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Partida #1 "En Áquila" Durante los tiempos del Imperio la Provincia de Dortoña había sido uno de los orgullos de los arcanos. Un lugar pacífico de feudos prósperos, boyantes mercados, burguesía, gremios, tierras fértiles, todo parecía sonreír al Duque Sebastian Crowlet. Incluso en los tiempos de las guerras con Akgard las batallas y los sitios de ciudades sonaban como ecos lejanos para estas tierras que nunca conocieron el conflicto en más de mil años. Con la caída del Imperio el que un día fue Conde pasó a ser Rey. Los Señores de Akenar trataron de mantener el señorío sobre estas tierras pero sus fuerzas estaban muy mermadas y la antigua protección de las Legiones Imperiales era algo del pasado, a Sebastian Crowlet no le quedó más remedio que hacerse fuerte en Áquila, apostar por la lealtad de sus señores feudales y la valía de sus caballeros y tropas, y coronarse Rey en el año 1045 DS. Le esperaba un largo reinado de tranquilidad a pesar de que el mundo parecía haberse vuelto loco en todos los territorios aledaños. Al norte la Reina de Atria, Lady Loretta, acababa de unificar sus territorios en una sangrienta guerra contra los leales al extinto imperio. En el año 1075 DS se firmó el Tratado de Miraris según el cual el Reino de Áquila (como se empezó a llamar a la antigua provincia de Dortoña) y el Reino de Atria se comprometían a fijar un linde pacífico entre ellos. Al noroeste, las tierras de Gladius, habían estado apestadas por la Larga Peste, durante casi 25 años, y son pocos los que se acercan al Castillo de Altus y muy pocas las nuevas que llegan de allí. Al sur la ciudad de Mérilon fue asolada, apenas unos años atrás, por un dragón rojo. A cien millas alrededor de la ciudad no hay nadie vivo. Dicen los entendidos que se trata de un dragón joven, pero... ¿quién entiende realmente de dragones? Corría el año 1081, el mes de Febrero. El que llamaban Príncipe Negro, ósea Martín Crowlet, se había pasado el otoño en el Bastión de Wyrm comandando a los grupos de hombres de armas que defendían las tierras del oeste del Reino de los monstruos que, desde hacía varios años, bajaban de las Montañas de Glades. Hacía bastantes semanas que estaban en la ciudadela debido a las nieves y al frío mortal. Fue el sexto día del mes cuando notaron un fuerte temblor en la tierra que duró apenas medio minuto pero fue suficientemente fuerte como para alarmar a todos. El Príncipe decidió, al día siguiente, encaminarse a Áquila para comprobar que todo estaba bien bajo en reinado de su padre tras aquella posible catástrofe. Muchos años atrás, cuando el príncipe nació, una de las mujeres que atendieron el parto de su madre -que murió en el mismo- predijo que aquel niño estaba destinado a morir a manos de alguien conocido. Con toda seguridad esta profecía trajo al pequeño Martín muchas infelicidades porque no consiguió, en toda su vida, fiarse de nadie realmente, ni siquiera de su esposa a la que acabó enviando a un monasterio sillenita en la ciudad de Dor y nunca volvió a ver. Se rodeaba de gente desconocida constantemente, extraños, viajeros, gente de lugares de nombres raros y nunca de los fieles caballeros de su padre. Fue por eso que en esta ocasión sus guardaespaldas eran tres variopintos personajes, un kernio de las lejanas tierras del oeste, llamado Kork. Un hombrecillo todavía más raro que decía provenir de unas ignotas tierras de nombre Yang Tien, de pequeña estatura, ojos rasgados y piel amarillenta, respondía bajo el extraño nombre de Li Tzao. Y una mercenaria svarda, ruda y arisca, de nombre Edderh.
Llegaron a la ciudad de Áquila el día 15 de febrero. La ciudad parecía tranquila a pesar de la enorme grieta que surcaba lo que había sido una iglesia sillenita frente a la Plaza de la Justicia. Resultaba muy perturbador para los vecinos que de las fuentes de esa plaza el agua manaba con un color rojo intenso que la hacía parecer sangre. Kork estuvo olisqueándola y de hecho parecía sangre de verdad. Llegaron al castillo del Rey y allí conocieron al monarca que estaba con algunos caballeros entrenándose en el Patio de Armas. El Rey se sorprendió del aspecto de los guardias de su hijo, especialmente de Li Tzao, quien tuvo que batirse en duelo con uno de los caballeros para demostrar sus habilidades de lucha. Pasado eso, decidieron irse a descubrir las cantinas locales. Sin embargo Kork se sintió bruscamente indispuesto. En ese momento no lo supo pero el haber tocado la sangre que manaba de las fuentes le había infectado con algún terrible mal, una especie de lombrices gigantes que amenazaban con devorarlo desde el interior de su propio cuerpo. El monje Li, al ver eso, supo de lo que se trataba y por fortuna sabía cómo remediarlo de manera tajante así que buscaron una iglesia y Kork -interrumpiendo un oficio- se curó bebiendo agua bendita -dolió, eso si-. No estaban aún repuestos del susto cuando se puso a llover muy fuerte. Tenían la sensación de que algo no andaba bien -y el Príncipe Negro compartía dicha sensación- así que se fueron a la iglesia en la que había cedido el suelo a ver si veían algo raro. Cuando estaban allí vieron que en la grieta que se había abierto se podía ver que en el subsuelo del templo había como varios pasadizos y alguna puerta, se habían -además- descubierto varios muros que seguramente estaban enterrados días atrás, repletos de símbolos y extrañas escenas de combate y figuras raras. El monje, entre todo eso, reconoció el símbolo de las Ocho Flechas... el signo de Caos. Del suelo, repentinamente, empezaron a salir criaturas de aspecto horrible, cabezas de lobo o pájaro, ojos terriblemente humanos, pezuñas, plumas, pelo, garras, armados con espadas curvas, lanzas y guadañas y escudos con pinchos. Con ellos un guerrero de armadura completa roja y dos hachas, como de dos metros de alto, con el símbolo del caos forjado en el metal de la pechera. Los esbirros del Caos empezaron su temible asalto a la ciudad de Áquila y ellos tres -y algunos guardias de la ciudad- no pudieron más que correr o morir.
Datos de juego: el Signo de Piscis significa que todas las tiradas de Carisma tienen un +1. |
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Partida #2 "La Muerte del Príncipe Negro" Los trollocs y el Campeón del Caos (así se llaman estos engendros) sembraron la muerte y destrucción por doquier en la ciudad de Áquila. Asaltaron casas, quemaron lo que encontraron a su paso, mataron a toda criatura viva que se cruzaba con ellos fuese hombre, mujer, gato o caballo. Eran decenas y decenas de ellos, guiados por el Campeón. Y ese no era el único problema, muchos de los hombres parecían haberse vuelto locos y luchaban unos con otros, dominados por una súbita furia.
De esta guisa se encontraron la fortaleza nuestros tres mercenarios, Li, Kork y Edderh, cuando entraron en ella huyendo de la horda caótica. Volaban flechas, moría gente, se oían gritos y pelea por todo el Patio de Armas. Lo peor fue cuando entraron en la capilla del castillo para refugiarse allí y vieron que el propio Rey, Sebastian Crowlet, había sido dominado por el extraño mal y estaba luchando contra su hijo, el Príncipe Negro, el hombre que ellos, supuestamente, debían proteger. E intentaron ayudarlo pero no valió de mucho, y ni siquiera su espada mágica Llamaazul, famosa en las historias de juglares y aventuras, le salvó de que se cumpliese la profecía y muriese a manos de alguien conocido: su propio padre. Tras matar a su hijo el Rey estuvo por acabar con la vida de sus tres defensores pero estos, viendo en enorme peligro en el que se encontraban, consiguieron huir. El Rey se fue como un loco por el castillo adelante, buscando a alguien. No sabían muy bien qué hacer. Fuera la ciudad era un baño de sangre y en el castillo la cosa no pintaba mejor. Llegaron hasta una zona de habitaciones donde, en una de ellas, encontraron a una niña escondida: Nanya Crowlet, la hija del Príncipe Negro. La chiquilla, de unos siete años, se había escondido en la habitación del Rey con una ballesta para defenderse (y lo hizo, casi atraviesa a Edderh cuando entró en la estancia). Descubrieron que a pesar de la juventud de la cría ya tenía poderes de paladín porque curó al kernio Kork. Tras eso les propuso un plan, conocía un pasadizo que conducía al viejo monasterio de la Inquisición, ahora ocupado por la Orden de Viajeros. Saldrían por allí de la ciudad. Y eso hicieron. Escaparon por el pasadizo (no sin estar a punto de ser alcanzados por un grupo de trollocs, porque el pasadizo había cedido en uno de sus muros y se veían los subterráneos de los que habían salido los Engendros del Caos. En el monasterio había unos cuantos monjes, algunos caballeros y vasallos del rey que estaban por huir de la ciudad usando un método muy poco común: los Portales de la Orden de Viajeros. Así fue como ellos tres, Lady Nanya Crowlet, Sire Malvin (uno de los caballeros del Reino de Áquila), Lara -una de las sirvientas del castillo- y el Prior Gael, de la Orden de Viajeros, se fueron a la Ciudad de Akenar. |
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Partida #3 "Llegada a la ciudad de Akenar" Como el Prior Gael les había dicho, aparecieron repentinamente en Akenar, en plena tarde del mismo aciago lunes día 15 de febrero, en unas estancias de un monasterio aledaño al Tribunal de la Inquisición. Estuvieron un rato desorientados pero pronto la pequeña Nanya, Sire Malvin, ellos y Lara -la sirvienta- se dirigieron a la Fortaleza Negra para solicitar la hospitalidad del Rey Otto, el que había sido Emperador medio siglo atrás. El caballero Malvin les condujo por las tumultuosas calles de Akenar que en nada se parecían a las sobrias rúas de Áquila. Akenar siempre se distinguió por ser una ciudad bulliciosa y caótica, llena de viajeros, comerciantes, tabernas, gente buscando fortuna, burgueses, hombres de armas, vendedores, titiriteros, ladrones, soldados, religiosos, criados, damas, plebeyos y un sinfín de personas que incluso en aquellos tiempos oscuros llenaban la ciudad. Llegaron a la Fortaleza de muros color basalto y enormes torres y pronto fueron recibidos por René, el ayudante del Consejero Real, Inman, que pronto se presentó allí y escuchó con atención su historia. La consideró de suficiente importancia como para molestar al Rey Otto y los condujo a la Sala del Trono donde tuvieron una curiosa audiencia con el monarca jorobado. A pesar de que la familia de los Crowlet antiguamente había jurado obediencia al Imperio el Acta de Acio I del año 1032 DS había liberado a todos los vasallos de sus anteriores vínculos con Akenar por lo que el Rey Otto trató a Lady Nanya no como a una vasalla sino como a un noble de otro reino en apuros. Se dispusieron unas estancias para tener a la niña como huésped en espera de nuevas noticias del Reino de Áquila pues lo sucedido había pasado apenas unas horas antes. De todos modos estuvo claro que Sire Malvin era un hombre al que le gustaba dejar clara su condición de noble y tratar con cierto desprecio a los que habían sido los hombres de armas del Príncipe Negro por lo que Lady Nanya, con mucha mano izquierda, aquella misma tarde le encomendó la misión de regresar sus tierras y enterarse de cómo estaba la situación y, con la mayor presteza posible, enviarle un mensajero. El caballero aceptó con gusto el cometido y se fue. Fue entonces cuando Lady Nanya les contó su plan de averiguar qué había sucedido en Áquila y ver qué podía hacerse para luchar contra ello... tanto Kork como Li y Edderh se mostraron dispuestos a acompañarla. Entretanto la svarda Edderh llevaría consigo Llamaazul, la que había sido la espada mágica del padre de la niña. Pasaron la noche no sin que alguno de ellos tuviese el sueño agitado, en especial Lara, la criada. Por la mañana conocieron al Amo de Llaves de la Fortaleza Negra, un enano llamado Maese Lufel que estuvo tratando de averiguar qué había pasado en Áquila. Pareció una persona con muchos contactos en la ciudad... Empezaron las pesquisas acerca de lo sucedido en Áquila pasando por el Tribunal de la Inquisición. Allí les atendió un clérigo de aspecto ligeramente siniestro pero de carácter sobrio y aparentemente honrado, de nombre Raven. El clérigo estuvo indagando acerca de las marcas que el kernio Kork tenía en ambos costados y cómo se las había hecho. De alguna manera sugirió que existía la posibilidad de que uno de ellos fuese alguien especial que, sin enterarse, podía ser parte de lo que había pasado, y no un mero espectador... les prometió indagar un poco más sobre el tema. De todos modos como apenas tenían dinero decidieron ir, bien temprano, a vender la funda de Llamaazul, una formidable pieza de tela de terciopelo y bordados vegetales con hilo de plata. Buscaron por la ciudad y en el Barrio de Artesanos encontraron la tienda de Luy, un gnoling muy famoso por sus telas bordadas. Presenciaron allí un desagradable incidente entre una de las magas conocidas en la ciudad -la maga Amelia, apodada la Araña- y el artesano. La maga iba acompañada por un Guardián, Wallan, un svardo de aspecto silencioso y fiero. Después de eso curiosearon un poco por el Gremio de Armas donde Li tuvo la extraña fortuna de encontrar a otro hombre de la lejana Yang Tien, un armero llamado Lao y a su mujer, María. Sin embargo a Kork le dio la sensación de que alguien les seguía por la ciudad. |
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Partida #4 "En busca del bandido Jonás" No tardaron en descubrir que eran los sirvientes de Lufel los que les seguían por la ciudad. El Amo de Llaves se había molestado bastante en enterarse bien de todo lo que hacían y dejaban de hacer. En cualquier caso sus problemas eran mayores en otros aspectos, para empezar Lady Nanya, a pesar de las ganancias de la funda de Llamaazul, apenas contaba con dinero con el que costear todos los asuntos que se le venían encima. Mientras los tres mercenarios conocían la ciudad la niña habló con el Consejero Real y, cuando regresaron, había trazado un plan: al parecer había numerosos bandidos a los que la Corona había puesto precio. Uno de los más peligrosos y conocidos era el famoso Jonás, un asaltador de monasterios sillenitas en los feudos al sur de la ciudad. La Iglesia pagaba la exorbitante cifra de cien piezas de oro por su cabeza ya que había costado grandes disgustos a los priores de las comunidades monacales. La pequeña Nanya pensó que sería buena idea capturarlo y cobrar el oro. Kork y Edderh estuvieron de acuerdo con este plan, Li Tzao no expresó su opinión pero estuvo claro que les seguiría. Pasaron esa noche en la Corte, cenando con el Rey y muchos de los cortesanos. Edderh aprovechó para hablar con Inman acerca de la maga que habían conocido aquella mañana. El Consejero Real la previno contra aquella mujer y le dijo que lo mejor que podía hacer era mantenerse aparte de ella. Kork, por su parte, cerró un trato con maese Lufel para conseguir una mula y víveres para el viaje al sur. Pasaron la noche en la Fortaleza Negra. Decidieron salir bien temprano para evitar la gran aglomeración del mércades, pero aún así al alba recibieron una visita del Inquisidor Raven, con el que habían hablado el día antes. Había estado ojeando libros y notas y había encontrado unos papeles que le resultaban preocupantes, si es que contenían algo de verdad...
Cuando
se cumpla el milenio el mundo empezará a dejar de ser mundo Así que con el ánimo levemente perturbado por las palabras escritas por el clérigo Morgenes, salieron de la Fortaleza. Tuvieron allí que librarse de un ilko llamado Deimos que al parecer había escuchado que Kork era el Elegido y quería servirle. Li Tzao tuvo que librarse de él a golpes. Más tarde fueron a la tienda de Lao, donde Li le obsequió una figurita de un dragón plateado a cambio de un bastón de combate (la figurilla había sido comprada en el mercado a un gitano llamado Rubén Dosdedos). Tras eso salieron de viaje que transcurrió tranquilo durante todo el día. A mediodía se encontraban en Villa Arvin, donde compraron leche para un gato que Kork regaló a Lady Nanya. Luego hicieron noche en una posada de Castillo Guijarro. La mañana del jueves 18 de Febrero se dirigieron al oeste, saliendo de la Vía Imperial de Crucis, por la que habían viajado cómodamente. En esa época del año los caminos aún eran fríos y la escarcha cubría las piedras de las murallas de Castillo Guijarro cuando salieron de allí, dejando atrás el lago. Al norte estaba el bosque de Roblespino, lugar del que habían oído historias muy feas. De Jonás, el bandido, habían ido escuchando cosas aquí y allá. Unos decían que era un antiguo clérigo. Otros que asaltaba los monasterios entrando antes y abriendo la puerta por la noche a los suyos porque, seguramente, contaba con una banda de ladrones. También se sospechaba que las gentes de la comarca le ayudaban a esconderse porque habían sido varios los cazadores de recompensas y caballeros ávidos de gloria que habían pasado por allí sin el menor éxito. A Lady Nanya se le ocurrió que podían fingir que robaban al párroco del Llano de Gand para luego pagar a alguien para que los ocultase en una granja. Quizás eso atraería la simpatía de Jonás cuando la historia llegase a sus oídos, que lo haría tarde o temprano. Más o menos siguiendo este plan pasaron a mediodía por la Abadía del Roble (no sin antes fijarse que desde el día anterior una pareja de cuervos parecía seguirles, tuvieron que matar a uno y el otro escapó), que era uno de los lugares saqueados por Jonás. Evitaron que los monjes les vieran irse al sur dando un gran rodeo pero finalmente, por la noche, llegaron al Llano de Gand. Les costó entrar más de lo normal porque el alcalde, Alek, no quería que unos extraños entrasen en el pueblo. Se quedaron en la Posada de Nurtia, una vieja arcana que les timó dos monedas de plata por dejar que la mula pasase la noche en su estrecho establo. Sin embargo el plan de ellos seguía en marcha y, a medianoche, se levantaron para ir a la casa del clérigo a robarle -fingidamente, por supuesto- dinero y algún que otro saco de grano. Quizás con eso bastaría.
Rumores escuchados durante la cena en la Corte: al parecer en las próximas semanas llegará una delegación de orcos del Bastión de Ha, al oeste de la ciudad, para jurar vasallaje al Rey. Algunos de los cortesanos están inquietos porque podría suceder que con los orcos viniese uno de los caballeros gardios más temidos, el famoso Zen, un seguidor de Heironeuss // También se rumorea que el Rey Otto está buscando una mujer con la que sellar alguna alianza y, de paso, procurarse un heredero // En el Barrio de los Arrieros hubo una pequeña rebelión que la Guardia tuvo que sofocar con diligencia. Se desconocen los motivos. |
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Partida #5 "Buenas y malas nuevas" Resultó que uno de los
guardias del pueblo les descubrió mientras salían de la posada a
hurtadillas y tuvieron que reducirlo, tampoco les costó demasiado pero
el hombre hizo ruido y despertó al párroco Andrew que vivía en la casa
junto a la iglesia sillenita. Li subió por un lateral del edificio y
entró en la torre del campanario, Edderh trató de hacerlo lo mismo y
casi se mata en una dura caída desde el tejado. Entretanto Kork entró
por la parte delantera de la casa, forzando la puerta, pero se encontró
con que el tal Andrew no estaba solo, otro hombre estaba con él y atacó
al kernio, pero fue lo último que hizo. En el segundo piso, Li, Edderh y
Nanya habían encontrado al párroco que ahora vestía una armadura de
mallas -les había oído y se se había armado- y tuvieron que reducirlo a
golpes. Pero algo no encajaba en todo aquello porque el campanario por
el que habían entrado guardaba en realidad bastantes botines de saqueos
y empezaron a sospechar que, sin querer, habían encontrado a uno de los
cómplices de Jonás -que guardaba allí todo-. Fue grande su sorpresa
cuando se percataron que el tal Andrew era en efecto Jonás, el bandido
al que perseguían.
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Partida #6 "Regreso a la Corte" Finalmente llegaron el lunes
al mediodía a la ciudad de Akenar, pero antes de que cruzasen las
murallas negras de la ciudad les alcanzó un hombre que les había estado
siguiendo desde hacía unos días. Su nombre era Juan, le apodaban "el
guardabosques" lo cual no era muy imaginativo pero al menos dejaba clara
la ocupación de éste. Se trataba de un arcano de Lundia que llevaba un
par de años al servicio del conde de Gand y que tras los sucesos
acaecidos en Castillo Gand había pensado que seguramente le iría mejor
siguiendo a Nanya, en vez de al nuevo conde Ranulf -el mismo que
prometió no intentar vengar la muerte del viejo conde, Guy de Gand, ni
de su también difunto hijo Carl-. Nanya aceptó confiadamente el servicio
de Juan que de inmediato se convirtió en su vasallo, allí mismo en las
puertas de la ciudad. En ese mismo sitio Kork tuvo que deshacerse de un
individuo que le llamó El Elegido y que trataba de seguirle a toda
costa... |
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Partida #7 "Las catacumbas y lo acaecido en la boda real" Edderth, Kork y Juan
finalmente entraron en la Iglesia del Lago donde se suponía que
encontrarían objetos, al menos según Li Tzao en los sueños de la pequeña
Nanya. Les costó algunas monedas librarse de un par de mendigos que
estaban acogidos a sagrado allí (de un tercero nunca se libraron) y acto
seguido abrieron la trampilla del suelo que Juan había encontrado un par
de días antes. Sin duda el más
preocupado por la destrucción de la Iglesia del Lago fue Juan, que
acudió esa misma tarde a confesarse en la capilla de la Fortaleza Negra.
Kork estaba prácticamente destruido, sin una mano y con el ánimo bien
bajo. Y Edderh había salido bastante bien parada. Y un extraño cuenco
con inscripciones, en los objetos mágicos de la Iglesia del Lago; el
Consejero Real no vio que tuviese ninguna utilidad concreta pero es
mágico |
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Partida #8 "El Monasterio de los Secretos" (xué miào mì)
Después de aparecer en las
montañas a través de la extraña puerta luminosa, se
acercaron a la pequeña torre con la estatua de Bahbah, en la
que sonaba una campana grave. Allí había un monje de túnica
naranja y pelo rapado con el que, de manera sorprendente,
Nanya consiguió hablar. Al parecer la niña había aprendido
más de lo esperado hablando con el monje Li Tzao...
El monje les dijo que había un monasterio al otro lado de la montaña al que debían ir. Viajaron hacia lo que parecía el norte y al anochecer llegaron a una gigantesca cueva en la que había cientos de estatuillas de Bahbah incrustadas en las paredes. En la entrada había una especie de refugio con grasa de animal para hacer fuego y un caldero metálico. Hacía mucho frío, sobre todo al caer la noche, así que decidieron dormir allí. El monje les dijo que los espíritus (mó) rondaban la cueva y era mejor no salir de la protección aunque escuchasen ruidos fuera pues era muy peligroso. Y los escucharon, a medianoche. Juan durmió pegado a la puerta y habría jurado que escuchó unas uñas arañando la madera fuera pero por la mañana no vio rastros de nada. Al alba se pusieron en marcha y caminaron por la cueva que tenía como una senda que se veía claramente. Había muchos otros caminos y bifurcaciones pero no se salieron de las marcas y en casi tres horas vieron la luz del otro lado. Al salir de la cueva vieron que las laderas de las montañas allí daban paso a un abismo en cuyo fondo había un mar de nubes. En una de aquellas laderas había construido un extraño edificio que recordaba a los monasterios sillenitas, pero de otra factura. Era el Monasterio de los Secretos (xué miào mì), según supieron más tarde. Los monjes del monasterio parecían esperar al Elegido. No aclararon cómo pero dijeron que sabían que, en un momento de peligro, había sido dicho que el Elegido llegaría para salvarles del desastre. Y aquellos días ese desastre estaba cerca pues un numeroso grupo de bandidos se había dedicado a saquearles y, al parecer, estaba por regresar. El lama que mandaba en el monasterio respondía al nombre de Cimba. Les dio de comer y les dijo que esperaba que les ayudasen en aquel momento oscuro. Ellos aceptaron y luego supieron que los bandidos atacarían en una o dos jornadas.
Corría el 2 de marzo del año imperial 1081 DS. |
Yang Tien
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Partida #9 "En el País de las Nubes"
Así pues Edderth, Kork, Juan
y Nanya cabalgaron tras los bandidos que habían huído por la
cueva. Éstos tenían algo de ventaja, quizás una o dos horas,
pero Juan a veces se bajaba del caballo y revisaba que el
rastro de los jinetes continuaba por el camino en la gruta.
En un momento dado se percató de que algo menos de la mitad
de los jinetes se desviaba por un ramal de la cueva, y esa
fue la primera vez que dudaron en aquella persecución.
¿Seguir al grupo mas numeroso por campo abierto o, por el
contrario, buscar a los que se habían desviado a un posible
refugio en las cuevas?
Decidieron lo primero. Salieron de la gruta, pasaron la Atalaya Imperial -que cada vez que pasaba alguien hacía sonar una campana- y empezaron a vez yaks por la zona, una especie de buey lanudo de las montañas. Al parecer era muy comunes en esas tierras. Poco después vieron que del grupo de bandidos uno se había separado. Intentaron seguirlo pero se les hizo noche y encima se puso a nevar. Tuvieron que rendirse y hacer un refugio para protegerse del frío o, por el contrario, podrían haber muerto. Tuvieron que recular al día siguiente y continuar siguiendo al grupo numeroso de jinetes. Antes del mediodía llegaron a una bifurcación donde de nuevo los bandidos se dividían, la mitad para un lado, la otra mitad al otro. A la niña Nanya le pareció que si lo que buscaban era la espada de Kork, entonces deberían seguir el camino del este -aunque en aquel momento ellos aún pensaban que era el oeste, por la posición del sol-. Así fue como llegaron a una aldea que estaba al borde de un abismo tras el cual sólo había un mar de nubes. La aldea se llamaba Wufù, y todos los campesinos se habían escondido de ellos. A través de una puerta consiguieron hablar con el alcalde y aunque parecía que encubrían a los bandidos al menos recuperaron la espada bastarda de Kork. En el asunto del dinero o capturar a los ladrones se dieron por vencidos, al menos allí. Fue entonces cuando Kork encontró un pergamino con una extraña marca, el símbolo del Caos pintado con tinta negra. Lady Nanya lo reconoció, al parecer se llama "Marca del Caos" y es un poderoso conjuro de muerte que invoca un horrible peligro contra la víctima del hechizo. Alguien, en algún lugar, estaba deseando un gran mal al kernio. Camino a la aldea de Wufù habían visto unas simas en el suelo de la meseta. En una de ellos vieron restos dejados por algún animal grande y no tardaron en verlo, horrorizados. Un animal enorme con el cuerpo más grande que una vaca, con apariencia de lagarto alado, estuvo sobrevolándoles un rato. A pesar de sus temores de ser atacados por el monstruo éste se limitó a volar en círculos y aterrizó por allí husmeando. Luego se marchó. Azuzados por el miedo, trataron de volver apresuradamente a la cueva pero no tardaron mucho en ver a un jinete con armadura completa, negra, y un corcel igualmente negro acorazado. Como contaban con arcos y ballestas en aquel momento pudieron mantenerlo a distancia matando a la montura y luego, viendo el enorme peligro, se dieron a la fuga. Pasaron por la Atalaya Imperial rumbo a la cueva. Cuando llegaban a esta pudieron oír la campana de la atalaya de modo que dedujeron que alguien -quizás el caballero oscuro- les estaba siguiendo. Como ya caía la noche no les quedó otra que usar el refugio en el que habían dormido días atrás. Fue allí, y a mitad de la noche, cuando les atacó el caballero siniestro que intentó asaltar el lugar con su mandoble. A pesar de ser un terrible enemigo allí no encontró otra cosa que la muerte. Luego cerraron la puerta del refugio y pasaron la noche aliviados... A la mañana siguiente se sintieron algo más animados y pensaron que, en vez de regresar al Monasterio de los Misterios, bien podían echar un vistazo en las cuevas e intentar capturar a los bandidos que se habían ocultado allí. Se pasaron la mañana siguiendo el rastro que, poco a poco, les apartó del camino y les condujo a lo que, efectivamente, parecía una madriguera de ladrones. Pero ésta no estaba del todo desprotegida. Kork pudo jurarlo porque probó una de las trampas de estacas de bambú. Además tenían una puerta con aspilleras cerrando el refugio pero Juan y su buena puntería bastó para romper la moral de los defensores que se rindieron. Se trataba de apenas siete yangs, escuálidos, al parecer campesinos desesperados que robaban al monasterio para poder pagar los impuestos del año siguiente. Les dieron tanta lástima que acabaron por perdonarle y Nanya incluso les dio algo de oro. Eso si, les advirtieron que si volvían a robar no habría otra indulgencia... Luego se fueron al monasterio. Una vez allí Cimba, el lama, les agradeció todos los esfuerzos que habían hecho por el bien del lugar y de Bahbah, su dios-hombre. Les dijo que en el País de las Nubes, donde estaban ahora -dentro del Imperio de Yang Tien- no podrían hacer otra cosa que esperar a que una caravana llegase con arroz y bienes para el monasterio. Esperaban una para el mes siguiente así que podrían estar allí mientras tanto. Así fue como pasaron no un mes sino siete semanas en aquel monasterio aprendiendo el complicado idioma yang, que la pequeña Nanya dominaba a la perfección de manera extraña. Edderth aprovechó el tiempo para cabalgar por la meseta y enterarse de paso que los Xiäo Lóng o "pequeños dragones" que habían visto no comían animales y muchas veces eran capturados y usados como montura por los yuang. De paso se estuvo fabricando en el monasterio su propia armadura con pieles de yak. Kork aprovechó el tiempo para practicar esgrima con la pequeña Nanya, para descubrir que la niña era inusualmente rápida con cualquier arma. Juan, además de romperse la cabeza con el idioma, estuvo tratando de trabajar un poco en flechas y arcos pero le faltaba buen material. Eso si, durante esas semanas pudo conocer mejor a Lara y pareció que la mujer le era amigable. Descubrieron, de paso, que el otoño había llegado a aquellas tierras altas, y se extrañaron pues en Akenar justo empezaba la primavera... Finalmente, pasadas las semanas y echando un poco de menos la comida normal de Akenar, llegó una caravana de mercaderes de las tierras bajas que dirigía sus camellos lanudos a la pequeña ciudad de Zhan Chang, la primera plaza bajando del País de las Nubes. Cimba tuvo a bien hacerles algunos presentes como gesto de cortesía. Luego les presentó a Garkan, el mercader al cargo de la caravana que al parecer traía arroz, verdura y fruta a cambio de carne de yak, manteca y huesos. No tardaron en hacer un acuerdo con Garkan, a cambio de poder ir en la caravana se encargarían del primo de este, llamado Jampa, que, al parecer, se había vuelto loco y estaba matando campesinos en la aldea de Zhunei. Jampa había empezado a adorar a un dios del este y había perdido el juicio... ellos accedieron a matarle si realmente comprobaban que lo que Garkan aseguraba era cierto. También conocieron a Kofu, el jefe de los mercenarios que vigilaban la caravana hasta Zhan Chang y Edderth hizo algunos tratos con él. Así fue como un buen día 22 de Abril del año imperial 1081 DS dejaron el País de las Nubes y se dirigieron a las tierras bajas de la provincia de Xuê Shan, que en idioma común significa, Provincia de las Montañas Nevadas. Las distancias en las montañas siempre son engañosas y quizás por eso ellos pensaban que la bajada sería más rápida. La enorme caravana dirigida por Garkan (aunque empezaban a sospechar que la que realmente estaba al mando era una mujer a la que los yang llamaban Ye Zhu, que literalmente significa "el dueño", y que habían visto en la tienda de Garkan el día del trato y varias veces en un palanquín en uno de los camellos lanudos) bajó lentamente por los serpenteantes senderos de las montañas. El frío no arreció, al menos en la primera semana, y cruzaron numerosos puentes de piedra que unían gigantescas mesetas de tierra; imposible decidir si los puentes eran obra de hombres o de la propia Naturaleza. Y así, poco a poco, se acostumbraron a comer sopa picante y los revueltos que los soldados de Kofu preparaban en sus propios escudos llamados wok. Entonces llegaron a la altura de las nubes y entraron en una espesa niebla que no se disipó durante casi una semana. El 7 de Mayo salieron por fin de la niebla que según supieron era la frontera del País de las Nubes. Abajo les esperaban inmensos valles de terrazas de arroz y cereales donde empezaron a ver campesinos que huían de ellos o que se tiraban al suelo para dejarles pasar, jamás mirándoles a la cara. En los valles el frío era menos intenso y ya no nevaba. Siguieron bajando por caminos algo más transitados y aparentemente más seguros hasta que el día 14 de Mayo llegaron hasta un inmenso bosque de unas extrañas plantas altísimas, los yang le llaman el Gran Bosque de Bambú. Tendrían que cruzarlo para llegar a Zhan Chang. Sin embargo quedaba algo por hacer para saldar la deuda con Garkan. Su primo Jampa vivía en una aldea cercana llamada Zhunei, y el mercader les había dicho que se había vuelto loco y por lo tanto, antes de que causase más deshonor a la familia, tenía que acabar con su vida. Y ahí entraban ellos. Se fueron solos, incluso sin caballos, a la aldea de Zhunei. Kofu les había advertido contra los osos panda que habitaban la región, y con razón: se encontraron con uno que les atacó con fiereza y tuvieron que matarlo junto a la calzada, después de llevarse un buen susto. Tras eso, el camino principal se bifurcaba hacia la aldea y pronto empezaron a ver campesinos empalados a los lados del camino. Horrorizados por esta visión empezaron a entender que Jampa efectivamente se había vuelto un loco sanguinario y quizás si tendrían que matarle. Descubrieron por las malas que el loco había hecho algo a los campesinos de modos que ni estaban vivos ni muertos y muchos de ellos merodeaban la aldea, que había ardido, y atacaron al grupo en cuanto se acercaron. Tuvieron que llegar a la aldea de Zhunei combatiendo a aquellos desgraciados y mataron a muchos antes de llegar. La aldea había ardido y alguien había construido una especie de subterráneos. El grupo entró en ellos buscando a Jampa y, tras muchos peligros y combates, lo consiguieron encontrar sacrificando a los pocos campesinos que quedaban vivos. No sin grandes riesgos, consiguieron acabar con Jampa y su ayudante y salvaron a los pocos que quedaban vivos. Entre ellos un tal Yi Liao, hijo de un wu jen -como llaman a los magos en Yang Tien- de Zhan Chang. Quemaron el subterráneo y dejaron allí el cadáver de Jampa, destrozado por Edderth a la que intentó embrujar varias veces antes de ser atravesado por Llamaazul. La pobre Nanya casi muere en los combates y tuvieron que sacarla en brazos. Regresaron por el horrible camino hasta la bifurcación y allí Yi Liao les dijo que le buscaran en Zhan Chang, su padre les agradecería el haberle salvado. De vuelta en el campamento de Garkan y la caravana, el mercader dio el trato por satisfecho. Dos días después, el 17 de Mayo del calendario arcano, llegaron a la ciudad de Zhan Chang, más de dos meses y medio después de llegar a las tierras de Yang Tien, al otro lado del Orbe. |
Yang Tien
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Partida #10 "La huída de Zhan Chang"
Al llegar a la
ciudad de Zang Chang les impactó el enorme
tamaño de ésta. Supuestamente era una pequeña
ciudad de provincias pero desde las laderas
altas del valle parecía más grande que la propia
Akenar: un mar de casas de tejados de pizarra
negra, curvos, muy parecidos entre ellos. En el
centro del mar de tejados, una muralla roja no
muy alta y, tras ella, edificios de tamaño
inmenso pero idéntico diseño. Aquí y allí podían
verse torres no muy altas compuestas por muchos
tejados superpuestos.
Al entrar en la ciudad conocieron el significado de la palabra caos. Un sinfín de gente que hacía parecer a la bulliciosa Akenar un lugar vacío y silencioso. Yang por todas partes, vendiendo comida, orfebrerías, bambú, medicinas, setas, pollos vivos o cocinados, cerdos, papel y un sinfín de cosas. Pararon en la posada de Fan Fan, un yang en el que Kofu confiaba. Decidieron pasar allí la noche y, de paso, intentar buscar al wu jen llamado Liao, tal y como les había dicho el joven que habían liberado unos días atrás. Pagaron al Segundo Hijo Menor de Fan Fan para que fuese a la Ciudad Interior y avisase al mago de dónde se hospedaban. Hay que decir que claramente ellos llamaban mucho la atención en aquella ciudad. Cuando entraron en la sala principal de la posada todos les miraron y durante un rato cesó toda actividad. La noticia de su presencia allí no debió tardar mucho en llegar a oídos del Mandarín Zhu Yu, que según supieron era una especie de señor feudal con extraordinario poder sobre la vida y la muerte de todos sus siervos. Zhu Yu mandó a la posada a su sirviente guerrero Yalafren, un hombre de las tierras polvorientas de Ulgol, al noroeste del país. Yalafren habló con Kork y con Juan en la posada, "pidiéndoles" que al alba se personasen en el palacio de la Ciudad Interior para ver al Mandarín. Sin embargo cuando Yalafren se fue, uno de los lugareños que estaba allí bebiendo bao jiao (una especie de aguardiente yang) se reveló como el wu jen Yie Liao, el padre de Yi Liao al que habían salvado de una muerte horrible, o algo peor. Se trataba de un viejo simpático que les ayudó mucho a salir del enorme problema en el que se encontraban: al parecer el Mandarín era un hombre sanguinario y no se esperaba nada bueno de aquella audiencia. El maestro Liao les aconsejó huir de la ciudad y les prometió ayudarles a conseguirlo: iría a por unos siao long -pequeños dragones- y podían volar hasta la Montaña Nevada del Dragón de Jade, al borde de la Caída del Tigre que finalizaba la enorme meseta del País de las Nubes y daba paso al País de Arroz. Según Liao en la cima de la montaña había un viejo lugar construido por los Antiguos que era una especie de Portal que, con ciertos peligros, les podía conducir de regreso a Akenar. Quizás. Aceptaron la ayuda del Wu Jen que se fue a por los pequeños dragones. Ellos sólo tendrían que esperar una hora y salir en plena noche de la posada para llegar a una plaza que estaba a dos o tres manzanas de allí.
Huir de la posada
no fue tan sencillo como esperaban puesto que el
Mandarín había enviado a unos ninja o
"guerreros de la sombra" para tenerlos bien
vigilados. Para salir de la posada tuvieron que
luchar con dureza pues los sicarios del mandarín
eran bien peligrosos. |
Yang Tien
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Partida #11 "En el Laberinto"
El Maestro Liao
los dejó en el Refugio de los Antiguos. Se
trataba de un edificio pintado de rojo formado
por varios tejados superpuestos. En su interior
una habitación sencilla con líneas en el suelo
formando círculos y cuatro estatuas de elfos con
orejas muy largas. En el suelo, según Nanya,
estaba estrito un calendario que, por algún
motivo, parecía concluido. La niña no fue muy
clara al respecto de esto.
El caso es que tuvieron que esperar unas horas hasta que la puerta mágica por la que pretendían salir de allí se abriese. Y así fue, unas escaleras que bajaban aparecieron de repente en el centro de la habitación formando una espiral. Kork cruzó el primero. Cuando se dio cuenta estaba subiendo en vez de bajando. Así fue como entraron en El Laberinto. Un lugar extraño, sin duda, formado por gigantescas columnas que llegaban a un techo increíblemente alto. Se veían islas de piedra flotando en la nada, cararatas de agua que no se sabía de dónde salían, murallas tremendas y un mar de estatuas cubriendo todo. Más adelante no podrían precisar cuánto tiempo estuvieron dentro ni recordar con precisión lo que sucedió. Tuvieron que cruzar puentes con caídas mortales, hablar con bocas pintadas en las paredes, luchar con minotauros y con un contemplador -una criatura legendaria-, viajar a fortalezas de hombres-rata, cruzar bajo la atenta mirada de estatuas vigía, ver monstruos de tamaño absurdo, caballos con las pezuñas y crines de fuego y, en general, un lugar compuesto por muchos y ninguno a la vez.
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El Laberinto
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Partida #12 "El Elegido"
Salieron del Pozo
de las Verdades con cautela pues Juan había
visto una especie de viento que barría el suelo
en el Mar de Estatuas. Edderth trató de sonsacar
a la niña acerca de qué pregunta había hecho en
el Pozo pero Lady Nanya no se mostró muy
dispuesta a hablar; su expresión era, de hecho,
un poco taciturna. Se dirigieron a la Torre de
las Puertas y caminaron durante varias horas
tratando de acercarse sin conseguirlo demasiado.
Kork incluso llegó a subirse a una de las
estatuas gigantes para divisar la torre pero
cuando estaba encaramado le pareció que el
edificio estaba mucho más cerca. Se trataba de
una gigantesca torre de ladrillo rojo brillante
en cuya base había numerosas puertas de metal
negro, cada una de ellas marcada con un símbolo.
Por desgracia la torre estaba vigilada por un
puñado de minotauros con los que hubo que
combatir para poder pasar; la pobre Lara no
murió en el combate por los pelos...
Al despedirse,
Iman les dio un anillo con una estrella, símbolo
de la Orden de Magia, que les permitiría pedir
ayuda a cualquier mago que viesen -de la Orden,
claro está-. Le previno contra la Araña pues la
hechicera tenía una bola de cristal que la hacía
muy peligrosa -con la que podía averiguar dónde
estaban ellos-. El guerrero que la acompañaba,
un svardo llamado Wallan, también era famoso por
su destreza con la espada y su puntería letal
con las hachas. |
Reino de Akenar
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Partida #13 "La muerte de Edderth"
Se despidieron de
Inman cuando consiguieron bajar de la cueva
donde estaba la puerta del Laberinto. El mago
les previno contra los lobos en la región pero
viniendo de donde venían éste era el menor de
los problemas. Buscaron un lugar donde acampar y
pasaron la noche otoñal muy tranquilos. El olor
del bosque y las colinas era tal y como solía
ser y les reconfortó haber vuelto a unas tierras
que conocían.
El viaje a Cros Ard fue bastante tranquilo. Por el camino se cruzaron con un grupo de soldados de la Legión IV que por algún motivo el Rey había movilizado. Aparte de eso, comprobaron que las tierras al este de las Columnas de Dios eran bastante tranquilas pues estaban llenas de granjas, plantíos, pastores y siervos trabajando lo cual siempre era un indicativo de paz en aquellos tiempos. Llegaron a Cros Ard el martes 2 de Octubre del año 1081 DS para comprobar que el lugar era poco mas que una aldea que rodeaba a una fortaleza enana. Eso sí, en la fortaleza se podía divisar una extraña silueta redonda flotando sobre las almenas. Escucharon que se trataba de un invento enano denominado globo, y que volaba. Antes de buscar los caballos que pretendían comprar en la aldea o visitar alguna herrería en busca de armaduras decidieron pasar la noche en la Parada de Ronco, un lugar enano donde la cerveza era buena y la comida era aún mejor. Les ofrecieron habitaciones baratas y el dueño, un enano acaudalado llegado del sur hacía unos meses, incluso se ofreció a guardarles el oro en su caja fuerte, en los subterráneos de la posada. Kork aceptó pensando que los enanos tenían buena reputación como banqueros honrados. Quizás se equivocó. Cenaron bien esa noche y todo parecía tranquilo pero Nanya le dijo a Edderth que notaba algo extraño en aquel sitio. Como que las cosas no eran lo que parecían... por desgracia la bárbara hizo caso omiso de las palabras de la niña... Habían pagado dos cuartos en la posada, en el piso superior de la sólida construcción de piedra. Juan tuvo la prudencia de echar un vistazo en los muros de la habitación en la que iban a dormir los hombres y descubrió un diminuto agujero en la pared, a la altura de los ojos de un enano más o menos. Sospecharon entonces que alguien quería espiarlos. A esto se añadía que durante la noche habían notado que un par de enanos no les quitaban ojo de encima... Atrancaron las puertas y se fueron a dormir. No habían pasado más de tres horas cuando un enano sirviente fue a llamar a la puerta donde dormía Kork. Su señor, Ronco, había estado contando el oro guardado y la cantidad no coincidía con la que supuestamente había dejado Kork. El kernio le dijo que ya hablarían por la mañana y el sirviente se fue. Pero no tardaron en seguirlo en silencio, Kork y Juan, a ver qué sucedía allí. La posada estaba bastante silenciosa y les costó trabajo no hacer ruido a pesar de que el suelo era de piedra. Había gente durmiendo en el salón de abajo e incluso en las cocinas. Siguieron al sirviente hasta las estancias subterráneas privadas en las que Ronco tenía la caja fuerte. Edderth, entretanto, se había despertado y con ella Nanya y Lara. Apartaron la cama de la svarda de delante de la puerta para poder salir y bajaron. En el subterráneo, entretanto, Kork escuchó a Ronco hablando con otros enanos. Kork decidió entrar en la estancia para aclarar el asunto del dinero pero lo que había no era lo que él esperaba ver. No se trataba de un almacén sino de una estancia bizarra con signos pintados en el suelo con pintura roja... o sangre. Se trataba de una trampa. Encima los enanos accionaron un mecanismo que les dejó encerrados a Kork y a Juan allí abajo. Por supuesto no se rindieron. Es más, hubo un duro combate allí abajo, varios enanos contra ellos dos mano a mano. Al otro lado de la puerta Edderth tratando de entrar ayudarlos y muchos enanos de las cocinas que no sabían una mierda de lo que estaba pasando allí. Nanya consiguió que ayudaran a Edderth y finalmente asaltaron las estancias donde Kork y Juan luchaban por su vida. El kernio, malherido, en el suelo. El arcano en medio de un montón de hachas, pero no por mucho rato; pronto se vio que los enanos no podrían con ellos y Ronco decidió encerrarse y escapar prendiendo fuego a todo allí abajo. La velocidad con la que la posada empezó a arder hacía pensar que aquel método de huida no era una improvisación sino un plan preparado de antemano. Salieron de la posada al igual que muchos que estaban pasando la noche allí y mozos y cocineros. Sin embargo Nanya parecía saber por dónde saldría Ronco. Había un pozo en las cuadras de la posada y al parecer había una salida secreta oculta allí. Corrieron al pozo y allí pillaron a uno de los secuaces de Ronco salieron, dieron buena cuenta de él con rapidez. Abajo estaba el enano como una rata en su madriguera. Sin embargo Kork pensó que quizás podía escaparse por otro lado así que se lanzó al pozo medio a lo loco. El enano podía estar desesperado pero era un oponente serio, según el kernio estuvo en el agua le propinó un hachazo que casi lo deja en el sitio. Kork tuvo que sumergirse para salvar el cuello. Fue ese el momento fatídico en el que Edderth, al ver la vida del kernio en serio peligro, decidió saltar a salvarle sin saber que jamás saldría viva de aquel pozo. Saltó al agua y según bajó Ronco le propinó un hachazo que la mató, devolviéndola de golpe a la compañía de Gleind, Dios de los Svardos. Kork, entretanto, luchaba por su vida bajo el agua teñida de sangre y fue entonces cuando encontró un cofre metálico allí sumergido. Juan, desde arriba, presenció toda la escena y a pesar del propio riesgo para su vida saltó al pozo para vengar a la svarda. Ronco intentó repetir su hazaña pero esta vez no fue tan rápido y Juan le acabó atravesando el corazón con la propia espada de la bárbara, Llamazul. Salieron del pozo con el cadáver de Edderth, mojados, ensangrentados y tosiendo humo. Además de eso, se dieron cuenta de que el hacha del enano estaba envenenada de modo que Nanya trató de ayudarles a resistir el veneno. Vomitaron sangre pero aquello no les mató. Así fue como perdieron a Eddeth. En la plaza de Cros Ard, junto a una posada en llamas.
Muy
pronto llegó la guardia del castillo
y por mucho que los paisanos
trataron de apagar el fuego de la
posada nunca lo consiguieron. El
grupo mientras tanto estaba
desolado. Lady Nanya lloraba frente
al cadáver de Edderth mientras Lara
trataba de consolarla. Juan y Kork
también estaban afectados. Bajó
entonces un capitán de la guardia,
un enano llamado Tulmo, y les dijo
que interrogarían al prisionero
-pues en el combate habían capturado
a uno de ellos vivo- y se aclararía
lo que había pasado allí. Entretanto
deberían permanecer retenidos en la
fortaleza junto con otros
sospechosos de la posada. Entregaron
sus armas y pasaron la noche en el
largo salón del castillo de Cros Ard.
Fue por la mañana cuando llegó el señor del lugar con un grupo de guardias. Murdak Kaas, se llamaba. Un enano de larga barba rubia y ojos azules, piel blanca y muchas pechas. Y alguna cicatriz que otra en la cara. Les dijo que había estudiado las pruebas y que estaba seguro de que ellos eran culpables de lo sucedido así que podían considerarse prisioneros. Fueron conducidos a las mazmorras y encadenados a los muros de piedra oscura que hay en el subsuelo de la fortaleza. Los barrotes eran de hierro reforzado y apenas entraba luz por un ventanuco. Se pasaron allí el día entero sin poder hablar con nadie. No les sirvieron nada de comer o beber, ni siquiera un simple trozo de pan y agua. A la mañana siguiente, muy temprano, Murdak regresó para anunciarles que había decidido ejecutarlos colgándolos en el patio, al amanecer. Juan, con la voz rota, se ofreció a ser el primero. El conde enano, al ver su valentía, se rió de él y ordenó que ejecutasen primero a Lara ya que le había parecido que sucedía algo entre ellos. Así fue cómo se llevaron a Lara, y esa fue la última vez que la vieron viva. Se quedaron destrozados por lo que acababa de suceder. Juan llorando en una esquina, tratando de no ser visto. Entonces, con los ojos enrojecidos, se le ocurrió que si no desvelaban que Lady Nanya era la Reina de Akenar morirían allí todos como perros. Llamó a uno de los guardianes y se lo contó. El enano puso cara de susto y se fue corriendo. Durante un rato no supieron qué efecto había tenido la noticia pero pronto llegó otro enano de barba corta, morena, bastante joven, con un delantal de cuero y varias herramientas colgando de él. Se presentó como Yurrik, el enano del que habían oído maravillas como inventor y herrero el que había fabricado el globo que flotaba sobre la fortaleza. El enano les dijo que venía a salvarlos y que si Murdak se enteraba de aquello la niña moriría en un instante. Los liberó y les dijo que juntos escaparían en el globo lejos de allí.
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Cros Ard
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Partida #14 "La muerte de Juan"
El lunes por la
mañana tuvieron una audiencia con Beomir, el
señor de Azken Muga. Tuvieron que subir una
incontable cantidad de escaleras, cruzar patios
y puentes para subir desde la Torre de la
Piedra, donde se encontraban sus aposentos, al
Observatorio, donde el Señor les había
convocado. Una vez allí tuvieron un extraño
encuentro con aquel hombre que, a pesar de estar
medio borracho, les dio una buena bienvenida a
la ciudad. Enterado de que lady Nanya era la
Reina, les aconsejó que la niña se hiciese pasar
por su pariente para asegurarse de no buscarse
problemas. Fue entonces cuando llegó Eireen, la
tía de Lady Nanya, una elfa llegada de Myrl que,
con mensajes de viento, había conseguido
encontrar a la niña en aquella fortaleza enana.
De regreso a los aposentos escucharon que en la ciudad había sucedido algo extraño, se había abierto una grieta enorme bajo el Gran Molino, un edificio que estaba junto al río. Kork se preocupó recordando lo que había sucedido en Áquila, hacía medio año, y aconsejó a Freddus, uno de los guardias de la Torre de la Piedra, que se investigase el asunto (ahí fue cuando se enteró que éste era hijo del propio Beomir).
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Azken Muga
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Partida #15 "La salida de Azken Muga"
Aquella tarde tuvieron que realizar la triste
tarea de enterrar a Juan. Como sillenita, se le
dio sepultura en el cementerio de una de las
iglesias de la ciudad y el propio señor Beomir
acudió a la misa. También lo hizo su hijo
Hernán, un paladín que, según dijo, se había
pasado gran parte de su vida en la guerra.
Durante el funeral la pequeña Nanya estuvo triste, claro. Su tía Eireen se empezó a dar cuenta de que en ocasiones cuando la niña daba una orden no había manera de resistirse a cumplirla. O si la había, pero sólo para ella quizás por su condición de elfa -o por ser familiar, quien sabe-. Por la noche se reunieron en la fortaleza donde el señor Beomir les había invitado a cenar y había invitado a Demian, un mago entrado en carnes que había pasado muchos años en Azken Muga. Así fue como Hernán, el hijo del señor, se enteró de lo que había sucedido realmente en la Fortaleza Negra la noche de bodas entre el Rey Otto y Lady Nanya, y lo que había hecho Sire William al respecto. Aparte de eso, el mago Demian había pasado parte del día investigando los restos de lo que habían destruido bajo el Gran Molino y había sacado un par de deducciones interesantes: se trataba de algún tipo de conjuro divino, es decir, lanzado por clérigos. Era un hechizo poderoso y creía que lo habían lanzado desde la propia Akenar o alrededores... para lo cual se necesitarían entre diez y veinte clérigos y algunos sacrificios humanos para conseguir el poder sagrado necesario... Ellos le hablaron de La Araña y los planes del Rey de recuperar a Lady Nanya y fue entonces cuando el mago se ofreció a "ocultarles", puesto que era ya algo más que un rumor el que Amelia Nadie (ese era el nombre de La Araña) poseía una bola de cristal con la que quizás podía estar observándoles en aquel momento. Demian se fue a su torre a por materiales para ocultarlos. Y fue lo último que hizo porque, que se sepa, jamás llegó a su casa. Al mismo tiempo que sucedía esto un jinete llegaba a la ciudad con un carromato. En su interior portaba un pesado cofre. El nombre del jinete era Drake, un caballero de aspecto siniestro que portaba una espada de hielo negro. Un seguidor del mal. Portaba una bandera blanca y solicitó una audiencia con el Señor Beomir y la Reina así que, de alguna forma, sabía de la presencia de Lady Nanya en Azken Muga. Sire Drake, antipaladín, adorador de Oonegith (uno de los tres Reyes Demonio), traía una historia para ellos y un presente. Lo que les había venido a decir es que su señor no era responsable de los fatídicos acontecimientos que habían sacudido a los reinos de los hombres en las últimas décadas. El culpable de todo aquello no era otro que el Señor del Caos, un ente que pretendía arrasar con todo el mundo conocido e instaurar lo que algunos llaman el Reino de la Noche. Reconoció, eso si, que los seguidores de Omuth se habían aliado con el Señor del Caos. Del tercer Rey Demonio no se habló mucho puesto que hacía no demasiado que Avarrak había estado cerca de ser destruido por -curiosamente- el hermano de Amelia Nadie (La Araña), el guerrero Mario Nadie. Al parecer el Señor del Caos había conseguido entrar en el mundo años atrás y ahora se estaba dedicando a arrasarlo poco a poco. Oonegith estaba en cierto modo preocupado por el posible éxito del Señor del Caos. El Rey Demonio aspiraba a dominar el mundo, no a destruirlo, y por lo tanto había decidido -puntualmente y sin que sirviese de precedente- aliarse con las fuerzas del Bien y ayudar al Elegido, es decir, a Lady Nanya. Usando sus propios métodos, Oonegith se había enterado de la existencia de la Puerta del Caos y de la Puerta de la Ley, aunque esta última no era otra que la Luna de Plata, un angreal guardado por los seguidores de Corelion en Iliya, la Corte del Reino Élfico de Yvonesse. Como no estaba muy seguro de que los elfos dejasen el angreal a Lady Nanya cuando llegase el momento de usarlo, decidió evitar dicha incertidumbre y atacar la ciudad con un ejército de svardos, la sitió, la asaltó y la tomó. Y del Gran Templo de Corelion se llevó el objeto venerado por los elfos y se lo dio a uno de sus hombres -Sire Drake- para que se lo llevase a Lady Nanya. Sabía, también, que la niña necesitaría la Joya Verde para poder usar el espejo. Sire Drake no dijo nada pero se sobreentendió que los seguidores de Oonegith estaban buscando la Joya Verde para llevársela a Lady Nanya. Lo último que se sabía de la joya es que la tenían unos elfos que salieron apresuradamente de Rocamar... Ni qué decir tiene que Lady Nanya, Kork y Eireen no se habían esperado ese giro en los acontecimientos. Obviamente los métodos de los Reyes Demonio distaban mucho de los que ellos habrían elegido para hacer algo y a pesar de que el fin era el mismo -salvar el Orbe- se quedaron horrorizados por la muerte innecesaria de tantos elfos... A pesar de eso respetaron la tregua y dejaron marcharse a Sire Drake. El paladín Hernán lo acompañó a las afueras de la ciudad. Fue al volver cuando se enteró de que el mago, Demian, había sido asesinado a cuchillazos en un callejón no muy lejos de su torre, en la Colina de los Cinco Barrios... La niña tenía una constante sensación de peligro inminente que al principio achacaron a Sire Drake pero poco a poco empezaron a pesar de que a pesar de ser un malvado esbirro de Oonegith, no parecía ser la fuente del peligro. Examinaron la carreta y Eireen pudo sentir el poder de Corelion impreso la Luna de Plata... La niña, entretanto, había pedido al paladín Hernán que les acompañase en su viaje. No tenían muy claro dónde ir porque allí estaban poniendo en peligro a mucha gente. Kork les recordó que tenían una promesa por cumplir en Cuelgatrasgos, un castillo arcano algo al oeste del Castillo de la Tabla, en el Bosque de los Druídas, donde se encontraban los restos del Viajero que se habían encontrado días atrás en el Laberinto. Le habían prometido darle sepultura para que su alma dejase de vagar, y lo pensaban cumplir. Irían en el globo de Yurrik, era la manera más sencilla de llegar al bosque sin cruzar a caballo medio reino. Consultaron los mapas del enano y comprobaron que estaban realmente lejos. Sin embargo antes de salir se aseguraron de que tenían las armaduras de mithril -el señor de la ciudad dio órdenes especiales para que se trabajase en ellas lo que hiciese falta para que estuviesen acabadas de inmediato- y el globo cargado de víveres. Pero cuando ya estaban por irse tuvieron otro contratiempo: Wallan, el Guardián de Amelia Nadie. Los Guardianes generalmente son guerreros que se vinculan a un mago o hechicero y que les defienden de peligros mundanos. Son perros de presa, vigilantes y en ocasiones, cazadores. Wallan era todo eso y más. Un svardo curtido en mil combates. Estaba allí acompañado de cuatro guerreros fieles que seguramente también eran Guardianes de la Araña. Trataban de capturar -¿o matar?- a la niña, pero no les fue muy bien en ello. Hernán, el paladín, les destrozó con rapidez. Wallan, de hecho, murió bajo la espada del paladín. Tres de los atacantes se rindieron y dijeron que pretendían capturar a la niña con vida, pero dio la sensación de que una fuerza invisible los llevó a suicidarse. De hecho una vez muertos sus cuerpos volaron en pedazos, algo que habría sido muy peligroso de encontrarse en el globo de Yurrik. Luego se les apareció la figura de una mujer morena de ojos oscuros -aunque llorosos- que juró matarlos a todos. Dedujeron que se trataba de La Araña, muy enfurecida por la muerte de sus Guardianes. Salieron de Azken Muga no sin antes revisar el globo. El enano Yurrik sospechaba que alguien había estado tocando la comida porque él era muy meticuloso en el orden y no le pasaba desapercibido algo de revuelto. Volaron con el globo cobre los campos del condado -casi todos los árboles del valle estaban a medio proceso de perder las hojas y el paisaje era una maravilla de marrones, castaños y ocres- y a un día de distancia pararon en un monasterio sillenita para cargar comida en buen estado. El prior del lugar -que por suerte tenía Poder- investigó la comida y descubrió que ésta ocultaba un sutil y poderoso veneno que posiblemente los habría vuelto locos y enfrentado entre ellos... a Kork esto le recordó mucho a lo que había pasado en Áquila, mucho tiempo atrás, cuando eran los guardaespaldas del padre de Lady Nanya... hacía muchas vidas de aquello... El prior bendijo el globo para evitar que la Araña lo espiase con su bola de cristal, al menos durante unas horas. Entretanto el paladín había estado haciendo algunas cosas por su cuenta. En el Monasterio de San Blaak le habían dado un símbolo sagrado con el que estaba en contacto diario con el Alto Lector Kelvin, en la Isla de Atolón, la máxima figura de la Iglesia Sillenita. Los seguidores de Gah, cansados de permanecer pasivos ante el cúmulo de desgracias que habían llevado a la caída del Imperio, trataban de luchar con el Mal y el Caos allí donde lo encontrasen y en aquellos tiempos su Eminencia, Maese Kelvin, había logrado una posición de preeminencia en la lucha por el poder dentro de la Iglesia (a la que se habían dedicado en cuerpo y alma muchos obispos y cardinales hasta el momento). Lo dicho, Hernán había estado informando a Maese Kelvin y así fue como se enteró de que la Inquisición había tratado de asaltar la Torre de la Araña para detenerla. La sensación de ser observados se le fue a Lady Nanya. Sin embargo al día siguiente Hernán se enteró que más de la mitad de los inquisidores de la ciudad habían muerto por la noche en extrañas circunstancias. Todo daba a entender que en Akenar había una feroz lucha sin que quedase muy claro quiénes eran exactamente los contrincantes... Ajeno a todo eso, el grupo llegó a Cuelgatrasgos a mitad de octubre, casi nueve días después de haber salido de Azken Muga. Si bien ellos esperaban una torrecilla en el bosque lo que encontraron estaba muy lejos de aquello: un castillo inmenso en ruinas, de altísimas murallas, torres, una iglesia gigante, patios, puentes y una enorme cantidad de trasgos... |
Azken Muga
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Partida #16 "Cumpliendo promesas" Se tomaron un rato
para avistar las torres del castillo de Cuelgatrasgos desde el cielo.
Luego Yurrik acercó el globo lo más posible a la torre más alta y
bajaron por la escalerilla de cuerda hasta las almenas de piedra gris.
Kork, Eireen, Hernán y la pequeña Nanya. Sabían que la fortaleza era
peligrosa y que estaba plagada de trasgos y quizás cosas peores así que
decidieron ir lo más rápido posible a la iglesia, que era donde creían
que estaría el cuerpo que buscaban...
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Castillo de la Tabla
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Partida #17 "La captura de Lucius" En la cena se habló un poco más de la historia de Lucius. Al parecer había sido aprendiz de un viejo mago llamado Looke hacía un milenio, sin embargo éste había desaparecido bruscamente de los libros de historia. Por lo que sabía Sire William, porque se lo había contado su padre, el mago vilonio viajó a al sur de Ala'i y donde capturó a un poderoso genio y luego a un lugar llamado "Las Islas", una especie de prisión mágica. En la construcción de la misma le ayudaron Helinna, su amada, Lucius el Alquimista, Ynoth el Inventor (del que se había oído que también había regresado a Vilonia hacía unas décadas), Eron el Guerrero y Vimaar la Ayudante Espiritual. El objetivo de la prisión era tener allí encarcelado al Genio, de nombre Ulkar abrim ibn Ulgair, pero algo salió mal. Helinna murió, Lucius traicionó al mago Looke y lo asesinó. Vimaar también desapareció y Eron decidió ayudar al Genio a salir de la prisión y murió intentándolo. En una prisión intemporal, pasaron cientos de años encerrados y en ese tiempo es posible que el Señor del Caos se hiciese con el cuerpo de Lucius o lo suplantase de alguna manera. Lo cierto es que cuando un grupo de aventureros lo liberó junto al padre de Sire William, le abrió el camino al Orbe al ser más peligroso que había pisado la faz del mundo. Después de una cena tan poco tranquilizadora decidieron que tenían que actuar. El plan que finalmente pensaron sería intrépido pero no tenían muchas otras opciones. Viajarían al Monasterio de los Viajeros más cercano, que se encontraba en Saint Gall, en la mitad de la Campiña, y lo atravesarían para desplazarse a Akenar. Allí atacarían al Señor del Caos, si es que efectivamente se trataba de Lucius -que no estaba seguros, pero creían que si- y lo capturarían. Entretanto Sire William esperaría en el Castillo de la Tabla custodiando la Luna de Plata junto a Morgenes y, una vez pasado el tiempo en el que Lady Amara liberase al paladín, éste viajaría hasta Saint Gall donde se encontraría con Yurrik (que se quedaría allí guardando el globo hasta pasado el invierno, pues con el frío la navegación aérea se convertía en una actividad muy peligrosa). Si ellos tenían éxito llevarían a Lucius capturado a Atolón donde, a buen seguro, tendrían más opciones de retenerlo que llevándolo como prisionero por el mundo adelante. Esa noche Hernán la pasó con Lady Amara. Los peligros que les esperaban en el futuro eran inmensos y cualquier consuelo era bueno para sus espíritus. Al día siguiente, sabbat 20 de Octubre, partieron del Castillo de la Tabla según lo planeado.
Tardaron bastantes días en sobrevolar los inmensos campos de hierba de la Campiña y sus feudos en declive. Aquellas tierras, otrora ricas y fértiles, eran ahora un sin Dios de guerras, luchas entre feudos, bandidaje y peligros. Por suerte ellos sobrevolaron los caminos ajenos a los mundanos problemas de los viajeros comunes, deteniéndose sólo para reponer agua en algún río o para comprar víveres en alguna aldea fortificada que no les lanzaba flechas por el simple hecho de ser extraños (eso sin contar que en la Campiña el globo asustaba a la gente y la alteraba mucho). Tres semanas después, el sabbat día 13 de Octubre, llegaron a la decrépita ciudad de Saint Gall, una extensa plaza de altas murallas blancas sin reparar y techos afilados de pizarra negra, callejuelas sucias embarradas en una cuesta arriba que conducía al viejo castillo altísimo de los antiguo Duque Angus de Praia, primo del Emperador Glaumar. Sin embargo nada más lejos de la realidad en aquellos tiempos difíciles que atravesaban aquellas tierras que estaban regidas por un tal Arturo, un muchacho violento y fiero que les recibió en el castillo con un montón de hombres de armas, asustado por el globo de Yurrik, posiblemente. Fue la magia de la pequeña Nanya la que ayudó a evitar un problema serio en Saint Gall. Entraron en el castillo con el "permiso" del tal Arturo, influido por los poderes de la niña y el Cuenco. Descubrieron allí que el noble tenía maltratada a una de las hijas de su mayor rival, Lady Lisa, y que el consejero, Gared, era un hombre que fingía ser un pendenciero pero, en secreto, deshacía parte de las maldades de Arturo. No tenían tiempo de deshacer tamaño entuerto así que buscaron refugio en el empobrecido Monasterio de la Orden de Viajeros, que tenía las puertas cerradas y donde reinaba la escasez extrema. Conocieron allí a Maese Trevor, el prior del lugar, que accedió a enviarlos a Akenar sin renuencias.
Una vez en
Akenar ya sabían qué debían hacer aunque no sabían cómo. Lucius vivía,
por lo que les había dicho Sire William, en la Posada del Puente,
antiguamente conocida como Posada del Gordo. Acordaron que Nanya les
esperaría en el terreno sagrado del monasterio de la Orden de Viajeros
puesto que podría ser fácilmente reconocida en la ciudad y, además, su
vida no debía ponerse en peligro evidente. Como habían llegado justo al
ponerse el sol, salieron del monasterio en la parte alta de la ciudad y
caminaron por las calles medio oscuras evitando las avenidas principales
donde quizás alguien podía reconocer a alguno de ellos, sobre todo a
Kork, que se habia ganado cierto prestigio en la Corte. |
Reino de Akenar
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Partida #18 "En Atolón" Lo que ellos no sabían era que en Atolón, en aquellos tiempos, se había convocado un Concilio eclesiástico para elegir al nuevo Papa, una figura religiosa que llevaba desaparecida desde la caída del Imperio, asunto que la Iglesia Sillenita pretendía resolver sin mayor dilación. Cuando llegaron Nanya, Eireen, Hernán Muga y el prisionero Lucius, les atendió en el Portal una mujer rubia bajita llamada Reme. La muchacha habló con ellos y se fue a prepararles unos aposentos, tiempo en el que apareció el obispo Réverith, el vilonio que mandaba sobre la jurisdicción de Akenar, que Nanya y Kork habían conocido meses atrás. El obispo se mostró interesado en la misión que estaban llevando a cabo y fue Hernán el que tuvo que frenar sus pasos, como volvió a suceder más tarde con Plinio de Westerdam, uno de los obispos de mayor influencia de los territorios sillenitas.
Cuando llegó Kork, algo más tarde, se encontró con el obispo Octavus de Tréveris y le dio su palabra de estar de su parte.
En cualquier caso fue el Alto Lector Kevin el que acabó por sacarles de aquel pequeño embrollo de política eclesiástica. Visitó las estancias que ocupaban y les explicó que era posible que, al finalizar el año, no consiguiese ser elegido Sumo Pontífice, como había sido su esperanza en los últimos tres años. Debía pues dejar todos los cabos bien atados puesto que la importancia de la custodia de Lucius era capital. Enrarecía sobremanera la situación el hecho de que quizás la próxima jornada el Rey de Akenar, Otto, llegase a la isla de Atolón puesto que su presencia era obligada en el Concilio, como último Pontífice de la Iglesia Sillenita. Lo mejor era que Nanya y Otto no se cruzasen. Entretanto, decidió enviar al presunto Señor del Caos a la Isla de los Prisioneros, un lugar seguro donde ni siquiera su vínculo con la Araña podría detectar su paradero. Eso si, la hechicera tendría una idea aproximada del paradero del alquimista en Atolón. Pero no exacta, una vez este ocupase su celda protegida por inscripciones sagradas.
Tuvieron que salir por la ventana de la Santa Sede y bajar hasta el puerto. Por fortuna Hernán había pasado una temporada en la isla mientras se entrenaba como paladín sillenita por lo que no les fue complicado llegar al puerto y conseguir un marino que les llevase en barca al islote, que estaba a dos días de viaje con buena marea. Partieron dispuestos a remar para salir del puerto y rezar por un buen viento, que vino. El viaje no estuvo exento de sorpresas puesto que la pequeña Nanya, que empezaba a descubrir sus poderes arcanos, borró la memoria del barquero Ronar inciada por Kork lo que provocó una fuerte discusión en la barca. La isla a la que se dirigían estaba habitada únicamente por tres hermanos, dos varones de nombre Manel y Sirio, y una mujer llamada Lura. Eran los mejores carceleros, había dicho el Alto Lector Kevan. Sin embargo varias cosas sucedieron la noche antes de llegar al islote, el primero es que fueron objeto de un poderoso conjuro divino llamado Marca del Caos, bien conocido por Kork y Nanya. El conjuro invocaba a un Campeón del Caos que buscaba tu muerte a toda costa. Por fortuna se encontraban en una embarcación y dichos campeones se invocaron en el lugar más cercano, ósea el islote, donde su presencia fue inútil salvo para dar un buen susto a los carceleros. Lo segundo fue más grave puesto que una tortuga dragón encontró la barca la noche del lunes día 15, el peor día del año para los sillenitas puesto que, según decían, era el Día del Invisible. Y lo fue para ellos porque este monstruo atacó la barca y poco les faltó para morir ahogados o devorados por tal gigantesca criatura. Pero la suerte estaba con ellos de modo que combatieron en desventaja para, finalmente, dar muerte a la bestia (que se hundió en las profundidades sin dejar pruebas de su muerte, salvo lo que ellos habían presenciado). Por la mañana del día 16 llegaron al islote y dejaron al prisionero a manos de los carceleros, que habían sido atacados por la noche por tres formidables caballeros con armaduras y corceles negros y rojos y estaban francamente amedrentados por el suceso. A pesar de ello, aceptaron al prisionero.
De vuelta, ya liberados de tamaña
responsabilidad, pensaron un poco en lo que debían hacer a continuación.
Evitar a toda costa un encuentro con Otto en Atolón. Ir, a través del
Portal, hasta Draco y desde allí, a caballo, hasta el Bosque de Ován
donde los elfos custodiaban la última pieza de todo aquel entramado, la
Joya Verde. Con ella en su poder podrían ir a la Isla de la Garra
-llevando con ellos al Señor del Caos- y acabar con todo aquello. Ni
siquiera sonaba bien. |
Atolón
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Partida #19 "El viaje al Bosque de Ován" Después de un par de jornadas en la barca de Ronar regresando de la Isla del Carcelero ya empezaba el grupo a dar muestras de cansancio y aburrimiento. Ni siquiera tenían las habituales discusiones entre Eireen y Kork para amenizar el viaje y la niña Nanya se había cansado de hacer travesuras y pescar con el cordón que el barquero le había regalado. Llegaron a Atolón al anochecer del jueves coincidiendo con numerosos pescadores del lugar de modo que se confundieron con facilidad a ojos de cualquier vigía. No sucedió lo mismo en el embarcadero, repleto de mugrientos pescadores donde el grupo armado llamaba la atención a una legua. Kork, además, se fijó en varios chivatos que con toda seguridad estaban pagados por alguno de los obispos que estaban en la Santa Sede aquellos días con ocasión del Concilio de Elección, una votación de la que habría de salir elegido un Papa sillenita antes del día de Añonuevo del siguiente año, el 1082 DS. Como decíamos el grupo no acabó de pasar desapercibido y antes de que saliesen del puerto un grupo de tres caballeros arcanos les intentaron detener en nombre del Rey Otto, sin embargo la niña Nanya usó el Cuenco y se desembarazó de ellos. No pasó lo mismo con algunos mendigos del embarcadero que trataron de asaltarles, quizás azuzados por la enorme recompensa de diez miles de monedas de oro que el monarca de Akenar había ofrecido por la niña. Este suceso, el ataque de los mendigos del puerto, sería causa de ciertas tensiones en el grupo pues tanto Kork como Eireen se vieron partidarios de matar a quien fuese una amenaza, aunque muy leve, contra Nanya. Hernán (y la propia niña) se irritó por la facilidad con la que sus compañeros se decidían a matar a una persona y hubo más de una discusión al respecto. Cuando llegaron al monasterio de la Orden de Viajeros y entraron en suelo sagrado el ánimo se relajó un poco. En cualquier caso no les pasó desapercibida la presencia de guardias en las puertas, seguramente leales a algún obispo u otro. También se enteraron de la reciente llegada de Maese Lukar, uno de los prelados de mayor poder de toda la Iglesia. En cualquier caso lo que preocupaba realmente a Nanya era la posibilidad de un encuentro con el Rey Otto, llegado unos días atrás a la isla con ocasión del Concilio al que debía asistir. La monja Reme les ayudó en el monasterio y avisó a Cristine, una clériga de la Orden de Viajeros que se encargaría de transportarles a Draco, pese a que en los últimos momentos del ritual alguien trató de interrumpirles. Así fue como aquel jueves día 18 de Noviembre viajaron a Draco, la noble ciudad otrora capital de la que había sido Provincia Imperial de Levante pero que, en aquellos tiempos, no eran más que unos feudos medio abandonados sumidos en la depresión, el peligro y el bandidaje. La clériga Cristine, antes de regresar a Atolón, le dio a Hernán una bolsa de viaje que el Alto Lector Kevin le había ordenado entregarle al llegar. Contenía cuatro medallones de Protección contra el caos.
La ciudad de Draco sin duda les sorprendió gratamente, así como el anciano que estaba al mando de la misma, el famoso Olivier Corbus. El hombre, de manera inexplicable, sabía que llegarían y les estaba esperando en las estancias de la Orden de Viajeros, en el monasterio que estaba en la Ciudad Chica, la parte más alta de la ciudad de estilo vilonio y mármol blanco. Como había anochecido Olivier les ofreció que descansasen en su fortaleza -llamado la Torre del Dragón, un viejo castillo vilonio construido casi dos mil años atrás por orden del mítico rey Osthildar el Magno-, y ellos aceptaron. Se enteraron entonces que el famoso mago Mordenkainen estaba visitando la ciudad aquellos días y le pidieron a Lord Olivier que el mago no se enterase de su presencia, si era posible. No lo fue. Por la mañana, después de una agradable noche y unos buenos baños, un extraño Lord Olivier les visitó en sus aposentos, hizo algunas preguntas y luego se marchó. Al rato volvió de nuevo pero sin menos rarezas de modo que no tardaron en darse cuenta de que la primera visita de la mañana no había sido de Lord Olivier sino de Mordenkainen, encantado para que los demás le viesen como al señor de la ciudad. Esto despertó las iras del grupo que acabó yendo a pedir explicaciones a Lord Olivier. El señor del lugar, haciendo gala de una gran habilidad diplomática, acabó por solucionar el conflicto: obtuvieron disculpas del mago que, además, les reveló algún misterio que ellos no conocían como que en la botella irrompible se podían introducir objetos malditos y, estando en su interior, se anulaba su capacidad mágica. También les previno contra los engaños de La Araña, una mujer que años atrás había pertenecido a la Orden de la Estrella cuando era aprendiz de Inman, en actual Consejero Real de Akenar. De paso se enteraron que Olivier estaba ofreciendo una recompensa al mago por matar a una bestia que estaba atacando a los mercaderes que llegaban del oeste de la ciudad. El mago, al parecer, estaba estudiando la posibilidad de levantar una Torre de Magia en la ciudad. Kork, preguntando al mago, acabó por confirmar que el Archimago Merion, líder de la Orden de Magia, había muerto semanas atrás, pero Mordenkainen no entró en muchos detalles acerca de aquello ni se sorprendió de que el kernio le preguntase por el asunto.
Salieron de la ciudad. La idea era cabalgar por la calzada imperial cruzando Levante hasta las cercanías del Bosque de Ován y allí entrar en los territorios de los elfos. Partieron el sabbat día 20 de Noviembre y vieron que en las tierras que rodeaban a la ciudad de Draco reinaba la paz y la abundancia, como en la propia ciudad. Sin embargo según se iban alejando de los dominios de Olivier Corbus, esto cambiaba drásticamente. A doce o trece millas de allí la calzada estaba descuidada, los cruces de caminos llenos de bandidos colgados, las granjas quemadas o abandonadas y los campos sin cultivar. El caos se había apoderado de aquellos lares. Pocos días después le llegó a Hernán una noticia perturbadora. En la ciudad de Atolón habían desaparecido varios eclesiásticos relacionados con la Inquisición. O bien se trataban de intrigas intestinas o bien La Araña estaba en la isla tratando de averiguar el paradero de Lucius. Eso fue el lunes, el miércoles el paladín se enteró de que Cristine, la clériga que les había transportado a Draco, había desaparecido. Aquello confirmaba los temores del Alto Lector de que fuese La Araña o algún seguidor de Lucius la que estaba tratando de seguir el rastro del grupo -o del Señor del Caos-. Y significaba que estaban en peligro. El viernes llegaron a las cercanías del Bosque de Ovan y decidieron dirigirse al sur sin abandonar la calzada imperial. Fue entonces, al mediodía del viernes, cuando avistaron en los cielos una bestia alada. El monstruo les estuvo oteando desde las alturas y se vieron obligados a refugiarse bajo los árboles, con los caballos a punto de salir al galope de puro miedo. El monstruo acabó por aterrizar para hacer de ellos un banquete, caballos, mulas, hombres, elfas y niñas. Sin embargo Hernán, a lomos de su caballo, cargó contra la bestia y la hirió mortalmente. Se produjo un combate feroz en el camino y finalmente fue Eireen la que, a pesar de resultar herida, asestó el golpe de gracia al monstruo con Llamaazul. La gesta de dar muerte a tal criatura fue presenciada por un elfo explorador del Bosque de Ován, llamado Elêndel, que estaba escondido en uno de los árboles cercanos. El elfo bajó a hablar con ellos y a recomendarles que lo mejor sería apartar el cadáver del camino pues el olor a sangre atraería sin duda a trolls o cosas peores que rondaban habitualmente por allí. Tras eso, Eireen le contó que trataban de llegar a la Cúpula de Ován así que él les condujo a un Refugio élfico donde pasaron la noche. Vieron allí que había un puñado de exploradores defendiendo el linde del bosque de los hombres y bestias que pululaban por la región, y que se mostraban muy reticentes a aceptar a Kork entre ellos. Aquello fue, sin duda, fruto de varias tensiones en las que Nanya dejó claro su apoyo total por Kork. Quizás eso evitó que lo colgaran de un árbol por el cuello. Además se enteraron de que un grupo de norteños se había metido en el bosque y estaba tratando de encontrar el corazón secreto del mismo, habían atacado un par de Refugios y aunque los elfos les habían repelido no había sido sin muertes -por ambos bandos-. Elêndel fue el que, finalmente, se ofreció para guiarles hasta el corazón del bosque por las sendas élficas. Sin él claramente lo habrían pasado muy mal tratando de entrar allí, pero con el explorador la caminata sólo duró tres días de modo que el lunes, día 1 de Diciembre, llegaron a la Bóveda de Ován donde les recibieron como huéspedes, incluso a Kork. La elfa Weim Aluna, de quien habían oído hablar en ciertas historias que la mencionaban enamorada del humano Olivier Corbus, les recibió en el Gran Salón de Ován. El grupo se dispuso a hablar con ella de la Joya Verde.
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Atolón
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Partida #20 "En el Templo del Agua" Le pidieron la Joya Verde a Weim Aluna tratando de explicarle los complejos motivos que les llevaban a necesitar el angreal. La Voz pareció comprenderlos y no se dispuso opuesta a que la niña Nanya tuviese el objeto... aunque sí encontraron una firme oposición en Gáladen, el Sumo Sacerdote de Corelion. El elfo no veía nada bien que una vilonia como Nanya, encima sillenita, se hiciese con un objeto sagrado de su religión, eso sin contar con la presencia de Kork. Por lo tanto se negó a ayudarles. Weim Aluna, a pesar de la oposición del sacerdote, les indicó dónde el desaparecido Loras y él habían colocado la joya, en un lugar llamado el Templo del Agua, un lugar caótico que estaba cerca del corazón del bosque cuya influencia querían aplacar con la joya, por eso la habían puesto allí el hechicero y el clérigo. Podían ir a por ella, si eran capaces. Al menos les ayudaría con un par de guías que les llevasen hasta allí. Decidieron hacerlo y la niña decidió quedarse. Por algún motivo sabía que no debía entrar en un templo del Caos. Así que a la mañana siguiente con presteza se pusieron en marcha. Llegaron antes del atardecer. El Templo del Agua, sin duda, era un lugar extraño.
Entraron antes de que se hiciese noche del todo. En el interior había estancias y pasadizos antiguos que conducían a salas con estatuas. Sin embargo el lugar estaba protegido por criaturas elementales del agua, a las que tuvieron que combatir con dureza. Finalmente encontraron el lugar donde Gáladen y Loras habían dejado la Joya Verde y se hicieron con el objeto. En cualquier caso los elementales protectores del templo acabaron por superarles en fuerza y tuvieron que huir a la desesperada. Por sorpresa apareció el clérigo Gáladen, que tanto se había opuesto a ellos, dispuesto a ayudarles y, de hecho, un poco les salvó de la situación. Todos sospecharon que la niña Nanya había usado el Cuenco con el elfo para alterar su particular visión de las cosas. Decidieron regresar a la Bóveda lo antes posible.
Ya habían oído que un grupo de norteños habían estado molestando en el bosque aquellas semanas pero no se imaginaban de quién se trataba hasta que se encontraron con ellos a mitad de camino de regreso, en medio de la noche. No era otro que Drake, el antipaladín de Oonegith, y un grupo de svardos. Les paró en el camino sin intención de atacarles sino para hacerles saber que su Señor estaba tratando de ayudar a la niña a derrotar al Señor del Caos. Para ello llevaban un tiempo tratando de hacerse con la Joya Verde para hacérsela llegar pero, como se les habían adelantado, se retirarían pacíficamente al norte. En cualquier caso y vistos los problemas a los que se enfrentaban, su Señor Oonegith les ofrecía un objeto que les sería de ayuda a la hora de luchar con La Araña, se trataba nada más y nada menos que el Ojo de Vecna, que les protegería de la magia de la hechicera. Sólo la rotunda negativa de Hernán evitó que aceptasen el trato. Al día siguiente, después de despedirse de todos en la Bóveda y recibir algunos presentes, Nanya y sus compañeros partieron del Bosque de Ován hacia el oeste. Llegaron a las tierras de Arquitania el día 5 de Diciembre, ya a punto de llegar el invierno. Se dirigían a Avignac, desde donde podrían tomar un Portal de Viaje a Atolón, Saint Gall y, finalmente, Akenar. |
Ován
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Partida #21 "Regreso a Akenar y a la Isla de la Garra" Viajaron varios días por Arquitania siguiendo la Calzada Imperial de Tres Torres y Rui, hacia el sur, evitando a grupos de viajeros e incluso grupos armados de arcanos que iban a luchar aquí y allí. Se enteraron, eso si, que la ciudad de Rui estaba asediada por un ejército troll; de hecho salvaron a un joven aprendiz de mago de una muerte segura cuando se lo encontraron siendo perseguido por un grupo de trolls cazadores. El chico se llamaba Alvin y, en los siguientes días de viaje a Avignac, estuvo enseñando algunos trucos a la niña y sorprendiéndose de su enormes capacidades innatas. Eileen estuvo en contacto con la madre de Nanya, Lanara, que estaba en la ciudad de Dor, asediada por tropas de trollocs. Lanara estaba tranquila y confiaba en que las murallas resistiesen. Esos días Kork descubrió que en la botella irrompible no se pueden meter criaturas vivas, para desgracia de alguna gallina. Llegaron a Avignac el Dóminus día 14 de Diciembre y se fueron casi directos a buscar el monasterio de la Orden de Viajeros. Allí conocieron al Padre Brien, un hombretón alto y pelirrojo aficionado a la cerveza que les acompañó a Atolón. Previamente Hernán se había puesto en contacto con el Alto Lector Kevin para que éste fuese a por el prisionero Lucius y lo tuviese preparado junto al portal, para evitar un encuentro de Nanya con el Rey de Akenar, Otto. Además era de dominio público que las votaciones de la Iglesia habían ido reduciendo candidatos y ya sólo optaban al título de Papa el obispo de Akenar, Réverith, y el obispo de Tréveris, Octavus. Los días de poder del Alto Lector habían llegado a su fin y debían usar lo poco que quedaba de su influencia en ese momento o nunca. Lo hicieron así luego se llevaron consigo el prisionero hasta Saint Gall, según lo planeado. Allí estaba Sire William y Yurrik, en el empobrecido monastario de la ciudad, decididos a pasar el frío invierno de la Campiña en aquellos muros. El Caballero de la Tabla, que había protegido la Luna de Plata como había prometido, le entregó su Espada Celestial a Hernán para que pudiese cumplir su misión en la Isla de la Garra, ya que él mismo no podía ir allí con ellos puesto que había dado su palabra de que no regresaría nunca a aquel lugar. Hicieron noche en Saint Gall para no viajar durante la Noche de Nerull, un tiempo dedicado al Rey Demonio Oonegith. Esa noche el prisionero Lucius les habló de que habían sido engañados por Inman puesto que el mago sabía bien que si le devolvían a sus Dominios del Caos estaba dicho que aparecería una Bestia Negra para vengar al Señor del Caos y arrasar con lo que encontrase. Esto sembró alguna duda en el grupo, quizás. Por la mañana viajaron a Akenar y dejaron los caballos en el Monasterio de la Orden de Viajeros. Necesitaban una barca para llegar a la isla en medio del lago Aark. La niña sabía que podía conseguirla y, haciendo un esfuerzo de confianza, Eileen la dejó irse por el puerto con Kork. Ambos se fueron a una posada muy poco recomendable a conseguir un barquero que navegase con las aguas tan frías. Entretanto Hernán y Eireen tuvieron una visita. Se trataba de Inman, que se dirigió a ellos con enigmáticas palabras. Venía a despedirse, dijo, pues su tiempo en ese lugar había llegado a su fin. Nunca más sería visto en esas tierras, dijo. Le dijo a Hernán que habían llegado malas noticias de Azken Muga pues su padre había fallecido. Aparte de eso, les deseó suerte en la tarea que estaba por venir. En efecto les confirmó que al expulsar al Señor del Caos del Orbe aparecería una Bestia Negra, una criatura del Más Allá muy poderosa pero que, por suerte, no podía cruzar el agua. Pasase lo que pasase el Orbe debía ser salvado. Tampoco les aclaró qué pasaría con La Araña una vez solucionado todo aquello. Dicho todo aquello, llegaron Nanya y Kork, que habían contratado a uno de los trece hermanos para que les llevase a la Isla de la Garra. El que les llevaba era el séptimo hermano.
Sabían que debían evitar el amanecer y el atardecer en la Isla debido a la Joya Maldita, de modo que se las apañaron para llegar a mediodía del jueves día 18 de Diciembre. Esa mañana el Alto Lector Kevin fue hecho prisionero en Atolón y Eireen se enteró, por un compañero de su prometido, que éste había muerto en una emboscada de trasgos en Myrl. |
Akenar
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Partida #22 "El exilio del Señor del Caos" Ya con la isla
cerca, Hernán se dio cuenta de que alguien le había puesto un papel en
uno de los bolsillos de su capa. Sorprendido por esto se temió que fuese
una Marca del Caos pero rápidamente comprobó que no era otra cosa que un
mapa de la isla con una nota escrita por Inman. Era quizás la última
ayuda que el mago les prestaría.
En el borde del
acantilado, con Hernán subiendo por la cuerda, se produjo un combate y
murieron dos trollocs, uno de ellos despeñado por un empujón del kernio. Llegaron pues con el prisionero hasta el centro de la isla, donde se encontraban un grandísimo círculo de ocho piedras alrededor de un pozo. En el interior del mismo se veía una especie de agua luminosa de manchas cambiantes... la Puerta del Caos. No dudaron demasiado
porque sabían lo que tenían que hacer. Cogieron al prisionero y la niña
le obligó a ponerse el Anillo de las Dos Lunas. Apoyaron la Luna de
Plata en una de las rocas. Sacaron la Joya Verde y la Joya Maldita. Con
el Cuenco, Nanya ordenó al Señor del Caos que utilizase el anillo y se
duplicase, y Lucius lo hizo con cara de tensión contenida, sabiéndose
derrotado. Tras eso, le ordenó a cada uno de ambos que cruzasen sendos
portales. Ambos obedecieron a la niña y entraron. La bestia cargó
contra ellos. Lucharon juntos
contra la Bestia Negra que parecía ganar vida según se la quitaba a
ellos. Pero armados de valor, espadas y agua, acabaron por derrotar al
monstruo sin que nadie muriese en el camino... |
Akenar
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Partida #22 "El largo invierno en Saint Gall" Mas de dos meses pasaron en el Monasterio de la Orden de Viajeros en la ciudad, mientras el invierno castigaba con fuerza la región. Eran raros los días en los que no nevaba y ninguno hubo que no hiciese un frío horrible. Las piedras del monasterio no eran lo más cálido que hubiesen esperado nuestros héroes, en especial porque la pobreza y austeridad del mismo les impedía tener tapices y cortinas que calentasen un poco las estancias. La madera escaseaba y la luz de los días era corta y escasa. Las jornadas eran silenciosas en su mayoría, los monjes apenas entablaban conversación y el único entretenimiento diario de la pequeña Nanya consistía en practicar con la espada con Sire Willian, en el claustro nevado, y la lectura de libros robados en la biblioteca donde de otra forma las mujeres tenían prohibido el acceso. De hecho la congregación había tenido sus problemas con albergar a la elfa Eireen y a la misma niña y, al parecer, esto había sido tema de discusión durante el capítulo monacal, como también lo había sido la presencia de Kork que, aunque nuevo converso, no dejaba de ser un kernio. Los monjes acabaron por establecer una hora diferente para las comidas de los invitados para evitar que su ruido y sus atributos femeninos distrajesen a los clérigos de su arduo trabajo espiritual. También ayudó en todo esto una pía donación que la pequeña Nanya efectuó para aplacar la carestía en las arcas del monasterio... durante todo ese tiempo el monasterio permaneció prácticamente cerrado. A veces un novicio salía a hacer recados pero era por todos sabida la peligrosidad de las calles de Saint Gall, incluso en invierno. Les llegaron noticias de que el conde y señor, Arturo, estaba pasando el invierno en el castillo esperando que la temporada de guerra y caza llegase de una vez. Una mañana, cuando el frío aún no había remitido, el prior Maese Trevor hizo llamar a todo el grupo salvo a la elfa Eireen. Al parecer tenía noticias de Atolón donde, como ya habían oído, había sido elegido un nuevo Papa, el insigne Octavus de Tréveris. Precisamente había llegado hasta el prior una orden del Pontífice que quería compartir con ellos. Su Santidad había enviado una orden a todas las parroquias de las tierras sillenitas de Draak para que informasen del paradero de Nanya si tenían noticias de la niña. Es más, Maese Trevor les enseñó una nota dirigida a ella: "De su Santidad el Papa Octavus a su alteza real Nanya Crowlet de Dortoña y Akenar. Me conforta informarle que su Santidad, después de haber sopesado las cuestiones morales y religiosas del enfrentamiento de su Alteza con el Rey de Akenar y habida cuenta de las graves acusaciones formuladas que han llegado a nuestro conocimiento, se hace un llamamiento a su Alteza para que se persone en la Isla de Atolón y permita que su Santidad medie en este conflicto y que se haga Justicia". Por lo visto el Papa pretendía interceder en favor de la niña. Eireen, como noble acostumbrada a los asuntos cortesanos, vio en todo aquello una maniobra política del Pontífice para atar en corto a la niña concediéndole su favor y ganando así una influencia importante en el Reino de Akenar... la maniobra era especialmente hábil pues también convenía a la niña que difícilmente se opondría a ello. La elfa se dio cuenta de que estaban ante un hábil político acostumbrado a los tejemanejes de los nobles y cortesanos... Estas noticias animaron a Sire William a despedirse de ellos e irse en dirección a Vilonia, en su búsqueda por una cura para la locura del Rey Otto, su amigo. Antes de irse le regaló un medallón a Eireen y dijo algunas palabras acerca de haber ofendido a los elfos y un amor perdido... Yurrik, que parecía estar ideando un invento nuevo con el que, según decía, se podría caminar bajo las aguas, estuvo examinando la Joya Maldita y les dijo que sólo la podrían vender a un poderoso gremio de joyeros enano, como el de Akenar, o quizás en la isla de Tresia, donde todo se compra o vende... Ellos, pues, decidieron viajar a la isla de Atolón para hablar con el Pontífice. No estaba claro si Sire Hernán iría con ellos pues Maese Trevor también había mostrado una carta al caballero que, supuestamente, le había llegado días atrás: "Querido Hermano, la desgracia ha alcanzado a nuestra familia y nuestro padre ha sido asesinado por una mano desconocida. Estoy usando todos los recursos a mi alcance para descubrir al que ha asestado este duro y cobarde golpe a nuestra estirpe. Te juro por Gah que encontraré al culpable y su cabeza se mostrará en los muros más altos de nuestra ciudad ensartada en una pica. Espero que todo marche bien. He oído malos rumores sobre ti, habladurías que corren por el Reino y que espero, sé, que no son ciertas. Tu querido hermano Eliot. E.M." A pesar de que la niña Nanya decía que aquello era una trampa, el caballero estaba dispuesto a ir e investigar la muerte de su padre. Sin embargo la niña acabó por convencerle de que les acompañase a Atolón, aunque fuese unos días. Kork, mientras entrenaba en el patio helado con Nanya (que se había enfadado con él por algún comentario bruto), se había fijado en un gato negro que les vigilaba desde el tejado. Ya no era la primera vez que lo veía de modo que avisó a Eireen. La elfa no tardó en comprobar que no se trataba de un gato normal, de modo que cuando el animal se fue, lo siguieron, aunque tuvieron la prudencia de armarse antes de salir del frío monasterio. La ciudad, en esos días de frío, estaba poco transitada. Sólo tuvieron que cruzar la calle embarrada para descubrir que un grupo de la Compañía Negra les vigilaba desde hace días. Trataron de hacerlos hablar pero al final hubo un fiero combate en la posada en el que se impusieron, no sin dificultades, a los mercenarios. Uno de ellos, un tal Sire Kane, logró escapar a pesar de los ataques de todos ellos. Vieron que era un paladín de Kord, el Dios pagano del Combate. El misterio era saber quién había pagado a los mercenarios para que, según la impresión que les dio, capturasen a la niña. A medianoche viajaron a Atolón a través de uno de los portales de la Orden de Viajeros.
En Atolón, el calor del Mar Ilko. Antes de que pasase la noche tuvieron dos visitas. El mismísimo Pontífice, que no esperó ni a que amaneciese para personarse en las estancias de invitados. Les hizo saber que apoyaba a la niña completamente y que su plan era exiliar al Rey Otto. Un hombre peligroso, el Papa. La segunda visita de la noche fue de un elfo marino, un tal Yridas. Venía a hablar con Eireen de un sueño que le había conducido a Atolón él y la Pluma al Viento, su navío élfico. Hablaron de algo. Por la mañana Nanya despertó a Sire Hernán para hablarle de un plan, una nueva aventura que les esperaba... |
La Campiña
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Partida #23 "Cruzando el Gran Océano" No tuvieron mucho tiempo de aclimatarse a la isla de Atolón porque al día siguiente de haber llegado del frío seco de la Campiña, la pequeña Nanya y Eireen propusieron un viaje envuelto en misterios y extrañas circunstancias. La niña quería -y lo consiguió- que Sire Hernán y Kork defendiesen a su tía de los peligros que pudiesen surgir en un periplo marino que ella quería realizar en un navío élfico llamado "Pluma al viento", capitaneado por un tal Yridas, un avezado navegante que había sido conducido a Atolón por el azar y los sueños premonitorios. En privado, Nanya le explicó a Eireen que en realidad la carta convocando a Sire Hernán a Azken Muga parecía una trampa de La Araña, de modo que enviar al Caballero de la Tabla con ella, más que por labores rigurosamente guerreras, quizás tuviese que ver con salvarle la vida al propio Hernán. En cualquier caso le parecía a Nanya que tardarían largo tiempo en volver a verse de modo que se despidió efusivamente. También le dijo algo enigmático, que en caso de tener que elegir, que se decidiese por la estrella azul... pero no explicó a qué se refería... Así que en un abrir y cerrar de ojos estaban en el barco de Yridas zarpando aquel 11 de Marzo del año 1082. Sin saberlo, se pasarían los siguientes cuatro meses, que fue el tiempo que les llevó cruzar el Gran Océano. En Abril la elfa Eireen tuvo noticias de Nanya y del juicio contra el Rey Otto. Al parecer el Papa había cumplido su palabra de organizar un Concilio que juzgase el caso que enfrentaba a Lady Nanya con el Rey Otto. Las deliberaciones serían largas pero al menos la Iglesia ya se había puesto en ello. Se desconocía, eso si, si el Rey se había comprometido a aceptar la resolución conciliar. En ese larguísimo tiempo sólo se detuvieron una vez en las Islas de la Hechicería, donde aprovechó el barco para aguar a mediados de Mayo -y ellos para pisar tierra firme-. Apenas estuvieron una hora en tierra pero fue suficiente para encontrarse con un extraño habitante del lugar, llamado Oykos. Parecía arcano e incluso hablaba un extraño Común, pero aparte de eso tanto sus vestimentas como sus modales les fueron extrañamente ajenas. Rechazaron un presente y el tal Oykos pareció ofenderse. En el navío pudieron conocer un poco mejor no sólo al capitán Yridas sino a la Sopladora de Vientos, una elfa con un extrañísimo nombre de procedencia gitana que no significaba nada en élfico: Zulkya. La chica tenía groseros modales humanos y tardó menos de una noche en llevarse a su lecho al despistado Sire Hernán, lo cual suscitó ciertas envidias irresolubles en Kork. Eireen no estuvo exenta de las pasiones de Zulkya, pero evitó el tema durante todo el periplo. El contramaestre, Lanai, también trabó cierta amistad con ellos. El 13 de Julio fue el día fatídico. Habían entrado en aguas verdes con muchas algas y fue entonces cuando una banda de murloks atacó el Pluma al Viento en plena noche. La mayoría de la tripulación murió en el combate, incluido el capitán. Incluso Eireen estuvo a punto de perder la vida a manos de las criaturas de piel viscosa. Sólo sobrevivieron de la tripulación el contramaestre Lanai, el cocinero Ellehen, un marinero llamado Naill y, por fortuna, la Sopladora de Vientos, Zulkya. El resto de los elfos fueron arrojados al mar según las costumbres de los barcos, tras una simple ceremonia a Corelion. Los cadáveres de varias decenas de murloks fueron lanzados a los peces sin miramientos...
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Atolón
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Partida #24 "La isla de los Murloks" Pasaron apenas sin dormir la noche después del ataque de las criaturas marinas sobre el "Pluma al viento", tras los ritos funerarios por los numerosos caídos en el combate. La situación del barco era muy precaria y pensaron que debían examinar las posibilidades reales de salir de aquella. El contramaestre Lanai ordenó a el marinero Naill que examinase el casco del barco para anotar los daños y ver si podían repararlos, de modo que el elfo se puso a ello. Entretanto ellos se reunieron para examinar las cosas del difunto capitán Yridas y debatir un poco. Encontraron un mapa que ilustraba el largo viaje desde Draak hasta Elwyn, cruzando el Gran Océano, a través de los Vientos del Cáncer y siguiendo con los Vientos del Capricornio. En el mapa venía marcado un lugar llamado Selene, y venía anotado como "Campamento de Jeremías Lund"). Fue ese el momento que eligió Eireen para contarle a Sire Hernán y Kork lo que realmente había motivado aquel periplo...
Meses atrás, aún cuando se encontraban en La Campiña pasando el invierno en Saint Gall, en aquel monasterio de la Orden de Viajeros, la elfa Eireen había empezado a tener unos extraños sueños que se repitieron en varias ocasiones. Soñó con las ancestrales tierras de Elwyn, el Primer Hogar de los elfos, un lugar legendario donde los de su raza habían descubierto una fuente mágica que les había hecho ser lo que son. Un lugar donde los ancianos iban a morir, las Tierras del Retorno y de la Vida. Ninguna leyenda élfica precisaba qué había sucedido con aquellas tierras perdidas ni cuándo se había olvidado su paradero, simplemente se había conservado un nombre y el mito. Eireen soñó que unos hombres habían zarpado de la ciudad de Akenar guiados por un hombre llamado Jeremías, capitán, marino y vasallo del Rey Otto. A este hombre le había sido encomendada la misión de llevar una carta al Rey de Akgard, quizás una nota de paz o algo así, no se sabe. Cruzó el lago Aark, bajó por el río Dor y salió a los Mares Tranquilos. Cruzó por las cercanías de Atolón al norte de la gran isla de Borundia y se adentró en el Gran Océano en busca de lo que ningún hombre arcano había hecho antes, encontrar la Isla del Fuego, Akgard. Pasaron las semanas y la navegación por el Gran Océano se descubrió como una tarea dura y peligrosa, pero la enorme pericia de Jeremías y sus marinos les evitó el naufragio y la muerte segura. Fue entonces cuando se toparon con una gigantesca tormenta que les engulló. La tormenta duró casi tres semanas en la que varios de los marineros perdieron la vida. Pasada la tormenta, se encontraban completamente perdidos y fuera del rumbo previsto. Más bien Jeremías no tenía ni idea de dónde se encontraban pero ya no podían regresar, así que continuaron navegando hacia el Este. Semanas después avistaron tierra, después de haber perdido a la mitad de la tripulación. La tierra desconocida no era Akgard. No tenían ni idea dónde se encontraban aunque Eireen sabía, en sus sueños, que aquellos hombres habían desembarcado en Elwyn. Vararon el barco en una cala para tratar de repararlo y montaron un campamento en la costa, aunque los exploradores no tardaron en encontrar una fortaleza que se encontraba una jornada al norte de donde habían tomado tierra. La fortaleza se trataba de dos anchas torres blancas unidas por un puente alto, con una luna en la cima de cada una. Este símbolo de las Dos Lunas lo encontrarían por doquier en el interior de las fortalezas que, además, se encontraban desiertas. Trasladaron su campamento a las fortalezas y bautizaron la plaza como Selene. A aquellas tierras les empezaron a llamar Lundia, y de hecho Jeremías adoptó el apellido de Lund, o sea, Jeremías Lund. Tardaron poco en descubrir que en los subterráneos de Selene había almacenados grandes tesoros, no sólo de oro, plata o marfil, sino algunos objetos mágicos de factura élfica. Esto causó bastante revuelo y Jeremías tuvo que hacer frente a tres motines en la temporada en la que estuvieron allí. Aparte, descubrieron que una de las dos torres no estaba exactamente abandonada sino que alguien -o algo- habitaba su interior. Como las fuerzas de los arcanos se encontraban muy mermadas y no podían perder más marineros o soldados, cerraron las puertas de esa torre y permanecieron a salvo en la otra. Esperaron a que mejorase el tiempo y, pasado el invierno, acabaron de reparar el navío y regresaron rumbo noroeste de regreso a Akenar, o donde Jeremías Lund calculaba que se encontraría. No se equivocó. Meses después su barco -el Rápido- entraba orgulloso en el puerto de Akenar. Las noticias de su descubrimiento y los enormes tesoros traídos por el capitán despertaron una enorme expectación en la Corte. No sólo el Rey sino su consejo se mostró muy interesado en aquella inmensa fuente de riquezas y se preparó un pequeño ejército al mando del propio conde Jeremías -que consiguió un título de nobleza en pago por sus méritos-, de modo que cinco navíos se fletaron desde Akenar rumbo a las tierras de Lundia, cargados de hombres y esperanzas, con misión de conquistar el Nuevo Mundo. Eso había soñado Eireen y quizás Yridas, y dichos sueños les habían llevado a realizar aquel viaje que, en aquel momento, corría gran peligro. Y más que correría en breve puesto que el barco fue atacado por una gigantesca serpiente marina, pereció el marinero Naill y por poco Sire Hernán le sigue al fondo de los mares. Pese a todo, dieron muerte al monstruo. Habían avistado una serie de islotes no muy lejos de donde se encontraban y realmente no tenían muchas opciones. La Sopladora de Vientos, Zulkya, acercó el barco hasta que pudieron ver que se trataba de unas manchas de tierra que formaban un extraño laberinto cubierto de algas y lianas. Sin duda estaba ocupado el lugar por los murloks, esas criaturas marinas humanoides que les habían atacado la noche antes, y antes de atracar el barco sufrieron otro ataque de los mismos en el que casi muere Sire Hernán y donde por desgracia el contramaestre Lanai resultó muerto. En el centro de los islotes se podían ver dos ruinas de torres cubiertas de verde y algas.
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Partida #25 "La isla de los Murloks" Los ataques de murloks no cesaron. Apenas un par de horas después de la muerte del contramaestre las criaturas anfibias regresaron y en esta ocasión fue el cocinero Ellehen el que perdió la vida. Zulkya fue malherida y los murloks atacantes perecieron todos. Allí defendiendo el barco habían llegado a una situación desesperada, todos estaban heridos, cansados, las armaduras a medio romper por los ácidos de los murloks, el barco destrozado y las aguas llenas de oscuras serpientes y algas impenetrables... Discutieron largamente acerca de cómo pasar la noche. Sire Hernán pensaba que lo mejor era defender la cubierta y los demás, por el contrario, que lo mejor era hacerse fuerte en las bodegas y defender la trampilla. Eireen y él discutieron largo y tendido y finalmente él se quedó fuera y ella se metió, con los demás, en las bodegas. Era la noche del 14 al 15 de julio, la que llaman Noche de Ao por sus dos lunas nuevas, se trata de la noche más oscura del año y en la que los astrólogos suelen aprovechar para desvelarse y leer las estrellas. La noche no fue tranquila. Sire Hernán tenía problemas para ver porque tampoco quería tener una lámpara encendida porque eso, casi seguro, atraería a todos los murloks del lugar; de modo que tenía una lámpara cecaga por una capucha, para ver en caso de necesidad, pero pasaba la noche a oscuras. Al rato escuchó un sonido en el agua y se dio cuenta de que varios murloks subían por el casco. Tuvo que combatirles y al poco los demás, que estaban en la bodega, salieron a a prestarle ayuda. Varios murloks encontraron su final aquella larga noche. Por la mañana, al amanecer, Gah volvió a dar poder al paladín y pudieron curarse un poco. No mucho, pero un poco. De todos modos se dieron cuenta de que cada vez vendrían más murloks y que tarde o temprano su resistencia cedería así que pensaron que lo mejor sería recoger algunas cosas del barco e ir a las ruinas de las dos torres a ver si encontraban algo allí que les ayudase... Entre los arrecifes de coral repletos de algas los murloks habían tendido puentes de lianas. Ellos los usaron para pasar de islote en islote y comprobaron que no todos los murloks era agresivos, muchos de ellos descansaban en las orillas y se asustaban al verlos y se tiraban al agua. Tardaron como una hora en llegar al islote central donde estaban las ruinas de ambas torres. Comprobaron que alrededor del edificio no crecían las algas y que, además, estaba todo lleno de cagadas. La sorpresa es que había una barca allí de madera blanca y una vela. Las manchas y suciedad mostraban que había sido abandonada, pero recientemente. Preguntándose si el dueño de la embarcación se encontraba en el interior, entraron en la vieja construcción cuyo techo había cedido mucho tiempo atrás. Todo parecía vacío, pero en el medio de las ruinas encontraron un cadáver bastante reciente, con huesos comidos casi hasta el tuétano y signos de corrosión. El cuerpo había sido fracturado en dos por una gran dentellada, una posible causa de muerte. Al lado del cuello encontraron un odari* élfico. Cuando Eireen lo recogió, al tocarlo escuchó una voz al otro lado... La noble se enteró así que el cuerpo pertenecía a Cylara, la hermana del elfo que hablaba con Eireen. Éste se encontraba prisionero en las Cuevas del Mas Allá, en manos de los Hombres Lagarto, según dijo. Le hizo prometer a Eireen que quemarían el cuerpo de su hermana para que pudiese descansar tranquila en Arvanaith, los planos celestiales según las creencias de los seguidores de Corelion Larethian. Tras conseguir la promesa, la voz se interrumpió bruscamente... Kork había encontrado unas escaleras que llevaban al subsuelo de la torre. Parecía que bajaban bastante, incluso por debajo del nivel del mar. Pensaron que quizás sería un buen refugio. Zulkya estaba muerta de miedo e iba pegada a Sire Hernán constantemente. Kork por delante y Eireen atrás. No tardaron en ver que la cueva no estaba vacía, había restos de vómitos y ácido en alguna esquina... y finalmente se encontraron con un murlok de más de dos metros de alto, ojos de pez y unas fauces inmensas. El monstruo les atacó pero Sire Hernán de un mandoblazo lo mandó al más allá... Pasado el peligro estuvieron registrando la cueva sin mucho éxito. Al fondo de la gruta se sorprendieron porque había una fuente de agua dulce, lo cual era muy extraño. Más extraño era un brillo con cierta magia que percibió Eireen, y allí fue Kork a investigar mientras Sire Hernán y Zulkya vigilaban la entrada del lugar. Kork buceó y encontró un pasadizo subacuático. Entró y al poco llegó a una estancia secreta donde alguien había apilado, mucho tiempo atrás, varios tesoros. En el centro, una vasija de cenizas que, cuando el kernio la tocó, se convirtió en polvo. |
Imperio Lunar
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Partida #26 "El Nuevo Mundo" Mientras Kork
revisaba la estancia secreta, Sire Hernán, Zulkya y Eireen repelían otro
ataque de Murloks dentro de la cueva, aunque esta vez los humanoides
sólo consiguieron dañarles las armaduras y poco más. Mi señor Uraadi Lanair Saamal, el último elfo del Imperio Lunar, murió de extrema vejez en estas Dos Torres a las que llaman Lugar de Kalana por una antigua leyenda sobre criaturas marinas con forma de mujer. Durante toda mi vida he servido a mi señor con fervor y me llena de tristeza abandonar sus cenizas en este lugar. Se han cumplido todos los preceptos de ambos Dioses Lunares. Me llevo conmigo a la nueva ciudad de Diyun su Estatuilla de Oro, su recuerdo y la poca hechicería que pude desvelar del Arte de mi señor anciano. Durante cuarenta años he sido sus ojos al mundo y creo merecer este regalo del Mas Allá, pues me lo llevo con profundo respeto. Sean malditos por mi diosa Thai'a aquellos que osen manchar el nombre de mi señor, Uraadi Lanair Saamal, el último elfo lunar de Elwyn.
Melkiades Así descubrieron que allí descansaban las cenizas de Udaari, el último Elfo Lunar, que al parecer era lo que la elfa Cylara había venido a encontrar en aquel islote. Había llegado, por cierto, en la barca con vela que habían visto fuera del islote y que aún no habían inspeccionado...
Desde
lo alto de la torre, ya con el sol poniéndose, Eireen juraría haber
visto un círculo de piedras en la lejanía. Al este se levantaba un
bosque de árboles gigantes. Al sur la costa y, por lo que sabían, los
Hombres Lagarto. Al norte la ciudad de Selene y el nuevo señor de
aquellas tierras, Jeremías Lund. |
Imperio Lunar
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Partida #27 "La llegada a Selene" Amaneció el mércades
17 de Julio del año 1082 DS estando ellos en una de las dos torres de
vigilancia donde habían pasado la noche, en la costa de Lundia, el Nuevo
Mundo. Eireen había subido a las almenas a ver si divisaba de nuevo el
cromlech que creía haber visto la noche anterior, pero no tuvo suerte,
no conseguía volver a encontrarlo. El círculo de piedras estaba en las
cercanías de un bosque de árboles gigantescos de unos cincuenta brazos
de alto, seguramente los más altos que ellos habían visto en sus vidas.
Hasta los lindes del bosque debían atravesar un llano de hierba alta,
muy difícil de cruzar si uno no era un elfo. A pesar de la reticencia de
los demás, Eireen se empeñó en echar un vistazo y se encaminó allí.
Zulkya, Sir Hernán y Kork la siguieron, no sin antes desatar a los dos
presos, Romundo y Olver, y dejar la puerta de la torre entornada. Así pues se pusieron
en marcha dirección norte. No caminaron a un ritmo muy fuerte porque la
elfa aún estaba recuperando fuerzas; pese a eso, consiguió cazar un gamo
y pudieron comer buena carne antes de proseguir. Se llevaron lo que
pudieron para el camino. El caballero Sire Bohemundo condujo al grupo al interior de Selene, a la torre oeste que, según parecía, era la única habitada.
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Reino de Akenar
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