las que supuestamente se vio envuelto el Rey. Durante su reinado se impuso en todos los territorios el Panteón Vilonio, una larga estirpe de dioses élficos de la que nosotros conocemos a alguno de los de mayor importancia, Corelion Larethian, Ehlonna, Wee Jas y Olidammara.

Su reinado terminó con su muerte, por extrema vejez, el año 531. Jamás ningún Imperio en los Mares Tranquilos lograrían tal extensión en sus conquistas.

Sucedieron casi tres siglos de calma para los vilonios. El Imperio, libre de grandes enemigos por aquel entonces, apenas se esforzaba en repeler los ataques zarkos del oeste de Ankay, el continente de los Aromas, y apenas tenía roces en las fronteras del norte con los salvajes svardos o luchas aisladas contra los pictos de Borundia. Los únicos verdaderos conflictos en armas se libraban en Aynea y en Kernia. En Aynea las batallas sangrientas con la gloria de antaño se habían acabado y la guerra se había visto estancada cuando los enanos decidieron refugiarse en las montañas, de modo que pocos caballeros vilonios deseaban embarcarse hacia aquellas tierras de secas y angostas montañas. La conquista de las tierras salvajes de los semiorcos en Kernia tenía mucho más atractivo para los jóvenes vilonios envueltos en sus armaduras plateadas, aunque las campañas militares resultaban cada vez más costosas. Al parecer no sólo los enanos esgrimían armas de hierro, por aquel entonces los kernios ya se habían hecho con el secreto de la forja. Así pues, los enemigos en las tierras del oeste del Imperio eran más peligrosos de lo que los vilonios acertaban a admitir, pues sus armas de hierro cortaban las armaduras de los isleños como si éstas fuesen de papiro de Korán. En esas tierras del oeste, donde también moraban los enanos, el Reino de las Montañas tenía fortalezas inexpugnables hasta para los mayores ejércitos y haría falta veinte o treinta años de asedio continuado para rendirlas por hambre; tomarlas por la fuerza era sencillamente imposible.

La Historia de Ala’i es quizás de entre todas la más compleja de relatar en unas breves líneas. Como he mencionado el Profeta al Nassar llegó a la ciudad de Mirra en el año vilonio 392, que para las gentes de Ala’i es su año 1. La ciudad de Mirra, por aquel entonces, era un avispero de comerciantes de muchos lugares, los pobladores de la urbe estaban divididos en una lucha civil entre dos hermanos, Umar y Yoshii, que llevaban ya decenas de años disputándose la corona de la ciudad, con traiciones, engaños, compras incluso juegos de todo tipo. La historia de estos dos singulares hermanos parece salida de un cuento. Umar era el hermano mayor, celoso por la fama de su hermano menor, que no sólo aspiraba abiertamente a la corona sino que además se acostaba con su mujer. Yoshii envidiaba la fama de su hermano de hábil administrador y le odiaba por la admiración que los militares le tenían. Entre tejes y manejes Umar acabó por crear la famosa secta de los asesinos[7] y amenazó a Yoshii en público. Éste último asesinó a la mujer de Umar para que pareciese que los celos habían, finalmente, decidido la situación. En la época en la que al Nassar llega a Mirra, Yoshii había huído de la ciudad y Umar se había refugiado en la alcazaba de la ciudad para planear su venganza, que jamás llegó puesto que murió sepultado en la fortaleza, que se vino abajo sin que nunca se encontrase explicación. Yoshii desapareció de las historias y nunca se supo qué fue de él.

Lo que si se sabe es que al Nassar se hizo rey de Mirra más por sus palabras que por su fuerza. Precisamente por eso muchas veces aparece mencionado su uso del turbante[8] en las fuentes alinas. El nuevo monarca hizo construir una torre, a la que llamó Mezquita, y desde ella, cada mañana, llamaba a la oración. Esto lo hizo todos los días de su larga vida.

La religión del Destino, o shainita, es una religión compleja que se basa en que la historia de cada uno ya está escrita, por lo que uno tiene que ser fiel a la misma, sea cual sea. Los Libros del Sha, escritos por el Profeta, dictan las leyes de Ala’i; romper las leyes es caminar contra el Destino. El problema son los ciencuenta tomos de la Ley[9], que, desde aquellos tiempos, han de estudiarse tanto los cadís[10] alinos como los imanes[11]. La interpretación compleja del Sha, unido al ya de por si desordenado espíritu alino, son los motivos principales que impidieron a los habitantes de Ala’i –superiores incluso a los vilonios en campos como la Filosofía o la Medicina- el establecerse como un imperio real: la religión shainita se expandió con tal rapidez y fuerza por todo Ala’i que el propio emperador vilonio Yelvain (llamado por muchos el Rey de Reyes) mandó reforzar las posesiones imperiales en el norte del continente de Ankay e incluso dirigió personalmente una incursión en el Desierto de las Dunas, donde impidió que muchas aspiraciones alinas sobre la costa prosperasen e incluso levantó la conocida Ciudadela de Vaith, que durante siglo y medio impidió la expansión alina hacia el oeste. Tras la muerte del Rey de Reyes el propio Profeta sitió la fortaleza al mando de un gran ejército alino y fue tomada en el año vilonio de 535. Eso marcó el inicio de la expansión de los alinos por todo el norte de Ankay, pues en los años siguientes ocuparon hasta los territorios que hoy en día poseen los Zarkos.

En los muchos años del Profeta y la instauración del Destino, éste afianzó la religión como algo propio de los hombres del desierto y creó un sistema monetario para Ala’i. En general los alinos, en sus años de expansión, se caracterizaron por propagar su cultura pero respetando las anteriores. Las gentes de las tierras conquistadas y extranjeros eran llamados mawlas[12], a los que se les obligaba a conocer el Shâ, pero se les prohibía traducirlo. Todos los mawlas tenían que pagar anualmente un tributo llamado chizia. 

Al Nassar vivió hasta el año alino 210, es decir, hasta el año vilonio 581. A su muerte dejaba unos dominios equivalentes a todo el norte del continente Ankay, salvo la costa de los Mares Tranquilos que pertenecía a Vilonia. Murió el último día del año y se puede decir que al día siguiente sus herederos ya estaban en guerra para hacerse con lo más posible de sus dominios.

La guerra civil en Ala’i (se suele producirse cada vez que un gran caudillo muere, y el Profeta no fue una excepción) duró muchos años, casi medio siglo, y enfrentó a tuaregs, muyadim, ziríes, lamares, ayasidas, sansanios, iritas y karacenos, todas distintas facciones alinas shainitas. La paz no volvería a Ala’i hasta que la nieta del Profeta, Nayr al-Rashid ibn Nassar, se hiciese con el Califato de Mirra y trajese la paz al Desierto de las Dunas.

Durante varios siglos el poder alino no tendrá rival en Ala’i. El Califato de Mirra mantenía su poder de este a oeste sin entrar en conflicto con los territorios del Imperio Vilonio, con el que había un abundante comercio. Aparte de algunas luchas dinásticas intestinas y de varios conflictos armados, de importancia menor, con los Reinos Negros de Yu, se puede decir que el Califato vivió su época más dorada, que duraría medio milenio.

Entretanto, en el año vilonio de 859 narran las fuentes imperiales un hecho cumbre. La invasión norteña de unos pueblos desconocidos, sin origen svardo, adoradores de un autoproclamado Rey Demonio, llamado Oonegith. Se realizó una leva a gran escala, y llegaron hombres de todas partes del mundo para asistir a la guerra norteña. Se dice que un ejército de cuatrocientos miles  de vilonios partió de Nevesy al comienzo de la primavera del año 861 y que arribó a orillas del lago Svart a finales de verano, tras reconquistar casi cien millas de territorios quemados y arrasados. Dicen las partes que conservo de la Crónica Vilonia que  el ejército de Oonegith fue aplastado a orillas del lago, y que las aguas se tornaron rojas durante un año entero. Pese a todo Oonegith escapó, y dice la leyenda que se trata de un ser malévolo e inmortal. Algunos lo veneran como Amo del Averno, Dios norteño de los Males. En nuestras tierras ese Rey Demonio es conocido como Nerull.

No puede ser casual lo acaecido en los Zarkos en estos años de guerra norteña. Estos pueblos nómadas cayeron bajo el dominio del segundo Rey Demonio, Omuth. En esta ocasión arrasaron los dominios vilonios en la costa y hubieron de pasar siete años, hasta el 868, para que un nuevo ejército imperial vilonio pisoteara los esfuerzos de los salvajes zarkos. He oído hablar de las Ciénagas de Omuth, al sur de los Yermos que fronterizan con Kernia, y sospecho que era en este lugar donde nació el poder de Omuth. Se dice que es el Amo del Abismo y del Infierno, y se le adora como a un Dios. También he descubierto que en Eria se le conoce por el nombre de Erythnul.

El tercer Rey Demonio fue llamado Avarrak por los vilonios. Esta palabra significa “maldito”. Fue el más exitoso de los Reyes Demonio desde que comenzaron a arrastrarse por el mundo hace once siglos, pues logró asesinar al propio Emperador. Se dice que Avarrak es el amo de la Ponzoña y la Traición, que viaja por el mundo envuelto en harapos con aspecto de leproso, y que no tiene Reino, como sus hermanos. En nuestro reino se le da el nombre de Vecna.

Según leí en la Teología de San Petrus de Aefeltera, obra cumbre de este pensador arcano, que los Tres Reyes Demonio son hermanos, hijos del mal, señores sin otro reino más que el alma podrida de los malvados.  No creo que existiese hermandad de sangre entre ellos, pero es segura una tácita alianza. Los tres son venerados desde su aparición, y su nombre es evitado en cada posada, en cada castillo, hasta en cada templo o iglesia de los Mares Tranquilos.

Tras la muerte de Tedoroth III el Engañado, a manos del traidor Avarrak, que se había logrado colar entre el séquito imperial en Haldheim, el Imperio atravesó una crisis de unos cincuenta años. Es en este momento cuando los kernios, por el sur, y los enanos, por el norte, expulsaron de Kernia a los vilonios. Sin embargo, antes de diez años regresaron para retomar las ciudades costeras caídas, que fueron reconquistadas una tras otra. El único bastión que resultó realmente inexpugnable fue el nuevo castillo de Arrak, construido a marchas forzadas por los enanos en los acantilados de la costa de Kernia, y que ejerció de espina clavada en el flanco del Imperio Vilonio hasta el fin de sus días.  

Corría el año vilonio 1002 cuando en el centro del Imperio continental, a orillas del actual lago de Aark, se menciona en todas las fuentes de la época la aparición de un nuevo pueblo que, inicialmente, los vilonios tomaron por svardo. Son los arcanos. Aunque, según los propios pergaminos de Akenar, los sabios vilonios no lograron entender la ruta que siguieron los arcanos hasta el lugar donde fundarían la ciudad de Akenar, si está claro que no podía tratarse de un pueblo svardo desconocido. La mayor parte de las tierras al norte de Hemdaim eran bien conocidas por los exploradores vilonios, así como sus pueblos y costumbres bárbaras. El contraste entre los arcanos y los svardos era fuerte, los primeros constituían una unidad fuerte monoteísta, con idioma propio y rasgos físicos marcadamente distintos; los segundos eran politeistas, caóticos y desperdigados en un millar de clanes.

La teología de los arcanos siempre tuvo una explicación fabulosa para este hecho: el Gran Arca. El nombre de los arcanos significa “que provienen del arca”. Los arcanos adoran a un dios que nosotros conocemos como St. Cuthbert, Dios de la Justicia, bajo el nombre de Gah. La religión arcana cuenta que existía un Viejo Mundo en el que las costumbres y los hombres estaban corruptas por lo que Gah mandó a su hijo, Sillevan, el Hijo de Dios, para salvar a aquellos que conservasen la Pureza. Se cuenta que Sillevan era hijo de un navegante y, durante muchos años, construyó con él un Gran Arca, una especie de barco inmenso en el que todos los puros de corazón del Viejo Mundo se marcharon para siempre.

Sillevan, en el Gran Arca, condujo a los arcanos hasta el Nuevo Mundo. Sin embargo la travesía fue larga y hubo dificultades, tantas que algunos de entre los arcanos dudaron de la palabra del Hijo de Dios y hubo un motín. Por un lado estaban los que tenían Fe, por otro los que la habían perdido, que se pervirtieron con ritos de Magia Negra.

El enfrentamiento en el Gran Arca llegó a las armas, y en el combate Sillevan murió. Al día siguiente, llegaron a las tierras que él había prometido. Como represalia, los arcanos que aún conservaban la Fe, se alzaron contra los otros y les dieron muerte a todos salvo a uno, que consiguió escapar. Como no se conoce su nombre, le llaman el Invisible.

Los estudios del sabio arcano Giles Wolpe en la Escuela Palatina de Akenar le han llevado a una conclusión muy diferente que le costó la excomunión y casi la hoguera. Cuando nos conocimos, hace muchas décadas, frai Giles no dudaba de la veracidad de las leyendas acerca del Gran Arca. Al conocer mis orígenes a ambos nos asaltaron las dudas: el idioma Común del Reino de Eria es prácticamente idéntico al Arcano Común, salvando algunas pequeñas y comprensibles evoluciones. La raza arcana es esencialmente idéntica a la eria, mediana estatura, pelo castaño, ojos claros. El feudalismo arcano, nuevo en estas tierras (puesto que el Imperio Vilonio fundamentaba sus vínculos en la estructura familiar, como han hecho los elfos durante miles de años), no se diferencia en nada del feudalismo que lleva existiendo en el Reino de Eria desde hace tres mil años. Símbolos heráldicos, nombres de familias, objetos sagrados y mágicos, arquitectura, poemas, canciones populares, festividades, todas las facetas de la vida común de Akenar tienen un claro precedente en el Reino de Eria. Además, hay símbolos evidentes imposibles de refutar, los restos del Gran Arca, conservados en la Catedral de Gah de Akenar, que cualquier navegante reconocería como propios de varias embarcaciones de pequeño tamaño, así como las catacumbas y cloacas de la ciudad, que son de construcción vilonia y claramente anteriores al levantamiento de las murallas, quizás de algún asentamiento anterior cuyo nombre se ha perdido.

Tal descubrimiento nos llenó de estupor. Frai Giles no pudo realizar el viaje que habría deseado hasta el continente de Eria por lo que desconoce una explicación que encontré a mi regreso, que había pasado desapercibida ante mis ojos, años antes: el príncipe Aldarion, hermano de Aelfredo e hijo del rey Mack el Pálido, desapareció con sus caballeros un tiempo antes de que Oswaldo el Usurpador subiese al trono. Esto sucedió en nuestro año 2420 (420 III). El joven príncipe, según los archivos de la época, había abrazado una fe diferente a la de su padre y su hermano, que seguramente serían adoradores del Dios Pelor. No sería de extrañar que Aldarion, al ver la situación de corrupción en la que se encontraba el Reino de su padre, se convirtiese a la religión de St. Cuthbert. Tampoco sería extraño que se marchase no sólo con sus caballeros, sino con carpinteros, labradores, bardos, herreros, magos, soldados, mujeres, niños y, por qué no, un profeta, Sillevan.

Así pues, si mis cálculos son ciertos, Aldarion se exilió del Reino de Eria con Sillevan y un grupo de seguidores de Gah. Cruzó las tierras occidentales y el Gran Océano, hasta dar por casualidad con algún tramo de costa en Draak. Seguramente buscaron un lugar agraciado para asentarse, y qué mejor para un erio que al lado de un lago. No sería raro que la muerte de Sillevan no se produjese por los mismos motivos que cuenta la leyenda, quizás incluso fue motivada por su condición de villano más que por su capacidad de predecir el futuro. Si es probable, por cómo evolucionaron las cosas posteriormente, que fuese alguien querido y respetado, y que la Magia Negra tuviese que ver en su muerte. Tras esto, hace 1025 años, Aldarion fundó la ciudad de Akenar, posiblemente sobre las ruinas de alguna otra vieja ciudad anterior.

El primer Rey de Akenar se llamó Darion I el Santo. Su símbolo fue una Cruz, que representa el mástil cruzado de un barco.

Según los escritos arcanos, sabemos que un ejército vilonio atacó la ciudad en el año 12 DS, el año 1014 vilonio, pero fue repelido con grandes bajas por ambos lados. Al parecer los arcanos no sólo conocían el hierro, sino que habían levantado unas murallas de considerable tamaño en apenas cinco años para defender la ciudad (una costumbre muy arraigada en Eria).

En esos tiempos, poco a poco asistimos a un proceso de debilitación de los dominios vilonios. En el año 25 DS el rey svardo Junifarr cruzó la frontera del Imperio y atacó las posiciones en Aynea, en busca de mithril.  En el Desierto de las Dunas nos llegan noticias de la bella ciudad de Mirra, fundada hace tiempo por el Profeta Aluuf el Nassar, y de los primeros ataques alinos a la costa.  

Eran años de peligro y dudas. En el año 79 DS el Imperio sufrió otro nuevo golpe en Kernia. El rey de una de las estirpes de semiorcos, Jorgothorn, expulsó definitivamente a los vilonios de esas tierras, para no verlos jamás. Los kernios dominaban ya el sur de Kernia, y sólo la amenaza de los zarkos al sur evita que invadan el norte, dominado precariamente por los enanos del Reino de las Montañas. La religión de Assur cala definitivamente entre los kernios. Unos dicen que Assur, Dios de la Guerra, es el propio Hextor en su forma humanoide. Otros, sin embargo, dicen que es el hijo de Gruumsh, Dios de los Orcos. No está claro si ambas cosas son ciertas, por el tipo de culto las dos podrían ser verdad.

Mientras, en Akenar se atravesaban años duros. La ciudad apenas podía defenderse, pero logró resistir los intentos de saqueo de los svardos que alcanzaron todo el norte del Imperio. En el año 103 DS se conoce una alianza o feodum entre el Imperio y el Reino de Akenar, alianza que sería de importancia capital siglos más tarde. El Imperio se comprometía a considerar a los arcanos como aliados, exentos de pagar el conocido Diezmo[13] a cambio de que defendiesen la mermada frontera norteña de los ataques svardos.

Los ilkos, dominados en Tresia por los vilonios desde hacía casi cinco siglos, se aliaron con el general vilonio Amyar, cuarto hermano del Emperador. La isla entera se reveló contra el Imperio, añorando los antiguos cultos y las antiguas y prohibidas costumbres. Una vez liberada del yugo vilonio, Amyar proclamó en la isla el Nuevo Imperio, al que se sumaría toda la parte Oeste del Imperio vilonio. La III Guerra Fratricida abarca el siglo II DS al completo, y lleva a ambos Imperios a la disgregación en el año 166 DS, el año vilonio de 1168. Al medio año, en Tresia, el Nuevo Emperador es asesinado y se instaura la Teocracia de Atros, Dios del Mar y del Comercio, conocido en otros lugares con el nombre de Fharlanghn. Los caballeros vilonios supervivientes abandonaron la isla y se desplazaron a Everonia, que se convirtió en la capital del Nuevo Imperio, aunque fuese por poco tiempo, con dominios en toda Vúlpara, Gondomar, toda la franja litoral de Aynea y Al-Koran, en incluso toda la región de Swam. El Nuevo Emperador, llamado Sildar I, intentó mantener los dominios del Nuevo Imperio impulsando el comercio pero, puesto que la mayor parte de la Administración Imperial había huido a Vilonia, resultó imposible la recaudación efectiva de impuestos y el mantenimiento de la paz. Su hijo, Sildar II, intentó formar una coalición con algunas ciudades libres del Mar de Vúlpara para reconquistar Tresia, pero jamás lo consiguió. Sus descendientes, Sildar III y Sildar IV, se pasaron la mayor parte de sus mandatos combatiendo la piratería y en guerras comerciales con Tresia. El Emperador Sindar IV murió traicionado en su Corte en el año 333 DS, a manos de un asesino pagado por los tresios, lo que hizo que su descendiente, Sindar V, le declarase la guerra a todos los barcos tresios que surcasen los mares del Nuevo Imperio. Muchos estudiosos de la Historia llaman a esto Guerra de los Piratas, que sacudió el Mar de Sargos durante todo el siglo IV y que no sólo enfrentó a los navíos tresios y del Nuevo Imperio, sino a todas las ciudades libres, orcos del mar, kernios y mercenarios del oeste de los Mares Tranquilos. En esta guerra naval los navegantes tresios e ilkos demostraron su enorme habilidad como marinos y el Mar de la Niebla jugó un papel crucial como escudo defensor de la Isla de Tresia, que aparte de sus barcos apenas contaba con murallas o castillos en el interior de la isla. La guerra y el botín atrajeron a numerosos mercenarios de todas partes y algunas consecuencias fueron mucho peores de lo que el propio Sindar V o sus hechiceros habían previsto: en las tierras de Ala’i, que después de varios siglos de paz había caído nuevamente en un conflicto civil, tras la muerte del Califa de Mirra, surgió con fuerza una facción muyadim, de guerreros del desierto y piratas de barcos de velas triangulares. Los muyadim barrieron en pocos años todas las aspiraciones del Nuevo Imperio en el Norte del continente Ankay, tomaron las plazas en Al-Koran y expulsaron a todos los vilonios y vúlparos de toda la costa hasta Kernia, donde se enfrentaron a los propios Kernios que, paradójicamente, habían pactado una alianza con el Nuevo Imperio. Se llegaron incluso a producir batallas navales entre kernios y alinos, y los primeros no dudaron en realizar incursiones costeras contra los muyadim en todo el sur del Mar de Sargos. Los barcos alinos también realizaron ataques por toda vúlpara y aunque en un primer momento los generales del Nuevo Imperio se temieron una gran alianza contra ellos, la quema de parte de la flota tresia dispuesta en Agon a manos del pirata alino Silomé disolvió estas dudas. La facción muyadim, más interesada en asentar su poder en el oeste de Ala’i que en la propia Mirra, fundó el Califato de Libah[14] en los antiguos dominios del Nuevo Imperio y su creciente amenaza causó que Tresia y el Nuevo Imperio[15] firmasen una paz definitiva –que jamás volvería a romperse- en el año 390 DS.

En esos años, el Reino de Akenar, que defendió la frontera norteña del Imperio de Vilonia en la medida de sus posibilidades, tras las invasiones se vio rodeado por reinos jóvenes de escaso impulso, formados por pueblos guerreros de svardos sin cultura. Akenar comenzó su ampliación por los reinos y ciudades que la guerra y las invasiones fueron dejado debilitadas.

En el año arcano 142 DS murió Darion I. No le sucedieron sus hijas, sino el que había sido Senescal, Mord Kain, que trató de saltarse sus propias leyes en juicios y beneficiando a sus seguidores más leales. A esto se opusieron los clérigos sillenitas (así se llaman a los seguidores de la Fe de Sillevan),  y el rey Mord masacró a la mayor parte de los ellos, lo cual le costó la vida a manos de San Jerome, su hijo. El Rey San Jerome, desde el año 145 DS, reformó la Iglesia y extendió enormemente las tierras vasallas de Akenar. A la altura del 190 las tropas de Gah llegaron al mar por el Sur, hasta el nuevo reino de Carkaigh. En el Norte dominaron a las Trece Tribus, y en el Este sojuzgaron a una coalición de ciudades svardas de las que apenas se sabe nada, ni siquiera su nombre.

He de decir que estos primeros años del Reino de Akenar contienen una enorme dificultad para ser estudiados. Las fuentes son engañosas, sobre todo si se trata de escritos arcanos. Yo, lejos de la costumbre generalizada de dar por cierto lo escrito, he descubierto que en las líneas genealógicas arcanas existen nombres de reyes que no llegaron a existir. Sin embargo sí existió el mítico Rey Teodoro el Blanco, del cual se dice que curaba con las manos. En el año 231 los límites del Reino chocaron con el reino svardo de Atria, fundado por los sacerdotes adoradores del Sol, el Dios Pelor. Entre ambos reinos hubo un gran enfrentamiento, que acabó con la llamada Traición de las Lanzas, donde el Rey de Akenar, Marcel II, se reunió para hablar de la paz con la mayor parte del culto solar en una antigua atalaya vilonia.  Numerosos caballeros arcanos emboscaron y dieron muerte a la mayor parte de sacerdotes atrios. Descabezada de sus clérigos y sus templos, los atrios fueron conquistados, sus tierras repartidas y su señorío sostenido bajo régimen feudal.

La Campiña, que en aquellos tiempos se llamaba Reino de Lecia, fue anexionada de manera pacífica y serena. El hijo de Marcel II el engañador, Marcel III el Ilustrado, mantuvo un reinado más próspero y pacífico que su padre, que culminó con su boda con la dama Igrid, hija del enfermo y anciano rey de Lecia, Godón II. Tras la guerra que Godón II había mantenido con Vilonia para conseguir independizarse del Imperio Vilonio el ejército lecio (compuesto por jinetes de extraordinaria habilidad) había quedado muy mermado. A Marcel III le bastó la paciencia de diez años para heredar el nuevo reino que, debido a los problemas con las tribus de orcos que descendían por la costa del Mar de Vith huyendo de tres inviernos duros, no podía permitirse el no contar con un efectivo militar capaz de enfrentarse a la nueva amenaza. Desgraciadamente, en esa guerra murió Marcel III, lo que hizo Rey a un niño de apenas 9 años llamado Elgar, y colocó como Senescal a un viejo general arquitano llamado Guillermo de Bulé, experimentado y capaz, que llevó la guerra al este y amplió en tan sólo ocho años el imperio a costa de los pueblos svardos que habían ocupado la otra orilla del lago de Aark, fundó Dortoña, tomó Carcaigh, edificó las nuevas murallas de la ciudad de Hanor a orillas del dío Dor, y pactó con el viejo reino de Gladius una alianza contra las huestes irelias de la costa del sur.  Corría el año 299 DS cuando Elgar fue coronado Rey de Akenar y se iniciaron las obras de la catedral de San Darion. El Imperio de Vilonia, dividido en dos desde el año 166 DS, y que había disfrutado de una relativa calma en los últimos años, envió emisarios al Reino de Akenar para invitar al Rey Elgar a la coronación del Emperador Offa, en el año 310 DS. El Imperio de Oriente, que poseía gran parte de la franja costera de todo el Mar Ilko, no veía con buenos ojos los avances arcanos en Carcaigh puesto que sus plazas en la costa ponían en peligro las ciudades vilonias del litoral. Todo esto lo sabía el Emperador, que aunque era más joven que el rey arcano, era un dirigente mucho más hábil. En los dos encuentros que tuvieron el Rey de Akenar y el Emperador se firmaron pactos, ambos perjudiciales para Akenar. El Rey accedió a pagar un Diezmo al Imperio por salvaguardar su frontera del Sur, y en segunda instancia tuvo que mandar caballeros sillenitas como auxiliares del ejército vilonio.

El semielfo Offa sobrevivió a varios reyes de Akenar, y a lo largo de todo el siglo IV DS evitó que el Reino se expandiese, a base de pactos, casamientos y alguna traición. En el año 390 DS, cuando murió el Emperador Offa, las fronteras de Akenar seguían como cien años antes.

Este proteccionismo del Imperio de Oriente no pasó desapercibido a todos. En el año 402 DS subió al trono Umberto de Acre, primo hermano del antiguo Rey que murió sin descendencia. El Rey Umberto, ayudado por su Consejero San Dionis, un elfo exiliado de Myrl[16], volvió a la antigua costumbre sillenita de expandir el Reino. Con ayuda de su consejero, tramó alianzas con los elfos de Yvonesse, ascendió al título de Duque al señor de Atria, para intentar sanar antiguas rencillas con los seguidores de Pelor y conquistó las tierras de Lundor en una victoriosa campaña de doce años de duración. En el año 424 DS, dejó de pagar el Diezmo al Imperio de Oriente, lo que le enfrentó directamente con el Emperador Offa II y dio comienzo a lo que muchos llaman la Guerra de los Dos Siglos.

El propio Offa II desembarcó en la primavera del año 425 DS en el las tierras del continente. En aquellos tiempos Arquitania era una provincia próspera del Imperio de Oriente, y fue allí donde se libraron las primera batallas entre arcanos y vilonios. La ciudad de Hanor fue sitiada y el sur de Akenar atacado en castillos y burgos. El Rey Umberto intentó un contraataque contundente directamente contra la isla, desembarcó con un pequeño ejército pero fue derrotado y capturado por uno de los lugartenientes de Offa II, Severo de Haldheim, en la batalla de Ilva, en el año 426 DS. Entretanto, el Emperador inició una conquista efectiva y minuciosa de las tierras arcanas en Carcaigh.

En Akenar, el Consejero del Rey, San Dionis[17], se apresuró a preparar las defensas. Se hizo una leva por todo el Reino y se presentó batalla en las cercanías del río Dor, en la que se conoce como Batalla del Río, en la que se enfrentaron ocho mil caballeros, soldados, lanzas y arqueros arcanos contra una fuerza diez veces superior. San Dionis llevó a la victoria al ejército sillenita y capturó al Emperador, lo que se convirtió en unos años de tregua mientras se planeaba el intercambio de monarcas.

La naturaleza humana de Umberto hizo que muriese estando prisionero en Vilonia, lo que alargó la tregua hasta el año 435. En ese año Offa II regresó al Imperio de Oriente, y al año siguiente regresó con un ejército para tomar Hanor.

La plaza de Hanor sostuvo un asedio de ocho años antes de ser capturada. En ese tiempo el nuevo Rey de Akenar, Iago el Temido, reunió un ejército para atacar Arquitania. El Rey Iago fue muy célebre en tiempos de guerra por no conceder cuartel a ningún enemigo, lo cual recrudeció las luchas en el sur del Reino. De estos tiempos datan los primeros ataques de marinos de Hummark, que llegaban por el Mar de Vith y el Mar de Oniss a atacar las plazas costeras, ya fuesen arcanas o vilonias. Tal fue la violencia de estos ataques que en el año 458 se acordó una tregua de cinco años entre Akenar y Vilonia para hacer frente a las invasiones de norteños humos.

Entre esa fecha y el año 623 DS se sucedieron las victorias y derrotas por uno y otro lado. Hubo dos factores que finalmente decantaron la Guerra de los Dos Siglos del lado de Akenar: la alianza con los enanos y la alianza con los ilkos. Los enanos de Aynea se vieron libres de la eterna amenaza Vilonia cuando el empeño de los semielfos se centró en derrotar a Akenar, por lo que a lo largo del sigo V DS se reorganizaron hasta que el más fuerte de sus señores de la guerra, Ygor, se coronó y refundó el Reino de Aynea. La habilidad política de San Dionis resultó clave en este asunto: envió un grupo de clérigos sillenitas que apoyasen en todo momento al nuevo monarca enano, que acabó por convertirse a la Fe. Cuando su mandato se extendió a toda la península de Aynea, firmó un pacto con Akenar y los enanos marcharon a la guerra contra Vilonia. Por otro lado San Dionis sabía perfectamente que Akenar no podía ganar una guerra naval contra los hábiles marinos vilonios, que durante siglos habían dominado los Mares Tranquilos. Sin barcos Akenar jamás podría tomar la isla de Vilonia. Para conseguirlos pactó con los señores ilkos de las islas, vasallos del Imperio, (lo que hoy se conoce como Principado Ilko) en condiciones extremadamente ventajosas para estos: tesoros, vino, armas, magia, derechos feudales.

La guerra terminó con la victoria arcana en el año 623 DS, siendo Rey Alduino II el Batallador. El Imperio de Vilonia y todos sus territorios se dieron por conquistados, aunque ninguna de las ciudades de norte de Ankay llegó nunca a pagar ningún tributo a Akenar por motivos que explicaré a continuación, así como muchas islas del Mar Ilko, que se convirtieron en pequeños reinos o principados libres. Sin embargo la conquista si fue efectiva en los territorios de la isla de Vilonia, en Westerre, Irelia, Arquitania, Levante y la franja de Erk, lo que unía los dominios de Akenar con el Reino de Aynea. El Imperio Vilonio llegó a su fin en su año 1625.

Por aquellos tiempos había triunfado en Ala’i, en Mirra, otra facción alina que apoyaba al Cafifa Agmeh ibn Nassar, un jovenzuelo con ánimos de conquistador que había insistido mucho en mantenerse informado de los acontecimientos y batallas de la Guerra de los Dos Siglos. Agmeh se hizo rodear de emires militares, muchos de ellos tuaregs del desierto mucho más duros que la mayor parte de los alinos, que al ver desprotegida toda la costa del Mar Ilko, que estaba en manos de los vilonios, recomendaron al Califa que atacase a su enemigo debilitado. Ansioso de gloria, Agmeh se puso al mando de un ejército bien dotado de jinetes y atacó los restos de las posesiones vilonias en el norte de Ankay, que se fueron rindiendo con poca resistencia. A la altura del año 608 DS había conquistado toda la costa, en tan solo cinco años: el joven Califa se ganó el sobrenombre de el Victorioso sin apenas merecerlo.

Dos años después el Califa, embriagado por sus victorias fáciles, inició la conquista de Sigia, la tierra de los faraones y los Dioses Muertos. Los sigios resultaron ser mucho más duros que los vilonios y aunque los alinos finalmente doblegaron Sigia, el monarca murió ahogado mientras atravesaba unas arenas movedizas durante una batalla. Una vez más los alinos se enzarzaron en luchas civiles que acabaron con la división de los dominios del Califa muerto, el norte de Ala’i siguió gobernado por los califas de Mirra pero el sur, principalmente los emires alinos que habían conquistado Sigia, fundó una nueva estirpe de adoradores del Destino llamada Tercer Califato, que pretendió –sin éxito- imponerse sobre los creyentes en detrimento de Mirra o Libah. La situación desordenada de Ala’i no pasó desapercibida a los que se creían con derecho a la costa del Mar Ilko: los arcanos.

En Akenar, en el año 626 DS, murió el Rey Alduino II, sin herederos. Se reunió un Concilio de Notables en Akenar y todos los nobles del Reino acordaron nombrar monarca al elfo Consejero, San Dionis, que se había ganado durante los muchos años de contiendas la fidelidad de la mayor parte de los caballeros y señores de la guerra arcanos. Bajo el amparo de la mayor parte de la nobleza, el nuevo monarca empezó a utilizar el título de Emperador, por derecho de conquista. Se reformaron las leyes y Akenar dejó de ser un Reino para convertirse en Imperio. Desde el año 649 DS el título imperial dejó de ser hereditario para convertirse en un nombramiento vitalicio: el Emperador es elegido por los Notables del Imperio.

San Dionis, desde ese año, se encargó de reformar el ejército arcano. Creó la Legión como arma imperial para la guerra, mucho más efectiva que las levas feudales y de carácter permanente. Reformó el Código de Castigo para ajustarlo al nuevo carácter imperial de Akenar, se permitió libertad religiosa mientras ésta respetase la Ley, se impuso el idioma Común[18] como lengua oficial del Imperio, en detrimento del antiguo Vilonio.

El Emperador no iba a olvidar los derechos del Imperio sobre los antiguos dominios de Vilonia, por lo que en el año 715 DS decretó la I Cruzada sobre Arkai (que había sido provincia del Imperio). Esto condujo a casi treinta años de guerra contra los alinos del Norte de Ankay y avivó el fuego de la guerra. Las Legiones arcanas tomaron ciudad tras ciudad en la península. En el año 759 el Emperador inició la conquista de Borundia, que también había pertenecido a Vilonia, y en el 790 de nuevo el norte de Ala’i, lo que llamaron III Cruzada. En la mente y los planes del Emperador estaba el conquistar Al-Koran en la IV Cruzada, pero él nunca llegó a verlo.

El Emperador murió asesinado en la III Cruzada, durante el sitio de la ciudad alina de Hayif, en el campamento en el desierto. A su muerte, en el año 823, el Imperio llegaba desde Lundor en el Norte a Arkai en el Sur, desde Vilonia en el Este al Reino Vasallo de Aynea, en el Oeste. Sus enemigos habían llegado a pensar realmente que Dionis viviría mil años y conquistaría el mundo.

Con la conquista de Vilonia muchos de sus viejos cultos se mezclaron con los que ya existían en Akenar. Algunos de estos viejos dioses no representaron problemas para las casas nobles arcanas, otros si. Algunos cultos, como el de Olidammara[19], no se toleraron en Akenar. Otros, como el de Wee Jas, simplemente se vieron con malos ojos. Temiendo una corrupción de las costumbres arcanas, la Iglesia de Gah fundó la Inquisición en el año 760 DS en la isla de Atolón, en el Estrecho de Osma. La idea original era que en la isla se inspeccionaran todos aquellos barcos que partiesen de Vilonia hacia el Mar Ilko, aunque la rapidez con la que ganaron poder los Inquisidores hizo que se extendiesen por todo el Imperio junto a su Guardia Negra. Hoy en día representan un poder paralelo al de la Administración Imperial, pero al servicio de la Iglesia de Gah.

Durante todos estos años de protagonismo de Akenar en la Historia de los Mares Tranquilos sucedieron algunos hechos de importancia en el oeste. Como ya mencioné la Isla de Tresia se halló bajo el dominio de la casta sacerdotal de Atros desde finales del siglo II DS. Esta llamada Teocracia de Atros estaba dirigida por una especie de monarca denominado Basileus, Sumo Sacerdote y principal comerciante de la isla. Ya en tiempos de los vilonios los habitantes de esta isla eran considerados distintos a los ilkos pues eran muy diferentes en sus creencias y costumbres, de manera que les llamaban Tresios. Los tresios sólo tenían y tienen una patria, la Isla de Tresia, llamada Vera en la antigüedad. Son grandes viajeros, banqueros, comerciantes, marinos y se les encuentra por doquier realizando sus tratos e intercambios, pero jamás se consideran en su propio hogar, siempre son viajeros estén donde estén. He oído rumores de que los tresios han llegado incluso a Akgard y al Mar de las Islas[20], al Norte de Carthag[21]. Me pregunto cuánto tiempo tardarán en llegar al Reino de Eria tras el rumor de sus enormes riquezas de oro.

Tresia fue invadida por los alinos en el año sillenita de 611. La isla en general estaba poco defendida y a la flota pirata del caudillo Omey le pareció presa fácil; y al principio lo fue. Según los relatos de la época, que los tresios se esmeran en recordar a sus enemigos, el Basileus Saladar II pagó varias fortunas a la Orden de Magia, en Vúlpara, para que hundiese la flota enemiga. En poco tiempo el Basileus regresó a Tresia al frente de un gran ejército de mercenarios y acompañado por varios magos de la Orden.

Tras una aplastante victoria tresia, la paz se restauró en la isla el año 613 y la noticia del desafortunado y doloroso final[22] de todos y cada uno de los hombres de Omey, y del propio líder, se escuchó durante meses en muchas de las plazas de las ciudades costeras del Mar de Sargos. Desde aquellos tiempos la misteriosa Orden tiene una de sus temidas torres en la capital de la isla, Pálakos.

En Kernia los orcos y semiorcos acabaron por echar por tierra los más ambiciosos planes enanos, que incluso soñaban con reconquistar los Dos Reinos,  pero esas esperanzas acabaron entre sangre y fuego. Las plazas de los enanos fueron cayendo a manos de los kernios hasta que se vieron obligados a retroceder por completo a la Gran Cordillera. Hasta la última de las ciudades enanas en el norte de Kernia fue arrasada y quemada, sus habitantes pasados por cuchillo y sus pertenencias, saqueadas. Tuvieron que retroceder a un mermado Reino de las Montañas, que literalmente se encuentra en las profundidades de la Gran Cordillera. Desde el siglo III, además, están en guerra con otros habitantes naturales de las cumbres: los gigantes del Reino de Hierro. En el año 245 DS las estirpes de kernios que habían participado unidas durante siglos en guerras contra zarkos, vilonios y enanos, triunfaron finalmente en su guerra por el control de las tierras de Kernia, entre los ríos Oth y Nefret. En la vieja ciudad de Hattusas, amparados por la sombra del Zigurat de Assur, los señores de la guerra pactaron una unión de armas ante cualquier enemigo común, bajo el mandato del más fiero de ellos, por aquel entonces Ahkra I, Gran Rey de Kernia. Como ya se mencionó en su momento, no muchos años después el Reino de Kernia participaría en la Guerra de los Piratas como aliado del Nuevo Imperio, contra Tresia. En realidad los kernios lucharon contra el poder alino que se había establecido en el norte de Ankay, que había alcanzado unas dimensiones tan peligrosas que incluso puso fin a la Guerra de los Piratas. 

La costa norteña del Mar de Sargos siempre fue un lugar muy transitado por comerciantes y viajeros. Toda la región conocida como Swam se compone no sólo de ciénagas y pantanos de difícil acceso y plagados de monstruos antiguos y nuevos, sino también de montes infértiles y bosques de zarzas. Esta tierra poco favorecida por los dioses fue colonizada en su franja costera en tiempos del Imperio Vilonio y a la región se le llamó Gondomar. Los vilonios no estaban interesados en el interior, así que sólo poblaron una franja de varias millas desde la costa, aproximadamente una jornada de travesía. En esas tierras se hicieron diques, se limpiaron los campos y se construyeron castillos al estilo vilonio. La región resultó ser muy rentable al ser explotada de la manera adecuada, arroz, pieles, maderas, frutas, vino y pescados ahumados fueron algunos de los productos con los que Gondomar surtía a la lejana isla de Vilonia, y al resto del Imperio. La propia ciudad de Gondomar, que había sido fundada en el año vilonio 407 (es decir, en el año 619 AS), se asentaba sobre una inmensa zona rocosa fácil de defender, lo que posibilitó que durante siglos disfrutara de un beneficioso comercio y ningún peligro. Incluso durante la Guerra de los Piratas del Nuevo Imperio contra Tresia no sufrió ningún ataque relevante, y por ello acabó convirtiéndose en uno de los principales puntos estratégicos del Nuevo Imperio. En el año 500 DS se comenzaron a construir sus famosas murallas y astilleros, que estarían concluidos en el 512 DS.

El Nuevo Imperio, que poco a poco había perdido todos sus dominios en la costa de Ankay, se había visto reducido a sus posesiones en el Mar de Vúlpara y Gondomar. En el año 580 DS los viejos sueños imperiales se vinieron abajo cuando un ejército svardo atacó Everonia por el norte y tomó la capital. El señor de la guerra svardo, Godofredo el Gordo, asesinó con sus propias manos al último monarca del Nuevo Imperio, Geled II. En ese momento todas las ciudades y territorios leales a Everonia se consideraron libres y Godofredo no hizo mucho para impedirlo. Ese fue el fin del Nuevo Imperio.

Los territorios de Gondomar, que habían pertenecido al Nuevo Imperio, no poseían tradiciones propias que sostuviesen una monarquía y la mayor parte de sus habitantes ilkos preferían la libertad a la justicia, por lo que desde aquellos tiempos son gobernados por los Oligarcas, los once hombres con más poder de todos los dominios de Gondomar.

De Kernia, tras un largo proceso de reforzamiento del poder real, volvemos a tener noticias en el año 899 DS, cuando se produjo una gran invasión de zarkos por el sur. El primer impulso cogió desprevenidos a los semiorcos y alcanzó la mitad del reino, hasta la ciudad de Nippur y el río Oth. Numerosas plazas quedaron atrás arrasadas por los zarkos, aproximadamente uno de cada tres kernios murió en la invasión. La respuesta del Gran Rey kernio, Ul-Huruk Karr el Inmortal,  no se hizo esperar. Reunió un ejército de adoradores del Dios de la Guerra, Assur y marchó contra la sitiada ciudad de Nippur. En el verano del año 900 DS (el año kernio de 654) rompió el cerco del asedio y consiguió cruzar el río Oth con su ejército, dejando atrás la mayor parte del reino sin defensas. Era eso lo que llevaba esperando el rey enano Kelmo el Doshachas durante muchas décadas: en cuanto llegaron a sus oídos las noticias de la debilidad de Kernia, un temible ejército enano partió del Reino de las Montañas durante el otoño del mismo año y alcanzó la capital del Reino de Kernia, Hattusas, en primavera del año 901 DS, deshizo sus defensas en tan sólo dos meses, la saqueó y quemó sus templos. Ul-Huruk no pudo impedirlo porque el grueso del ejército kernio libraba batalla tras batalla en el sur contra los zarkos, por lo que el ejército enano regresó al Reino de las Montañas sin apenas oposición, portando el Tesoro Real, la legendaria Lanza de Assur e incluso el harén del Gran Rey.

En el año 911 DS Ul-Huruk terminó por expulsar a los zarcos hasta la tierra conocida como El Yermo, donde se levantaron fortalezas que defendiesen el Reino. El Gran Rey dedicó gran parte de sus años siguientes a vengarse de los enanos, realizó numerosas incursiones en el Reino de las Montañas e incluso pactó con los gigantes del Reino de Hierro una alianza contra el reino enano.

Se produjo una segunda invasión de zarkos en el año 970 DS, pero en esa ocasión no tuvo la fuerza de antaño y las huestes del Gran Rey arrasaron a los invasores. En el año 998 DS, un grupo de asesinos pagados por el hermano del monarca dieron muerte a Ul-Huruk el Inmortal en su palacio en Hattusas. Subió al trono el nuevo Gran Rey Akassi Karr, un semiorco de peligrosa inteligencia adorador de Assur.

Las invasiones de los zarkos no sólo afectaron a Kernia, sino a muchos más. El norte de Ankay bañado por el Mar de Sargos había permanecido en relativa paz desde las invasiones de los muyadim en el siglo IV DS y la fundación del Califato de Libah, que llevaba casi cinco siglos rivalizando con el Califato de Mirra por el control del desierto de Ala’i, sus oasis y sus ciudades. La mayor parte del este estaba bajo el dominio de Mirra, y la mayor parte del oeste bajo el dominio de Libah. Desde que Akenar se había embarcado en las Cruzadas para recuperar los antiguos dominios del Imperio Vilonio, desde el siglo VIII DS todo apuntaba a que sería el Califato de Libah –mucho menos enfrentado a Akenar- el que saldría ganando; los zarkos cambiarían esto.

En el año 900 DS grandes huestes de zarkos del desierto, provenientes del Erial de Omuth, avanzaron asolando el norte del continente Ankay. El Califa Ymon de Libah, alarmado por los acontecimientos, realizó una llamada a sus guerreros muyadim, como en los antiguos tiempos. Sin embargo los guerreros de este pueblo, con la paz duradera, se habían transformado en comerciantes del desierto, marinos, pescadores, cultivadores de papiro y esclavistas. Con la costosa ayuda de hechiceros e incluso de un dragón, el Califa consiguió repeler la primera horda de zarkos en el Valle de Kal. Sin embargo tan sólo diez años después, en el año 909 DS, una segunda invasión se llevó por delante todas las defensas del Califato y los zarkos, en la Batalla del Oasis de Zed, aplastaron al ejército muyadim, acabaron con la vida del Califa, ajusticiaron a sus hechiceros y mataron al dragón. En pocos años los jinetes de los zarkos se hicieron con el control de Libah. El Rey Demonio Omuth, que en todo momento había movido las piezas que derrotaron al Califa, no ignoraba los intereses de Akenar sobre Al-Koran, por lo que colocó a uno de sus lugartenientes, Rabah, en el trono de Libah, para que el Califato ejerciese de defensa en el flanco este de los zarkos en caso de que los arcanos se embarcasen en la IV Cruzada: el norte de Ankay había pertenecido al Imperio Vilonio y nadie conoce los sueños de un Emperador.

Tanto el Califato de Libah como las tierras alinas de Al-Koran no tardaron en convertir el Mar de Sargos en una fuente de saqueo inagotable, aunque entre ambos no sólo no existía ningún tipo de alianza sino cierta enemistad y odio. Los piratas alinos y zarkos tan sólo respetaban la isla de Tresia y únicamente por miedo a los magos de la Orden. Durante toda la primera mitad de siglo los piratas atacaron todas las costas en Kernia, Gondomar, Vúlpara y Aynea. Los peligros del mar llegaron a ser grandes y eso impulsó a los kernios a construir barcos de guerra con los que poder perseguir a los piratas y saqueadores. En Vúlpara, se creó la Liga de Agon. En la propia ciudad de Agon, donde dicen que se construyen los mejores barcos de los Mares Tranquilos, se reunió una flota de navíos ilkos que en las siguientes décadas escoltaron a barcos comerciantes y persiguieron a los piratas de Libah. Se llegó, incluso, a plantear una gran alianza entre Kernia, Gondomar y Vúlpara para atacar Libah, pero llevarla a la práctica resultó más que imposible.

En el año 955 DS una flota de alinos de Al-Koran desembarcó en la franja de terreno que separaba Gondomar y el Reino de Kernia. Se trataba de valles fértiles pero poco poblados, salvajes incluso para los kernios. Los pocos habitantes de esas tierras huyeron a Gondomar, que tuvo que pactar con los alinos una paz que salvaguardase su frontera occidental. Los hombres del desierto creyeron que esa era su Qamesh, o Tierra Prometida, un lugar en el que, según las leyendas del desierto, algún día vivirían los pueblos alinos, es más, estaban destinados a ello. En la franja norteña del Qamesh encontraron tierras boscosas habitadas por elfos, se trataba del Reino de Myrl, que apenas he mencionado hasta el momento aunque existía mucho antes que Akenar o Vilonia o los Dos Reinos de los Enanos. El Reino de los Elfos es un lugar misterioso con su propia Historia y sus propias leyes y monarcas y guerras. Es raro que a los elfos de Myrl les interesen los asuntos de los hombres y la llegada de los alinos al Qamesh no fue una excepción. Mientras nadie entrase en las tierras de los bosques permanecerían como una frondosa frontera silenciosa.

Al que no le resultó indiferente la llegada de los alinos fue al Rey de Kernia, en aquellos momentos Ul-Huruk Karr. Al comienzo de la invasión los kernios ni siquiera distinguían con claridad a los zarkos de los alinos y pensaron que se trataba de otro intento de Omuth de asolar el Reino de Kernia. En el año 958 DS los alinos enviaron unos emisarios al Gran Rey que disiparon sus temores; dados sus problemas con los zarkos en las fronteras del sur del reino, se vio obligado a pactar: paz en el Qamesh a cambio del cese de la piratería alina en las costas de Kernia. Poco pudieron mantener los puertos de Al-Koran dicho pacto, puesto que unos pocos años después, como veremos, serían conquistados por los arcanos. Cuando sucedió esto y el Reino de Kernia se recuperó de sus guerras empezaron las disputas en la frontera entre el Qamesh y las tierras de los semiorcos, aunque hasta la actualidad no hubo una situación de guerra abierta.

En Akenar, tras la muerte del Emperador San Dionis en el año 823 DS, ascendió al trono un monarca de ascendencia norteña, el Emperador Aewulf. Consciente de su legado imperial, el nuevo monarca continuó la ampliación de Akenar, pero no por el Sur, sino por las tierras norteñas. En los siguientes años, y durante el mandato de varios Emperadores, la mayor parte de los esfuerzos de guerra se centraron en Svardia, donde en el año 870 DS se creó la Provincia de Wolsak. En el año 895 DS se atacaron las Tierras Alures en combinación con las tropas enanas del Reino de Aynea. En estas tierras había numerosos clanes svardos y algunos elfos que fueron unidos por un héroe local llamado Ghalo, que durante muchos años hostigó las plazas arcanas en las Tierras Alures, hasta que el Emperador Knot, junto con el Alto Inquisidor Imperial, le cercaron en el Monte de Sal, donde tuvo una heroica resistencia hasta el año 910 DS. El Emperador perdonó a Ghalo la vida, aunque por ello se ganó numerosas enemistades en el Imperio, sobre todo entre las familias nobles a las que el svardo había dejado sin herederos o hijos.

La historia de Ghalo no acabó ahí. Tras ganarse el respeto del Emperador, se fue al Oeste, donde las Montañas de Tork marcan el fin del Imperio, y fundó el Reino de Avlon en el año 912 DS. Muchos svardos pusieron sus espadas al servicio de Ghalo y sus descendientes, que nunca doblaron la rodilla ante el poder del Imperio de Akenar. En el año 970 DS el Reino se alió con numerosas ciudades vúlparas para expulsar a los jinetes zoranos que invadieron Vúlpara por el Norte. La victoria en esta guerra hizo que creciese el prestigio de los mercenarios de Avlon. La Orden de Magia erigió una de sus siniestras torres en el Reino, lo que nunca acabó de agradar a los nobles arcanos de la frontera.

Mientras tanto, en el Salón del Trono de Akenar se planeaba una gran conquista como las de antaño. El Emperador Joam subió al trono en el año 975 DS y su primer edicto fue la IV Cruzada contra Arkai y Al-Koran. El año 978 se reunió un inmenso ejército de quince legiones imperiales y unos veinte mil caballeros y soldados de diferentes señores feudales, en la ciudad de Westerdam, en Westerre. En la IV Cruzada se demostró el valor militar de los arcanos, depurado por mil guerras, en contraste con los jinetes alinos y sus arcos cortos. La península fue tomada en apenas cinco años, sus tierras repartidas por el Emperador a las casas nobles que habían participado en la conquista. Las mezquitas dedicadas al Destino fueron quemadas y se erigieron Iglesias de Gah. Las ciudades se amurallaron.

La Cruzada en Arkai resultó mucho más dura. Durante los primeros años muchos de los caballeros arcanos en Ala’i simplemente desparecieron. El Califato de Mirra contaba con guerreros mucho más expertos que los pocos hombres que pudieron reunir las ciudades libres de Al-Koran, aparte de elefantes, venenos, magia, asesinos, lanceros y arqueros. En general en pocas ocasiones se ofrecía batalla a campo abierto pues el ejército de Akenar es difícil de derrotar, los alinos recurrieron al subterfugio, al bandidaje, a la piratería, al envenenamiento, a la traición y al soborno para hacer de la IV Cruzada un verdadero infierno en la tierra.

Las aspiraciones de Akenar en Arkai estaban en entredicho hasta que el Emperador Joam envió a su mejor caballero al sur, un joven llamado Sire Yvon de Essex. El paladín, aunque nunca consiguió encontrar la Montaña de los Asesinos, se dedicó a dar caza a los líderes alinos tanto en el desierto como en las ciudades e incluso en el Mar Ilko. En el año 1001 DS, el Emperador le nombró Rey Vasallo y dio Arkai por conquistado. Al mismo tiempo, en el norte, dos de sus generales más jóvenes, Onaris y Gavaldo, conquistaron una gran franja de Svardia, por lo que se fundaron las provincia des Hemdaim y Torsvig.

Si bien el mandato del Emperador Joam tuvo numerosas e importantes victorias y conquistas para Akenar, su sucesor, Glaumar de Praia, consiguió prácticamente lo contrario.

La subida al trono del nuevo Emperador no estuvo libre de conflicto. El Consejo de Notables de Akenar eligió como nuevo monarca al primo de Glaumar, llamado Robert de Praia, que ostentaba el título de Duque de la Campiña. A pocos días de realizarse la Coronación surgió la noticia de que Glaumar era el verdadero heredero del Ducado y ambos primos se enfrentaron. La documentación feudal acerca de los derechos hereditarios del ducado se había perdido en un incendio y ambos se negaron a una intercesión de la Iglesia. Robert reunió un ejército para aplastar a su primo, que huyó a la isla de Vilonia, donde contaba con apoyos, principalmente del Rey Vasallo, hoy conocido como León el Traidor. Aunque Robert de Praia contaba con suficientes apoyos en el Imperio (y tenía la propia ciudad de Akenar) como para coronarse, prefirió asegurar su victoria y desembarcó en la costa oeste de Vilonia al frente de un ejército diez veces mayor que el que había reunido Glaumar en Haldheim. Robert contaba con sitiar la ciudad y rendirla por hambre, pero una noche del verano del año 1008 DS, uno de los vasallos de Glaumar, llamado Nicolás, consiguió introducirse en el campamento del ejército de Robert y darle muerte mientras dormía. El propio Nicolás no sobrevivió a la ira de los seguidores de Robert, pero de una manera u otra consiguió traer la paz al Imperio. Desprovistos del que consideraban su señor, la mayor parte de las tropas de Robert juraron fidelidad a Glaumar, así como las numerosas grandes casas nobles de Akenar. En algunos casos el nuevo Emperador se hizo con rehenes que asegurasen la fidelidad de sus súbitos más poderosos, como fue el caso del Duque de Atria. Los allegados de Glaumar disfrutaron del beneficio imperial y para los que no lo eran tanto el Emperador promulgó un Edicto de Indulto que perdonaba por la gracia de Gah los delitos de Alta Traición y Rebelión.

El mandato de Glaumar de Praia fue relativamente pacífico durante bastantes años. El Emperador se dedicó a la política interna del Imperio, a fortalecer los vínculos entre algunas casas nobles y a combatir los ataques costeros de los bárbaros de Hummark en Wolsak y Cirannia.

El año 1016 DS la paz del Imperio chocó con los intereses de Akgard. Creo que al estudioso que lea estas letras que escribo con letra temblorosa, a la luz de mi vela, con el invierno rugiendo tras los muros del monasterio de Warvick, le resultará de interés que relate, aunque someramente, la historia de Akgard. Se trata de una isla situada en el centro del Gran Océano, llena de acantilados mortales, ríos de aguas frías, tierra volcánica y bosques viejos. Los gardios, una raza de hombres que habitó la isla desde siempre, fueron una raza privilegiada al habitar cerca de su montaña sagrada, un volcán cuyo nombre no tiene traducción en nuestra lengua Común. Hace decenas de siglos los gardios surcaban los mares del mundo, en lo que ellos llamaban la Edad de la Guerra. Eran grandes viajeros, grandes guerreros e insuperables hechiceros... sólo comparables a los Antiguos, otra raza legendaria que he visto citar en pergaminos viejos de la que apenas conozco nada. Al parecer los Antiguos y los Gardios estaban enfrentados y, como el nombre de la Edad de la Guerra indica, se mataron unos a otros.

No conozco nada de esta guerra legendaria, tan sólo que ambos pueblos acabaron prácticamente destruidos.

Los gardios, desde aquel entonces, no salieron de Akgard y dejaron que los siglos y las arenas del tiempo olvidasen sus nombres y sus guerras.

Hace más de seis siglos salió de la isla de Akgard un hechicero muy poderoso llamado Amón. Cuentan que llegó a la costa de nuestro continente, Eria, donde encontró unas tribus de orcos salvajes a las que, en poco tiempo, acaudilló sin problemas. Por aquel entonces el Reino de Eria aún acababa de expulsar a los invasores de los Pueblos de Mar por el Este y había descuidado las salvajes costas del oeste. Amón sabía que con un grupo desorganizado de orcos no sería rival para los caballeros y lanzas erias, pero supo ser paciente y usar sus hechizos para hacerse monarca en Jull, un viejo y caótico reino orco que los Reyes de Eria nunca habían conseguido extinguir del todo. Con los años se fue haciendo fuerte, enseñó a los orcos a forjar armas y armaduras, a construir murallas y castillos. Con el tiempo, les enseñó el valor de la caligrafía y las leyes, la agricultura, el comercio y el Arte.

Cuando los señores de la guerra del Gran Reino de Eria se percataron del peligro que representaba el nuevo Reino Orco de Jull que Amón había levantado, fue demasiado tarde. Todas las tierras de los hombres al sur de las estepas de Kan cayeron una tras otra, castillos, ciudades, sin excepción. Los orcos habían abandonado su viejo estilo de guerra caótica y sustituyeron el saqueo por el dominio de las tierras, el asesinato por la esclavitud, la destrucción por la tiranía.

Hace unos doscientos años, cuando el Reijo de Jull rivalizaba en poder con el Reino de Eria, Amón reunió el ejército de navíos de guerra más grande jamás visto por el hombre. No sólo usó sus naves, también pactó una paz con los Señores de Icia, envió emisarios al lejano Enhk para traer de allí tripulaciones enteras, pagó a todos los mercenarios que encontró en todas las ciudades del Mar de las Islas, soldados de Carthag, tropas de Thai, navíos de corsarios negros, remeros de esclavos guerreros de las Tierras Vírgenes de Lundor, piratas de toda la costa oriental de Ala’i e incluso magos de Sigia y lanceros de los Emiratos. El inmenso ejército se reunió en las islas de Tharos, al sur de Akgard, en el año 870 DS. La flota atacó la isla de Akgard el día de la Celebración del Sol, cuando la mayor parte de los gardios habían acudido al Templo del Mundo, como tenían por costumbre todos los años. Si bien el factor sorpresa evitó que los guerreros gardios preparasen las defensas y que los hechiceros destruyesen la flota en medio del mar, no fue suficiente para tomar la isla sin oposición. Los gardios, aunque  muy superados en número, podían ser guerreros temibles. Los combates fueron sangrientos y muchos de los atacantes perdieron la vida. Tras el primer ataque, los isleños se fortificaron en la Torre del Mundo, la mayor fortaleza imaginable, cuyos muros se encontraban protegidos por encantamientos de épocas antiguas y poderosas. El asedio duró cinco años y mermó tremendamente la fuerza invasora, pestes, tormentas, luchas internas, deserciones, parecía que Amon no conseguiría más que llevar a la muerte a todos los que le habían seguido. Sin embargo, en el invierno del quinto año, ósea el 875 DS, el hermano de Amón, llamado Dên, traicionó a los suyos y abrió uno de los torreones a las fuerzas enemigas. La suerte estaba echada.

Se calcula que el ejército de Amón superaba el medio millón de almas cuando zarparon, separadas en innumerables barcos de guerra y bajo infinidad de estandartes. En la isla apenas habitaban unos seis o siete mil gardios. Al acabar la guerra apenas quedaban cuarenta miles de invasores, orcos, norteños, hombres de mar y del desierto, de la costa, piratas y mercenarios. De los gardios apenas sobrevivieron un centenar, de los cuales la mitad juraron fidelidad al nuevo Rey de Akgard, y la otra mitad fue condenada al exilio.

Muchos bardos cuentan las historias que siguieron a la Guerra de Akgard, de cómo algunos héroes regresaron a sus tierras, algunos lo consiguieron, otros no. Los tesoros de la isla se salpicaron por el Mar de las Islas, de entre todos los más valiosas eran las armas y armaduras creadas con Hierro Negro, se dice que el metal más mortífero que puede forjarse.

Aunque el Reino de Akgard tardó muchos años en recuperarse de las profundas heridas de la guerra, eso no evitó que en el continente de Eria los orcos mantuviesen un férreo poder en el Oeste. Sus intentos por dominar el Lago chocaron frontalmente con los del Reino de Eria, lo que les condujo a varias guerras desde mediados del siglo IX hasta hoy en día.

En lo que se refiere a los Mares Tranquilos, las noticias de la Guerra de Akgard apenas se escucharon, y menos en Akenar. La existencia de esta isla era prácticamente ignorada hasta el año 1013. En este año unos emisarios del Reino de Akgard llegaron a las fronteras del Imperio y viajaron hasta la ciudad de Akenar. Llevaban consigo grandes regalos para el Emperador Glaumar y la intención de que ambos reinos comerciasen de la manera más fructífera posible. No está muy claro qué sucedió en las audiencias de los emisarios de Amón, pero parece obvio que no fueron lo fructíferas que el gardio deseaba. La cosa empeoró cuando, además, los embajadores fueron asaltados por bandidos en el viaje de regreso y nunca volvieron a ver sus isla.

Algunos sabios aún dudan acerca de los motivos de la guerra entre Akgard y el Imperio, yo creo adivinar que el Rey Amón deseaba las riquezas de las minas de plata de la provincia imperial de Borundia, aunque sabía por experiencia lo difícil que era llevar la guerra por mar a lugares lejanos. Además, los orcos nunca habían destacado por ser grandes marinos e incluso aunque el gardio contaba con las cinco Galeras de Fuego, llamadas Ylva, Valeria, Ondina, Amra y Salzaza, eso no le aseguraba la victoria. Estos gigantescos navíos de guerra, construidos por los antiguos gardios, son capaces de navegar por el Gran Océano en la mayor de las tormentas, pero parece ser que sus secretos de construcción se olvidaron hace miles de años. Por ello Amón recurrió a otra arma que le había funcionado antaño: la traición.

El que había sido Rey Vasallo de Vilonia, León, había sido obligado por el Emperador a dejar la corona de la isla a su hijo y enviado a pacificar el sur de Borundia en numerosas campañas militares contra los pictos y los alinos. Seguramente el vilonio se sentía traicionado, pues había sido un vital aliado del Emperador durante la guerra contra su primo. Precisamente ese debió ser el motivo de su exilio, lo bien parado que había salido, lo que podía llegar a resultar una amenaza para el Emperador Glaumar, unido a la oculta afición de León por los rituales de Magia Negra, que el Emperador quizás trataba de ocultar a la Inquición. Fuese cual fuese el motivo, llevaba demasiados años embarrado en guerras menores como para que la oferta de Akgard no le resultase tentadora. A cambio de una cantidad de riquezas sin igual, e incluso la corona de la isla de Borundia, rendiría la isla a las tropas de Akgard. Desde ahí, los orcos de Amón podrían preparar la invasión del Imperio si fuese necesario.

En el mes Terzo del año 1016 DS las tropas de Akgard desembarcaron en la costa oriental de Borundia. León rindió las plazas y de las seis legiones que se encontraban en la isla, cuatro le juraron fidelidad. Las otras dos fueron asediadas en las ciudades de Guria y el puerto imperial de Somor.

Las noticias de la invasión corrieron por todo el Akenar, y más allá. El Emperador llamó a sus vasallos y hombres de armas de todos los dominios del Imperio, legiones y ejércitos feudales. Sin embargo los orcos, acostumbrados a la guerra, invadieron el sur de Vilonia y el continente, por el Sur, simultáneamente. La fuerza del ejército de Akgard era muy superior a la imaginada por los arcanos, que se vieron obligados a dividir sus fuerzas. Además, los orcos era tan numerosos que podían dejar tropas asediando castillos y seguir avanzando con el grueso del ejército, sin que eso frenase su marcha.

En verano del año 1017 los orcos habían tomado parte del sur de Vilonia, su ciudad de Haldheim estaba asediada, y la plaza de Nevesy también.  En el continente habían avanzado a través de Arquitania, ganando batalla tras batalla, hasta asediar la propia ciudad de Akenar, amenazando el sur de la Campiña y el este de Carcaigh. Muchos campos de Levante y Carcaigh ardieron en esta guerra, aldeas asoladas y ciudades destruidas o asediadas.

 

La mayor parte de las rutas comerciales en el Mar Ilko se cerraron dando paso a la piratería y los ataque costeros. Los corsarios alinos se dedicaron al pillaje allí donde pudieron. Sin embargo, fue Omuth y los zarkos los que mejor aprovecharon el momento. En el año 1017 DS, tras unos treinta y cinco años de dominio imperial, los zarkos atacaron la provincia de Al-Koran, poco tiempo después de que la mayor parte de las legiones de la península partiesen a la guerra con los orcos de Akgard. La mayor parte de las ciudades cayeron con rapidez, salvo la plaza de Uym, donde la Orden de los Caballeros del Garrote resistió con dureza los ataques y sólo fueron rendidos por hambre, tras casi mil días de asedio. En el año 1021 DS el último arcano abandonó las tierras de Al-Koran. El príncipe zarco Ohnila se erigió como Califa de Al-Koran, fundó la ciudad de Shaohnila sobre las ruinas de la ciudad imperial de Urbión, a orillas del Mar de Syf. Al año siguiente, el 1022 DS, cruzó el estrecho hasta la costa de Aynea y atacó todas las plazas arcanas en la costa, saqueó los pueblos y arrasó las aldeas. Los enanos del Reino Vasallo de Aynea pidieron ayuda al Emperador Glaumar, que negoció con promesas que nunca llegaron a cumplirse. Mientras continuaba la guerra con Akgard, un la XI legión embarcó en la ciudad de Westerdam, en la provincia de Westerre, comandado por el general Leto y ayudado por un mago de ascendencia svarda, llamado Inman. Desembarcaron en el sur de Aynea y, junto a las tropas de enanos de Aynea, consiguieron frenar la invasión de zarkos que había incluso asediado Ciudad de Boktor, la capital de la provincia. Uno de los lugartenientes del general Leto, llamado Elgo el Viejo, viajó a Vúlpara y pactó con la Liga de Agon que los barcos ilkos cerrasen el Mar de Syf a los navíos de los zarkos, que durante numerosos años habían hostigado las costas de Vúlpara. Cuando en el año 1023 DS los barcos vúlparos bloquearon los suministros del ejército de Al-Koran, su superioridad numérica sobre la XI Legión no resultaba tan decisiva como antes, por lo que se vieron obligados a pactar una tregua indefinida con los arcanos. 

Entretanto, en el este del Imperio se había conseguido retener el avance del ejército de Akgard. En Vilonia Sire Angus de Praia, primo hermano del Emperador, obtuvo la primera victoria contra los orcos, en el antiguo bosque de Sheldom. Los arqueros del ejército feudal de Sire Angus, combinados con dos legiones, elfos llegados de Yvonesse y algunos mercenarios svardos, cercaron al ejército orco en el bosque y lo aniquilaron.

En el continente se sucedieron victorias y derrotas. Por encima de todos destacó el general Onaris, al mando de la III Legión, que ya había guerreado al mando del Emperador Joam. Onaris demostró ser uno de los mayores genios militares de todas las épocas y se convirtió en la pesadilla de numerosos generales orcos y del propio Amón. En el año 1021 aplastó contra las murallas de Akenar al ejército orco que asediaba la ciudad, en la batalla conocida como Mirador. Luego persiguió hacia el sur al ejército de Akgard por toda Arquitania. Simultáneamente, el Rey Vasallo de Arkai, Sire Yvonn, atacó el flanco orco por mar, al mando de la flota imperial. Se conoce como batalla marina de Atolón, puesto que sucedió cerca de esta isla, en la que Sire Yvon consiguió hundir una de las Galeras de Fuego, Ondina.

Amón, que también había subestimado la capacidad de guerra de los arcanos, hizo llegar un mensaje de paz al Emperador Glaumar.

La Paz de Hierro que acordaron el Imperio de Akenar y el Reino de Akgard puso fin a la guerra en el año 1023 DS. Akgard se retiró de las plazas conquistadas en Vilonia, Levante y Arquitania, pero se quedaba con Borundia. Muchos nobles arcanos quedaron descontentos con esta paz que interesaba únicamente a los gardios. Algunos achacaron la Paz de Hierro a la amistad del Emperador con León el Traidor, al que Amon nombró monarca del Reino Picto de Bor, un reino todavía por pacificar pero con prometedoras minas de plata.

El Emperador, para silenciar las voces en su contra, convocó un Concilio de la Inquisición, para otorgar nuevos poderes a la facción más leal de la Iglesia. Envió a Onaris a las guerras menores con las tribus svardas y se casó con Lady Juliet de Arquitania, como gesto de buena voluntad con esta provincia, la más castigada por la guerra (gesto que muy pocos arcanos apreciaron). Hoy en día, gran parte de la alta y baja nobleza del Imperio es partidaria de la guerra contra el Reino Picto, reconquistar el sur de Aynea y atacar Al-Koran.

En la primavera del año 2025 DS, el Emperador de Akenar, Glaumar de Praia, murió asesinado.

 

[1] La Historia de Eria es larguísima y ha sido documentada por los clérigos y copistas de nuestra Orden durante décadas, minuciosamente recogida en los Anales del Reino guardados tanto en la ciudad eria de Warvik como en la ciudad sureña de Minas Ator. El Reino de Eria es el más antiguo de los reinos de los hombres en el Orbe, aunque hoy en día su historia atraviesa un momento oscuro. 

 

[2] Manni es el nombre que se les da a los hombres del norte en el Reino de Eria, son muy similares a los svardos.

[3] Nombre antiguo del actual Reino de Ayean.

[4] Las profundidades de estas montañas son ricas en mithril, un tipo especial de plata más dura que el acero y muy ligera.

[5] De Sigia aprendieron las técnicas de soplado de cristal que se conservaron hasta hoy en día en la isla de Azur.

[6] Algunos eruditos arcanos nombran al Destino o Sha como una antigua deidad llamada Istus. Aunque esto parece cierto, los shainitas no ven esta somparación con buenos ojos.

[7] Se dice que en una montaña secreta cercana a Mirra, posiblemente en las Montañas de la Luna.

[8] El turbante es el símbolo de los cadís, hombres sabios y jueces en Ala’i.

[9] De hecho Shâ significa “cincuenta”, en idioma alino.

[10] Jueces.

[11] Éste es el nombre de los sacerdotes del Destino.

[12] Significa “converso”.

[13] Este impuesto, inventado por los vilonios, fue años después imitado por la nobleza arcana.

[14] Ésta fue la primera gran división del mundo alino, adorador del Destino, que siempre había sido fiel al Califato de Mirra.

[15] Aunque Kernia estaba aliada con el Nuevo Imperio, nunca hubo enfrentamiento directo entre tresios y kernios.

[16] Se trata de uno de los primeros elfos de Myrl que viajaron a las tierras bárbaras de los hombres.

[17] El elfo Dionis fue santificado años después de su muerte, en esta época se le trataba con un título de prelado real.

[18] Posiblemente esta medida política fue tomada por el Emperador para disimular su propia condición de elfo.

[19] Divinidad del Robo y los Ladrones.

[20] Este mar es el que separa el continente de Eria del de Lundia.

[21] Un reino de la costa norteña de Lundia.

[22] Se cuenta que después de los combates algunos alinos se rindieron. Los tresios sólo dejaron con vida a uno de cada trece prisioneros, para que contase lo que había visto en esos días.