Partida #1 "En Áquila"

Durante los tiempos del Imperio la Provincia de Dortoña había sido uno de los orgullos de los arcanos. Un lugar pacífico de feudos prósperos, boyantes mercados, burguesía, gremios, tierras fértiles, todo parecía sonreír al Duque Sebastian Crowlet. Incluso en los tiempos de las guerras con Akgard las batallas y los sitios de ciudades sonaban como ecos lejanos para estas tierras que nunca conocieron el conflicto en más de mil años.

Con la caída del Imperio el que un día fue Conde pasó a ser Rey. Los Señores de Akenar trataron de mantener el señorío sobre estas tierras pero sus fuerzas estaban muy mermadas y la antigua protección de las Legiones Imperiales era algo del pasado, a Sebastian Crowlet no le quedó más remedio que hacerse fuerte en Áquila, apostar por la lealtad de sus señores feudales y la valía de sus caballeros y tropas, y coronarse Rey en el año 1045 DS. Le esperaba un largo reinado de tranquilidad a pesar de que el mundo parecía haberse vuelto loco en todos los territorios aledaños. Al norte la Reina de Atria, Lady Loretta, acababa de unificar sus territorios en una sangrienta guerra contra los leales al extinto imperio. En el año 1075 DS se firmó el Tratado de Miraris según el cual el Reino de Áquila (como se empezó a llamar a la antigua provincia de Dortoña) y el Reino de Atria se comprometían a fijar un linde pacífico entre ellos. Al noroeste, las tierras de Gladius, habían estado apestadas por la Larga Peste, durante casi 25 años, y son pocos los que se acercan al Castillo de Altus y muy pocas las nuevas que llegan de allí. Al sur la ciudad de Mérilon fue asolada, apenas unos años atrás, por un dragón rojo. A cien millas alrededor de la ciudad no hay nadie vivo. Dicen los entendidos que se trata de un dragón joven, pero... ¿quién entiende realmente de dragones?

Corría el año 1081, el mes de Febrero. El que llamaban Príncipe Negro, ósea Martín Crowlet, se había pasado el otoño en el Bastión de Wyrm comandando a los grupos de hombres de armas que defendían las tierras del oeste del Reino de los monstruos que, desde hacía varios años, bajaban de las Montañas de Glades. Hacía bastantes semanas que estaban en la ciudadela debido a las nieves y al frío mortal. Fue el sexto día del mes cuando notaron un fuerte temblor en la tierra que duró apenas medio minuto pero fue suficientemente fuerte como para alarmar a todos. El Príncipe decidió, al día siguiente, encaminarse a Áquila para comprobar que todo estaba bien bajo en reinado de su padre tras aquella posible catástrofe.

Muchos años atrás, cuando el príncipe nació, una de las mujeres que atendieron el parto de su madre -que murió en el mismo- predijo que aquel niño estaba destinado a morir a manos de alguien conocido. Con toda seguridad esta profecía trajo al pequeño Martín muchas infelicidades porque no consiguió, en toda su vida, fiarse de nadie realmente, ni siquiera de su esposa a la que acabó enviando a un monasterio sillenita en la ciudad de Dor y nunca volvió a ver. Se rodeaba de gente desconocida constantemente, extraños, viajeros, gente de lugares de nombres raros y nunca de los fieles caballeros de su padre. Fue por eso que en esta ocasión sus guardaespaldas eran tres variopintos personajes, un kernio de las lejanas tierras del oeste, llamado Kork. Un hombrecillo todavía más raro que decía provenir de unas ignotas tierras de nombre Yang Tien, de pequeña estatura, ojos rasgados y piel amarillenta, respondía bajo el extraño nombre de Li Tzao. Y una mercenaria svarda, ruda y arisca, de nombre Edderh.     

 

 

Llegaron a la ciudad de Áquila el día 15 de febrero. La ciudad parecía tranquila a pesar de la enorme grieta que surcaba lo que había sido una iglesia sillenita frente a la Plaza de la Justicia. Resultaba muy perturbador para los vecinos que de las fuentes de esa plaza el agua manaba con un color rojo intenso que la hacía parecer sangre. Kork estuvo olisqueándola y de hecho parecía sangre de verdad.

Llegaron al castillo del Rey y allí conocieron al monarca que estaba con algunos caballeros entrenándose en el Patio de Armas. El Rey se sorprendió del aspecto de los guardias de su hijo, especialmente de Li Tzao, quien tuvo que batirse en duelo con uno de los caballeros para demostrar sus habilidades de lucha. Pasado eso, decidieron irse a descubrir las cantinas locales.

Sin embargo Kork se sintió bruscamente indispuesto. En ese momento no lo supo pero el haber tocado la sangre que manaba de las fuentes le había infectado con algún terrible mal, una especie de lombrices gigantes que amenazaban con devorarlo desde el interior de su propio cuerpo. El monje Li, al ver eso, supo de lo que se trataba y por fortuna sabía cómo remediarlo de manera tajante así que buscaron una iglesia y Kork -interrumpiendo un oficio- se curó bebiendo agua bendita -dolió, eso si-.

No estaban aún repuestos del susto cuando se puso a llover muy fuerte. Tenían la sensación de que algo no andaba bien -y el Príncipe Negro compartía dicha sensación- así que se fueron a la iglesia en la que había cedido el suelo a ver si veían algo raro.

Cuando estaban allí vieron que en la grieta que se había abierto se podía ver que en el subsuelo del templo había como varios pasadizos y alguna puerta, se habían -además- descubierto varios muros que seguramente estaban enterrados días atrás, repletos de símbolos y extrañas escenas de combate y figuras raras. El monje, entre todo eso, reconoció el símbolo de las Ocho Flechas... el signo de Caos.

Del suelo, repentinamente, empezaron a salir criaturas de aspecto horrible, cabezas de lobo o pájaro, ojos terriblemente humanos, pezuñas, plumas, pelo, garras, armados con espadas curvas, lanzas y guadañas y escudos con pinchos. Con ellos un guerrero de armadura completa roja y dos hachas, como de dos metros de alto, con el símbolo del caos forjado en el metal de la pechera. Los esbirros del Caos empezaron su temible asalto a la ciudad de Áquila y ellos tres -y algunos guardias de la ciudad- no pudieron más que correr o morir.

   

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Partida #2 "La Muerte del Príncipe Negro"

Los trollocs y el Campeón del Caos (así se llaman estos engendros) sembraron la muerte y destrucción por doquier en la ciudad de Áquila. Asaltaron casas, quemaron lo que encontraron a su paso, mataron a toda criatura viva que se cruzaba con ellos fuese hombre, mujer, gato o caballo. Eran decenas y decenas de ellos, guiados por el Campeón. Y ese no era el único problema, muchos de los hombres parecían haberse vuelto locos y luchaban unos con otros, dominados por una súbita furia.

De esta guisa se encontraron la fortaleza nuestros tres mercenarios, Li, Kork y Edderh, cuando entraron en ella huyendo de la horda caótica. Volaban flechas, moría gente, se oían gritos y pelea por todo el Patio de Armas. Lo peor fue cuando entraron en la capilla del castillo para refugiarse allí y vieron que el propio Rey, Sebastian Crowlet, había sido dominado por el extraño mal y estaba luchando contra su hijo, el Príncipe Negro, el hombre que ellos, supuestamente, debían proteger. E intentaron ayudarlo pero no valió de mucho, y ni siquiera su espada mágica Llamaazul, famosa en las historias de juglares y aventuras, le salvó de que se cumpliese la profecía y muriese a manos de alguien conocido: su propio padre. Tras matar a su hijo el Rey estuvo por acabar con la vida de sus tres defensores pero estos, viendo en enorme peligro en el que se encontraban, consiguieron huir. El Rey se fue como un loco por el castillo adelante, buscando a alguien.

No sabían muy bien qué hacer. Fuera la ciudad era un baño de sangre y en el castillo la cosa no pintaba mejor. Llegaron hasta una zona de habitaciones donde, en una de ellas, encontraron a una niña escondida: Nanya Crowlet, la hija del Príncipe Negro. La chiquilla, de unos siete años, se había escondido en la habitación del Rey con una ballesta para defenderse (y lo hizo, casi atraviesa a Edderh cuando entró en la estancia). Descubrieron que a pesar de la juventud de la cría ya tenía poderes de paladín porque curó al kernio Kork. Tras eso les propuso un plan, conocía un pasadizo que conducía al viejo monasterio de la Inquisición, ahora ocupado por la Orden de Viajeros. Saldrían por allí de la ciudad.

Y eso hicieron. Escaparon por el pasadizo (no sin estar a punto de ser alcanzados por un grupo de trollocs, porque el pasadizo había cedido en uno de sus muros y se veían los subterráneos de los que habían salido los Engendros del Caos. En el monasterio había unos cuantos monjes, algunos caballeros y vasallos del rey que estaban por huir de la ciudad usando un método muy poco común: los Portales de la Orden de Viajeros. Así fue como ellos tres, Lady Nanya Crowlet, Sire Malvin (uno de los caballeros del Reino de Áquila), Lara -una de las sirvientas del castillo- y el Prior Gael, de la Orden de Viajeros, se fueron a la Ciudad de Akenar.

 

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Partida #3 "Llegada a la ciudad de Akenar"

Como el Prior Gael les había dicho, aparecieron repentinamente en Akenar, en plena tarde del mismo aciago lunes día 15 de febrero, en unas estancias de un monasterio aledaño al Tribunal de la Inquisición. Estuvieron un rato desorientados pero pronto la pequeña Nanya, Sire Malvin, ellos y Lara -la sirvienta- se dirigieron a la Fortaleza Negra para solicitar la hospitalidad del Rey Otto, el que había sido Emperador medio siglo atrás. El caballero Malvin les condujo por las tumultuosas calles de Akenar que en nada se parecían a las sobrias rúas de Áquila. Akenar siempre se distinguió por ser una ciudad bulliciosa y caótica, llena de viajeros, comerciantes, tabernas, gente buscando fortuna, burgueses, hombres de armas, vendedores, titiriteros, ladrones, soldados, religiosos, criados, damas, plebeyos y un sinfín de personas que incluso en aquellos tiempos oscuros llenaban la ciudad. Llegaron a la Fortaleza de muros color basalto y enormes torres y pronto fueron recibidos por René, el ayudante del Consejero Real, Inman, que pronto se presentó allí y escuchó con atención su historia. La consideró de suficiente importancia como para molestar al Rey Otto y los condujo a la Sala del Trono donde tuvieron una curiosa audiencia con el monarca jorobado. A pesar de que la familia de los Crowlet antiguamente había jurado obediencia al Imperio el Acta de Acio I del año 1032 DS había liberado a todos los vasallos de sus anteriores vínculos con Akenar por lo que el Rey Otto trató a Lady Nanya no como a una vasalla sino como a un noble de otro reino en apuros. Se dispusieron unas estancias para tener a la niña como huésped en espera de nuevas noticias del Reino de Áquila pues lo sucedido había pasado apenas unas horas antes.

De todos modos estuvo claro que Sire Malvin era un hombre al que le gustaba dejar clara su condición de noble y tratar con cierto desprecio a los que habían sido los hombres de armas del Príncipe Negro por lo que Lady Nanya, con mucha mano izquierda, aquella misma tarde le encomendó la misión de regresar sus tierras y enterarse de cómo estaba la situación y, con la mayor presteza posible, enviarle un mensajero. El caballero aceptó con gusto el cometido y se fue. Fue entonces cuando Lady Nanya les contó su plan de averiguar qué había sucedido en Áquila y ver qué podía hacerse para luchar contra ello... tanto Kork como Li y Edderh se mostraron dispuestos a acompañarla. Entretanto la svarda Edderh llevaría consigo Llamaazul, la que había sido la espada mágica del padre de la niña.

Pasaron la noche no sin que alguno de ellos tuviese el sueño agitado, en especial Lara, la criada. Por la mañana conocieron al Amo de Llaves de la Fortaleza Negra, un enano llamado Maese Lufel que estuvo tratando de averiguar qué había pasado en Áquila. Pareció una persona con muchos contactos en la ciudad...

Empezaron las pesquisas acerca de lo sucedido en Áquila pasando por el Tribunal de la Inquisición. Allí les atendió un clérigo de aspecto ligeramente siniestro pero de carácter sobrio y aparentemente honrado, de nombre Raven. El clérigo estuvo indagando acerca de las marcas que el kernio Kork tenía en ambos costados y cómo se las había hecho. De alguna manera sugirió que existía la posibilidad de que uno de ellos fuese alguien especial que, sin enterarse, podía ser parte de lo que había pasado, y no un mero espectador... les prometió indagar un poco más sobre el tema.

 De todos modos como apenas tenían dinero decidieron ir, bien temprano, a vender la funda de Llamaazul, una formidable pieza de tela de terciopelo y bordados vegetales con hilo de plata. Buscaron por la ciudad y en el Barrio de Artesanos encontraron la tienda de Luy, un gnoling muy famoso por sus telas bordadas. Presenciaron allí un desagradable incidente entre una de las magas conocidas en la ciudad -la maga Amelia, apodada la Araña- y el artesano. La maga iba acompañada por un Guardián, Wallan, un svardo de aspecto silencioso y fiero.

Después de eso curiosearon un poco por el Gremio de Armas donde Li tuvo la extraña fortuna de encontrar a otro hombre de la lejana Yang Tien, un armero llamado Lao y a su mujer, María. Sin embargo a Kork le dio la sensación de que alguien les seguía por la ciudad.

 

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Partida #4 "En busca del bandido Jonás"

No tardaron en descubrir que eran los sirvientes de Lufel los que les seguían por la ciudad. El Amo de Llaves se había molestado bastante en enterarse bien de todo lo que hacían y dejaban de hacer. En cualquier caso sus problemas eran mayores en otros aspectos, para empezar Lady Nanya, a pesar de las ganancias de la funda de Llamaazul, apenas contaba con dinero con el que costear todos los asuntos que se le venían encima. Mientras los tres mercenarios conocían la ciudad la niña habló con el Consejero Real y, cuando regresaron, había trazado un plan: al parecer había numerosos bandidos a los que la Corona había puesto precio. Uno de los más peligrosos y conocidos era el famoso Jonás, un asaltador de monasterios sillenitas en los feudos al sur de la ciudad. La Iglesia pagaba la exorbitante cifra de cien piezas de oro por su cabeza ya que había costado grandes disgustos a los priores de las comunidades monacales. La pequeña Nanya pensó que sería buena idea capturarlo y cobrar el oro. Kork y Edderh estuvieron de acuerdo con este plan, Li Tzao no expresó su opinión pero estuvo claro que les seguiría.

Pasaron esa noche en la Corte, cenando con el Rey y muchos de los cortesanos. Edderh aprovechó para hablar con Inman acerca de la maga que habían conocido aquella mañana. El Consejero Real la previno contra aquella mujer y le dijo que lo mejor que podía hacer era mantenerse aparte de ella. Kork, por su parte, cerró un trato con maese Lufel para conseguir una mula y víveres para el viaje al sur.

Pasaron la noche en la Fortaleza Negra. Decidieron salir bien temprano para evitar la gran aglomeración del mércades, pero aún así al alba recibieron una visita del Inquisidor Raven, con el que habían hablado el día antes. Había estado ojeando libros y notas y había encontrado unos papeles que le resultaban preocupantes, si es que contenían algo de verdad...

 

Cuando se cumpla el milenio el mundo empezará a dejar de ser mundo
pero no será una bola de fuego
que estalle de pronto en los cielos
ni subirán las aguas
ni se quebrarán montañas y valles.

Todo empezará por un simple llanto solitario,
un tropiezo, una riña,
algo común,
pues la desgracia siempre empieza así;
de esa riña, un descuido,
alguien perderá una llave y entrará el frío
donde antes había calor;
el dueño de la casa morirá enfermo
y su muerte atraerá a los cuervos
y el mal agüero con ellos
mala fortuna para la comarca
en la que surgirán bandidos
y uno de ellos, quizás por error, matará a un señor de noble cuna,
y su sucesión traerá armas y riñas y al final muertes,
nacerán rencores donde no los había
y estos mismos llevarán a la guerra, algún día,
y el Reino se debilitará,
y cuando lleguen los enemigos de la Isla Más Allá del Océano,
nadie podrá contenerlos
pero tampoco habrá victorias,
nadie prevalecerá,
sino las enfermedades, las traiciones, el miedo,
ambos bandos se quebrarán y arruinarán,
caerá el Imperio,
el Gran Rey desaparecerá para no volver,
sendas maldiciones caerán sobre ellos
mientras, roto el equilibrio,
regresarán los dragones a sembrar la muerte y el fuego,
la Magia Negra volverá a emponzoñar a los hombres sabios,
y las huestes pasarán por la espada a todo aquel que encuentren,
los Reyes Demonio volverán de su luengo letargo,
acaudillarán ejércitos,
y arderán ciudades a su paso,
caerá la Torre del Archimago,
quemarán el Árbol,
se perderá el Tesoro,
se juntarán los Tres Anillos,
violarán a las vírgenes del Dios Toro,
se abrirán los pozos de los enanos
y sus antiguos enemigos regresarán de las profundidades,
las noches dejarán de ser seguras, así como los días,
los bosques, los caminos, las plazas de los pueblos,
los monasterios se abandonarán,
los castillos caerán,
los campos se marchitarán,
llegarán hombres de rostros temibles, del norte, sedientos de sangre,
y del sur, y del oeste,
y en reinos lejanos el Mal prevalecerá
con sus ejércitos muertos,
la leche será amarga,
la gente perderá la esperanza,
arderán los libros,
la miel perderá su sabor, las espadas su filo,
el agua no apagará más la sed,
la tinta no escribirá, las mantas dejarán paso al frío en los huesos,
los dioses dejarán de escuchar nuestras plegarias,
y todo sin que nos percatemos,
en largo y agónico sufrimiento,
como el de un hombre largo tiempo enfermo
que sueña con una juventud
que nunca volverá.

Y no será el fin de los días
sino el principio
del Reino de la Noche.



Prólogo y único fragmento conservado de "El Fin de los Días"
Escrito por Morgenes, adivino,
en el Castillo de la Tabla, en el año 1080 DS
días antes de caer prisionero y ser acusado de hereje por el Canciller de Atria, sire Nigel Duchard
 

 Así que con el ánimo levemente perturbado por las palabras escritas por el clérigo Morgenes, salieron de la Fortaleza. Tuvieron allí que librarse de un ilko llamado Deimos que al parecer había escuchado que Kork era el Elegido y quería servirle. Li Tzao tuvo que librarse de él a golpes. Más tarde fueron a la tienda de Lao, donde Li le obsequió una figurita de un dragón plateado a cambio de un bastón de combate (la figurilla había sido comprada en el mercado a un gitano llamado Rubén Dosdedos).

Tras eso salieron de viaje que transcurrió tranquilo durante todo el día. A mediodía se encontraban en Villa Arvin, donde compraron leche para un gato que Kork regaló a Lady Nanya. Luego hicieron noche en una posada de Castillo Guijarro. La mañana del jueves 18 de Febrero se dirigieron al oeste, saliendo de la Vía Imperial de Crucis, por la que habían viajado cómodamente. En esa época del año los caminos aún eran fríos y la escarcha cubría las piedras de las murallas de Castillo Guijarro cuando salieron de allí, dejando atrás el lago. Al norte estaba el bosque de Roblespino, lugar del que habían oído historias muy feas.

De Jonás, el bandido, habían ido escuchando cosas aquí y allá. Unos decían que era un antiguo clérigo. Otros que asaltaba los monasterios entrando antes y abriendo la puerta por la noche a los suyos porque, seguramente, contaba con una banda de ladrones. También se sospechaba que las gentes de la comarca le ayudaban a esconderse porque habían sido varios los cazadores de recompensas y caballeros ávidos de gloria que habían pasado por allí sin el menor éxito. A Lady Nanya se le ocurrió que podían fingir que robaban al párroco del Llano de Gand para luego pagar a alguien para que los ocultase en una granja. Quizás eso atraería la simpatía de Jonás cuando la historia llegase a sus oídos, que lo haría tarde o temprano.

Más o menos siguiendo este plan pasaron a mediodía por la Abadía del Roble (no sin antes fijarse que desde el día anterior una pareja de cuervos parecía seguirles, tuvieron que matar a uno y el otro escapó), que era uno de los lugares saqueados por Jonás. Evitaron que los monjes les vieran irse al sur dando un gran rodeo pero finalmente, por la noche, llegaron al Llano de Gand. Les costó entrar más de lo normal porque el alcalde, Alek, no quería que unos extraños entrasen en el pueblo. Se quedaron en la Posada de Nurtia, una vieja arcana que les timó dos monedas de plata por dejar que la mula pasase la noche en su estrecho establo. Sin embargo el plan de ellos seguía en marcha y, a medianoche, se levantaron para ir a la casa del clérigo a robarle -fingidamente, por supuesto- dinero y algún que otro saco de grano. Quizás con eso bastaría.

 

Rumores escuchados durante la cena en la Corte: al parecer en las próximas semanas llegará una delegación de orcos del Bastión de Ha, al oeste de la ciudad, para jurar vasallaje al Rey. Algunos de los cortesanos están inquietos porque podría suceder que con los orcos viniese uno de los caballeros gardios más temidos, el famoso Zen, un seguidor de Heironeuss // También se rumorea que el Rey Otto está buscando una mujer con la que sellar alguna alianza y, de paso, procurarse un heredero // En el Barrio de los Arrieros hubo una pequeña rebelión que la Guardia tuvo que sofocar con diligencia. Se desconocen los motivos.

 

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Partida #5 "Buenas y malas nuevas"

Resultó que uno de los guardias del pueblo les descubrió mientras salían de la posada a hurtadillas y tuvieron que reducirlo, tampoco les costó demasiado pero el hombre hizo ruido y despertó al párroco Andrew que vivía en la casa junto a la iglesia sillenita. Li subió por un lateral del edificio y entró en la torre del campanario, Edderh trató de hacerlo lo mismo y casi se mata en una dura caída desde el tejado. Entretanto Kork entró por la parte delantera de la casa, forzando la puerta, pero se encontró con que el tal Andrew no estaba solo, otro hombre estaba con él y atacó al kernio, pero fue lo último que hizo. En el segundo piso, Li, Edderh y Nanya habían encontrado al párroco que ahora vestía una armadura de mallas -les había oído y se se había armado- y tuvieron que reducirlo a golpes. Pero algo no encajaba en todo aquello porque el campanario por el que habían entrado guardaba en realidad bastantes botines de saqueos y empezaron a sospechar que, sin querer, habían encontrado a uno de los cómplices de Jonás -que guardaba allí todo-. Fue grande su sorpresa cuando se percataron que el tal Andrew era en efecto Jonás, el bandido al que perseguían.

Tras este descubrimiento se vieron ya con las cien monedas de oro que daban de recompensa por el truhán. Sólo quedaba asegurarse de que todas las cosas que estaban en la iglesia regresasen a sus respectivos monasterios sin que los habitantes o el propio alcalde- del Llano de Gand se apropiasen de todo o parte de ellos. Decidieron ir a hablar con el conde que, según les dijeron los lugareños, habitaba en el Castillo de Gand, a medio día de camino al sur. Li y Kork se quedaron en el Llano y Edderh y Nanya, con dos caballos prestados por el propio alcalde, se fueron al castillo sin saber lo que les esperaba allí.



Quizás el conde de Castillo Gand, sire Guy, atravesaba uno de los peores años desde que había heredado el feudo. Bueno, no era como aquellos dos años de la peste, pero salvando aquello nunca los diezmos habían sido tan escasos. Aquella mañana había visitado el almacén de la fortaleza junto a Ranulf, su mayordomo, y por un instante había pensado que alguien había robado la mitad de los sacos de grano. Luego se percató que aquel año había sido así y punto. Le asaltaban las jaquecas sólo de pensar en lo que pasaría si surgía algún problema inesperado y debían hacer algún gasto. ¿Sería el momento de vender las copas de plata que había heredado de su abuela? No conocía personalmente a ningún tresio pero a lo mejor la necesidad merecía una visita a la Corte. Mientras estaban en estas cavilaciones uno de sus caballeros le anunció que había llegado una mujer svarda al castillo junto a una niña que parecía de noble cuna, por lo limpia que iba y porque portaba espada. ¿De qué se trataba ahora? Se preguntó. Quizás esta era la desgracia que estaba temiéndose. O un golpe de suerte. Nunca se sabía. Subió cruzando los dedos hasta el gran salón, seguido por Ranulf. Antes de entrar le dijo al oído que llamase a Petrus y dos o tres caballeros mas. Debían dar una imagen de prosperidad y poderío. Si algo salía demasiado mal quizás tendría que rebajar, de nuevo, la soldada a los muchachos. Odiaba esa idea pero quizás lo le quedase otra. Eso, dedos cruzados.

El conde se encontró una escena inesperada. Si, era una niña, pero con cierto aire de confianza nada infantil. Y una mujer inmensa era decir poco, le sacaba dos cabezas. Llevaba espada, armadura: una mercenaria, dedujo por la forma de reposar de aquella. Levantó la mano a Lluis para que le trajese vino. Antes de hablar apuró una copa con presteza y sintió la valentía corriendo por sus venas. Petrus y tres caballeros más entraron en aquel momento. Pues si, quizás era su día de suerte.

(...)

Que habían capturado a Jonás, decían. Y con él su tesoro. Sire Guy no podía creérselo y su cabeza empezó aceleradamente a hacer cálculos. Podría reponer las puertas del foso, tapar el maldito techo de la torre sur y si había suerte comprar algún caballo joven para sustituir a aquel jamelgo que tanto odiaba. Haciendo cábalas de repente se preguntó quién demonios era aquella niña. Por las palabras de la svarda -y por su aspecto, claro está- parecía de muy noble cuna. ¿Qué demonios hacía allí persiguiendo bandidos en su feudo? ¿con qué derecho? ¿y cómo habían encontrado a Jonás? Sintió un temblor de mal humor en el labio inferior. Su madre decía que ese era el primer trueno antes de la tempestad. Alguien iba a pagar mucho dinero por salvar el pescuezo de aquella niñata. Y si tenía que ponerse duro lo haría, valga dios. Miró a sus caballeros y con el índice les hizo el gesto de siempre, ellos ya sabían. Que podía haber gresca, vamos. Dicho y hecho, le soltó a la cara a la svarda que de allí no saldrían y que dejase la espada a un lado y se fuese poniendo cómoda. Luego sonrió un poco nervioso preguntándose para sus adentros si realmente había hecho bien y si su padre, que en paz descanse, habría aprobado aquello. Seguramente no. Domont Gand nunca aprobaba nada de lo que hacía su hijo.

La svarda -Edderh, se llamaba- no dejó la espada. Ni la niña. Pues estamos buenos, pensó el conde, si una puta niña va a venir ahora a tocarme los cojones a mi propio castillo. Se van a enterar, y desenvainó levantando la voz.

Aquella tarde Edderh y Nanya mataron al conde Guy Gand, a su hijo, a una docena de caballeros del castillo y algún que otro soldado. Salieron por su propio pie del castillo con la promesa de Ranulf, el mayordomo y nuevo conde, de que nadie las intentaría seguir para darles muerte en venganza por lo sucedido.

(...)

Así fue como ellas volvieron al Llano de Gand apresuradamente, empapadas en sangre. Cogieron prisionero a Jonás y pensaron que lo mejor sería ir hasta la Abadía del Roble y avisar al abad de lo sucedido para que se hiciese cargo del botín de Jonás. Tras hacer eso, se dirigieron a Castillo Guijarro para alejarse lo más posible de Castillo Gand y de las consecuencias que pudiese tener lo acaecido la tarde anterior.

Tal y como la banda de Jonás pensó que harían.

Les emboscaron en el camino hacia el Oeste, en la ladera de una colina frondosa. No se sabe cuántos exactamente pero como dos docenas de bandidos con arcos. Cuando empezaron a lloverles flechas el primero en caer no fue otro que Jonás pues Edderh no se pensó ni un segundo si debían negociar o qué, directamente mató al bandido. Luego una flecha mató al monje Li Tzao, le alcanzó en el cuello mientras éste trataba de salir de allí y miraba a Kork entrar entre los árboles buscando a alguien con quien luchar; pero los bandidos estaban dispersos y no hubo manera de encontrar a ninguno así que al final lo único que pudieron hacer fue correr para salvar la vida. Consiguieron escapar malheridos y con el monje muerto. Corrieron hasta que a Kork le ardía el pecho y los caballos empezaban a flaquear. Heridos, erizados de flechas. Y con Li Tzao muerto.

El retorno a Akenar fue triste. Quemaron al monje en terreno sagrado en Castillo Guijarro y aunque nadie sabía qué había que hacer para agradar a Bahbah en los rituales fúnebres, la niña Nanya dijo unas pocas palabras en el idioma de Li, que había aprendido del monje. Tras arder el cuerpo, entre las cenizas, encontraron una saqueta de oro. El monje les había dejado un presente desde el Más Allá.

Como él mismo habría dicho, "no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita".

 

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Partida #6 "Regreso a la Corte"

Finalmente llegaron el lunes al mediodía a la ciudad de Akenar, pero antes de que cruzasen las murallas negras de la ciudad les alcanzó un hombre que les había estado siguiendo desde hacía unos días. Su nombre era Juan, le apodaban "el guardabosques" lo cual no era muy imaginativo pero al menos dejaba clara la ocupación de éste. Se trataba de un arcano de Lundia que llevaba un par de años al servicio del conde de Gand y que tras los sucesos acaecidos en Castillo Gand había pensado que seguramente le iría mejor siguiendo a Nanya, en vez de al nuevo conde Ranulf -el mismo que prometió no intentar vengar la muerte del viejo conde, Guy de Gand, ni de su también difunto hijo Carl-. Nanya aceptó confiadamente el servicio de Juan que de inmediato se convirtió en su vasallo, allí mismo en las puertas de la ciudad. En ese mismo sitio Kork tuvo que deshacerse de un individuo que le llamó El Elegido y que trataba de seguirle a toda costa...

Entraron pues en Akenar, ciudad en la que el lundio había estado sólo una vez y que nunca dejaba de maravillar a los recién llegados con sus altísimas murallas de basalto, sus inmensos edificios de piedra gris oscura, los tejados de pizarra, los altísimos campanarios, torres, las cúpulas doradas y oscuras, los puentes y, sobre todo, la multitud variopinta que puebla sus calles, desde los mercados a los barrios burgueses y las callejuelas de los gremios. Cruzando la urbe llegaron a la Fortaleza Negra y allí vieron, por primera vez, al gardio Zen en el Patio de Armas. Estaba entrenando con algunos hombres del castillo y, según supieron, ahora era vasallo del Rey Otto, al que había jurado fidelidad. Había traído consigo tres golems de guerra gardios, que estaban allí en el patio, quietos y en silencio.

Después de un merecido baño y descanso -y de ser recibidos por Lara de modo contundente pues desde el punto de vista del ama de llaves la joven Nanya había corrido demasiados peligros, y eso que sólo sabía la parte de la historia en la que murió el monje Li Tzao-, tuvieron un rato de calma antes de salir a la Catedral de San Gregorio para cobrar la recompensa que la Iglesia ofrecía por Jonás. En ese tiempo se vio a Kork haciendo ciertos negocios con el mayordomo Lufel relacionados con una cortesana elfa a la que el kernio quería ver aquella noche.

La visita a la Catedral no fue muy agradable. Consiguieron que el Obispo Réveryth -un vilonio entrado en carnes- cediese y les diese las cien piezas de oro que la Iglesia había ofrecido por el bandido Jonás, pero no sin discutir. De paso se enteraron de que la Iglesia había movido su Santa Sede a la isla de Atolón de modo que por primera vez en mil años la cabeza de la Iglesia sillenita no estaba en Akenar. La ciudad, por supuesto, seguía siendo sagrada para los seguidores de Gah -era el lugar donde se guardaba el Arca-, al igual que Névesy -donde estaba parte de las cenizas de Síllevan- y Salé -la ciudad de los Peregrinos, donde se guarda el resto de las cenizas del Hijo de Dios-.

Esa noche asistieron a un banquete en la Corte, donde Edderh pudo hablar con el Consejero Real Inman y éste le comunicó sus inquietudes acerca de lo sucedido en Castillo Gand. Según las leyes del Reino de Akenar ellas no tenían derecho a matar al conde, ni por asomo, y seguramente cuando la familia Gand reclamase al Rey ellas serían ahorcadas por sus crímenes. Claro está, si no encontraban una solución satisfactoria para aquella situación... el Consejero dio a entender que tenía pensada una...

Más tarde el gardio Zen mostró cierto interés por examinar a Llamaazul, la espada de la bárbara -en realidad la espada del Príncipe Negro, padre de Nanya, que ahora llevaba Edderh-.

Esa fue una velada larga para Kork pues recibió la visita de Ilyna, una elfa sacerdotisa de Sehanine -una deidad élfica del amor-, y estuvieron a solas toda la noche.

Muy temprano Juan se fue al puerto y estuvo haciendo algunas pesquisas en la Iglesia de la Orden del Lago, a petición de la niña Nanya. Más tarde supieron que ella había soñado un par de veces con el fallecido Li Tzao que le daba consejos y le decía cosas, una de ellas es que encontraría cosas de utilidad en aquel lugar. Mientras iba allí el lundio fue interceptado por una tal Clara, una mujer con aspecto recio que, según dijo, quería ponerse también al servicio de Nanya. Quedaron en verse en la Posada del Perro Loco, cerca del Arco Vilonio, en el centro de la ciudad.

La niña quería desde aquella mañana ir a ver si podía contratar mercenarios de la Compañía Negra para dirigirse a la ciudad de Dor, donde se encontraba su madre, la elfa Laowen Lanara, y asegurarse de que estaba a salvo. Sin embargo un par de asuntos interrumpieron sus intenciones, entre ellos el enterarse -por Edderh, se volvió a hablar con Inman- que el Consejero Real planeaba casarla con el Rey Otto para así juntar los linajes de Akenar y Dortoña y comenzar, poco a poco, a recuperar el antiguo poder del Imperio de Akenar. La niña se negó en redondo. Hablaron de irse de la ciudad, incluso. Cuando Juan mencionó a Clara -la mujer que se había encontrado por ahí-, a la niña Nanya le pareció que aquello ocultaba una trampa. Así pues tenían tres cosas que hacer: evitar la trampa contraatacando, ir a la Iglesia de la Orden del Lago a ver qué misterios guardaba el lugar y, sin ser menos importante, huir de la ciudad para evitar la horca.

Salieron para zanjar el asunto aquel de la trampa en la Posada del Perro Loco. Antes de salir de la Fortaleza se encontraron con Zen que se iba al norte en una misión del rey. El gardio por fin consiguió que Edderh le dejase ver Llamaazul y a cambio les dijo que había pertenecido a Sebastian Crowlet, un antepasado de lady Nanya que había vivido más de mil años atrás. La espada lucía runas por toda su hoja de acero gris y un halcón adornaba su pomo.

De camino a la posada se encontraron con otros cuatro "seguidores del Elegido", un tal Galved, Samuel, Ron y por último Tyfel -éste último aún no sabía que moriría aquel mismo día-. Insistieron y finalmente Kork accedió a que fuesen con él, un poco entre dientes. Los cuatro le contaron que en el Barrio del Yelmo un hombre al que todos llamaban El Profeta hablaba de él y estaba empezando a ganarse adeptos entre los numerosos mercenarios y guerreros que había en la ciudad en aquellos tiempos.

Mercenarios y guerreros, eso es lo que se encontraron en la Posada del Perro Loco. Resultó que la tal Clara no se llamaba así, sino Ybrina. Era una cazadora de recompensas, así como su compañero Anthelmo. Ambos habían sido contratados por Ranulf de Gand para matar a lady Nanya y a Edderh, en venganza por la matanza que habían causado en el castillo días atrás. Por suerte consiguieron derrotar a los cazadores de recompensas y entregarlos a la guardia de la ciudad, aunque eso no evitó que uno de los seguidores del Elegido, Tyfel, muriese en el combate.

Cuando regresaron a la Fortaleza Negra la niña Nanya, que había ido a hablar con el Consejero Real Inman, había cambiado de opinión. Se casaría con el Rey Otto.

Rumores en Akenar: Se dice en las posadas que casi cuatrocientos hombres que estaban en la Fortaleza Negra han desaparecido bruscamente, nadie sabe qué ha sido de ellos y tampoco nadie los ha visto salir de la ciudad, ni de día ni de noche. 

 

Reino de Akenar


Luna Seluna


Partida #7 "Las catacumbas y lo acaecido en la boda real"

Edderth, Kork y Juan finalmente entraron en la Iglesia del Lago donde se suponía que encontrarían objetos, al menos según Li Tzao en los sueños de la pequeña Nanya. Les costó algunas monedas librarse de un par de mendigos que estaban acogidos a sagrado allí (de un tercero nunca se libraron) y acto seguido abrieron la trampilla del suelo que Juan había encontrado un par de días antes.

La trampilla daba a unas catacumbas plagadas de peligros. Se leía un mensaje en común que decía que "sólo un camino lleva a la vida, el Elegido sabrá encontrarlo". Esto quizás asustó un poco a Kork. Quizás en las noches siguientes tuvo tiempo de pensar acerca de esto: aquellas catacumbas quizás llevaban cerradas cientos de años. ¿Cómo podía ser que mencionasen al Elegido, que estaba ahora en boca de muchos? Ciertamente era inquietante.

Pues eso, muchos peligros y trampas encontraron allí. Tuvieron que combatir con extraño engendros con forma de esqueleto, y algunas cosas peores. Kork casi se mata en una trampilla con estacas y perdió nada menos que un brazo en una trampa situada en el pecho de una estatua que representaba a una mujer con los brazos en alto sosteniendo el techo. Vieron también murales con caballeros, mujeres, monjes y una extraña copa.

Lo cierto es que a pesar de los peligros y el miedo a quedarse encerrados allí, finalmente encontraron una sala que parecía una especie de refugio sagrado. En ella, efectivamente, se guardaban objetos. Otro mensaje prevenía contra uno de ellos -maldito- que el Elegido sabría evitar. Kork eligió dejar uno de ellos y, quizás por fortuna o quizás por otros motivos ocultos, parece que acertó.

Cuando salieron de allí, no sin grandes peligros por culpa de los guardianes de las catacumbas -uno de ellos enfermó al manco Kork de manera extraña- el techo empezó a temblar y todo se vino abajo.

Pero les había dado tiempo de escapar.

Sin duda el más preocupado por la destrucción de la Iglesia del Lago fue Juan, que acudió esa misma tarde a confesarse en la capilla de la Fortaleza Negra. Kork estaba prácticamente destruido, sin una mano y con el ánimo bien bajo. Y Edderh había salido bastante bien parada.

Cuando hablaron con la pequeña Nanya coincidió que el Rey hizo una visita a las estancias. Kork no pudo ser más afortunado porque el monarca sin duda quería agradar a su futura esposa y ordenó que viniese un clérigo sillenita y le curase la terrible herida. Por fortuna habían salvado la otra parte del brazo así que milagrosamente fue curado. La niña Nanya también se encargó que que recobrase el ánimo, al parecer había sido víctima de un poderoso ataque en las catacumbas que le había debilitado considerablemente. Si alguien podía curar aquello sería el Obispo -el vilonio Réverith-. Lady Nanya y él acudieron a la Catedral de San Gregorio y ella tuvo que rogarle a su Eminencia que curase a su vasallo Kork. Así fue, pero la niña quedó a deber un favor al Obispo, lo que nunca es bueno... el kernio aprovechó para convertirse a la fe de Gah, seguramente sentía que el poder de Assur estaba demasiado lejos de él como para ayudarle en sus aventuras y cierto es que le debía mucho a los clérigos sillenitas y a la propia Nanya, así que fue bautizado por el propio Obispo en la catedral.

El Consejero Real estuvo examinando los objetos y hablándoles de ellos. Quedó profundamente sorprendido por el enorme valor de lo que habían encontrado:

Daga del amigo: no corta cuando la usas contra un amigo.

Cuerno del Socorro: al soplarlo todos los que no sean tus enemigos saben donde estás. Se escucha más o menos a una milla.

Sobreveste de Pelor (sagrado): Cura 1 PV/hora

Aceite de los Héroes (7 dosis): Ungido en la frente, +1 a todo en un encuentro completo

Botella Irrompible: traída de Otro Mundo, es de un material que no puede romperse

Manta Eterna: tiene las dimensiones que quieras

Anillo de las Lunas: Te duplicas como acción gratuita a menos de 5m que tengas a la vista, durante 1d6 asaltos. Al acabar tú eliges cuál era la copia y cuál no. Tiene dos cargas, una se recarga cada vez que Seluna cambia de fase, es decir, 1 vez a la semana, y la otra se recarga cada vez que Luna cambia de fase, es decir, 1 vez al mes.

Maza Rompedientes: Maza pesada que tira 1d12 de daño en vez de 1d10 y cuenta como mágica. Tiene penetración 5 en vez de 4 y el crítico es 19-20 en vez de 20.

Y un extraño cuenco con inscripciones, en los objetos mágicos de la Iglesia del Lago; el Consejero Real no vio que tuviese ninguna utilidad concreta pero es mágico

Luego pasaron los días. El resto de la semana fue tranquilo, se aproximaba la boda del Rey y lady Nanya. Escucharon noticias de un grupo de soldados de la Compañía Negra que partieron hacia la ciudad de Dor para escoltar hasta Akenar a la elfa Laowen Lanara, madre de Lady Nanya y esposa del difunto Simón Crowlet, más conocido como Príncipe Negro. Por desgracia la elfa no llegaría a tiempo para la boda real.

Maese Lufel, el enano Mayordomo de la Fortaleza Negra, se encargó de que el sastre real confeccionase vestuario apropiado tanto para Edderh como para Kork y Juan. La bárbara fue vestida con ropajes sencillos de mercenario, no con un vestido de doncella como mandaban las normas cortesanas, con la excusa de que era la guardia privada de Lady Nanya. Kork y Juan lucieron sobrevestes con bordados en las mangas de muy buena factura con un pequeño escudo rojo con una corona dorada en el pecho, la heráldica de los Crowlet. Incluso se cortaron el pelo y se afeitaron. Como guardias privados de la niña fueron de los pocos sin sangre noble con derecho a portar armas en la boda real. Por parte del Rey estaba su paladín Sire William y el Maestro de Armas de la Fortaleza, Eugine de Merk.

Todo empezó temprano el dóminus, celebraciones, nervios, pajes reales, bardos, caballeros, doncellas y, en general, toda la Corte pendiente de la ceremonia que se celebró en la catedral de San Gregorio. Una inmensa multitud llenaba la Plaza de la Justicia y ese día se indultó a todos los culpables de delitos menores.

Edderh se cruzó, en el banquete, con Ranulf, el nuevo conde de Castillo Gand. Cruzaron unas palabras.

También estaba, con cara de satisfecho, el Consejero Real Inman.

El banquete, a pesar de los malos tiempos que corrían, fue fantástico. Comida, música, gente, todo salió muy bien. Edderh aprovechó la tarde-noche para encontrar a dos o tres amantes, a los que dejó reventados en alguna despensa de la fortaleza. Kork, que había sido acompañado -sorprendentemente- por la elfa Ylina, estuvo sonriente toda la noche con ella del brazo -su brazo recuperado- y bailó hasta que le dolieron los pies. Juan comió y escuchó historias de los bardos.

Por fin se hizo noche. El baile y la comilona continuaron hasta tarde. Poco a poco la gente se fue durmiendo en el Salón del Trono -donde había sido el banquete- o marchándose a sus aposentos. Fue el caso de Edderh; cuando la svarda llegó a las estancias donde estaban quedándose aquellos días vio a Lara recogiendo algo de ropa para la pequeña Nanya y le preguntó. Al parecer el Rey, contento, había decidido pasar la noche junto a la niña. A la bárbara, por algún motivo, no le gustó aquello. Pero igualmente se fue a dormir pensando que, de todos modos, la niña Nanya era demasiado pequeña para yacer con un hombre -aunque fuese su marido- así que nada podía suceder.

Luego volvió Kork que había acompañado a Ilyna a las puertas de la Bóveda, bastante contento por cómo había salido la noche pues durante el banquete había sido nombrado caballero por la Reina. Cogió sus armas y se dispuso a pasar el resto de la noche en vela, con cara de orgullo. Juan dormía.

Mientras hacía guardia Kork se preguntaba por qué la niña Nanya, días atrás, le había dicho que tenía un mal presentimiento respecto a la boda. Quizás la niña estuviese nerviosa a fin de cuentas. O quizás no.

El caso es que antes de que amaneciese apareció la sirvienta Lara llorando histérica. Al parecer la niña y el Rey estaban en la habitación de éste y se oían gritos de la pequeña.

El Rey, por algún motivo, no había tomado sus hierbas -como el Consejero Real le había advertido a Edderh que tenía que hacer diariamente- y había enloquecido. Primero se enfureció y luego violó a la niña.

Edderh, Kork, Lara y Juan no pudieron evitarlo. Habían acudido a las habitaciones del Rey pero la Guardia Real les impidió el paso. Se trataba de caballeros leales que no dudaron en usar la fuerza para mantener apartados a todos, a pesar de los ruidos que se oían dentro. Lara estuvo por enloquecer y casi murió intentando entrar para detener al Rey. Uno de los caballeros la atravesó con su espada. Kork, por su parte, intentó desesperadamente buscar a Inman pero sólo supo que el Consejero Real había abandonado la fortaleza apresuradamente un par de horas atrás. Finalmente encontró a Sire William, el paladín del Rey, que dormía en el Salón del Trono junto a otros invitados de la boda.

El paladín no dudó en ir a las habitaciones del Rey y entrar en las estancias para detener lo que estuviese sucediendo. La Guardia Real no se atrevió a detenerle.

El Rey estaba con su espada mágica, Runa, sentado frente a la chimenea. Sobre la cama, casi inconsciente, la niña. Había sangre por doquier. El Rey les ordenó salir de allí pero Sire William sacó su espada para proteger a Kork mientras éste cogía a Lady Nanya.

Luego el kernio corrió para salir de allí, acompañado por Edderth y seguido por Juan, que llevaba a Lara, malherida. No supieron qué sucedió después de aquello, lo último que vieron fue a Sire William enfrentándose al Rey, uno con una Espada Celestial y el otro con Runa.

Cuando llegaron a las estancias la niña balbuceaba que quería salir de allí. Todavía sangraba cuando Edderth la cogió en sus brazos, los ojos llenos de lágrimas y los dientes apretados. Todo daba vueltas.

De repente, de la nada, vieron una línea de luz que abría como una puerta en la nada, brillante. Se quedaron atónitos al ver que, al otro lado de la puerta brillante, se veían unas montañas con algo de nieve y nubes y un cielo atardeciendo...

Nanya le pidió a Edderh que saliese, que quería salir de allí fuese como fuese. Así que sin saber qué demonios era aquella puerta ni quien o qué la había abierto, cruzaron tras coger sus cosas. Nanya, Edderh, Kork, Juan y Lara.

A los pocos segundos de cruzar la puerta desapareció.

Estaban en un valle alto, de montañas pronunciadas, en la ladera de una montaña. Apenas había vegetación allí, pero a un par de cientos de metros se veía una especie de torre de extraños tejados, varios, seis o siete. En la base de la torre había una estatua inmensa pintada de banco, un hombre gordo sentado con gesto reflexivo. Se escuchaba una campana o algo similar que sonaba gravemente desde la cima de la torre, pero no parecía un sonido de alarma sino algo mucho más sosegado. Gooong. Goooong.

Kork, al que muchos llaman el Elegido, abrió muchos los ojos y dijo señalando a la estatua:

-¡Es Bahbah!

 

 

Reino de Akenar


Luna Seluna


Partida #8 "El Monasterio de los Secretos" (xué miào mì)

Después de aparecer en las montañas a través de la extraña puerta luminosa, se acercaron a la pequeña torre con la estatua de Bahbah, en la que sonaba una campana grave. Allí había un monje de túnica naranja y pelo rapado con el que, de manera sorprendente, Nanya consiguió hablar. Al parecer la niña había aprendido más de lo esperado hablando con el monje Li Tzao...

El monje les dijo que había un monasterio al otro lado de la montaña al que debían ir. Viajaron hacia lo que parecía el norte y al anochecer llegaron a una gigantesca cueva en la que había cientos de estatuillas de Bahbah incrustadas en las paredes. En la entrada había una especie de refugio con grasa de animal para hacer fuego y un caldero metálico. Hacía mucho frío, sobre todo al caer la noche, así que decidieron dormir allí. El monje les dijo que los espíritus (mó) rondaban la cueva y era mejor no salir de la protección aunque escuchasen ruidos fuera pues era muy peligroso. Y los escucharon, a medianoche. Juan durmió pegado a la puerta y habría jurado que escuchó unas uñas arañando la madera fuera pero por la mañana no vio rastros de nada. Al alba se pusieron en marcha y caminaron por la cueva que tenía como una senda que se veía claramente. Había muchos otros caminos y bifurcaciones pero no se salieron de las marcas y en casi tres horas vieron la luz del otro lado.

Al salir de la cueva vieron que las laderas de las montañas allí daban paso a un abismo en cuyo fondo había un mar de nubes. En una de aquellas laderas había construido un extraño edificio que recordaba a los monasterios sillenitas, pero de otra factura. Era el Monasterio de los Secretos (xué miào mì), según supieron más tarde. Los monjes del monasterio parecían esperar al Elegido. No aclararon cómo pero dijeron que sabían que, en un momento de peligro, había sido dicho que el Elegido llegaría para salvarles del desastre. Y aquellos días ese desastre estaba cerca pues un numeroso grupo de bandidos se había dedicado a saquearles y, al parecer, estaba por regresar. El lama que mandaba en el monasterio respondía al nombre de Cimba. Les dio de comer y les dijo que esperaba que les ayudasen en aquel momento oscuro. Ellos aceptaron y luego supieron que los bandidos atacarían en una o dos jornadas.



Cimba hizo lo que pudo para que tuviesen lo que necesitaban. Arroz, ropa para el frío, sobre todo. Luego les enseñó todas y cada una de las habitaciones del Monasterio de los Secretos salvo una: la Estupa, el lugar más sagrado donde, según dijo, se guardaba un aceite que había pertenecido al cuerpo del propio Bahbah.

Ellos se pasaron la noche discutiendo la mejor manera de defender un lugar plagado de puertas e idearon un plan. Los monjes se esconderían en la Estupa, como solían hacer, y Lara en otra estancia a la que llamaban Sala de Tinta. El resto emboscaría a los asaltantes. Cuando, a la mañana siguiente, llegaron los bandidos, el plan casi les sale bien. Y decimos casi porque Kork fue claramente derrotado en un pasillo y estuvo cerca de morir. De hecho fue hecho prisionero y robado, perdió todo su oro y plata y su espada bastarda. Afortunadamente Edderth, Juan y la pequeña Nanya tuvieron más fortuna en la refriega y fueron muchos los bandidos que encontraron la muerte aquel día. Capturaron también muchos caballos montañeses y, finalmente, consiguieron liberar a Kork justo antes de que los bandidos se diesen a la fuga.

A pesar de la victoria muchos de los bandidos habían huido así que decidieron perseguirlos para intentar acabar con ellos. Antes de hacerlo Cimba les agradeció el enorme favor que habían hecho por el Monasterio de los Secretos y, como recompensa, les permitió ver la reliquia de Bahbah -lo cual, en algún que otro sentido, les reconfortó-. Tras eso, y sin más dilación, cogieron unos pocos víveres y antorchas y se fueron en pos de los bandidos que habían elegido el camino de la cueva como lugar de huída. Lara se quedó en el Monasterio, nada podía hacer una sirvienta en aquellos menesteres.

Corría el 2 de marzo del año imperial 1081 DS.

 

Yang Tien


Luna Seluna


Partida #9 "En el País de las Nubes"

Así pues Edderth, Kork, Juan y Nanya cabalgaron tras los bandidos que habían huído por la cueva. Éstos tenían algo de ventaja, quizás una o dos horas, pero Juan a veces se bajaba del caballo y revisaba que el rastro de los jinetes continuaba por el camino en la gruta. En un momento dado se percató de que algo menos de la mitad de los jinetes se desviaba por un ramal de la cueva, y esa fue la primera vez que dudaron en aquella persecución. ¿Seguir al grupo mas numeroso por campo abierto o, por el contrario, buscar a los que se habían desviado a un posible refugio en las cuevas?

Decidieron lo primero.

Salieron de la gruta, pasaron la Atalaya Imperial -que cada vez que pasaba alguien hacía sonar una campana- y empezaron a vez yaks por la zona, una especie de buey lanudo de las montañas. Al parecer era muy comunes en esas tierras. Poco después vieron que del grupo de bandidos uno se había separado. Intentaron seguirlo pero se les hizo noche y encima se puso a nevar. Tuvieron que rendirse y hacer un refugio para protegerse del frío o, por el contrario, podrían haber muerto.

Tuvieron que recular al día siguiente y continuar siguiendo al grupo numeroso de jinetes. Antes del mediodía llegaron a una bifurcación donde de nuevo los bandidos se dividían, la mitad para un lado, la otra mitad al otro. A la niña Nanya le pareció que si lo que buscaban era la espada de Kork, entonces deberían seguir el camino del este -aunque en aquel momento ellos aún pensaban que era el oeste, por la posición del sol-. Así fue como llegaron a una aldea que estaba al borde de un abismo tras el cual sólo había un mar de nubes. La aldea se llamaba Wufù, y todos los campesinos se habían escondido de ellos. A través de una puerta consiguieron hablar con el alcalde y aunque parecía que encubrían a los bandidos al menos recuperaron la espada bastarda de Kork. En el asunto del dinero o capturar a los ladrones se dieron por vencidos, al menos allí.

Fue entonces cuando Kork encontró un pergamino con una extraña marca, el símbolo del Caos pintado con tinta negra. Lady Nanya lo reconoció, al parecer se llama "Marca del Caos" y es un poderoso conjuro de muerte que invoca un horrible peligro contra la víctima del hechizo. Alguien, en algún lugar, estaba deseando un gran mal al kernio.

Camino a la aldea de Wufù habían visto unas simas en el suelo de la meseta. En una de ellos vieron restos dejados por algún animal grande y no tardaron en verlo, horrorizados. Un animal enorme con el cuerpo más grande que una vaca, con apariencia de lagarto alado, estuvo sobrevolándoles un rato. A pesar de sus temores de ser atacados por el monstruo éste se limitó a volar en círculos y aterrizó por allí husmeando. Luego se marchó.

Azuzados por el miedo, trataron de volver apresuradamente a la cueva pero no tardaron mucho en ver a un jinete con armadura completa, negra, y un corcel igualmente negro acorazado. Como contaban con arcos y ballestas en aquel momento pudieron mantenerlo a distancia matando a la montura y luego, viendo el enorme peligro, se dieron a la fuga.

Pasaron por la Atalaya Imperial rumbo a la cueva. Cuando llegaban a esta pudieron oír la campana de la atalaya de modo que dedujeron que alguien -quizás el caballero oscuro- les estaba siguiendo.

Como ya caía la noche no les quedó otra que usar el refugio en el que habían dormido días atrás. Fue allí, y a mitad de la noche, cuando les atacó el caballero siniestro que intentó asaltar el lugar con su mandoble. A pesar de ser un terrible enemigo allí no encontró otra cosa que la muerte.

Luego cerraron la puerta del refugio y pasaron la noche aliviados...

A la mañana siguiente se sintieron algo más animados y pensaron que, en vez de regresar al Monasterio de los Misterios, bien podían echar un vistazo en las cuevas e intentar capturar a los bandidos que se habían ocultado allí. Se pasaron la mañana siguiendo el rastro que, poco a poco, les apartó del camino y les condujo a lo que, efectivamente, parecía una madriguera de ladrones.

Pero ésta no estaba del todo desprotegida. Kork pudo jurarlo porque probó una de las trampas de estacas de bambú. Además tenían una puerta con aspilleras cerrando el refugio pero Juan y su buena puntería bastó para romper la moral de los defensores que se rindieron.

Se trataba de apenas siete yangs, escuálidos, al parecer campesinos desesperados que robaban al monasterio para poder pagar los impuestos del año siguiente. Les dieron tanta lástima que acabaron por perdonarle y Nanya incluso les dio algo de oro. Eso si, les advirtieron que si volvían a robar no habría otra indulgencia...

Luego se fueron al monasterio.

Una vez allí Cimba, el lama, les agradeció todos los esfuerzos que habían hecho por el bien del lugar y de Bahbah, su dios-hombre. Les dijo que en el País de las Nubes, donde estaban ahora -dentro del Imperio de Yang Tien- no podrían hacer otra cosa que esperar a que una caravana llegase con arroz y bienes para el monasterio. Esperaban una para el mes siguiente así que podrían estar allí mientras tanto.

Así fue como pasaron no un mes sino siete semanas en aquel monasterio aprendiendo el complicado idioma yang, que la pequeña Nanya dominaba a la perfección de manera extraña. Edderth aprovechó el tiempo para cabalgar por la meseta y enterarse de paso que los Xiäo Lóng o "pequeños dragones" que habían visto no comían animales y muchas veces eran capturados y usados como montura por los yuang. De paso se estuvo fabricando en el monasterio su propia armadura con pieles de yak. Kork aprovechó el tiempo para practicar esgrima con la pequeña Nanya, para descubrir que la niña era inusualmente rápida con cualquier arma. Juan, además de romperse la cabeza con el idioma, estuvo tratando de trabajar un poco en flechas y arcos pero le faltaba buen material. Eso si, durante esas semanas pudo conocer mejor a Lara y pareció que la mujer le era amigable. Descubrieron, de paso, que el otoño había llegado a aquellas tierras altas, y se extrañaron pues en Akenar justo empezaba la primavera...

Finalmente, pasadas las semanas y echando un poco de menos la comida normal de Akenar, llegó una caravana de mercaderes de las tierras bajas que dirigía sus camellos lanudos a la pequeña ciudad de Zhan Chang, la primera plaza bajando del País de las Nubes.

Cimba tuvo a bien hacerles algunos presentes como gesto de cortesía. Luego les presentó a Garkan, el mercader al cargo de la caravana que al parecer traía arroz, verdura y fruta a cambio de carne de yak, manteca y huesos.

No tardaron en hacer un acuerdo con Garkan, a cambio de poder ir en la caravana se encargarían del primo de este, llamado Jampa, que, al parecer, se había vuelto loco y estaba matando campesinos en la aldea de Zhunei. Jampa había empezado a adorar a un dios del este y había perdido el juicio... ellos accedieron a matarle si realmente comprobaban que lo que Garkan aseguraba era cierto.

También conocieron a Kofu, el jefe de los mercenarios que vigilaban la caravana hasta Zhan Chang y Edderth hizo algunos tratos con él.

Así fue como un buen día 22 de Abril del año imperial 1081 DS dejaron el País de las Nubes y se dirigieron a las tierras bajas de la provincia de Xuê Shan, que en idioma común significa, Provincia de las Montañas Nevadas.

Las distancias en las montañas siempre son engañosas y quizás por eso ellos pensaban que la bajada sería más rápida. La enorme caravana dirigida por Garkan (aunque empezaban a sospechar que la que realmente estaba al mando era una mujer a la que los yang llamaban Ye Zhu, que literalmente significa "el dueño", y que habían visto en la tienda de Garkan el día del trato y varias veces en un palanquín en uno de los camellos lanudos) bajó lentamente por los serpenteantes senderos de las montañas. El frío no arreció, al menos en la primera semana, y cruzaron numerosos puentes de piedra que unían gigantescas mesetas de tierra; imposible decidir si los puentes eran obra de hombres o de la propia Naturaleza. Y así, poco a poco, se acostumbraron a comer sopa picante y los revueltos que los soldados de Kofu preparaban en sus propios escudos llamados wok.

Entonces llegaron a la altura de las nubes y entraron en una espesa niebla que no se disipó durante casi una semana. El 7 de Mayo salieron por fin de la niebla que según supieron era la frontera del País de las Nubes. Abajo les esperaban inmensos valles de terrazas de arroz y cereales donde empezaron a ver campesinos que huían de ellos o que se tiraban al suelo para dejarles pasar, jamás mirándoles a la cara.

En los valles el frío era menos intenso y ya no nevaba. Siguieron bajando por caminos algo más transitados y aparentemente más seguros hasta que el día 14 de Mayo llegaron hasta un inmenso bosque de unas extrañas plantas altísimas, los yang le llaman el Gran Bosque de Bambú. Tendrían que cruzarlo para llegar a Zhan Chang.

Sin embargo quedaba algo por hacer para saldar la deuda con Garkan. Su primo Jampa vivía en una aldea cercana llamada Zhunei, y el mercader les había dicho que se había vuelto loco y por lo tanto, antes de que causase más deshonor a la familia, tenía que acabar con su vida. Y ahí entraban ellos.

Se fueron solos, incluso sin caballos, a la aldea de Zhunei. Kofu les había advertido contra los osos panda que habitaban la región, y con razón: se encontraron con uno que les atacó con fiereza y tuvieron que matarlo junto a la calzada, después de llevarse un buen susto. Tras eso, el camino principal se bifurcaba hacia la aldea y pronto empezaron a ver campesinos empalados a los lados del camino. Horrorizados por esta visión empezaron a entender que Jampa efectivamente se había vuelto un loco sanguinario y quizás si tendrían que matarle. Descubrieron por las malas que el loco había hecho algo a los campesinos de modos que ni estaban vivos ni muertos y muchos de ellos merodeaban la aldea, que había ardido, y atacaron al grupo en cuanto se acercaron.

Tuvieron que llegar a la aldea de Zhunei combatiendo a aquellos desgraciados y mataron a muchos antes de llegar. La aldea había ardido y alguien había construido una especie de subterráneos. El grupo entró en ellos buscando a Jampa y, tras muchos peligros y combates, lo consiguieron encontrar sacrificando a los pocos campesinos que quedaban vivos.

No sin grandes riesgos, consiguieron acabar con Jampa y su ayudante y salvaron a los pocos que quedaban vivos. Entre ellos un tal Yi Liao, hijo de un wu jen -como llaman a los magos en Yang Tien- de Zhan Chang. Quemaron el subterráneo y dejaron allí el cadáver de Jampa, destrozado por Edderth a la que intentó embrujar varias veces antes de ser atravesado por Llamaazul. La pobre Nanya casi muere en los combates y tuvieron que sacarla en brazos.

Regresaron por el horrible camino hasta la bifurcación y allí Yi Liao les dijo que le buscaran en Zhan Chang, su padre les agradecería el haberle salvado.

De vuelta en el campamento de Garkan y la caravana, el mercader dio el trato por satisfecho. Dos días después, el 17 de Mayo del calendario arcano, llegaron a la ciudad de Zhan Chang, más de dos meses y medio después de llegar a las tierras de Yang Tien, al otro lado del Orbe.

 

Yang Tien


Luna Seluna


Partida #10 "La huída de Zhan Chang"

Al llegar a la ciudad de Zang Chang les impactó el enorme tamaño de ésta. Supuestamente era una pequeña ciudad de provincias pero desde las laderas altas del valle parecía más grande que la propia Akenar: un mar de casas de tejados de pizarra negra, curvos, muy parecidos entre ellos. En el centro del mar de tejados, una muralla roja no muy alta y, tras ella, edificios de tamaño inmenso pero idéntico diseño. Aquí y allí podían verse torres no muy altas compuestas por muchos tejados superpuestos.

Al entrar en la ciudad conocieron el significado de la palabra caos. Un sinfín de gente que hacía parecer a la bulliciosa Akenar un lugar vacío y silencioso. Yang por todas partes, vendiendo comida, orfebrerías, bambú, medicinas, setas, pollos vivos o cocinados, cerdos, papel y un sinfín de cosas.

Pararon en la posada de Fan Fan, un yang en el que Kofu confiaba. Decidieron pasar allí la noche y, de paso, intentar buscar al wu jen llamado Liao, tal y como les había dicho el joven que habían liberado unos días atrás. Pagaron al Segundo Hijo Menor de Fan Fan para que fuese a la Ciudad Interior y avisase al mago de dónde se hospedaban.

Hay que decir que claramente ellos llamaban mucho la atención en aquella ciudad. Cuando entraron en la sala principal de la posada todos les miraron y durante un rato cesó toda actividad. La noticia de su presencia allí no debió tardar mucho en llegar a oídos del Mandarín Zhu Yu, que según supieron era una especie de señor feudal con extraordinario poder sobre la vida y la muerte de todos sus siervos. Zhu Yu mandó a la posada a su sirviente guerrero Yalafren, un hombre de las tierras polvorientas de Ulgol, al noroeste del país. Yalafren habló con Kork y con Juan en la posada, "pidiéndoles" que al alba se personasen en el palacio de la Ciudad Interior para ver al Mandarín.

Sin embargo cuando Yalafren se fue, uno de los lugareños que estaba allí bebiendo bao jiao (una especie de aguardiente yang) se reveló como el wu jen Yie Liao, el padre de Yi Liao al que habían salvado de una muerte horrible, o algo peor. Se trataba de un viejo simpático que les ayudó mucho a salir del enorme problema en el que se encontraban: al parecer el Mandarín era un hombre sanguinario y no se esperaba nada bueno de aquella audiencia. El maestro Liao les aconsejó huir de la ciudad y les prometió ayudarles a conseguirlo: iría a por unos siao long -pequeños dragones- y podían volar hasta la Montaña Nevada del Dragón de Jade, al borde de la Caída del Tigre que finalizaba la enorme meseta del País de las Nubes y daba paso al País de Arroz. Según Liao en la cima de la montaña había un viejo lugar construido por los Antiguos que era una especie de Portal que, con ciertos peligros, les podía conducir de regreso a Akenar. Quizás.

Aceptaron la ayuda del Wu Jen que se fue a por los pequeños dragones. Ellos sólo tendrían que esperar una hora y salir en plena noche de la posada para llegar a una plaza que estaba a dos o tres manzanas de allí.

Huir de la posada no fue tan sencillo como esperaban puesto que el Mandarín había enviado a unos ninja o "guerreros de la sombra" para tenerlos bien vigilados. Para salir de la posada tuvieron que luchar con dureza pues los sicarios del mandarín eran bien peligrosos.

Pero lo consiguieron, a pesar de salir malheridos. Llegaron a la plaza donde efectivamente estaba el Wu Jen y tras un rato de desconfianza hacia los pequeños dragones, escaparon de allí volando. Kork en uno. Edderth y Nanya en otro. Juan con Lara y, finalmente, el Maestro Liao en el mayor de ellos, a la cabeza y guiando el vuelo de todos.

La salida de Zhan Chang fue extraña, algunos lugares tenían luz y la vista era increíble pero alrededor de la urbe todo era oscuridad. Volaron casi a ciegas hasta cruzar las nubes donde, con Seluna llena, la vista del mar de nimbos azules les impactó con su belleza. Y su frío, pues pronto tuvieron que bajar a unas montañas escarpadas a buscar una cueva donde pasar la noche y entrar en calor. Aparte de eso el Maestro Liao debía regresar para asegurarse de que no los seguían, así que encontrada una cueva metieron en ella a los pacíficos dragones y el wu jen dejó un Espíritu del Fuego para calentarlos a todos y poder irse tranquilo.

Decidieron dormir, realmente estaban cansados del frío y de la huída de la ciudad. Fue una noche tranquila, especialmente para Edderth que se hizo una cama con su manta mágica.

Por la mañana el Wu Jen no había regresado y ellos tenían algo de hambre y nada de provisiones. Edderth y Juan pensaron que era buena idea salir de la cueva y cazar algo en la montaña, así que salieron. Se dieron cuenta de que la entrada de la cueva estaba camuflada mágicamente de forma magistral de forma que desde fuera no se veía el menor hueco en la ladera de la montaña.

Bajaron juntos por la pendiente donde crecían algunos pinos de formas raras y curvas, nada que ver con los buenos pinos de Draak. Incluso las ardillas eran raras allí. Trataban de cazar un par de ellas para asarlas cuando, casi sin darse cuenta, se encontraron una especie de trono de piedra con una urna encima. Nada bueno. Antes de poder salir de allí una forma de humo verde con un rostro horrible salió de la urna y les atacó.

Fue una lucha fiera donde ambos estuvieron por morir a manos del espectro ancestral. Sólo la espada mágica del padre de Nanya pudo salvarles de la perdición, y casi ni eso. Cuando derrotaron al monstruo encontraron una joya azul donde antes había estado la horrible aparición. Luego regresaron asustados a la cueva pensando que era mejor pasar algo de hambre antes que morir, y de aquella manera además.

Cuando volvieron, el Wu Jen acababa de regresar. Les dijo que era una locura lo que habían hecho, aquellas montañas eran muy peligrosas. Y no era lo peor que les podía haber pasado, recalcó.

Traía noticias negras de la ciudad. El posadero Fan Fan y toda su familia habían sido pasados por cuchillo por haber permitido que escaparan. Eso les dio una idea de la crueldad del mandarín...

Mientras comían lo que el wu jen creó -arroz y agua- hablaron con él de algunas cosas. Le cambiaron la joya del espíritu ancestral por un "espíritu chivato", como él lo llamó. Cosas de magos. La pequeña Nanya se hizo cargo de él. Viendo que era un hombre muy sabio Kork le estuvo haciendo preguntas sobre el cuenco que llevaban con ellos. Les dijo que él oía lo que le decían algunos espíritus, y estos decían que el cuenco era una llave. La Llave, de hecho. Abría o cerraba alguna puerta que era importante, o lo sería en el futuro, o lo había sido en el pasado.

También veía en los espíritus que todo aquello tenía que ver con dos joyas, como el ying y el yang, o el Equilibrio, como suelen llamar los Yang Tien. Una de ellas, roja, la otra verde. Una representaba la balanza del mal y el caos, la otra del bien y la ley. De la misma forma veía dos estatuas. Y al Elegido, aquel llamado para traer el equilibrio en las cosas. O destruirlas. No estaba claro.

Después de hablar de eso descansaron largamente mientras él dormía. Más tarde partieron hacia la Montaña Nevada del Dragón de Jade. Les llevaría una semana volando llegar allí, al Refugio de los Antiguos, un edificio rojo de muchos tejados construido en un lugar imposible, la cima de la montaña más alta que habían visto en sus vidas, rodeada de picos nevados donde no crecía ni un árbol ni nada de nada. Sin duda sólo se podía llegar volando allí.

El Refugio de los Antiguos era un lugar que abría una puerta al Otro Lado. El Maestro Liao les dijo que las reglas de las cosas eran diferentes allí donde iban y tendrían que ser muy cautelosos. Tendrían que buscar en el Mar de Estatuas la Torre de las Puertas. Desde allí seguramente podrían viajar de regreso a Akenar. Pero dentro del Laberinto -así le llamó- la magia era más poderosa que en el mundo normal. La plata era protectora, círculos de plata, puertas de plata, lo que fuese era bueno. No debían decirle a nadie su nombre, bajo ningún concepto. No hacer ningún trato, por pequeño que fuese. Usar la menor cantidad de magia posible, porque podían perder el control sobre ella. Dormir poco o nada, a ser posible, y siempre hacer guardias. No comer ni beber nada en absoluto, así muriesen de hambre. Evitar, a ser posible, dejar objetos dentro, o sacarlos fuera del Laberinto; podía ser peligroso. Tener los ojos bien abiertos y no fiarse de las apariencias sino de los hechos.

Después de esos consejos, se fue con sus pequeños dragones.

 

Yang Tien


Luna Seluna


Partida #11 "En el Laberinto"

El Maestro Liao los dejó en el Refugio de los Antiguos. Se trataba de un edificio pintado de rojo formado por varios tejados superpuestos. En su interior una habitación sencilla con líneas en el suelo formando círculos y cuatro estatuas de elfos con orejas muy largas. En el suelo, según Nanya, estaba estrito un calendario que, por algún motivo, parecía concluido. La niña no fue muy clara al respecto de esto.

El caso es que tuvieron que esperar unas horas hasta que la puerta mágica por la que pretendían salir de allí se abriese. Y así fue, unas escaleras que bajaban aparecieron de repente en el centro de la habitación formando una espiral.

Kork cruzó el primero.

Cuando se dio cuenta estaba subiendo en vez de bajando.

Así fue como entraron en El Laberinto. Un lugar extraño, sin duda, formado por gigantescas columnas que llegaban a un techo increíblemente alto. Se veían islas de piedra flotando en la nada, cararatas de agua que no se sabía de dónde salían, murallas tremendas y un mar de estatuas cubriendo todo.

Más adelante no podrían precisar cuánto tiempo estuvieron dentro ni recordar con precisión lo que sucedió. Tuvieron que cruzar puentes con caídas mortales, hablar con bocas pintadas en las paredes, luchar con minotauros y con un contemplador -una criatura legendaria-, viajar a fortalezas de hombres-rata, cruzar bajo la atenta mirada de estatuas vigía, ver monstruos de tamaño absurdo, caballos con las pezuñas y crines de fuego y, en general, un lugar compuesto por muchos y ninguno a la vez.
 


En El Laberinto encontraron el Pozo de las Verdades, donde, según les dijo su guardián -un enano que no paraba de comer, protegido en un círculo de plata- podrían hacer una pregunta que sería respondida con la verdad más absoluta. Y eso hicieron.

¿Cuál es la puerta que lleva a Akenar?

La que está marcada con un Dragón en la Torre de las Puertas.

¿Dónde estás las dos joyas?

Una es la Joya Maldita, está en la Isla de la Garra. Está aliada con el Caos y el Mal, principalmente, es roja y una potente maldición pesa sobre ella. La otra es la Joya Verde, un angreal en poder de unos elfos que están en Levante. Es verde y está alineada con la Ley y el Bien.

¿Dónde se encuentran los Portales de la Ley y el Caos que están causando el desequilibrio de las cosas?

El Portal del Caos está en la Isla de la Garra, en el centro del Lago Ark, y está abierto. El Portal de la Ley está actualmente en Iliya, en Yvonesse, y está cerrado.

¿qué podemos hacer para que las cosas, en el mundo, vuelvan a la normalidad?

Nadie puede hacer nada salvo el Elegido que tendrá que intentar reponer el equilibrio de las cosas. Esto lo conseguirá o bien cerrando el Portal del Caos o bien abriendo el Portal de la Ley, pues uno anula al otro. Para hacer esto necesitará la Llave.

...en el tintero se quedó el papel de las dos joyas en todo esto, entre otras cosas.

Luego se encaminaron, cansados y confusos, a la Torre de las Puertas que, según sus cálculos, no se encontraba lejos del Pozo de las Verdades. Parecía fácil llegar. Desde allí esperaban regresar con vida a Akenar, a través de la puerta marcada con un Dragón.

 El Laberinto


   
   

 


Partida #12 "El Elegido"

Salieron del Pozo de las Verdades con cautela pues Juan había visto una especie de viento que barría el suelo en el Mar de Estatuas. Edderth trató de sonsacar a la niña acerca de qué pregunta había hecho en el Pozo pero Lady Nanya no se mostró muy dispuesta a hablar; su expresión era, de hecho, un poco taciturna. Se dirigieron a la Torre de las Puertas y caminaron durante varias horas tratando de acercarse sin conseguirlo demasiado. Kork incluso llegó a subirse a una de las estatuas gigantes para divisar la torre pero cuando estaba encaramado le pareció que el edificio estaba mucho más cerca. Se trataba de una gigantesca torre de ladrillo rojo brillante en cuya base había numerosas puertas de metal negro, cada una de ellas marcada con un símbolo. Por desgracia la torre estaba vigilada por un puñado de minotauros con los que hubo que combatir para poder pasar; la pobre Lara no murió en el combate por los pelos...



Tras la lucha, malheridos, se encontraron en la base de la torre con un hombre de armadura negra que portaba varias armas y un libro. Les dijo que había sido clérigo sillenita, años atrás, y que había intentado viajar por el Laberinto soñando. Pero algo había salido mal y su alma se quedó atrapada allí dentro mientras su cuerpo moría en el castillo de su padre, cerca del Bosque de los Druidas, al oeste del Castillo de la Tabla, en Akenar. Les pidió que si era posible fuesen al castillo y enterrasen su cuerpo para poder liberarle de vagar eternamente en el Laberinto como un alma en pena... luego les estuvo ayudando, les mostró dónde estaba la puerta que conducía a Akenar y de hecho les habló de otras puertas que llevaban a lugares de Draak, la Colina Verde, Ghal Kastar, la isla de Azur, Alos, Talion... ellos finalmente decidieron entrar en la de Akenar. También les previno contra los peligros de la Antecámara. Al parecer algunas entradas al Laberinto poseían una especie de estancias de vigilancia donde se podían encontrar guardianes defendiendo el sitio de intrusos y viajeros perdidos... en la entrada de Akenar, según les dijo, había una especie de perros mágicos que atacaban a uno en gran número... Por lo que pudieron deducir en la conversación el Laberinto era usado por los Antiguos para viajar, aunque eso no significa que lo creasen ellos, obviamente. Seguramente era un lugar que ya estaba alli cuando ellos empezaron a habitar el Orbe..

Cruzaron la puerta de Akenar y efectivamente encontraron unas estancias de mármol donde fueron atacados por una multitud de perros. Fueron superados de tal manera que casi perecen en el ataque y tuvieron que refugiarse en una habitación sellada por una puerta de plata. Estaban tan heridos que tuvieron que esperar casi dos días para reponerse de las heridas y recuperar las fuerzas. Juan estaba preocupado porque se les había acabado el agua y la comida y no tenían muchas más opciones aparte de salir corriendo por donde ellos esperaban que estuviese la puerta. Entretanto registraron minuciosamente el refugio y encontraron un compartimiento secreto donde alguien había guardado una espada llamada Lyrion -lo decía en la hoja de la espada, según pudo leer Nanya-; pero no se atrevieron a llevársela con ellos.

Cuando se vieron preparados para salir de allí abrieron la puerta -ni sin antes intentar que el espíritu chivato de Nanya indagase algo, pero no hubo suerte- y salieron corriendo hacia lo que podía ser la salida. Vieron, de hecho, cómo se invocaban los perros guardianes pero no les dio tiempo de mucho más pues cruzaron la salida sin presentar combate.

Al otro lado les esperaban las tierras de Akenar. Habían llegado a Yang Tien a principios de Marzo -del año 1081 DS- y ahora estaban a finales de Septiembre del mismo año.

También les esperaba Inman. Según les dijo su intuición de mago le ayudó a saber dónde encontrarles -y cuándo-. Tenía que hablarles de algunos asuntos de importancia extrema lo antes posible.

Empezó por disculparse con Kork. Lo había utilizado meses atrás para disimular la presencia del Elegido en Akenar. Varios poderes en la urbe percibieron la llegada de alguien especial a la ciudad e Inman, como miembro de la Orden de la Estrella, fue uno de ellos. Se dio cuenta con rapidez de que la niña Nanya era el Elegido y no se le ocurrió otra idea que llamar la atención sobre el kernio para distraer a los posibles enemigos de la niña y a los seguidores del caos. Encantó a numerosos seguidores para que le proclamasen en la ciudad e hiciesen ruido. Esto ocasionó algunas muertes y lo lamentó mucho en su momento.

También él planeó la boda con el Rey Otto. Como Lady Nanya no quería la encantó para que cambiase de opinión. Pensó que desde el trono de Akenar podría cumplir mejor su cometido como Elegido: traer de vuelta el equilibrio al mundo. Obviamente dentro de sus planes no entraba lo sucedido: la noche de bodas el Rey Otto bebió mucho vino y vomitó las medicinas que le mantienen tranquilo. Eso, como todos sabían, trajo nefastas consecuencias aquella noche.

Luego les contó la historia del Elegido:

Sebastian Crowlet, el abuelo loco de Nanya que mató al Príncipe Negro ante los ojos de Kork y Li, no era otro que el tataratataratatara nieto de un hombre llamado Siva, que llegó al Orbe hace más de mil años. Al llegar reunió a los pueblos bárbaros que ocupaban la región y fundó una pequeña ciudad y construyó una fortaleza, donde los Crowlet continuaron viviendo de generación en generación. La ciudad fue a más y la llamaron Áquila porque suele haber bastantes aves en los llanos en los que se encuentra. Los Crowlet siempre se distinguieron por ser buenos gestores y muy inteligentes en la guerra. Dice un dicho arcano que el mejor general es el que evita una batalla: y eso hicieron. Cuando el Imperio de Akenar se hizo grande se hicieron vasallos del Emperador. A la provincia se la llamó Dortoña. Los Crowlet era el más antiguo de los linajes en Akenar aunque nadie reparó realmente en ello en todos estos años. Sólo algún historiador eclesiástico llegó a notar que Dortoña era la única provincia que jamás había participado en una guerra directamente, nunca había tenido un conflicto civil, sus nobles nunca guerreaban entre si, incluso apenas había bandidaje o saqueos, y todo eso gracias a la hábil gestión de la casa ducal. Al caer el Imperio -hace medio siglo- la provincia se convirtió en el único Reino en paz de las decenas que habían formado el conglomerado imperial.

Desgraciadamente había enemigos con mucha memoria.

Algunos estudiosos -como Morgenes o el propio Inman- se encontraban preocupados por algunos signos astrológicos que mostraban que el drakenffein (Fin de los Días) podría ser posible en aquellos tiempos. Eso significaba el fin de todo. Los signos que lo empezaban a mostrar eran bruscos y aleatorios desastres naturales, caída inexplicable de el orden establecido (como la caída del Imperio o la misteriosa desaparición de la amenaza conquistadora del Reino de Akgard), confusión, plagas, cambios en el clima, y, en definitiva, la llegada del Caos -que es el que en definitiva arrasaría con todo-.

Sin embargo Morgenes había vaticinado que algunos poderes quizás intervengan para evitarlo -o eso espera la Orden de Magia-. El orden divino no podía hacerlo directamente porque estaba escrito -no se sabe cómo ni por quién- que no podían, pero sí podían hacer que ciertas cosas "coincidiesen".

Así que "había coincidido" que la nieta de Sebastian Crowlet fuese hija de Simón Crowlet, que tenía sangre de los antiguos angka -gardios, se llamaban en Akenar- sin saberlo, y de la elfa Laowen Lanara, que, también sin saberlo tenía sangre de los Antiguos por sus venas. Gardios y Antiguos eran enemigos milenarios en el Orbe.

De manera que la niña, Nanya, era la primera de su estirpe en la que la vieja sangre había renacido. Cómo iba a influir en el futuro del mundo aún no se sabía... lo que sí se sabía es que a los 7 años la niña era paladín de Gah, sabía manejar todas las armas de manera natural, armaduras, hablaba todos los idiomas, tocaba todos los instrumentos musicales, tenía intuición sobrenatural y recuerdos no sólo suyos sino de muchos antepasados... pero seguía siendo una niña.

Más o menos eso les contó Inman.

Lo que Inman no sabía es que ellos habían descubierto cómo debían hacer para traer el equilibrio de nuevo al mundo. Le hablaron de ello y de la Isla de la Garra. A todo esto descubrieron horrorizados que la ciudad de Iliya en Yvonesse había caído bajo los ejércitos del Rey Demonio Oonegith, tal y como habían oído meses atrás en las profecías de Morgenes -y que habían olvidado-.

Más noticias nefastas: el Rey había pagado a la Araña para que capturase a Nanya y la llevase de vuelta a Akenar. La hechicera era un enemigo peligroso que no podían ignorar así que decidieron viajar al Este para alejarse lo más posible de allí y quizás ganar un poco de experiencia juntos hasta verse capaces de ir a la Isla de la Garra y tratar de cerrar el Portal del Caos...
 

Al despedirse, Iman les dio un anillo con una estrella, símbolo de la Orden de Magia, que les permitiría pedir ayuda a cualquier mago que viesen -de la Orden, claro está-. Le previno contra la Araña pues la hechicera tenía una bola de cristal que la hacía muy peligrosa -con la que podía averiguar dónde estaban ellos-. El guerrero que la acompañaba, un svardo llamado Wallan, también era famoso por su destreza con la espada y su puntería letal con las hachas.

El plan inicial de ellos sería ir a Cros Ard a comprar caballos y armaduras, era una fortaleza enana y no debería ser difícil encontrar cosas allí para comprar. Luego quizás buscar el castillo del clérigo que encontraron en el Laberinto, cerca del Bosque de los Druidas. Viajar a Páramo y luego más al este, quizás a Las Piedras o Punta Aguja, y quizás cruzar el Mar de Vain hasta Vilonia. Inman les dijo que en Torre de Caine vivía un gardio que quizás podría enseñar a la pequeña Nanya a manejar sus poderes.

Así que sin dilación bajaron por una soga -pues se encontraban en las Columnas de Dios, en un lugar muy alto donde estaba escondida la puerta del Laberinto- y se despidieron de Inman. No tardaría mucho en atardecer pero todo el camino andado ponía espacio entre ellos y los sicarios del Rey.

 

Reino de Akenar


Luna Seluna


Partida #13 "La muerte de Edderth"

Se despidieron de Inman cuando consiguieron bajar de la cueva donde estaba la puerta del Laberinto. El mago les previno contra los lobos en la región pero viniendo de donde venían éste era el menor de los problemas. Buscaron un lugar donde acampar y pasaron la noche otoñal muy tranquilos. El olor del bosque y las colinas era tal y como solía ser y les reconfortó haber vuelto a unas tierras que conocían.

El viaje a Cros Ard fue bastante tranquilo. Por el camino se cruzaron con un grupo de soldados de la Legión IV que por algún motivo el Rey había movilizado. Aparte de eso, comprobaron que las tierras al este de las Columnas de Dios eran bastante tranquilas pues estaban llenas de granjas, plantíos, pastores y siervos trabajando lo cual siempre era un indicativo de paz en aquellos tiempos. Llegaron a Cros Ard el martes 2 de Octubre del año 1081 DS para comprobar que el lugar era poco mas que una aldea que rodeaba a una fortaleza enana. Eso sí, en la fortaleza se podía divisar una extraña silueta redonda flotando sobre las almenas. Escucharon que se trataba de un invento enano denominado globo, y que volaba. Antes de buscar los caballos que pretendían comprar en la aldea o visitar alguna herrería en busca de armaduras decidieron pasar la noche en la Parada de Ronco, un lugar enano donde la cerveza era buena y la comida era aún mejor. Les ofrecieron habitaciones baratas y el dueño, un enano acaudalado llegado del sur hacía unos meses, incluso se ofreció a guardarles el oro en su caja fuerte, en los subterráneos de la posada. Kork aceptó pensando que los enanos tenían buena reputación como banqueros honrados. Quizás se equivocó.

Cenaron bien esa noche y todo parecía tranquilo pero Nanya le dijo a Edderth que notaba algo extraño en aquel sitio. Como que las cosas no eran lo que parecían... por desgracia la bárbara hizo caso omiso de las palabras de la niña... Habían pagado dos cuartos en la posada, en el piso superior de la sólida construcción de piedra. Juan tuvo la prudencia de echar un vistazo en los muros de la habitación en la que iban a dormir los hombres y descubrió un diminuto agujero en la pared, a la altura de los ojos de un enano más o menos. Sospecharon entonces que alguien quería espiarlos. A esto se añadía que durante la noche habían notado que un par de enanos no les quitaban ojo de encima... Atrancaron las puertas y se fueron a dormir.

No habían pasado más de tres horas cuando un enano sirviente fue a llamar a la puerta donde dormía Kork. Su señor, Ronco, había estado contando el oro guardado y la cantidad no coincidía con la que supuestamente había dejado Kork. El kernio le dijo que ya hablarían por la mañana y el sirviente se fue. Pero no tardaron en seguirlo en silencio, Kork y Juan, a ver qué sucedía allí. La posada estaba bastante silenciosa y les costó trabajo no hacer ruido a pesar de que el suelo era de piedra. Había gente durmiendo en el salón de abajo e incluso en las cocinas. Siguieron al sirviente hasta las estancias subterráneas privadas en las que Ronco tenía la caja fuerte. Edderth, entretanto, se había despertado y con ella Nanya y Lara. Apartaron la cama de la svarda de delante de la puerta para poder salir y bajaron.

En el subterráneo, entretanto, Kork escuchó a Ronco hablando con otros enanos. Kork decidió entrar en la estancia para aclarar el asunto del dinero pero lo que había no era lo que él esperaba ver. No se trataba de un almacén sino de una estancia bizarra con signos pintados en el suelo con pintura roja... o sangre. Se trataba de una trampa. Encima los enanos accionaron un mecanismo que les dejó encerrados a Kork y a Juan allí abajo. Por supuesto no se rindieron. Es más, hubo un duro combate allí abajo, varios enanos contra ellos dos mano a mano. Al otro lado de la puerta Edderth tratando de entrar ayudarlos y muchos enanos de las cocinas que no sabían una mierda de lo que estaba pasando allí. Nanya consiguió que ayudaran a Edderth y finalmente asaltaron las estancias donde Kork y Juan luchaban por su vida. El kernio, malherido, en el suelo. El arcano en medio de un montón de hachas, pero no por mucho rato; pronto se vio que los enanos no podrían con ellos y Ronco decidió encerrarse y escapar prendiendo fuego a todo allí abajo.

La velocidad con la que la posada empezó a arder hacía pensar que aquel método de huida no era una improvisación sino un plan preparado de antemano. Salieron de la posada al igual que muchos que estaban pasando la noche allí y mozos y cocineros. Sin embargo Nanya parecía saber por dónde saldría Ronco. Había un pozo en las cuadras de la posada y al parecer había una salida secreta oculta allí. Corrieron al pozo y allí pillaron a uno de los secuaces de Ronco salieron, dieron buena cuenta de él con rapidez. Abajo estaba el enano como una rata en su madriguera. Sin embargo Kork pensó que quizás podía escaparse por otro lado así que se lanzó al pozo medio a lo loco. El enano podía estar desesperado pero era un oponente serio, según el kernio estuvo en el agua le propinó un hachazo que casi lo deja en el sitio. Kork tuvo que sumergirse para salvar el cuello. Fue ese el momento fatídico en el que Edderth, al ver la vida del kernio en serio peligro, decidió saltar a salvarle sin saber que jamás saldría viva de aquel pozo. Saltó al agua y según bajó Ronco le propinó un hachazo que la mató, devolviéndola de golpe a la compañía de Gleind, Dios de los Svardos.

Kork, entretanto, luchaba por su vida bajo el agua teñida de sangre y fue entonces cuando encontró un cofre metálico allí sumergido. Juan, desde arriba, presenció toda la escena y a pesar del propio riesgo para su vida saltó al pozo para vengar a la svarda. Ronco intentó repetir su hazaña pero esta vez no fue tan rápido y Juan le acabó atravesando el corazón con la propia espada de la bárbara, Llamazul.

Salieron del pozo con el cadáver de Edderth, mojados, ensangrentados y tosiendo humo. Además de eso, se dieron cuenta de que el hacha del enano estaba envenenada de modo que Nanya trató de ayudarles a resistir el veneno. Vomitaron sangre pero aquello no les mató. Así fue como perdieron a Eddeth. En la plaza de Cros Ard, junto a una posada en llamas.
 
Muy pronto llegó la guardia del castillo y por mucho que los paisanos trataron de apagar el fuego de la posada nunca lo consiguieron. El grupo mientras tanto estaba desolado. Lady Nanya lloraba frente al cadáver de Edderth mientras Lara trataba de consolarla. Juan y Kork también estaban afectados. Bajó entonces un capitán de la guardia, un enano llamado Tulmo, y les dijo que interrogarían al prisionero -pues en el combate habían capturado a uno de ellos vivo- y se aclararía lo que había pasado allí. Entretanto deberían permanecer retenidos en la fortaleza junto con otros sospechosos de la posada. Entregaron sus armas y pasaron la noche en el largo salón del castillo de Cros Ard.

Fue por la mañana cuando llegó el señor del lugar con un grupo de guardias. Murdak Kaas, se llamaba. Un enano de larga barba rubia y ojos azules, piel blanca y muchas pechas. Y alguna cicatriz que otra en la cara. Les dijo que había estudiado las pruebas y que estaba seguro de que ellos eran culpables de lo sucedido así que podían considerarse prisioneros. Fueron conducidos a las mazmorras y encadenados a los muros de piedra oscura que hay en el subsuelo de la fortaleza. Los barrotes eran de hierro reforzado y apenas entraba luz por un ventanuco. Se pasaron allí el día entero sin poder hablar con nadie. No les sirvieron nada de comer o beber, ni siquiera un simple trozo de pan y agua. A la mañana siguiente, muy temprano, Murdak regresó para anunciarles que había decidido ejecutarlos colgándolos en el patio, al amanecer. Juan, con la voz rota, se ofreció a ser el primero. El conde enano, al ver su valentía, se rió de él y ordenó que ejecutasen primero a Lara ya que le había parecido que sucedía algo entre ellos. Así fue cómo se llevaron a Lara, y esa fue la última vez que la vieron viva.

Se quedaron destrozados por lo que acababa de suceder. Juan llorando en una esquina, tratando de no ser visto. Entonces, con los ojos enrojecidos, se le ocurrió que si no desvelaban que Lady Nanya era la Reina de Akenar morirían allí todos como perros. Llamó a uno de los guardianes y se lo contó. El enano puso cara de susto y se fue corriendo. Durante un rato no supieron qué efecto había tenido la noticia pero pronto llegó otro enano de barba corta, morena, bastante joven, con un delantal de cuero y varias herramientas colgando de él. Se presentó como Yurrik, el enano del que habían oído maravillas como inventor y herrero el que había fabricado el globo que flotaba sobre la fortaleza. El enano les dijo que venía a salvarlos y que si Murdak se enteraba de aquello la niña moriría en un instante. Los liberó y les dijo que juntos escaparían en el globo lejos de allí.



Juan se acordó entonces de las profecías y del Cuenco. No podían dejarlo allí. Le dijo al enano que debían recuperar su equipo así que él les explicó cómo salir al patio y se fue a hablar con el mayordomo del castillo que, a buen seguro, tenía las cosas de ellos. Salieron a la muralla de la fortaleza enana y vieron, en el centro del Patio de Armas, vieron a Lara, ahorcada. Jurando venganza subieron las escaleras y se subieron al globo. Yurrik no tardó en regresar con parte de sus pertenencias, había tenido que sobornar al mayordomo con medio centenar de monedas de oro. Se subió al globo con ellos. Era un habitáculo de madera no muy grande, parecido a la bodega de un barco arcano. Atrás tenía un artilugio de hierro que estaba muy caliente y temblaba haciendo ruidos rítmicos, y cuando se dieron cuenta todo se movió y empezaron a subir, dejando atrás la fortaleza de Cros Ard y a Lara y Edderth muertas.

El viaje fue silencioso y triste. Tardaron tres días en llegar a Azken Muga, una pequeña ciudad enana cuyo señor, lord Beomir, era un viejo amigo de Yurrik. Un viejo arcano pero muy amigo de los enanos. Llegaron al castillo de Azken Muga y una criada llamada Lydia les dijo que el señor estaba enfermo esos días y que les recibiría lo antes posible. Entretanto les prepararon unas estancias de huéspedes en el propio castillo. Juan y Kork debían hacer unas cuantas compras y debían esperar unos días a que los herreros enanos del lugar les preparasen un par de buenas armaduras.

Nanya les dijo que su tía, una elfa del oeste, estaba por llegar.

 

Cros Ard


Luna Seluna


Partida #14 "La muerte de Juan"

El lunes por la mañana tuvieron una audiencia con Beomir, el señor de Azken Muga. Tuvieron que subir una incontable cantidad de escaleras, cruzar patios y puentes para subir desde la Torre de la Piedra, donde se encontraban sus aposentos, al Observatorio, donde el Señor les había convocado. Una vez allí tuvieron un extraño encuentro con aquel hombre que, a pesar de estar medio borracho, les dio una buena bienvenida a la ciudad. Enterado de que lady Nanya era la Reina, les aconsejó que la niña se hiciese pasar por su pariente para asegurarse de no buscarse problemas. Fue entonces cuando llegó Eireen, la tía de Lady Nanya, una elfa llegada de Myrl que, con mensajes de viento, había conseguido encontrar a la niña en aquella fortaleza enana.

De regreso a los aposentos escucharon que en la ciudad había sucedido algo extraño, se había abierto una grieta enorme bajo el Gran Molino, un edificio que estaba junto al río. Kork se preocupó recordando lo que había sucedido en Áquila, hacía medio año, y aconsejó a Freddus, uno de los guardias de la Torre de la Piedra, que se investigase el asunto (ahí fue cuando se enteró que éste era hijo del propio Beomir).


Lady Nanya se fue a hablar en privado con su tía y la puso al corriente de todo lo que había sucedido hasta el momento, sin omitir ni suavizar nada. Desde lo sucedido en Áquila hasta el largo viaje a Tang Tien. Una historia de peligro, magia oscura y terribles profecías.

Entretanto Juan se había ido a la ciudad a beber y aplacar el recuerdo de Lara. Kork, que quería ir al Gran Molino a investigar, lo estuvo buscando y lo encontró bebido en una de las tabernas. Varios hombres le ayudaron a llevarlo de regreso a la Torre de la Piedra. El propio Kernio se acercó al molino, a lo largo del día, y observó horrorizado que bajo la grieta había una especie de entrada redonda sobre la que había un gong de bronce con el símbolo del Caos marcado encima...

De regreso en la fortaleza hablaron con Lord Beomir acerca de todo aquello. Se acordó que se protegería el área alrededor del molino y que se sacaría de él todo el grano que fuese posible. Además varios entrarían a investigar qué demonios pasaba allí. Esos varios serían Kork, Eireen, Juan (recuperado de su borrachera gracias a Lady Nanya), Cappio, Thur, Glook, Ranulf y Loboloco, los cinco últimos enanos de la fortaleza, guerreros de confianza de lord Beomir.

Antes de que bajasen el enano Yurrik regaló al kernio un trabuco que había fabricado. Un arma moderna, le dijo. Lady Nanya y él se quedarían en la Torre de la Piedra preparando el Globo por si acaso todo salía mal allí abajo.



Se hicieron con agua bendita y pociones que les dio Alexandre, un clérigo sillenita enano. Ostyr, el mayordomo del señor, les dio lo necesario en cuerdas y equipo para túneles. Y entraron.

Cuando, más adelante, se le preguntó a Kork acerca de lo sucedido allí abajo, no fue muy claro al respecto. El kernio contó que e trataba de cuevas de piedra con algunos refuerzos de hierro, pasillos estrechos y ruido de tambores y alguna trampa y sangre. Fueron atacados por extrañas criaturas llamadas trollocs, engendros del caos, y en el ataque mataron a muchos pero Juan, Thur y Ranulf perdieron la vida. La elfa Eireen sobrevivió usando la espada de Nanya, Llamaazzul, que hasta hacía bien poco había llevado la desaparecida Edderth.

Encontraron una estancia donde tres de estos engendros realizaban algún tipo de ritual y había un pozo de luz blanca. Estaban protegidos por un Campeón del Caos, y no era la primera vez que Kork veía uno de aquellos inmensos guerreros de armadura increíble, más de dos metros de alto portando un hacha inmensa en cada mano. Se enfrentaron al Campeón y vieron que era un formidable oponente pero, en un momento dado, se les ocurrió asetear a los engendros que realizaban el ritual. Consiguieron matarlos y el lugar, de repente, pareció perder consistencia y los muros se vinieron abajo.

En la huída el Campeón del Caos les siguió y quizás hubiese salido de allí si Glook, uno de los enanos, no se hubiese plantado a evitar que saliese de allí. El enano murió como un héroe, dando su vida por la ciudad de Azken Muga y sus hermanos.

Se escuchó un ruido como me mil vendavales juntos y la puerta de la sima del caos que se había abierto de repente desapareció.

Muchos enanos habían muerto pero lo que le dolió a ellos fue la caída de Juan, explorador, primero entre los vasallos de Lady Nanya y amigo.

Eireen le enció un mensaje de viento a la niña. La sima del caos destruida. El amigo muerto.

 

Azken Muga


Luna Seluna


Partida #15 "La salida de Azken Muga"

Aquella tarde tuvieron que realizar la triste tarea de enterrar a Juan. Como sillenita, se le dio sepultura en el cementerio de una de las iglesias de la ciudad y el propio señor Beomir acudió a la misa. También lo hizo su hijo Hernán, un paladín que, según dijo, se había pasado gran parte de su vida en la guerra.

Durante el funeral la pequeña Nanya estuvo triste, claro. Su tía Eireen se empezó a dar cuenta de que en ocasiones cuando la niña daba una orden no había manera de resistirse a cumplirla. O si la había, pero sólo para ella quizás por su condición de elfa -o por ser familiar, quien sabe-.

Por la noche se reunieron en la fortaleza donde el señor Beomir les había invitado a cenar y había invitado a Demian, un mago entrado en carnes que había pasado muchos años en Azken Muga. Así fue como Hernán, el hijo del señor, se enteró de lo que había sucedido realmente en la Fortaleza Negra la noche de bodas entre el Rey Otto y Lady Nanya, y lo que había hecho Sire William al respecto. Aparte de eso, el mago Demian había pasado parte del día investigando los restos de lo que habían destruido bajo el Gran Molino y había sacado un par de deducciones interesantes: se trataba de algún tipo de conjuro divino, es decir, lanzado por clérigos. Era un hechizo poderoso y creía que lo habían lanzado desde la propia Akenar o alrededores... para lo cual se necesitarían entre diez y veinte clérigos y algunos sacrificios humanos para conseguir el poder sagrado necesario... Ellos le hablaron de La Araña y los planes del Rey de recuperar a Lady Nanya y fue entonces cuando el mago se ofreció a "ocultarles", puesto que era ya algo más que un rumor el que Amelia Nadie (ese era el nombre de La Araña) poseía una bola de cristal con la que quizás podía estar observándoles en aquel momento. Demian se fue a su torre a por materiales para
ocultarlos. Y fue lo último que hizo porque, que se sepa, jamás llegó a su casa.

Al mismo tiempo que sucedía esto un jinete llegaba a la ciudad con un carromato. En su interior portaba un pesado cofre. El nombre del jinete era Drake, un caballero de aspecto siniestro que portaba una espada de hielo negro. Un seguidor del mal. Portaba una bandera blanca y solicitó una audiencia con el Señor Beomir y la Reina así que, de alguna forma, sabía de la presencia de Lady Nanya en Azken Muga.

Sire Drake, antipaladín, adorador de Oonegith (uno de los tres Reyes Demonio), traía una historia para ellos y un presente. Lo que les había venido a decir es que su señor no era responsable de los fatídicos acontecimientos que habían sacudido a los reinos de los hombres en las últimas décadas. El culpable de todo aquello no era otro que el Señor del Caos, un ente que pretendía arrasar con todo el mundo conocido e instaurar lo que algunos llaman el Reino de la Noche. Reconoció, eso si, que los seguidores de Omuth se habían aliado con el Señor del Caos. Del tercer Rey Demonio no se habló mucho puesto que hacía no demasiado que Avarrak había estado cerca de ser destruido por -curiosamente- el hermano de Amelia Nadie (La Araña), el guerrero Mario Nadie.

Al parecer el Señor del Caos había conseguido entrar en el mundo años atrás y ahora se estaba dedicando a arrasarlo poco a poco.

Oonegith estaba en cierto modo preocupado por el posible éxito del Señor del Caos. El Rey Demonio aspiraba a dominar el mundo, no a destruirlo, y por lo tanto había decidido -puntualmente y sin que sirviese de precedente- aliarse con las fuerzas del Bien y ayudar al Elegido, es decir, a Lady Nanya.

Usando sus propios métodos, Oonegith se había enterado de la existencia de la Puerta del Caos y de la Puerta de la Ley, aunque esta última no era otra que la
Luna de Plata, un angreal guardado por los seguidores de Corelion en Iliya, la Corte del Reino Élfico de Yvonesse. Como no estaba muy seguro de que los elfos dejasen el angreal a Lady Nanya cuando llegase el momento de usarlo, decidió evitar dicha incertidumbre y atacar la ciudad con un ejército de svardos, la sitió, la asaltó y la tomó. Y del Gran Templo de Corelion se llevó el objeto venerado por los elfos y se lo dio a uno de sus hombres -Sire Drake- para que se lo llevase a Lady Nanya. Sabía, también, que la niña necesitaría la Joya Verde para poder usar el espejo. Sire Drake no dijo nada pero se sobreentendió que los seguidores de Oonegith estaban buscando la Joya Verde para llevársela a Lady Nanya. Lo último que se sabía de la joya es que la tenían unos elfos que salieron apresuradamente de Rocamar...

Ni qué decir tiene que Lady Nanya, Kork y Eireen no se habían esperado ese giro en los acontecimientos. Obviamente los métodos de los Reyes Demonio distaban mucho de los que ellos habrían elegido para hacer algo y a pesar de que el fin
era el mismo -salvar el Orbe- se quedaron horrorizados por la muerte innecesaria de tantos elfos...

A pesar de eso respetaron la tregua y dejaron marcharse a Sire Drake. El paladín Hernán lo acompañó a las afueras de la ciudad. Fue al volver cuando se enteró de que el mago, Demian, había sido asesinado a cuchillazos en un callejón no muy
lejos de su torre, en la Colina de los Cinco Barrios...

La niña tenía una constante sensación de peligro inminente que al principio achacaron a Sire Drake pero poco a poco empezaron a pesar de que a pesar de ser un malvado esbirro de Oonegith, no parecía ser la fuente del peligro. Examinaron
la carreta y Eireen pudo sentir el poder de Corelion impreso la Luna de Plata...

La niña, entretanto, había pedido al paladín Hernán que les acompañase en su viaje. No tenían muy claro dónde ir porque allí estaban poniendo en peligro a mucha gente. Kork les recordó que tenían una promesa por cumplir en
Cuelgatrasgos, un castillo arcano algo al oeste del Castillo de la Tabla, en el Bosque de los Druídas, donde se encontraban los restos del Viajero que se habían encontrado días atrás en el Laberinto. Le habían prometido darle sepultura para
que su alma dejase de vagar, y lo pensaban cumplir.

Irían en el globo de Yurrik, era la manera más sencilla de llegar al bosque sin cruzar a caballo medio reino. Consultaron los mapas del enano y comprobaron que estaban realmente lejos.

Sin embargo antes de salir se aseguraron de que tenían las armaduras de mithril -el señor de la ciudad dio órdenes especiales para que se trabajase en ellas lo que hiciese falta para que estuviesen acabadas de inmediato- y el globo cargado
de víveres. Pero cuando ya estaban por irse tuvieron otro contratiempo: Wallan, el Guardián de Amelia Nadie. Los Guardianes generalmente son guerreros que se vinculan a un mago o hechicero y que les defienden de peligros mundanos. Son perros de presa, vigilantes y en ocasiones, cazadores. Wallan era todo eso y más. Un svardo curtido en mil combates. Estaba allí acompañado de cuatro guerreros fieles que seguramente también eran Guardianes de la Araña. Trataban de capturar -¿o matar?- a la niña, pero no les fue muy bien en ello. Hernán, el paladín, les destrozó con rapidez. Wallan, de hecho, murió bajo la espada del paladín. Tres de los atacantes se rindieron y dijeron que pretendían capturar a la niña con vida, pero dio la sensación de que una fuerza invisible los llevó a suicidarse. De hecho una vez muertos sus cuerpos volaron en pedazos, algo que habría sido muy peligroso de encontrarse en el globo de Yurrik. Luego se les apareció la figura de una mujer
morena de ojos oscuros -aunque llorosos- que juró matarlos a todos. Dedujeron que se trataba de La Araña, muy enfurecida por la muerte de sus Guardianes.

Salieron de Azken Muga no sin antes revisar el globo. El enano Yurrik sospechaba que alguien había estado tocando la comida porque él era muy meticuloso en el orden y no le pasaba desapercibido algo de revuelto. Volaron con el globo cobre
los campos del condado -casi todos los árboles del valle estaban a medio proceso de perder las hojas y el paisaje era una maravilla de marrones, castaños y ocres- y a un día de distancia pararon en un monasterio sillenita para cargar comida en buen estado. El prior del lugar -que por suerte tenía Poder- investigó la comida y descubrió que ésta ocultaba un sutil y poderoso veneno que posiblemente los habría vuelto locos y enfrentado entre ellos... a Kork esto le recordó mucho a lo que había pasado en Áquila, mucho tiempo atrás, cuando eran los guardaespaldas del padre de Lady Nanya... hacía muchas vidas de aquello... El prior bendijo el globo para evitar que la Araña lo espiase con su bola de
cristal, al menos durante unas horas.

Entretanto el paladín había estado haciendo algunas cosas por su cuenta. En el Monasterio de San Blaak le habían dado un símbolo sagrado con el que estaba en contacto diario con el Alto Lector Kelvin, en la Isla de Atolón, la máxima
figura de la Iglesia Sillenita. Los seguidores de Gah, cansados de permanecer pasivos ante el cúmulo de desgracias que habían llevado a la caída del Imperio, trataban de luchar con el Mal y el Caos allí donde lo encontrasen y en aquellos
tiempos su Eminencia, Maese Kelvin, había logrado una posición de preeminencia en la lucha por el poder dentro de la Iglesia (a la que se habían dedicado en cuerpo y alma muchos obispos y cardinales hasta el momento). Lo dicho, Hernán
había estado informando a Maese Kelvin y así fue como se enteró de que la Inquisición había tratado de asaltar la Torre de la Araña para detenerla. La sensación de ser observados se le fue a Lady Nanya. Sin embargo al día siguiente
Hernán se enteró que más de la mitad de los inquisidores de la ciudad habían muerto por la noche en extrañas circunstancias. Todo daba a entender que en Akenar había una feroz lucha sin que quedase muy claro quiénes eran exactamente
los contrincantes...

Ajeno a todo eso, el grupo llegó a Cuelgatrasgos a mitad de octubre, casi nueve días después de haber salido de Azken Muga. Si bien ellos esperaban una torrecilla en el bosque lo que encontraron estaba muy lejos de aquello: un castillo inmenso en ruinas, de altísimas murallas, torres, una iglesia gigante, patios, puentes y una enorme cantidad de trasgos...

 

Azken Muga


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Partida #16 "Cumpliendo promesas"

Se tomaron un rato para avistar las torres del castillo de Cuelgatrasgos desde el cielo. Luego Yurrik acercó el globo lo más posible a la torre más alta y bajaron por la escalerilla de cuerda hasta las almenas de piedra gris. Kork, Eireen, Hernán y la pequeña Nanya. Sabían que la fortaleza era peligrosa y que estaba plagada de trasgos y quizás cosas peores así que decidieron ir lo más rápido posible a la iglesia, que era donde creían que estaría el cuerpo que buscaban...

Por supuesto tuvieron que combatir. Los trasgos de la torre no estaban muy organizados, sobre todo al principio; luego la oposición fue creciendo y aparecieron trolls, trasgos granaderos, domadores de garrapatos y bombas de fuego trasgas... aún así los humanoides no consiguieron frenar a los aventureros que llegaron hasta la iglesia y de allí a las catacumbas donde antiguos monjes sillenitas habían sido enterrados tiempo atrás. Al fondo de un oscuro pasillo encontraron una sala en la que yacía el esqueleto de un hombre con una túnica negra raída... seguramente sería el hombre que buscaban, el clérigo cuyo espíritu rondaba por el laberinto y que les había pedido ser enterrado.

Se lo llevaron y salieron de allí, no sin antes detenerse unos instantes en una estancia secreta en la que Nanya había visto algo. Fue Kork el que acabó por encontrarla y sacar de allí un pequeño saco y un libro de Escrituras Sagradas sillenita.

Escaparon en el globo de Yurrik dejando atrás aquel nido de trasgos y carroña...



Una vez en el aire pudieron ver que la bolsa que había encontrado Kork tenía dentro un brazalete de cuero con adornos de hilo de plata. Había sido creado con magia arcana.

Decidieron poner rumbo al Castillo de la Tabla, seguramente allí podrían enterrar al pobre clérigo. Tardarían varios días en llegar allí, luego tendrían que repostar algo de combustible para el globo -carbón o cualquier cosa que arda-, agua y comida.

Durante el camino Eireen estuvo hablando con Lady Nanya. Se había dado cuenta de que cuando portaba el cuenco éste brillaba con gran intensidad. Sin embargo cuando lo soltaba no parecía mágico en absoluto. Cuando lo portaba la elfa podía ver un aura muy poderosa que incluso dejaba pequeña a la del angreal Luna de Plata que llevaban en el globo. Hicieron algunas pruebas y acabaron por descubrir que cuando la niña portaba el cuenco nadie -salvo un elfo, que ellos supieran- podía resistirse a una orden directa.

Así pasaron tres jornadas en las que probablemente asustaron a los lugareños de los feudos colindantes al Bosque de los Druidas puesto que el globo de Yurrik nunca había sido visto tan al norte.

Llegaron un jueves que se había puesto lluvioso. El globo no era nada agradable cuando había viento, incluso -según Yurrik- podía ser peligroso navegar por el cielo con vientos fuertes y no era muy difícil imaginar el porqué.

Cuando se acercaron al Castillo de la Tabla divisaron sus imponentes murallas verticales y los varios anillos defensivos de la ciudad. El el centro estaba el famoso Castillo de la Tabla, con una gigantesca torre redonda de piedra blanca como la nieve, aunque cubierta en gran parte por enredaderas. Sobre el tejado del castillo les estaban esperando varias personas, un caballero, una mujer con aspecto noble portando espada, un clérigo entrado en años con pelos de loco y dos muchachos portaestandartes, uno con el escudo blanco con una tabla negra sobre la que descansa un cáliz -el escudo de armas del Castillo de la Tabla- y otro con fondo verde, un caballo y una espada brillante -el escudo de armas de Sire William Lonshire-.

Los que les esperaban era la señora de la ciudad, una condesa arcana llamada Lady Amara, junto al mismísimo Sire William Lonshire, Caballero de la Tabla y portador de una de las Trece Espadas Celestiales sillenitas. Junto a ellos, Morgenes, un clérigo sillenita que supuestamente tiene visiones del futuro nefasto del mundo.



Fueron bienvenidos en la fortaleza y en esa jornada sucedieron bastantes cosas. Se enteraron de que Sire William se había refugiado allí después de huir de Akenar y en ese momento era prisionero de Lady Amara que, como buena sillenita, seguía las órdenes del Rey de apresar al paladín. En ocasiones lo justo y lo correcto no es lo mismo y para los sillenitas, adoradores del Dios de la Justicia, se planteaban problemas morales de esa índole. ¿Debería seguir las órdenes del Rey o seguir su conciencia? La noble acabó por decidirse al ver a Lady Nanya, la Reina. Decidió informar al Rey de que liberaría a Sire William, y punto. No tardó mucho en mandar un mensaje a Akenar.

Kork y Nanya hablaron con Lorren, un mago de la Alianza que estaba en la ciudad. Les ayudó a identificar el brazalete que habían encontrado en Cuelgatrasgos.

Cenando, hablaron con el viejo Morgenes. Él había sido un alto cargo en la Iglesia, incluso había llegado a ser Obispo de Akenar hasta que hace unos años empezó a tener visiones y finalmente se apartó de la vida secular. Su ayudante, Maese Kelvin, tomó su puesto y actualmente es el Alto Lector de la Iglesia, en espera de que un Concilio lo acabe por nombrar Papa. En cualquier caso Morgenes era un clérigo capaz de obrar milagros. Les contó que había visto que estarían seguros en el Castillo de la Tabla por una semana, luego eso cambiaría bruscamente. También supieron por él algunas noticias siniestras. Eireen había perdido a un ser querido hacía muy poco y aún no lo sabía. Uno de los hermanos de Hernán estaba planeando matar a su padre y hacerse con Azken Muga. Y en un orden distinto de términos les contó que hacía una semana que la torre del Archimago, donde estuviese, había sido destruida y él, Merion, había muerto en el ataque. También sabía que la Araña les perseguía.

Hablaron del Señor del Caos. Morgenes había visto con claridad que la Araña tenía un vínculo con él y quizás sería una forma de localizarlo puesto que estaba seguro de que estaba en Akenar deshaciendo sin pausa por las noches lo que otros hacían por el día. Llevaba ya muchos años haciendo aquello en el anonimato y ese era uno de sus mayores poderes, era indetectable por ningún medio -salvo por su vínculo con la Araña-. Sospecharon que quizás el propio Rey Otto podía ser el Señor del Caos pero el paladín William lo desmintió. Conocía bien a Otto casi desde niño. Si había perdido la razón era por motivos bien conocidos por ellos dos, no porque fuese un ente de otro mundo tratando de arrasar con todo. Además sus hierbas le mantenían cuerdo, más o menos. Cuando no las vomitaba -objetó Kork-. El paladín negó que el Rey hubiese vomitado nada el día de su boda... el razonamiento de Inman al respecto de lo sucedido entre el Rey y Nanya pasaba porque Otto, habiendo bebido de mas, había vomitado las hierbas que le mantenían cuerdo. Sin embargo el paladín había estado con él en todo momento y no le había visto ni beber tanto ni vomitar. Y se las había dado él en persona de las manos del Alquimista Real, que también era incuestionable. Se llamaba Lucius. Un borracho. Pero entonces empezaron a darse cuenta de que Lucius tenía bastante relación con los tristemente famosos Hermanos Nadie, uno de los cuales no era otro que Amelia Nadie, la Araña. William recordó que fueron ellos los que lo trajeron, muchos años atrás, antes de la caída del Imperio, a la ciudad de Akenar. Traído de un extraño lugar en otro mundo. William lo sabía muy bien pues su difunto padre se había pasado muchos años en el mismo lugar.

No estaban seguros pero era posible, que el tal Lucius fuese no otro que el mismísimo Señor del Caos.

Para evitar la llegada del Reino de la Noche el Elegido tendría que abrir las dos puertas, la del Caos y la de la Ley (ésta última llamada el Espejo de Plata). Las puertas se abrían con dos joyas, la Joya Maldita y la Joya Verde. Para expulsar al Señor del Caos éste tendría que pasar por las dos puertas a la vez. Y el cuenco, según les había revelado el Pozo de las Verdades, sería clave.

(A todo esto Kork les hizo a todos una demostración de los poderes del Anillo de las Dos Lunas)

La Puerta del Caos y la Joya Maldita estaban en la Isla de la Garra. El Espejo de Plata en un cofre en el globo del enano Yurrik, regalo del siniestro Oonegith. Y la Joya Verde estaba al sur del Bosque de Ován, en algún lugar de Levante. Además de eso tendrían que ir a Akenar y capturar al tal Lucius, si eran capaces. El alquimista no tenía poderes pero sí contaba, como poco, con espías, una temible hechicera y trece clérigos, como mínimo. Sabían eso porque Morgenes les habló de un hechizo, el Vórtice del Caos, que abre una puerta a un Alto Templo del Caos que arrasa un lugar, como sucedió en Áquila o estuvo a punto de pasar en Azken Muga. El hechizo necesita trece clérigos para ser lanzado y un sacrificio de cien personas. También se enteraron que quizás camuflaron la desaparición de tanta gente con la partida de gente al Reino de Eria, un lugar muy al Este donde hay una cruzada contra los no-muertos que ha de ganarse. Pero esa es otra historia.

Se quedaron cenando y pensando qué hacer. Lucius en Akenar. La Araña viajando hacia ellos. La Joya Verde en el sur. El padre de Hernán a punto de ser traicionado. El prometido de Eireen quizás muerto. Y el Rey pronto sabría que estaban allí, si no lo sabía ya. Muchos cabos sueltos.

 

Castillo de la Tabla


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Partida #17 "La captura de Lucius"

En la cena se habló un poco más de la historia de Lucius. Al parecer había sido aprendiz de un viejo mago llamado Looke hacía un milenio, sin embargo éste había desaparecido bruscamente de los libros de historia. Por lo que sabía Sire William, porque se lo había contado su padre, el mago vilonio viajó a al sur de Ala'i y donde capturó a un poderoso genio y luego a un lugar llamado "Las Islas", una especie de prisión mágica. En la construcción de la misma le ayudaron Helinna, su amada, Lucius el Alquimista, Ynoth el Inventor (del que se había oído que también había regresado a Vilonia hacía unas décadas), Eron el Guerrero y Vimaar la Ayudante Espiritual. El objetivo de la prisión era tener allí encarcelado al Genio, de nombre Ulkar abrim ibn Ulgair, pero algo salió mal. Helinna murió, Lucius traicionó al mago Looke y lo asesinó. Vimaar también desapareció y Eron decidió ayudar al Genio a salir de la prisión y murió intentándolo. En una prisión intemporal, pasaron cientos de años encerrados y en ese tiempo es posible que el Señor del Caos se hiciese con el cuerpo de Lucius o lo suplantase de alguna manera. Lo cierto es que cuando un grupo de aventureros lo liberó junto al padre de Sire William, le abrió el camino al Orbe al ser más peligroso que había pisado la faz del mundo.   

Después de una cena tan poco tranquilizadora decidieron que tenían que actuar. El plan que finalmente pensaron sería intrépido pero no tenían muchas otras opciones. Viajarían al Monasterio de los Viajeros más cercano, que se encontraba en Saint Gall, en la mitad de la Campiña, y lo atravesarían para desplazarse a Akenar. Allí atacarían al Señor del Caos, si es que efectivamente se trataba de Lucius -que no estaba seguros, pero creían que si- y lo capturarían. Entretanto Sire William esperaría en el Castillo de la Tabla custodiando la Luna de Plata junto a Morgenes y, una vez pasado el tiempo en el que Lady Amara liberase al paladín, éste viajaría hasta Saint Gall donde se encontraría con Yurrik (que se quedaría allí guardando el globo hasta pasado el invierno, pues con el frío la navegación aérea se convertía en una actividad muy peligrosa). Si ellos tenían éxito llevarían a Lucius capturado a Atolón donde, a buen seguro, tendrían más opciones de retenerlo que llevándolo como prisionero por el mundo adelante.

Esa noche Hernán la pasó con Lady Amara. Los peligros que les esperaban en el futuro eran inmensos y cualquier consuelo era bueno para sus espíritus. Al día siguiente, sabbat 20 de Octubre, partieron del Castillo de la Tabla según lo planeado.

Tardaron bastantes días en sobrevolar los inmensos campos de hierba de la Campiña y sus feudos en declive. Aquellas tierras, otrora ricas y fértiles, eran ahora un sin Dios de guerras, luchas entre feudos, bandidaje y peligros. Por suerte ellos sobrevolaron los caminos ajenos a los mundanos problemas de los viajeros comunes, deteniéndose sólo para reponer agua en algún río o para comprar víveres en alguna aldea fortificada que no les lanzaba flechas por el simple hecho de ser extraños (eso sin contar que en la Campiña el globo asustaba a la gente y la alteraba mucho). Tres semanas después, el sabbat día 13 de Octubre, llegaron a la decrépita ciudad de Saint Gall, una extensa plaza de altas murallas blancas sin reparar y techos afilados de pizarra negra, callejuelas sucias embarradas en una cuesta arriba que conducía al viejo castillo altísimo de los antiguo Duque Angus de Praia, primo del Emperador Glaumar. Sin embargo nada más lejos de la realidad en aquellos tiempos difíciles que atravesaban aquellas tierras que estaban regidas por un tal Arturo, un muchacho violento y fiero que les recibió en el castillo con un montón de hombres de armas, asustado por el globo de Yurrik, posiblemente. Fue la magia de la pequeña Nanya la que ayudó a evitar un problema serio en Saint Gall. Entraron en el castillo con el "permiso" del tal Arturo, influido por los poderes de la niña y el Cuenco. Descubrieron allí que el noble tenía maltratada a una de las hijas de su mayor rival, Lady Lisa, y que el consejero, Gared, era un hombre que fingía ser un pendenciero pero, en secreto, deshacía parte de las maldades de Arturo. No tenían tiempo de deshacer tamaño entuerto así que buscaron refugio en el empobrecido Monasterio de la Orden de Viajeros, que tenía las puertas cerradas y donde reinaba la escasez extrema. Conocieron allí a Maese Trevor, el prior del lugar, que accedió a enviarlos a Akenar sin renuencias.

   

Una vez en Akenar ya sabían qué debían hacer aunque no sabían cómo. Lucius vivía, por lo que les había dicho Sire William, en la Posada del Puente, antiguamente conocida como Posada del Gordo. Acordaron que Nanya les esperaría en el terreno sagrado del monasterio de la Orden de Viajeros puesto que podría ser fácilmente reconocida en la ciudad y, además, su vida no debía ponerse en peligro evidente. Como habían llegado justo al ponerse el sol, salieron del monasterio en la parte alta de la ciudad y caminaron por las calles medio oscuras evitando las avenidas principales donde quizás alguien podía reconocer a alguno de ellos, sobre todo a Kork, que se habia ganado cierto prestigio en la Corte.

Llegaron a la posada y durante un rato vigilaron que todo estuviese tranquilo y no hubiese alinos en la costa. Hernán entraría primero, seguido de Eireen y, por último, Kork. Se acercaron a la puerta y vieron que había luz dentro. Y entraron buscando al Señor del Caos, cosa que no se hace todos los días, hay que decir.

El asalto empezó mal. Como Hernán no sabía cómo era Lucius dudó al ver a un hombre arcano tras un mostrador, se suponía que el alquimista era vilonio. Kork, en cualquier caso, no dejó tiempo a preguntas y mató a aquel hombre. En la trastienda encontraron a más gente y uno de ellos sí era Lucius, que trató de escapar. Hubo un combate encarnizado tanto allí como en el subsuelo de la posada, y muchos murieron aquella noche pero, por fortuna, todos ellos seguidores de Lucius (quizás los trece clérigos que se necesitaban para lanzar un conjuro de
Vórtice del Caos). El propio alquimista fue capturado a pesar de sus ardides de magia y sus tretas, amordazado y metido en un saco.

Salieron de la posada poco después de haber entrado y se dirigieron al monasterio de la Orden de Viajeros. Sin embargo por el camino, en una calle desierta, les detuvo un enigmático anciano que salió de un callejón oscuro. Les aseguró que no pretendía liberar a Lucius sino comprobar que no les había engañado. Le mostraron al prisionero y el anciano maldijo y le escupió con expresión de odio. Tras eso, se fue cojeando con su bastón.

Sorprendidos por tan extraño encuento no se pararon a preguntarse quién era aquel hombre, sólo continuaron corriendo al monasterio donde les esperaba Nanya. Llegaron pero allí Kork les dijo que no iría con ellos sino que, antes de partir, iría a avisar a Inman de lo acontecido aquella noche.

Así fue como Nanya, Eireen y Hernán se fueron al monasterio (donde dejaron todas las cosas que portaba Lucius para que las destruyeran) y viajaron a la mismísima isla de Atolón, donde planeaban dejar al prisionero. Kork se acercó furtivamente a la Fortaleza Negra donde, tras una corta espera, pudo hablar con el Consejero Real Inman. Le contó lo sucedido e Inman se mostró sorprendidísimo por el giro que habían dado los acontecimientos. Prometió ayudar en todo lo posible. Tras eso Kork salió del castillo y se fue a cruzar el Portal hacia la isla sagrada de Atolón.

 

Reino de Akenar


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Partida #18 "En Atolón"

Lo que ellos no sabían era que en Atolón, en aquellos tiempos, se había convocado un Concilio eclesiástico para elegir al nuevo Papa, una figura religiosa que llevaba desaparecida desde la caída del Imperio, asunto que la Iglesia Sillenita pretendía resolver sin mayor dilación. Cuando llegaron Nanya, Eireen, Hernán Muga y el prisionero Lucius, les atendió en el Portal una mujer rubia bajita llamada Reme. La muchacha habló con ellos y se fue a prepararles unos aposentos, tiempo en el que apareció el obispo Réverith, el vilonio que mandaba sobre la jurisdicción de Akenar, que Nanya y Kork habían conocido meses atrás. El obispo se mostró interesado en la misión que estaban llevando a cabo y fue Hernán el que tuvo que frenar sus pasos, como volvió a suceder más tarde con Plinio de Westerdam, uno de los obispos de mayor influencia de los territorios sillenitas.

Cuando llegó Kork, algo más tarde, se encontró con el obispo Octavus de Tréveris y le dio su palabra de estar de su parte.

En cualquier caso fue el Alto Lector Kevin el que acabó por sacarles de aquel pequeño embrollo de política eclesiástica. Visitó las estancias que ocupaban y les explicó que era posible que, al finalizar el año, no consiguiese ser elegido Sumo Pontífice, como había sido su esperanza en los últimos tres años. Debía pues dejar todos los cabos bien atados puesto que la importancia de la custodia de Lucius era capital. Enrarecía sobremanera la situación el hecho de que quizás la próxima jornada el Rey de Akenar, Otto, llegase a la isla de Atolón puesto que su presencia era obligada en el Concilio, como último Pontífice de la Iglesia Sillenita. Lo mejor era que Nanya y Otto no se cruzasen. Entretanto, decidió enviar al presunto Señor del Caos a la Isla de los Prisioneros, un lugar seguro donde ni siquiera su vínculo con la Araña podría detectar su paradero. Eso si, la hechicera tendría una idea aproximada del paradero del alquimista en Atolón. Pero no exacta, una vez este ocupase su celda protegida por inscripciones sagradas.

Tuvieron que salir por la ventana de la Santa Sede y bajar hasta el puerto. Por fortuna Hernán había pasado una temporada en la isla mientras se entrenaba como paladín sillenita por lo que no les fue complicado llegar al puerto y conseguir un marino que les llevase en barca al islote, que estaba a dos días de viaje con buena marea.

Partieron dispuestos a remar para salir del puerto y rezar por un buen viento, que vino. El viaje no estuvo exento de sorpresas puesto que la pequeña Nanya, que empezaba a descubrir sus poderes arcanos, borró la memoria del barquero Ronar inciada por Kork lo que provocó una fuerte discusión en la barca.

La isla a la que se dirigían estaba habitada únicamente por tres hermanos, dos varones de nombre Manel y Sirio, y una mujer llamada Lura. Eran los mejores carceleros, había dicho el Alto Lector Kevan. Sin embargo varias cosas sucedieron la noche antes de llegar al islote, el primero es que fueron objeto de un poderoso conjuro divino llamado Marca del Caos, bien conocido por Kork y Nanya. El conjuro invocaba a un Campeón del Caos que buscaba tu muerte a toda costa. Por fortuna se encontraban en una embarcación y dichos campeones se invocaron en el lugar más cercano, ósea el islote, donde su presencia fue inútil salvo para dar un buen susto a los carceleros. Lo segundo fue más grave puesto que una tortuga dragón encontró la barca la noche del lunes día 15, el peor día del año para los sillenitas puesto que, según decían, era el Día del Invisible. Y lo fue para ellos porque este monstruo atacó la barca y poco les faltó para morir ahogados o devorados por tal gigantesca criatura. Pero la suerte estaba con ellos de modo que combatieron en desventaja para, finalmente, dar muerte a la bestia (que se hundió en las profundidades sin dejar pruebas de su muerte, salvo lo que ellos habían presenciado).

Por la mañana del día 16 llegaron al islote y dejaron al prisionero a manos de los carceleros, que habían sido atacados por la noche por tres formidables caballeros con armaduras y corceles negros y rojos y estaban francamente amedrentados por el suceso. A pesar de ello, aceptaron al prisionero.

De vuelta, ya liberados de tamaña responsabilidad, pensaron un poco en lo que debían hacer a continuación. Evitar a toda costa un encuentro con Otto en Atolón. Ir, a través del Portal, hasta Draco y desde allí, a caballo, hasta el Bosque de Ován donde los elfos custodiaban la última pieza de todo aquel entramado, la Joya Verde. Con ella en su poder podrían ir a la Isla de la Garra -llevando con ellos al Señor del Caos- y acabar con todo aquello. Ni siquiera sonaba bien.
 

 

Atolón


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Partida #19 "El viaje al Bosque de Ován"

Después de un par de jornadas en la barca de Ronar regresando de la Isla del Carcelero ya empezaba el grupo a dar muestras de cansancio y aburrimiento. Ni siquiera tenían las habituales discusiones entre Eireen y Kork para amenizar el viaje y la niña Nanya se había cansado de hacer travesuras y pescar con el cordón que el barquero le había regalado. Llegaron a Atolón al anochecer del jueves coincidiendo con numerosos pescadores del lugar de modo que se confundieron con facilidad a ojos de cualquier vigía. No sucedió lo mismo en el embarcadero, repleto de mugrientos pescadores donde el grupo armado llamaba la atención a una legua. Kork, además, se fijó en varios chivatos que con toda seguridad estaban pagados por alguno de los obispos que estaban en la Santa Sede aquellos días con ocasión del Concilio de Elección, una votación de la que habría de salir elegido un Papa sillenita antes del día de Añonuevo del siguiente año, el 1082 DS. Como decíamos el grupo no acabó de pasar desapercibido y antes de que saliesen del puerto un grupo de tres caballeros arcanos les intentaron detener en nombre del Rey Otto, sin embargo la niña Nanya usó el Cuenco y se desembarazó de ellos. No pasó lo mismo con algunos mendigos del embarcadero que trataron de asaltarles, quizás azuzados por la enorme recompensa de diez miles de monedas de oro que el monarca de Akenar había ofrecido por la niña. Este suceso, el ataque de los mendigos del puerto, sería causa de ciertas tensiones en el grupo pues tanto Kork como Eireen se vieron partidarios de matar a quien fuese una amenaza, aunque muy leve, contra Nanya. Hernán (y la propia niña) se irritó por la facilidad con la que sus compañeros se decidían a matar a una persona y hubo más de una discusión al respecto.

Cuando llegaron al monasterio de la Orden de Viajeros y entraron en suelo sagrado el ánimo se relajó un poco. En cualquier caso no les pasó desapercibida la presencia de guardias en las puertas, seguramente leales a algún obispo u otro. También se enteraron de la reciente llegada de Maese Lukar, uno de los prelados de mayor poder de toda la Iglesia. En cualquier caso lo que preocupaba realmente a Nanya era la posibilidad de un encuentro con el Rey Otto, llegado unos días atrás a la isla con ocasión del Concilio al que debía asistir.

La monja Reme les ayudó en el monasterio y avisó a Cristine, una clériga de la Orden de Viajeros que se encargaría de transportarles a Draco, pese a que en los últimos momentos del ritual alguien trató de interrumpirles. Así fue como aquel jueves día 18 de Noviembre viajaron a Draco, la noble ciudad otrora capital de la que había sido Provincia Imperial de Levante pero que, en aquellos tiempos, no eran más que unos feudos medio abandonados sumidos en la depresión, el peligro y el bandidaje. La clériga Cristine, antes de regresar a Atolón, le dio a Hernán una bolsa de viaje que el Alto Lector Kevin le había ordenado entregarle al llegar. Contenía cuatro medallones de Protección contra el caos.

La ciudad de Draco sin duda les sorprendió gratamente, así como el anciano que estaba al mando de la misma, el famoso Olivier Corbus. El hombre, de manera inexplicable, sabía que llegarían y les estaba esperando en las estancias de la Orden de Viajeros, en el monasterio que estaba en la Ciudad Chica, la parte más alta de la ciudad de estilo vilonio y mármol blanco. Como había anochecido Olivier les ofreció que descansasen en su fortaleza -llamado la Torre del Dragón, un viejo castillo vilonio construido casi dos mil años atrás por orden del mítico rey Osthildar el Magno-, y ellos aceptaron. Se enteraron entonces que el famoso mago Mordenkainen estaba visitando la ciudad aquellos días y le pidieron a Lord Olivier que el mago no se enterase de su presencia, si era posible.

No lo fue. Por la mañana, después de una agradable noche y unos buenos baños, un extraño Lord Olivier les visitó en sus aposentos, hizo algunas preguntas y luego se marchó. Al rato volvió de nuevo pero sin menos rarezas de modo que no tardaron en darse cuenta de que la primera visita de la mañana no había sido de Lord Olivier sino de Mordenkainen, encantado para que los demás le viesen como al señor de la ciudad. Esto despertó las iras del grupo que acabó yendo a pedir explicaciones a Lord Olivier. El señor del lugar, haciendo gala de una gran habilidad diplomática, acabó por solucionar el conflicto: obtuvieron disculpas del mago que, además, les reveló algún misterio que ellos no conocían como que en la botella irrompible se podían introducir objetos malditos y, estando en su interior, se anulaba su capacidad mágica. También les previno contra los engaños de La Araña, una mujer que años atrás había pertenecido a la Orden de la Estrella cuando era aprendiz de Inman, en actual Consejero Real de Akenar. De paso se enteraron que Olivier estaba ofreciendo una recompensa al mago por matar a una bestia que estaba atacando a los mercaderes que llegaban del oeste de la ciudad. El mago, al parecer, estaba estudiando la posibilidad de levantar una Torre de Magia en la ciudad. Kork, preguntando al mago, acabó por confirmar que el Archimago Merion, líder de la Orden de Magia, había muerto semanas atrás, pero Mordenkainen no entró en muchos detalles acerca de aquello ni se sorprendió de que el kernio le preguntase por el asunto.

 

Salieron de la ciudad. La idea era cabalgar por la calzada imperial cruzando Levante hasta las cercanías del Bosque de Ován y allí entrar en los territorios de los elfos. Partieron el sabbat día 20 de Noviembre y vieron que en las tierras que rodeaban a la ciudad de Draco reinaba la paz y la abundancia, como en la propia ciudad. Sin embargo según se iban alejando de los dominios de Olivier Corbus, esto cambiaba drásticamente. A doce o trece millas de allí la calzada estaba descuidada, los cruces de caminos llenos de bandidos colgados, las granjas quemadas o abandonadas y los campos sin cultivar. El caos se había apoderado de aquellos lares.

Pocos días después le llegó a Hernán una noticia perturbadora. En la ciudad de Atolón habían desaparecido varios eclesiásticos relacionados con la Inquisición. O bien se trataban de intrigas intestinas o bien La Araña estaba en la isla tratando de averiguar el paradero de Lucius. Eso fue el lunes, el miércoles el paladín se enteró de que Cristine, la clériga que les había transportado a Draco, había desaparecido. Aquello confirmaba los temores del Alto Lector de que fuese La Araña o algún seguidor de Lucius la que estaba tratando de seguir el rastro del grupo -o del Señor del Caos-. Y significaba que estaban en peligro.

El viernes llegaron a las cercanías del Bosque de Ovan y decidieron dirigirse al sur sin abandonar la calzada imperial. Fue entonces, al mediodía del viernes, cuando avistaron en los cielos una bestia alada. El monstruo les estuvo oteando desde las alturas y se vieron obligados a refugiarse bajo los árboles, con los caballos a punto de salir al galope de puro miedo. El monstruo acabó por aterrizar para hacer de ellos un banquete, caballos, mulas, hombres, elfas y niñas. Sin embargo Hernán, a lomos de su caballo, cargó contra la bestia y la hirió mortalmente. Se produjo un combate feroz en el camino y finalmente fue Eireen la que, a pesar de resultar herida, asestó el golpe de gracia al monstruo con Llamaazul.

La gesta de dar muerte a tal criatura fue presenciada por un elfo explorador del Bosque de Ován, llamado Elêndel, que estaba escondido en uno de los árboles cercanos. El elfo bajó a hablar con ellos y a recomendarles que lo mejor sería apartar el cadáver del camino pues el olor a sangre atraería sin duda a trolls o cosas peores que rondaban habitualmente por allí. Tras eso, Eireen le contó que trataban de llegar a la Cúpula de Ován así que él les condujo a un Refugio élfico donde pasaron la noche. Vieron allí que había un puñado de exploradores defendiendo el linde del bosque de los hombres y bestias que pululaban por la región, y que se mostraban muy reticentes a aceptar a Kork entre ellos. Aquello fue, sin duda, fruto de varias tensiones en las que Nanya dejó claro su apoyo total por Kork. Quizás eso evitó que lo colgaran de un árbol por el cuello. Además se enteraron de que un grupo de norteños se había metido en el bosque y estaba tratando de encontrar el corazón secreto del mismo, habían atacado un par de Refugios y aunque los elfos les habían repelido no había sido sin muertes -por ambos bandos-.

Elêndel fue el que, finalmente, se ofreció para guiarles hasta el corazón del bosque por las sendas élficas. Sin él claramente lo habrían pasado muy mal tratando de entrar allí, pero con el explorador la caminata sólo duró tres días de modo que el lunes, día 1 de Diciembre, llegaron a la Bóveda de Ován donde les recibieron como huéspedes, incluso a Kork. La elfa Weim Aluna, de quien habían oído hablar en ciertas historias que la mencionaban enamorada del humano Olivier Corbus, les recibió en el Gran Salón de Ován. El grupo se dispuso a hablar con ella de la Joya Verde.    

 


 

 

Atolón


Luna Seluna


Partida #20 "En el Templo del Agua"

Le pidieron la Joya Verde a Weim Aluna tratando de explicarle los complejos motivos que les llevaban a necesitar el angreal. La Voz pareció comprenderlos y no se dispuso opuesta a que la niña Nanya tuviese el objeto... aunque sí encontraron una firme oposición en Gáladen, el Sumo Sacerdote de Corelion. El elfo no veía nada bien que una vilonia como Nanya, encima sillenita, se hiciese con un objeto sagrado de su religión, eso sin contar con la presencia de Kork. Por lo tanto se negó a ayudarles. Weim Aluna, a pesar de la oposición del sacerdote, les indicó dónde el desaparecido Loras y él habían colocado la joya, en un lugar llamado el Templo del Agua, un lugar caótico que estaba cerca del corazón del bosque cuya influencia querían aplacar con la joya, por eso la habían puesto allí el hechicero y el clérigo. Podían ir a por ella, si eran capaces. Al menos les ayudaría con un par de guías que les llevasen hasta allí.

Decidieron hacerlo y la niña decidió quedarse. Por algún motivo sabía que no debía entrar en un templo del Caos. Así que a la mañana siguiente con presteza se pusieron en marcha.

Llegaron antes del atardecer. El Templo del Agua, sin duda, era un lugar extraño.

 

Entraron antes de que se hiciese noche del todo. En el interior había estancias y pasadizos antiguos que conducían a salas con estatuas. Sin embargo el lugar estaba protegido por criaturas elementales del agua, a las que tuvieron que combatir con dureza. Finalmente encontraron el lugar donde Gáladen y Loras habían dejado la Joya Verde y se hicieron con el objeto. En cualquier caso los elementales protectores del templo acabaron por superarles en fuerza y tuvieron que huir a la desesperada. Por sorpresa apareció el clérigo Gáladen, que tanto se había opuesto a ellos, dispuesto a ayudarles y, de hecho, un poco les salvó de la situación. Todos sospecharon que la niña Nanya había usado el Cuenco con el elfo para alterar su particular visión de las cosas. Decidieron regresar a la Bóveda lo antes posible.

Ya habían oído que un grupo de norteños habían estado molestando en el bosque aquellas semanas pero no se imaginaban de quién se trataba hasta que se encontraron con ellos a mitad de camino de regreso, en medio de la noche. No era otro que Drake, el antipaladín de Oonegith, y un grupo de svardos. Les paró en el camino sin intención de atacarles sino para hacerles saber que su Señor estaba tratando de ayudar a la niña a derrotar al Señor del Caos. Para ello llevaban un tiempo tratando de hacerse con la Joya Verde para hacérsela llegar pero, como se les habían adelantado, se retirarían pacíficamente al norte. En cualquier caso y vistos los problemas a los que se enfrentaban, su Señor Oonegith les ofrecía un objeto que les sería de ayuda a la hora de luchar con La Araña, se trataba nada más y nada menos que el Ojo de Vecna, que les protegería de la magia de la hechicera. Sólo la rotunda negativa de Hernán evitó que aceptasen el trato.

Al día siguiente, después de despedirse de todos en la Bóveda y recibir algunos presentes, Nanya y sus compañeros partieron del Bosque de Ován hacia el oeste. Llegaron a las tierras de Arquitania el día 5 de Diciembre, ya a punto de llegar el invierno. Se dirigían a Avignac, desde donde podrían tomar un Portal de Viaje a Atolón, Saint Gall y, finalmente, Akenar.  

 

Ován


Luna Seluna


Partida #21 "Regreso a Akenar y a la Isla de la Garra"

Viajaron varios días por Arquitania siguiendo la Calzada Imperial de Tres Torres y Rui, hacia el sur, evitando a grupos de viajeros e incluso grupos armados de arcanos que iban a luchar aquí y allí. Se enteraron, eso si, que la ciudad de Rui estaba asediada por un ejército troll; de hecho salvaron a un joven aprendiz de mago de una muerte segura cuando se lo encontraron siendo perseguido por un grupo de trolls cazadores. El chico se llamaba Alvin y, en los siguientes días de viaje a Avignac, estuvo enseñando algunos trucos a la niña y sorprendiéndose de su enormes capacidades innatas.

Eileen estuvo en contacto con la madre de Nanya, Lanara, que estaba en la ciudad de Dor, asediada por tropas de trollocs. Lanara estaba tranquila y confiaba en que las murallas resistiesen.

Esos días Kork descubrió que en la botella irrompible no se pueden meter criaturas vivas, para desgracia de alguna gallina.

Llegaron a Avignac el Dóminus día 14 de Diciembre y se fueron casi directos a buscar el monasterio de la Orden de Viajeros. Allí conocieron al Padre Brien, un hombretón alto y pelirrojo aficionado a la cerveza que les acompañó a Atolón. Previamente Hernán se había puesto en contacto con el Alto Lector Kevin para que éste fuese a por el prisionero Lucius y lo tuviese preparado junto al portal, para evitar un encuentro de Nanya con el Rey de Akenar, Otto. Además era de dominio público que las votaciones de la Iglesia habían ido reduciendo candidatos y ya sólo optaban al título de Papa el obispo de Akenar, Réverith, y el obispo de Tréveris, Octavus. Los días de poder del Alto Lector habían llegado a su fin y debían usar lo poco que quedaba de su influencia en ese momento o nunca.

Lo hicieron así luego se llevaron consigo el prisionero hasta Saint Gall, según lo planeado. Allí estaba Sire William y Yurrik, en el empobrecido monastario de la ciudad, decididos a pasar el frío invierno de la Campiña en aquellos muros. El Caballero de la Tabla, que había protegido la Luna de Plata como había prometido, le entregó su Espada Celestial a Hernán para que pudiese cumplir su misión en la Isla de la Garra, ya que él mismo no podía ir allí con ellos puesto que había dado su palabra de que no regresaría nunca a aquel lugar.

Hicieron noche en Saint Gall para no viajar durante la Noche de Nerull, un tiempo dedicado al Rey Demonio Oonegith. Esa noche el prisionero Lucius les habló de que habían sido engañados por Inman puesto que el mago sabía bien que si le devolvían a sus Dominios del Caos estaba dicho que aparecería una Bestia Negra para vengar al Señor del Caos y arrasar con lo que encontrase. Esto sembró alguna duda en el grupo, quizás.

Por la mañana viajaron a Akenar y dejaron los caballos en el Monasterio de la Orden de Viajeros. Necesitaban una barca para llegar a la isla en medio del lago Aark. La niña sabía que podía conseguirla y, haciendo un esfuerzo de confianza, Eileen la dejó irse por el puerto con Kork. Ambos se fueron a una posada muy poco recomendable a conseguir un barquero que navegase con las aguas tan frías.

Entretanto Hernán y Eireen tuvieron una visita. Se trataba de Inman, que se dirigió a ellos con enigmáticas palabras. Venía a despedirse, dijo, pues su tiempo en ese lugar había llegado a su fin. Nunca más sería visto en esas tierras, dijo. Le dijo a Hernán que habían llegado malas noticias de Azken Muga pues su padre había fallecido. Aparte de eso, les deseó suerte en la tarea que estaba por venir. En efecto les confirmó que al expulsar al Señor del Caos del Orbe aparecería una Bestia Negra, una criatura del Más Allá muy poderosa pero que, por suerte, no podía cruzar el agua. Pasase lo que pasase el Orbe debía ser salvado. Tampoco les aclaró qué pasaría con La Araña una vez solucionado todo aquello.

Dicho todo aquello, llegaron Nanya y Kork, que habían contratado a uno de los trece hermanos para que les llevase a la Isla de la Garra. El que les llevaba era el séptimo hermano.

Sabían que debían evitar el amanecer y el atardecer en la Isla debido a la Joya Maldita, de modo que se las apañaron para llegar a mediodía del jueves día 18 de Diciembre. Esa mañana el Alto Lector Kevin fue hecho prisionero en Atolón y Eireen se enteró, por un compañero de su prometido, que éste había muerto en una emboscada de trasgos en Myrl.

 

Akenar


Luna Seluna


Partida #22 "El exilio del Señor del Caos"

Ya con la isla cerca, Hernán se dio cuenta de que alguien le había puesto un papel en uno de los bolsillos de su capa. Sorprendido por esto se temió que fuese una Marca del Caos pero rápidamente comprobó que no era otra cosa que un mapa de la isla con una nota escrita por Inman. Era quizás la última ayuda que el mago les prestaría.

Imaginaban que podía haber vigías y que les esperaría una fuerte resistencia en la isla y como había visto que se levantaba una fuerte niebla por las mañanas muy temprano, pensaron que sería mejor esperar hasta el día siguiente, el viernes, para poder llegar hasta una de las calas pasando desapercibidos.

Así pues pasaron casi un día entero flotando en las frías aguas del lago Aark, mientras Eireen pensaba en su amado -que había muerto en una emboscada de trasgos-, y Hernán le daba vueltas al asunto de la muerte de su padre; obviamente todo esto además de los peligros que les esperaban al día siguiente y con Lucius allí amordazado a un lado, cubierto por una manta para que no se muriese de frío y llevase al traste así todo por lo que habían luchado tantos meses.

Por la noche el frío se hizo más severo. Por suerte la pequeña Nanya conocía un trupo mágico que calentaba una piedra y hacía mucho más llevadero el rigor de las frías humedades de la barca. Dormitaron lo mejor que pudieron todos salvo Kork que permaneció de guardia toda la noche, la mirada perdida en el agua oscura.



Antes del amanecer, como era habitual en esa zona del lago, una densa niebla se fue levantando. Sabían que duraría un par de horas, tres a lo sumo, de modo que remaron con presteza hacia la orilla. Llevaban un pequeño esquife que el barco fluvial llevaba atado en la popa. A Kork se le había ocurrido pensar que si la Bestia Negra de la que habían oído hablar era sensible al agua entonces quizás llegaría el momento en el que huir fuese cuestión de tener una buena barca para poner agua con rapidez entre ellos y el tenebroso engendro del Caos.

Remaron hasta la orilla cercana al Templo de la Hidra, desde el lado este. El kernio saltó al acantilado y trepó por la pared húmeda y fría llevando la cuerda atada alrededor del cuerpo pero ducedió que estando arriba, a más de treinta metros del agua, escuchó en la niebla gruñidos de trollocs que seguramente hacían guardia alrededor de la edificación, por ello volvió a bajar y fueron a buscar otra subida al lugar.

Rodearon la punta de la isla y llegaron a la cala oeste. Desde allí sí que pudo Kork escalar la roca oscura y, una vez arriba, ocultarse en los muros y esperar por si había vigilancia. Que la había. No tardó en aparecer por el luggar un trolloc inmenso armado con una maza de guerra.

En el borde del acantilado, con Hernán subiendo por la cuerda, se produjo un combate y murieron dos trollocs, uno de ellos despeñado por un empujón del kernio.

Tas eso Eireen y Nanya subieron dejando allí la barca oculta a las miradas, temporalmente, por la densa niebla.

El muro del Templo de la Hidra era alto, de sillares de piedra granítica y ligeramente húmedo. Pensaron que quizás era mejor idea escalarlo en vez de rodear el edificio y entrar por la puerta que, a buen seguro, estaría bien defendida por trollocs o cosas peores. Así pues Kork trató de escalar sin mucha suerte: cuando estaba a un palmo de alcanzar la parte alta del muro resbaló y se fue al vacío con el siguiente golpe que bien podía haberle matado con algo de mala suerte.

Este accidente no desmoralizó al grupo que siguió con la misma idea en mente pero usando, eso si, la cuerda y un casco para pasarla por encima de uno de los contrafuertes. Así el kernio pudo subir con más seguridad mientras el resto del grupo se qudaba observando abajo. No habían sido capaces de dejar inconsciente a Lucius desde que estaban en la isla... quizás algún poder obraba sobre el Señor
del Caos...

Cuando llegó arriba descubrió que había dos vigías en la parte alta del templo, dos monstruos mitad hombre mitad caballo a los que se les da el nombre de centauros, fortísimos, con espadas de dos filos y pontentes arcos de dos metros de largo. Atacaron sin dudar a Kork que, en un santiamén, se dejó caer por la cuerda realmente malherido. Había oído a los centauros proferir insultos en lenga Común de modo que la niña Nanya podía darles órdenes con el Cuenco. Y eso hizo.

Así fue como la situación cambió por completo porque ambos vigías, de nombre Koh y Grun, se convirtieron en poderosos aliados.

La terraza que cubría el templo no era la parte más alta del mismo, había unas escaleras en espiral que ascendían hasta un pedestal de piedra sobre el que estaba engarzada un enormísimo rubí color rojo sangre, la Joya Maldita, seguramente la fuente de todos los males que azotaban la Isla de la Garra.

Desde el patio también se veía un atrio al nivel del suelo, abajo, en el que había una enorme piscina de agua. Dentro de la misma se podía adivinar la figura de algo enorme sumergido...

Eireen accedió a que quitasen la Luna de Plata de la Botella Irrompible, que era donde la transportaban, para que Kork se acercase a la Joya Maldita y la metiese dentro. Sin embargo el kernio no fue capaz de acercarse por cobardía o porque quizás alguna poderosa magia hechizaba a aquellos que quisiesen acercarse al objeto. Así que fue la propia elfa la que se armó de valor y se fue a por la Joya. No fue sencillo pues según se acercaba la energía del rubí se convertía en realmente dolorosa, pero aún así lo consiguió.

De modo que tenían ya todo lo que necesitaban para exiliar al Señor del Caos del Orbe de una vez por todas. Nanya ordenó a los dos centauros que atacasen a los trollocs vigías y ambos se fueron con sus arcos a sembrar el caos y la confusión entre los monstruos defensores. Con tamaña distracción el grupo pudo desdender por el muro y bajar por la pronunciada ladera sudoeste de la isla. Debían apresurarse porque la niebla no duraría para siempre, de modo que corrieron hacia el cromlech de piedras donde, según el mapa de Inman, se encontraba la Puerta del Caos.

Llegaron pues con el prisionero hasta el centro de la isla, donde se encontraban un grandísimo círculo de ocho piedras alrededor de un pozo. En el interior del mismo se veía una especie de agua luminosa de manchas cambiantes... la Puerta del Caos.

No dudaron demasiado porque sabían lo que tenían que hacer. Cogieron al prisionero y la niña le obligó a ponerse el Anillo de las Dos Lunas. Apoyaron la Luna de Plata en una de las rocas. Sacaron la Joya Verde y la Joya Maldita. Con el Cuenco, Nanya ordenó al Señor del Caos que utilizase el anillo y se duplicase, y Lucius lo hizo con cara de tensión contenida, sabiéndose derrotado. Tras eso, le ordenó a cada uno de ambos que cruzasen sendos portales. Ambos obedecieron a la niña y entraron.

Fue como un instante eterno, un segundo en el que ellos vieron ¿o se imaginaron? una figura oscura con una capa larga y un libro en su mano. Ya no era Lucius, que había muerto, sino el mismísimo Señor del Caos riéndose de ellos. Les dijo que aunque tardase miles de años, regresaría. Buscaría a sus sucesores y se vengaría de ellos.

Tras eso, el Señor del Caos desapareció expulsado del Orbe.


Resultó que las amenazas que el difunto Lucius había vertido sobre ellos habían sido ciertas. Efectivamente al expulsar al Señor del Caos apareció, en medio de una explosión de humo, una criatura inmensa, como un perro de ojos oscuros como la noche y aliento frío. La Bestia Negra, le dicen.

Ellos no pudieron mas que correr tratando de llegar a la barca. Al pasar por los portales el poder descargado por el Señor del Caos había sido tan fuerte que había destruído toda la magia que poseía el grupo, incluídos ambos angreales, la Espada Celestial de Sire William y la antigua Llamaazul. Sin armas mágicas derrotar a aquel monstruo parecía imposible.

Hernán, que se estaba quedando el último pues la armadura le impedía correr a la misma velocidad que los demás, les gritó que se salvasen y se preparó para combatir a la Bestia hasta el final. Sin embargo la niña no estaba dispuesta a dejar morir a nadie de modo que se quedó con él. Eireen y Kork no pudieron hacer otra cosa que pararse a defender a la niña.

Hernán, en esos segundos en los que su vida estaba en peligro, recordó las palabras de Inman que decían que la Bestia Negra no podría cruzar el lago porque odiaba el agua. Esperando sabe dios qué, le lanzó una de las arruinadas pociones de curación que se habían convertido en simple agua. Tuvo suerte y le dio de lleno en la cabeza, lo cual evidenció que efectivamente el monstruo no es que fuese sensible al agua sino que le quemaba como si fuese ácido.

La bestia cargó contra ellos.
 

Lucharon juntos contra la Bestia Negra que parecía ganar vida según se la quitaba a ellos. Pero armados de valor, espadas y agua, acabaron por derrotar al monstruo sin que nadie muriese en el camino...

Tras ello dejaron la isla en la barca, dejando únicamente atrás a uno de los centauros sobre los que aún pesaba la orden de atacar a los trollocs...


Así es como abandonaron la Isla de la Garra, victoriosos ante el Caos.


Tardaron un par de días en regresar a Akenar y desde allí tomaron un portal en la Orden de Viajeros que los condujo a Saint Gall, donde pasarían el invierno en compañía de Sire William, que no dio importancia a la pérdida de la Espada Celestial, el enano Yurrik, que estaba planeando un nuevo invento.

El prior del monasterio de la Orden de Viajeros les dijo que no había problema en que pasasen allí el invierno. La pequeña Nanya realizó un generoso donativo al monasterio para costear los gastos de comida y cuidado no sólo de ellos y sus caballos sino también como una ayuda a la empobrecida congregación. Durante ese tiempo se enteraron de alguna historia desconocida para mucha gente, por ejemplo que Sire William y el Rey Otto habían ido juntos al Templo Elemental en el Monte Akal en verano del año 1030 DS (oséa hacía 51 años) donde, según habían oído, se podía conseguir un gran poder. Habían entrado y habían sorteado todo tipo de peligros. Finalmente habían conseguido aquel poder que les permitió pedir lo que deseasen... el paladín Sire William pidió no envejecer nunca, y así se quedó desde entonces... el Rey Otto, sabiendo la enorme amenaza que representaba la invasión de Akgard, pidió la muerte de su archienemigo Amón, el Gran Rey de los Gardios. Esta muerte, en efecto, sucedió así, pues tradicionalmente se pensaba que había sido el rey de Vilonia, Leon II, el que había vencido al hechicero. Los encantamientos y conjuros que rodeaban a Amon eran poderosos pero no evitaron la muerte de éste, pero, eso si, tomaron venganza en Otto, que se volvió loco.

Sire William se lo llevó de allí y escapó. Encontró, al cabo de unos meses, un mago en Vilonia de nombre Enfay que consiguió dormir al Rey y luego le llevó a un lugar del que había oído hablar y donde nadie buscaría al monarca: la mítica Isla de la Garra.

Y todo fue bien hasta que un grupo de aventureros, nadie sabe cómo, lo encontró.

 

Akenar


Luna Seluna


Partida #22 "El largo invierno en Saint Gall"

Mas de dos meses pasaron en el Monasterio de la Orden de Viajeros en la ciudad, mientras el invierno castigaba con fuerza la región. Eran raros los días en los que no nevaba y ninguno hubo que no hiciese un frío horrible. Las piedras del monasterio no eran lo más cálido que hubiesen esperado nuestros héroes, en especial porque la pobreza y austeridad del mismo les impedía tener tapices y cortinas que calentasen un poco las estancias. La madera escaseaba y la luz de los días era corta y escasa. Las jornadas eran silenciosas en su mayoría, los monjes apenas entablaban conversación y el único entretenimiento diario de la pequeña Nanya consistía en practicar con la espada con Sire Willian, en el claustro nevado, y la lectura de libros robados en la biblioteca donde de otra forma las mujeres tenían prohibido el acceso. De hecho la congregación había tenido sus problemas con albergar a la elfa Eireen y a la misma niña y, al parecer, esto había sido tema de discusión durante el capítulo monacal, como también lo había sido la presencia de Kork que, aunque nuevo converso, no dejaba de ser un kernio. Los monjes acabaron por establecer una hora diferente para las comidas de los invitados para evitar que su ruido y sus atributos femeninos distrajesen a los clérigos de su arduo trabajo espiritual. También ayudó en todo esto una pía donación que la pequeña Nanya efectuó para aplacar la carestía en las arcas del monasterio... durante todo ese tiempo el monasterio permaneció prácticamente cerrado. A veces un novicio salía a hacer recados pero era por todos sabida la peligrosidad de las calles de Saint Gall, incluso en invierno. Les llegaron noticias de que el conde y señor, Arturo, estaba pasando el invierno en el castillo esperando que la temporada de guerra y caza llegase de una vez.

Una mañana, cuando el frío aún no había remitido, el prior Maese Trevor hizo llamar a todo el grupo salvo a la elfa Eireen. Al parecer tenía noticias de Atolón donde, como ya habían oído, había sido elegido un nuevo Papa, el insigne Octavus de Tréveris. Precisamente había llegado hasta el prior una orden del Pontífice que quería compartir con ellos. Su Santidad había enviado una orden a todas las parroquias de las tierras sillenitas de Draak para que informasen del paradero de Nanya si tenían noticias de la niña. Es más, Maese Trevor les enseñó una nota dirigida a ella: "De su Santidad el Papa Octavus a su alteza real Nanya Crowlet de Dortoña y Akenar. Me conforta informarle que su Santidad, después de haber sopesado las cuestiones morales y religiosas del enfrentamiento de su Alteza con el Rey de Akenar y habida cuenta de las graves acusaciones formuladas que han llegado a nuestro conocimiento, se hace un llamamiento a su Alteza para que se persone en la Isla de Atolón y permita que su Santidad medie en este conflicto y que se haga Justicia".

Por lo visto el Papa pretendía interceder en favor de la niña. Eireen, como noble acostumbrada a los asuntos cortesanos, vio en todo aquello una maniobra política del Pontífice para atar en corto a la niña concediéndole su favor y ganando así una influencia importante en el Reino de Akenar... la maniobra era especialmente hábil pues también convenía a la niña que difícilmente se opondría a ello. La elfa se dio cuenta de que estaban ante un hábil político acostumbrado a los tejemanejes de los nobles y cortesanos...

Estas noticias animaron a Sire William a despedirse de ellos e irse en dirección a Vilonia, en su búsqueda por una cura para la locura del Rey Otto, su amigo. Antes de irse le regaló un medallón a Eireen y dijo algunas palabras acerca de haber ofendido a los elfos y un amor perdido... Yurrik, que parecía estar ideando un invento nuevo con el que, según decía, se podría caminar bajo las aguas, estuvo examinando la Joya Maldita y les dijo que sólo la podrían vender a un poderoso gremio de joyeros enano, como el de Akenar, o quizás en la isla de Tresia, donde todo se compra o vende... Ellos, pues, decidieron viajar a la isla de Atolón para hablar con el Pontífice. No estaba claro si Sire Hernán iría con ellos pues Maese Trevor también había mostrado una carta al caballero que, supuestamente, le había llegado días atrás:

"Querido Hermano, la desgracia ha alcanzado a nuestra familia y nuestro padre ha sido asesinado por una mano desconocida. Estoy usando todos los recursos a mi alcance para descubrir al que ha asestado este duro y cobarde golpe a nuestra estirpe. Te juro por Gah que encontraré al culpable y su cabeza se mostrará en los muros más altos de nuestra ciudad ensartada en una pica. Espero que todo marche bien. He oído malos rumores sobre ti, habladurías que corren por el Reino y que espero, sé, que no son ciertas. Tu querido hermano Eliot. E.M."

A pesar de que la niña Nanya decía que aquello era una trampa, el caballero estaba dispuesto a ir e investigar la muerte de su padre. Sin embargo la niña acabó por convencerle de que les acompañase a Atolón, aunque fuese unos días. Kork, mientras entrenaba en el patio helado con Nanya (que se había enfadado con él por algún comentario bruto), se había fijado en un gato negro que les vigilaba desde el tejado. Ya no era la primera vez que lo veía de modo que avisó a Eireen. La elfa no tardó en comprobar que no se trataba de un gato normal, de modo que cuando el animal se fue, lo siguieron, aunque tuvieron la prudencia de armarse antes de salir del frío monasterio. La ciudad, en esos días de frío, estaba poco transitada. Sólo tuvieron que cruzar la calle embarrada para descubrir que un grupo de la Compañía Negra les vigilaba desde hace días. Trataron de hacerlos hablar pero al final hubo un fiero combate en la posada en el que se impusieron, no sin dificultades, a los mercenarios. Uno de ellos, un tal Sire Kane, logró escapar a pesar de los ataques de todos ellos. Vieron que era un paladín de Kord, el Dios pagano del Combate. El misterio era saber quién había pagado a los mercenarios para que, según la impresión que les dio, capturasen a la niña.

A medianoche viajaron a Atolón a través de uno de los portales de la Orden de Viajeros.

 

En Atolón, el calor del Mar Ilko.

Antes de que pasase la noche tuvieron dos visitas. El mismísimo Pontífice, que no esperó ni a que amaneciese para personarse en las estancias de invitados. Les hizo saber que apoyaba a la niña completamente y que su plan era exiliar al Rey Otto. Un hombre peligroso, el Papa.

La segunda visita de la noche fue de un elfo marino, un tal Yridas. Venía a hablar con Eireen de un sueño que le había conducido a Atolón él y la Pluma al Viento, su navío élfico. Hablaron de algo. Por la mañana Nanya despertó a Sire Hernán para hablarle de un plan, una nueva aventura que les esperaba...

 

La Campiña


Luna Seluna


Partida #23 "Cruzando el Gran Océano"

No tuvieron mucho tiempo de aclimatarse a la isla de Atolón porque al día siguiente de haber llegado del frío seco de la Campiña, la pequeña Nanya y Eireen propusieron un viaje envuelto en misterios y extrañas circunstancias. La niña quería -y lo consiguió- que Sire Hernán y Kork defendiesen a su tía de los peligros que pudiesen surgir en un periplo marino que ella quería realizar en un navío élfico llamado "Pluma al viento", capitaneado por un tal Yridas, un avezado navegante que había sido conducido a Atolón por el azar y los sueños premonitorios. En privado, Nanya le explicó a Eireen que en realidad la carta convocando a Sire Hernán a Azken Muga parecía una trampa de La Araña, de modo que enviar al Caballero de la Tabla con ella, más que por labores rigurosamente guerreras, quizás tuviese que ver con salvarle la vida al propio Hernán. En cualquier caso le parecía a Nanya que tardarían largo tiempo en volver a verse de modo que se despidió efusivamente. También le dijo algo enigmático, que en caso de tener que elegir, que se decidiese por la estrella azul... pero no explicó a qué se refería...

Así que en un abrir y cerrar de ojos estaban en el barco de Yridas zarpando aquel 11 de Marzo del año 1082. Sin saberlo, se pasarían los siguientes cuatro meses, que fue el tiempo que les llevó cruzar el Gran Océano.

En Abril la elfa Eireen tuvo noticias de Nanya y del juicio contra el Rey Otto. Al parecer el Papa había cumplido su palabra de organizar un Concilio que juzgase el caso que enfrentaba a Lady Nanya con el Rey Otto. Las deliberaciones serían largas pero al menos la Iglesia ya se había puesto en ello. Se desconocía, eso si, si el Rey se había comprometido a aceptar la resolución conciliar. En ese larguísimo tiempo sólo se detuvieron una vez en las Islas de la Hechicería, donde aprovechó el barco para aguar a mediados de Mayo -y ellos para pisar tierra firme-. Apenas estuvieron una hora en tierra pero fue suficiente para encontrarse con un extraño habitante del lugar, llamado Oykos. Parecía arcano e incluso hablaba un extraño Común, pero aparte de eso tanto sus vestimentas como sus modales les fueron extrañamente ajenas. Rechazaron un presente y el tal Oykos pareció ofenderse.

En el navío pudieron conocer un poco mejor no sólo al capitán Yridas sino a la Sopladora de Vientos, una elfa con un extrañísimo nombre de procedencia gitana que no significaba nada en élfico: Zulkya. La chica tenía groseros modales humanos y tardó menos de una noche en llevarse a su lecho al despistado Sire Hernán, lo cual suscitó ciertas envidias irresolubles en Kork. Eireen no estuvo exenta de las pasiones de Zulkya, pero evitó el tema durante todo el periplo. El contramaestre, Lanai, también trabó cierta amistad con ellos.

El 13 de Julio fue el día fatídico. Habían entrado en aguas verdes con muchas algas y fue entonces cuando una banda de murloks atacó el Pluma al Viento en plena noche. La mayoría de la tripulación murió en el combate, incluido el capitán. Incluso Eireen estuvo a punto de perder la vida a manos de las criaturas de piel viscosa. Sólo sobrevivieron de la tripulación el contramaestre Lanai, el cocinero Ellehen, un marinero llamado Naill y, por fortuna, la Sopladora de Vientos, Zulkya. El resto de los elfos fueron arrojados al mar según las costumbres de los barcos, tras una simple ceremonia a Corelion. Los cadáveres de varias decenas de murloks fueron lanzados a los peces sin miramientos...

 

 

Atolón


Luna Seluna


Partida #24 "La isla de los Murloks"

Pasaron apenas sin dormir la noche después del ataque de las criaturas marinas sobre el "Pluma al viento", tras los ritos funerarios por los numerosos caídos en el combate. La situación del barco era muy precaria y pensaron que debían examinar las posibilidades reales de salir de aquella. El contramaestre Lanai ordenó a el marinero Naill que examinase el casco del barco para anotar los daños y ver si podían repararlos, de modo que el elfo se puso a ello. Entretanto ellos se reunieron para examinar las cosas del difunto capitán Yridas y debatir un poco. Encontraron un mapa que ilustraba el largo viaje desde Draak hasta Elwyn, cruzando el Gran Océano, a través de los Vientos del Cáncer y siguiendo con los Vientos del Capricornio. En el mapa venía marcado un lugar llamado Selene, y venía anotado como "Campamento de Jeremías Lund"). Fue ese el momento que eligió Eireen para contarle a Sire Hernán y Kork lo que realmente había motivado aquel periplo...

Meses atrás, aún cuando se encontraban en La Campiña pasando el invierno en Saint Gall, en aquel monasterio de la Orden de Viajeros, la elfa Eireen había empezado a tener unos extraños sueños que se repitieron en varias ocasiones. Soñó con las ancestrales tierras de Elwyn, el Primer Hogar de los elfos, un lugar legendario donde los de su raza habían descubierto una fuente mágica que les había hecho ser lo que son. Un lugar donde los ancianos iban a morir, las Tierras del Retorno y de la Vida. Ninguna leyenda élfica precisaba qué había sucedido con aquellas tierras perdidas ni cuándo se había olvidado su paradero, simplemente se había conservado un nombre y el mito.

Eireen soñó que unos hombres habían zarpado de la ciudad de Akenar guiados por un hombre llamado Jeremías, capitán, marino y vasallo del Rey Otto. A este hombre le había sido encomendada la misión de llevar una carta al Rey de Akgard, quizás una nota de paz o algo así, no se sabe. Cruzó el lago Aark, bajó por el río Dor y salió a los Mares Tranquilos. Cruzó por las cercanías de Atolón al norte de la gran isla de Borundia y se adentró en el Gran Océano en busca de lo que ningún hombre arcano había hecho antes, encontrar la Isla del Fuego, Akgard.

Pasaron las semanas y la navegación por el Gran Océano se descubrió como una tarea dura y peligrosa, pero la enorme pericia de Jeremías y sus marinos les evitó el naufragio y la muerte segura. Fue entonces cuando se toparon con una gigantesca tormenta que les engulló. La tormenta duró casi tres semanas en la que varios de los marineros perdieron la vida.

Pasada la tormenta, se encontraban completamente perdidos y fuera del rumbo previsto. Más bien Jeremías no tenía ni idea de dónde se encontraban pero ya no podían regresar, así que continuaron navegando hacia el Este. Semanas después avistaron tierra, después de haber perdido a la mitad de la tripulación.

La tierra desconocida no era Akgard. No tenían ni idea dónde se encontraban aunque Eireen sabía, en sus sueños, que aquellos hombres habían desembarcado en Elwyn. Vararon el barco en una cala para tratar de repararlo y montaron un campamento en la costa, aunque los exploradores no tardaron en encontrar una fortaleza que se encontraba una jornada al norte de donde habían tomado tierra. La fortaleza se trataba de dos anchas torres blancas unidas por un puente alto, con una luna en la cima de cada una. Este símbolo de las Dos Lunas lo encontrarían por doquier en el interior de las fortalezas que, además, se encontraban desiertas.

Trasladaron su campamento a las fortalezas y bautizaron la plaza como Selene. A aquellas tierras les empezaron a llamar Lundia, y de hecho Jeremías adoptó el apellido de Lund, o sea, Jeremías Lund.

Tardaron poco en descubrir que en los subterráneos de Selene había almacenados grandes tesoros, no sólo de oro, plata o marfil, sino algunos objetos mágicos de factura élfica. Esto causó bastante revuelo y Jeremías tuvo que hacer frente a tres motines en la temporada en la que estuvieron allí. Aparte, descubrieron que una de las dos torres no estaba exactamente abandonada sino que alguien -o algo- habitaba su interior. Como las fuerzas de los arcanos se encontraban muy mermadas y no podían perder más marineros o soldados, cerraron las puertas de esa torre y permanecieron a salvo en la otra.

Esperaron a que mejorase el tiempo y, pasado el invierno, acabaron de reparar el navío y regresaron rumbo noroeste de regreso a Akenar, o donde Jeremías Lund calculaba que se encontraría. No se equivocó. Meses después su barco -el Rápido- entraba orgulloso en el puerto de Akenar.

Las noticias de su descubrimiento y los enormes tesoros traídos por el capitán despertaron una enorme expectación en la Corte. No sólo el Rey sino su consejo se mostró muy interesado en aquella inmensa fuente de riquezas y se preparó un pequeño ejército al mando del propio conde Jeremías -que consiguió un título de nobleza en pago por sus méritos-, de modo que cinco navíos se fletaron desde Akenar rumbo a las tierras de Lundia, cargados de hombres y esperanzas, con misión de conquistar el Nuevo Mundo.

Eso había soñado Eireen y quizás Yridas, y dichos sueños les habían llevado a realizar aquel viaje que, en aquel momento, corría gran peligro. Y más que correría en breve puesto que el barco fue atacado por una gigantesca serpiente marina, pereció el marinero Naill y por poco Sire Hernán le sigue al fondo de los mares. Pese a todo, dieron muerte al monstruo.

Habían avistado una serie de islotes no muy lejos de donde se encontraban y realmente no tenían muchas opciones. La Sopladora de Vientos, Zulkya, acercó el barco hasta que pudieron ver que se trataba de unas manchas de tierra que formaban un extraño laberinto cubierto de algas y lianas. Sin duda estaba ocupado el lugar por los murloks, esas criaturas marinas humanoides que les habían atacado la noche antes, y antes de atracar el barco sufrieron otro ataque de los mismos en el que casi muere Sire Hernán y donde por desgracia el contramaestre Lanai resultó muerto.

En el centro de los islotes se podían ver dos ruinas de torres cubiertas de verde y algas.

 

 

...


Luna Seluna


Partida #25 "La isla de los Murloks"

Los ataques de murloks no cesaron. Apenas un par de horas después de la muerte del contramaestre las criaturas anfibias regresaron y en esta ocasión fue el cocinero Ellehen el que perdió la vida. Zulkya fue malherida y los murloks atacantes perecieron todos. Allí defendiendo el barco habían llegado a una situación desesperada, todos estaban heridos, cansados, las armaduras a medio romper por los ácidos de los murloks, el barco destrozado y las aguas llenas de oscuras serpientes y algas impenetrables...

Discutieron largamente acerca de cómo pasar la noche. Sire Hernán pensaba que lo mejor era defender la cubierta y los demás, por el contrario, que lo mejor era hacerse fuerte en las bodegas y defender la trampilla. Eireen y él discutieron largo y tendido y finalmente él se quedó fuera y ella se metió, con los demás, en las bodegas.

Era la noche del 14 al 15 de julio, la que llaman Noche de Ao por sus dos lunas nuevas, se trata de la noche más oscura del año y en la que los astrólogos suelen aprovechar para desvelarse y leer las estrellas.

La noche no fue tranquila. Sire Hernán tenía problemas para ver porque tampoco quería tener una lámpara encendida porque eso, casi seguro, atraería a todos los murloks del lugar; de modo que tenía una lámpara cecaga por una capucha, para ver en caso de necesidad, pero pasaba la noche a oscuras. Al rato escuchó un sonido en el agua y se dio cuenta de que varios murloks subían por el casco. Tuvo que combatirles y al poco los demás, que estaban en la bodega, salieron a a prestarle ayuda. Varios murloks encontraron su final aquella larga noche.

Por la mañana, al amanecer, Gah volvió a dar poder al paladín y pudieron curarse un poco. No mucho, pero un poco. De todos modos se dieron cuenta de que cada vez vendrían más murloks y que tarde o temprano su resistencia cedería así que pensaron que lo mejor sería recoger algunas cosas del barco e ir a las ruinas de las dos torres a ver si encontraban algo allí que les ayudase...

Entre los arrecifes de coral repletos de algas los murloks habían tendido puentes de lianas. Ellos los usaron para pasar de islote en islote y comprobaron que no todos los murloks era agresivos, muchos de ellos descansaban en las orillas y se asustaban al verlos y se tiraban al agua.

Tardaron como una hora en llegar al islote central donde estaban las ruinas de ambas torres. Comprobaron que alrededor del edificio no crecían las algas y que, además, estaba todo lleno de cagadas. La sorpresa es que había una barca allí de madera blanca y una vela. Las manchas y suciedad mostraban que había sido abandonada, pero recientemente.

Preguntándose si el dueño de la embarcación se encontraba en el interior, entraron en la vieja construcción cuyo techo había cedido mucho tiempo atrás. Todo parecía vacío, pero en el medio de las ruinas encontraron un cadáver bastante reciente, con huesos comidos casi hasta el tuétano y signos de corrosión. El cuerpo había sido fracturado en dos por una gran dentellada, una posible causa de muerte. Al lado del cuello encontraron un odari* élfico. Cuando Eireen lo recogió, al tocarlo escuchó una voz al otro lado... La noble se enteró así que el cuerpo pertenecía a Cylara, la hermana del elfo que hablaba con Eireen. Éste se encontraba prisionero en las Cuevas del Mas Allá, en manos de los Hombres Lagarto, según dijo. Le hizo prometer a Eireen que quemarían el cuerpo de su hermana para que pudiese descansar tranquila en Arvanaith, los planos celestiales según las creencias de los seguidores de Corelion Larethian. Tras conseguir la promesa, la voz se interrumpió bruscamente...

Kork había encontrado unas escaleras que llevaban al subsuelo de la torre. Parecía que bajaban bastante, incluso por debajo del nivel del mar. Pensaron que quizás sería un buen refugio. Zulkya estaba muerta de miedo e iba pegada a Sire Hernán constantemente. Kork por delante y Eireen atrás. No tardaron en ver que la cueva no estaba vacía, había restos de vómitos y ácido en alguna esquina... y finalmente se encontraron con un murlok de más de dos metros de alto, ojos de pez y unas fauces inmensas. El monstruo les atacó pero Sire Hernán de un mandoblazo lo mandó al más allá...

Pasado el peligro estuvieron registrando la cueva sin mucho éxito. Al fondo de la gruta se sorprendieron porque había una fuente de agua dulce, lo cual era muy extraño. Más extraño era un brillo con cierta magia que percibió Eireen, y allí fue Kork a investigar mientras Sire Hernán y Zulkya vigilaban la entrada del lugar.

Kork buceó y encontró un pasadizo subacuático. Entró y al poco llegó a una estancia secreta donde alguien había apilado, mucho tiempo atrás, varios tesoros. En el centro, una vasija de cenizas que, cuando el kernio la tocó, se convirtió en polvo.

 

Imperio Lunar


Luna Seluna


Partida #26 "El Nuevo Mundo"

Mientras Kork revisaba la estancia secreta, Sire Hernán, Zulkya y Eireen repelían otro ataque de Murloks dentro de la cueva, aunque esta vez los humanoides sólo consiguieron dañarles las armaduras y poco más.

El kernio, ayudado de una soga, sacó uno a uno todos los cofres que encontró en el sitio. Los fueron abriendo sin apenas precauciones y por suerte no contenían ningún tipo de trampa. En cualquier caso se los veía muy deteriorados por el tiempo.

Uno de ellos contenía un tapiz en estado muy frágil. Otro un bonito escudo que Eireen dijo que era mágico, así como un casco élfico, una daga élfica y una formidable espada con runas enanas en el pomo. Parecía claramente la equipación de un guerrero. Con la daga venía un pergamino que, antes de desintegrarse, pudo ser leído pues estaba en idioma élfico:

Mi señor Uraadi Lanair Saamal, el último elfo del Imperio Lunar, murió de extrema vejez en estas Dos Torres a las que llaman Lugar de Kalana por una antigua leyenda sobre criaturas marinas con forma de mujer. Durante toda mi vida he servido a mi señor con fervor y me llena de tristeza abandonar sus cenizas en este lugar. Se han cumplido todos los preceptos de ambos Dioses Lunares.

Me llevo conmigo a la nueva ciudad de Diyun su Estatuilla de Oro, su recuerdo y la poca hechicería que pude desvelar del Arte de mi señor anciano. Durante cuarenta años he sido sus ojos al mundo y creo merecer este regalo del Mas Allá, pues me lo llevo con profundo respeto. Sean malditos por mi diosa Thai'a aquellos que osen manchar el nombre de mi señor, Uraadi Lanair Saamal, el último elfo lunar de Elwyn.

Melkiades
sirviente y amigo

Así descubrieron que allí descansaban las cenizas de Udaari, el último Elfo Lunar, que al parecer era lo que la elfa Cylara había venido a encontrar en aquel islote. Había llegado, por cierto, en la barca con vela que habían visto fuera del islote y que aún no habían inspeccionado...

 


Zulkya tenía dos perlas consigo y decidió usarlas con sus habilidades de Sopladora de Vientos para investigar los objetos. Las usó con la espada (que decidió guardarla Eireen) y con la daga, que se la quedó ella misma.



Pasaron la noche en la cueva, descansando y pasando algo de frío. El martes por la mañana, siendo 16 de julio del año 1082 DS, salieron de las grutas. Durante esa noche Eireen habló con Zulkya y ésta le narró su vida como esclava de unos gitanos que la habían sacado de un harén humano, muchos años atrás, y sus treinta años navegando en los Mares Tranquilos.

Con el odari, Eireen volvió a hablar con el elfo capturado, cuyo nombre era Ereidas. Le contó que tanto él como su hermana habían sido parte de la tripulación del Rápido, el barco de Jeremías Lund. Habían llegado al Nuevo Mundo, lo que ellos llamaban Lundia, por error. Pero al darse cuenta de que quizás estuviesen en las ancestrales tierras de Elwyn, tanto él como su hermana desertaron y se fueron solos a investigar. Hace unos meses se separaron y él fue capturado en una de las pirámides de los Hombres Lagarto, cuyos chamanes le mantienen retenido y le someten a vejaciones sin nombre. Su hermana, la difunta Cylara, había estado buscando -por motivos desconocidos- la tumba de Uraadi. Pero algo no había salido bien. Ereidas le pidió a Eireen que le rescatase de aquellas cuevas...

Kork, entretanto, avistó tierra desde lo alto de una de las torres, a la que había escalado para vigilar.

Después de hablar con él, la elfa y sus compañeros quemaron el cuerpo de Cylara. Tras eso, salieron de los arrecifes al borde del maltrecho esquife, guiado con extrema habilidad por Zulkya.

Al final del día, pisaron finalmente lo que ellos creían que era el continente, las tierras de Lundia o de Elwyn o el Nuevo Mundo.

Cerca de la playa arenosa había otras dos torres de vigilancia. Al acercarse se percataron de que no estaban vacías. Dos soldados arcanos estaban en ella vigilando, un tal Romundo y un tal Olver. Dos desgraciados a los que pronto se les adivinaron malas intenciones, quizás violar a Eireen y a Zulkya, quizás pasarlos a todos por el cuchillo aquella noche. Acabaron siendo drogados por la Sopladora de Vientos y amordazados.

 

 

Desde lo alto de la torre, ya con el sol poniéndose, Eireen juraría haber visto un círculo de piedras en la lejanía. Al este se levantaba un bosque de árboles gigantes. Al sur la costa y, por lo que sabían, los Hombres Lagarto. Al norte la ciudad de Selene y el nuevo señor de aquellas tierras, Jeremías Lund.

NOTAS: Odari, o piedras de magia, son cristales élficos que dan poder o puntos de vida, tanto como el nivel del que los posee. Se puede hablar a través de ellos. Se crean con Artesanía (Odari). Los cristales élficos de memoria se llaman Tildaril. Son parecidos a los odari pero no lo mismo. Se "leen" meditando, como cuando los elfos duermen. Los semielfos no pueden usarlos, ni ninguna raza que necesite dormir. Se crean con Artesanía (Tildaril).

 

Imperio Lunar


Luna Seluna


Partida #27 "La llegada a Selene"

Amaneció el mércades 17 de Julio del año 1082 DS estando ellos en una de las dos torres de vigilancia donde habían pasado la noche, en la costa de Lundia, el Nuevo Mundo. Eireen había subido a las almenas a ver si divisaba de nuevo el cromlech que creía haber visto la noche anterior, pero no tuvo suerte, no conseguía volver a encontrarlo. El círculo de piedras estaba en las cercanías de un bosque de árboles gigantescos de unos cincuenta brazos de alto, seguramente los más altos que ellos habían visto en sus vidas. Hasta los lindes del bosque debían atravesar un llano de hierba alta, muy difícil de cruzar si uno no era un elfo. A pesar de la reticencia de los demás, Eireen se empeñó en echar un vistazo y se encaminó allí. Zulkya, Sir Hernán y Kork la siguieron, no sin antes desatar a los dos presos, Romundo y Olver, y dejar la puerta de la torre entornada.

Se adentraron en las hierbas altas. Kork y Sir Hernán tuvieron que dar un uso poco honorable a sus espadas desbrozando hierbajos y maleza, lo cual les hizo sudar muchísimo e ir realmente lentos. Se trataba de casi dos millas de prado de manera que esperaban pasarse tres o cuatro horas con aquel menester. Sin embargo un desgraciado incidente interrumpiría su camino. A pesar de que las elfas percibieron algo con cierta antelación, no pudieron hacer mucho para evitar ser atacados por unas letales serpientes venenosas. Los animales murieron rápido, no sin antes morder a Zulkya y a Eireen. La primera murió en el acto. Eireen resistió de mala manera y, apresuradamente, retrocedieron.

Corrieron hasta las dos atalayas para descubrir que nada se podía hacer por la Sopladora de Vientos. La noble se pasó horas en las puertas de la muerte luchando contra la fuerza del veneno que se la comía por dentro. Sufrió fiebre pero, a pesar de ello, hicieron una pira con el cuerpo de Zulkya y levantaron una oración a Corelion Larethian, a pesar de que la elfa, según creían, adoraba a otros dioses paganos. Tras eso se refugiaron en la torre vacía y pasaron el resto del día esperando que Eireen no muriese. La noche también fue larga.

En esta guisa pasaron aún otro día completo esperando que ella estuviese mejor. Por momentos lo parecía, pero en otros su color se desvanecía y prácticamente le era imposible retener nada de lo que comía.

La mañana del viernes 19, Olver salió de la otra torre después de haber dormido más de dos días seguidos por las hierbas que Zulkya les había dado. De Romundo no tuvieron noticias. El soldado rogó a Sire Hernán que no le dijese nada a Jeremías Lund y trató de ganarse el favor del caballero haciendo un antídoto para el veneno de serpiente que, de manea un tanto desagradable, preparó para la elfa. Tras eso escapó corriendo hacia el norte.

La elfa se encontró mucho mejor después de tomar el preparado de Olver, así que decidieron salir de allí y dirigirse al norte, a la plaza de Selene donde, según creían, se encontraban los hombres del rey.

Así pues se pusieron en marcha dirección norte. No caminaron a un ritmo muy fuerte porque la elfa aún estaba recuperando fuerzas; pese a eso, consiguió cazar un gamo y pudieron comer buena carne antes de proseguir. Se llevaron lo que pudieron para el camino.

Había escuchado que Selene estaba al lado del mar, y Eireen lo recordaba de sus sueños, por lo que lo único que debían hacer era continuar junto a la costa. Eso hicieron, pero la primera noche escucharon extraños sonidos en la oscuridad de las aguas. Pensaron que quizás se trataba de esas criaturas mencionadas por el pergamino de Melkíades, así que decidieron alejarse del algua lo más posible.

Por la mañana se encontraron con Olver que había dormido cerca de ellos. El soldado había caído presa del pánico en las torres y por eso había huído pero ahora parecía más calmado. Sire Hernán le mandó de regreso, no sin antes interrogarle acerca de posibles peligros. Les habló de las sirenas y cangrejos gigantes y gatos oscuros.

Tardaron cinco días más en caminar por la costa arenosa hasta divisar las dos grandes torres de Selene, blancas y a orillas de un mar color esmeralda, con dos lunas plateadas sobre las cúpulas teñidas de un gastado azul cobalto. A los pies de las torres los hombres habían construido algunas casas de madera y paja así como cercados de animales como cerdos y cabras. Un embarcadero tenía amarradas varias naves tipo coca con las velas recogidas. Al este, había campos recién labrados. En todos estos lugares había hombres trabajando, incluso alguna mujer. Sonó un cuerno y al poco dos jinetes se les acercaron, con aspecto de caballeros. Sire Hernán reconoció a uno, Sire Bohemundo de Lewa, el hijo menor de una casa feudal menor del sur de Akenar. Cuando se presentó como Caballero de la Tabla, Sire Bohemundo se mostró sorprendido y amistoso. También parecía contento de ver a una elfa entre ellos y, más curioso aún, reconoció en Kork al Elegido. Los ecos del juego del viejo Inman aún no se habían desvanecido del todo...

El caballero Sire Bohemundo condujo al grupo al interior de Selene, a la torre oeste que, según parecía, era la única habitada.



Conocieron, por fin, al hombre que había descubierto aquellas tierras y las había reclamado para el Reino de Akenar, el ahora conde Jeremías Lund. Estaba acompañado de un clérigo sillenita llamado Renatus de Áquila y de un mago gnoling llamado Alvin. Jeremías pareció un hombre mucho más cabal de lo que ellos esperaban y la primera impresión que generó en ellos fue la de un buen hombre con una enorme tarea a sus hombros. Se enteraron de que efectivamente el Rey Otto había declarado como suyas aquellas tierras bajo el nombre de Lundia.

Les asignaron unas estancias en los pisos superiores de Selene y por primera vez en varios días pudieron reposar unas horas. Fueron con el pequeño Alvin a estudiar los objetos que habían encontrado, el escudo, el casco y, de paso, el mago investigó un reloj de arena que Eireen conservaba de un combate en la entonces lejana Saint Gall con aquellos hombres de la Compañía Negra. El reloj parecía poderoso y la elfa tuvo que rechazar una generosa oferta del gnoling. Tras eso se fue arriba al templo de Corelion que los hombres de Jeremías habían respetado. Rezó, y luego encontró unas escaleras que ascendían por la cúpula y daban al exterior. Al salir pudo ver la larga costa y la puesta de sol sobre el mar. Y al mirar a la torre este le pareció ver una figura en el balcón opuesto, que se ocultaba al ser vista. No pudo reconocer la forma, tan sólo una capa...

Entretanto Sire Hernán conoció a los dos enanos herreros que habían venido con la expedición de Jeremías. Se llamaban Romo y Pomo y uno de ellos -no se sabe cuál- había inventado un bebedizo alcohólico hecho a partir de una raiz nunca vista en Draak.

Kork se las había apañado para encontrar un par de putas, Lara y Sylvia, con las que pasó un buen rato -el mejor en mucho tiempo- en los establos de la fortaleza.

Entretanto, muy lejos de allí, continuaba el jucio en Atolón contra el rey Otto. Y mucho más lejos, en Myrl, los elfos se preparaban para la guerra contra los trasgos y osgos que asolaban los bosques del norte.

 

Reino de Akenar


Luna Seluna