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Partida #1 "En la Compañía Negra" Corría el frío mes de febrero
del año 1081 en la ciudad de Akenar. Hacía casi un año que el antiguo
emperador Otto el Jorobado había regresado de su misterioso cautiverio y
se había coronado Rey, aceptando con resignación la pérdida definitiva
de las tierras vasallas del Imperio. Alarion era un elfo llegado
del oeste, nacido en las Tierras Alures aún en tiempos del Imperio. Sin
embargo pocos recuerdos albergaba del mismo. Corrían tiempos difíciles e
incluso los Hijos de las Estrellas acababan por tener los pies en la
tierra, tarde o temprano. Además cada vez eran menos y lo sabían. Las
Bóvedas élficas ya no tenían el esplendor de antaño y los reinos
faéricos hacía tiempo que vivían de Kraag nació en las Islas de
Soth, que pertenecen al Rey Akassi Karr de Kernia y cuando apenas tenía
uso de razón fue capturado en una incursión de zarkos y vendido como
esclavo en alguna ciudad sin nombre en la costa norte de Arkay, el
continente al sur de Draak. No tardó demasiado en destacar entre otros
presos por su tremenda fuerza y su físico imponente, tanto que el alino
Makmed el Blanco lo compró para llevarle a la famosa Arena de Talion.
Durante muchos meses le entrenaron en la Alta Escuela de Guerreros para
poder participar en la Arena de modo que, cuando lo hizo, triunfó (y con
él su amo Makmed). Durante tres años consecutivos fue campeón invicto en
la Arena y quizás su destino no habría variado si la ciudad no hubiese
sido atacada -y saqueada- por numerosos navíos ilkos pagamos por el
Reino de Lorig, al que fue conducido, de nuevo como prisionero.
Así pues tanto Kraag como Alarion eran
mercenarios de la Compañía Negra cuando corría el segundo
mes del año sillenita 1081. En el Capítulo de Akenar, que
era como los hombres llamaban a la fortaleza, empezaba a
notarse el bullicio de la primavera: las guerras y contratos
reanudaban su actividad según la heladas y la nieve se iban
convirtiendo en un simple recuerdo frío; pues era raro, en
aquellos tiempos, que hubiese conflictos en los meses
invernales.
Uno de esos días fueron llamados por el Capitán de Soldades, el bajo y enjuto William de Ypres, un verdadero artesano de las batallas, duro y sin escrúpulos, frío, un tipo de pocas palabras y pelo cano. Les informó que alguien -que prefería mantenerse en el anonimato- había requerido el servicio de dos o tres mercenarios que hiciesen un par de preguntas por el puerto y, si conseguían alguna información, que tirasen del hilo a ver dónde conducía. Tenían que preguntar quién demonios había traído de vuelta al antiguo Emperador -el que ahora era el Rey Otto- y de dónde exactamente.
Datos de juego: el Signo de Piscis significa que todas las tiradas de Carisma tienen un +1. |
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Partida #1 "La Isla" Al menos aquellos tipos no se
habían dado cuenta de que el día anterior estaba completamente borracho
y no se acordaba de nada. De hecho si no fuese por su primo ni siquiera
habría acudido a la cita, maldita sea. Ni tenía idea de cuánto dinero le
habían pagado por aquello o siquiera si lo habían hecho ni tampoco cómo
habían convencido a Alfred para que les dejase la barca. Al poner los
pies descalzos en ella sintió aquella vieja emoción, hacía ya casi medio
año que no pisaba una barca. De inmediato la emoción desapareció
sustituida por ganas de vomitar. "Tengo que aguantar" pensó "o quizás
estos se busquen a otro barquero". Los dos guerreros ni siquiera le
miraban así que su cara de esfuerzo pasó inadvertida. Escupió por la
borda maldiciendo a Atros, el dios de los putos tresios que, según
decían algunos idiotas en las tascas, era el dios de los mares. |
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Partida #3 "Viejos misterios desvelados en la Isla de la Garra" Eustache volvió a encender la
luz de su escritorio con un gesto de su mano izquierda. Ser zurdo
siempre había sido una ventaja para la magia, la mayor parte de los
hombres te miran la diestra. Es como una costumbre que uno no puede
envitar. Pensando en esto, se sentó en la parca silla de madera y miró
con ojos de recién despertado el pergamino que estaba sobre otros muchos
papeles y mapas que cubrían la mesa en un galimatías de idiomas. Leyó en
bajo, como pocos hombres saben hacer. |
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Partida #4 "En busca del grupo perdido"
Kraag ya conocía a Gregorio de la
Compañía Negra, era un clérigo sillenita que, según parecía,
descendía de los Gurkingham -había oído hablar muchas veces
de Tancredo, sus hazañas eran algo bien famoso entre los
guerreros de Akenar-. Por eso no le sorprendió demasiado
cuando el mago Eustache les llamó a ambos para encargarles
una nueva misión. Tenía que ver con lo último que había
hecho, ir a la Isla de la Garra y averiguar cosas, pero esta
vez era diferente: tenía que encontrar al menos a uno de los
aventureros que habían liberado al Rey Otto de su sueño
mágico. Valían vivos o muertos. Extraño.
Hicieron sus preguntas por la ciudad, cómo no. Al parecer alguien había dicho que los aventureros habían pasado por la Torre de las Tormentas así que allí fueron los dos a enterarse de quienes eran y si seguían por la ciudad. Giles Wolpe, mago de la Orden de la Estrella, les recibió amablemente en la Torre. Un buen tipo, sin duda. Hablaron como si fuesen amigos de toda la vida y éste les habló de los aventureros: si, habían pasado por allí antes del invierno, pero después habían ido y venido varias veces por los alrededores de Akenar. Uno se llamaba Hadarac, otra Renata, otro Urik -un enano-, y dos elfas muy bajas, Nemertil y Baharadriss. La tal Renata tenía algo que ver con Simón Nadie, un anciano que años atrás había sido un gran guerrero y que ahora estaba retirado en una villa en el Barrio Alto. También conocían a Lucius, un alquimista famoso en la ciudad. Pero aparte de eso, poco más. Que habían ido a un monasterio abandonado de la Inquisición en las Colinas de las Dos Doncellas, al oeste de Akenar. Y que habían tomado un barco de mercaderes que iba a Hanor. Dos pistas que les llevaban a caminos opuestos. Ese domingo se casaba el Rey Otto y la ciudad estaba de celebración. Vino gratis, pan, cerveza, incluso pescado y queso. Música y muchas sonrisas, "el jorobado" por fin tendría una mujer. Según se decía todavía era una niña, Lady Nanya, nieta del Rey de Áquila. Sin embargo Kraag y Gregorio no eran muy de celebrar cosas así que ese mismo día cogieron unos caballos y salieron de Akenar hacia el oeste. Tenían pocas pistas y mejor antes que después para ir tras ellas. Cabalgaron hacia el oeste y tardaron dos días en llegar a Mirador, donde Lancel, el hermano de Gregorio, era el Castellano. Su padre Tancredo, por aquellos tiempos, había partido al norte donde se estaban reuniendo tropas de Akenar en las cercanías del Castillo de la Tabla. Según se rumoreaba había guerra en Atria y el Rey Otto no quería desperdiciar una buena oportunidad como aquella para asestar un buen golpe a sus viejos enemigos norteños. Se decía que pensaba sitiar la ciudad de Lachar, al sur del Reino de Atria, donde además contaba con numerosos sillenitas que añoraban los viejos tiempos del Imperio. Todo esto le importaba bien poco a Kraag o a Gregorio, que se dedicaron a hacer preguntas por aquí y allá en el castillo por si alguien conocía el paradero de alguno de aquellos aventureros. Tuvieron suerte porque algunos soldados recordaban al enano Ulrik, al que llamaban "el Clavos", y al menos dos personas se acordaban de una elfa baja llamada Nemertil que, según se decía, se había acostado con Tancredo -cosa, por otra parte, no muy fuera de lo común-. Los aventureros habían ido al oeste en un momento en el que aquellas eran tierras peligrosas... bajo el mandato del Rey Otto los feudos orcos habían jurado vasallaje al trono de Akenar, pero esto era muy reciente. El mércades ya estaban de nuevo en el camino, entrando en las Colinas de las Dos Doncellas. Gregorio debió sentirse un poco extraño porque tuvieron que hacer noche en una posada orca, la Parada de Groo'r, donde preguntaron al posadero por el Monasterio del Río, donde se supone que el grupo se había dirigido. El orco les previno acerca de grandes peligros en aquella zona a la que nadie iba... pero no podían hacerle demasiado caso. En cualquier caso Gregorio realizó unos conjuros y plegarias que le revelaron que efectivamente ninguno de los aventureros que buscaban estaba en el monasterio, pero fueron igualmente a ver qué había pasado. No sabían mucho del Monasterio del Río, que había pertenecido a la Inquisición y que ésta, en ocasiones, guardaba en sus monasterios objetos malditos y secretos que mejor era no conocer. Según se acercaron al Monasterio dejó de haber vegetación, las rocas estaban más puntiagudas, los caballos no querían avanzar y, además, una gran tormenta empezó a descargarse sobre sus cabezas... Vieron unas ruinas encima de una loma, grises, rotas, de muros húmedos y destruidos por el paso del tiempo. Y entraron a mirar sólo para descubrir que aquel era un lugar de peligros y muerte sin igual, arañas gigantes, árboles venenosos, extraños y mortales limos de ácido que corroen el metal y, sobre todo, un extrañísimo monje que, según parecía, se había quedado prisionero en el subsuelo del monasterio y trataba de ser liberado. Saltaba a la vista que un gran mal se había apoderado del desgraciado ni Kraag ni Gregorio tuvieron la menor intención de liberarlo. Finalmente, tras varios sustos -en uno de los cuales el clérigo perdió su armadura y sus armas corroídas por el ácido-, decidieron salir de allí. El clérigo loco había visto, meses atrás, al grupo, pero no fueron capaces de sacarle mucho más. Regresaron heridos y cansados a la Parada de Groo'r, pensando en descansar, secarse, y regresar por Cros Ard para ver si los aventureros habían pasado por allí en su regreso a Akenar. Era jueves, 4 de marzo del año 1081 según el cómputo imperial sillenita. |
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Partida #5 "El viaje en globo"
El viernes salieron de la
Parada de Groo'r y se dirigieron de vuelta a Mirador, con la
intención de que Lancel, el hermano de Gregorio, le prestase
armas y armadura para reponer las perdidas en el Monasterio
del Río. Y así fue, de hecho, una vez llegaron al castillo.
Una vez allí se enteraron de extrañas noticias, al parecer
el paladín Sire William, en Akenar, había huído con la nueva
Reina, Lady Nanya, y había herido al Rey Otto la misma noche
de su boda. Desde aquel entonces se consideraba a Sire
William un proscrito en todas las tierras de Akenar y se
pagaba una recompensa de 300 piezas de oro, vivo o muerto.
La mañana del sabbat Kraag encontró un extraño papel en la mano. Era como un pergamino blanco con una marca en el medio, un símbolo como de ocho flechas pintadas con tinta negra. Tiró el papel y preguntó a los hombres de la guardia si alguien sabía quién se lo había puesto en la mano mientras dormía. Pero nadie sabía nada. Cogieron los caballos y salieron de mirador la mañana del sabbat. Se dirigieron al norte, a la fortaleza enana de Cros Ard, donde esperaban oir noticias del grupo que buscaban. Al oeste, en todo momento, podían divisar las enormes Columnas de Dios, unas formaciones gigantescas que maravillan a los viajeros con su belleza. Sin embargo otros menesteres les ocuparon los pensamientos: encontraron un jinete oscuro, caballo negro con coraza, armadura completa y espadón, que venía en dirección contraria. Sin mediar palabra el jinete les atacó con extrema fiereza y a punto estuvo de matar a Gregorio de un golpe. Kraag tuvo que emplearse bien a fondo para evitar caer muerto bajo el mandoble del caballero oscuro. Finalmente consiguió vencerlo, pero no fue fácil. Tras este encontronazo, el malherido Gregorio y Kraag apretaron el paso de sus monturas para llegar lo antes posible a Cros Ard. Una vez allí se hospedaron en una posada de hombres, pues era una aldea enana y seguramente a muchos de los vecinos no les agradaría la presencia del kernio. Les llamó muchísimo la antención un extraño objeto ovalado que flotaba junto al castillo pero nadie les pudo decir de qué se trataba... La mañana del dóminus estuvieron haciendo preguntas y, de paso, tratando de arreglar las armaduras destrozadas en el combate con el caballero oscuro. Incluso finalmente se acercaron al bastión enano donde se enteraron que efectivamente algunos de los hombres recordaban que el grupo había pasado por allí. Lo recordaban bien porque el enano Urik había luchado con el señor del lugar -se habían insultado y la cosa había acabado en un duelo- y había muerto. Tras eso, se habían ido al Monasterio del Río caminando hacia el este. Se quedaron muy descolocados por aquellas noticias porque, según habían sabido, el enano Urik había llegado al Monasterio. De modo que no podía haber muerto antes de ir allí. Gregorio dedujo que debía estar moribundo tras el combate y que sus compañeros quizás lo curaron... Había un enano herrero e inventor en el castillo, de nombre Yurrik, hijo de Yrvik, con el que hablaron para ver si podía arreglarles el equipo. Sin embargo éste parecía completamente distraído por su nuvo invento: un globo. Al parecer había inventado un artilugio que podía volar y llevar una especie de barco colgando que podía transportar gente y cosas. Yurrik quería partir el lunes hacia Akenar para hacer el primer vuelo con gente, pero muchos enanos temían por sus vidas. Les ofreció a Gregorio y a Kraag viajar con la tripulación de su globo -que se llamaba Orir, que en enano significa Joya-. Tras un rato de duda aceptaron pensando que llegarían antes que a caballo. Esto provocó que muchos enanos de Cros Ard se ofreciesen voluntarios para ir puesto que un Kernio no podía ser más valiente que ellos. Así fue como Gregorio y Kraag regresaron a Akenar en globo. El viaje apenas les llevó dos jornadas, llegaron el martes al atardecer. Fueron dos días extraños viendo el lago Aark desde el cielo, nubes, algo de balanceo y escuchando conversaciones en enano constantemente. Eso si, comieron buen jamón y panes de nueces con miel con un yogur que sólo los enanos saben hacer y que es la gloria. E hidromiel. En Akenar aterrizaron en la Fortaleza Negra, donde una comitiva real esperaba a Yurrik, con el que habían hablado durante la travesía y les había dejado buena impresión. El Rey Otto había organizado un banquete para la tripulación del globo pero ellos, discretamente, se marcharon a informar al Capítulo, descansar y recuperar su equipo. Estaban un poco perdidos en su búsqueda, la única pista que les quedaba les llevaba a Hanor. Sin embargo sabían de oídas que un tal Lucius, el Arquimista, conocía a los hombres que buscaban, así que se pasaron por su tienda, situada donde antaño estaba la famosa Posada del Puente -que muchos llaman Posada del Gordo, por motivos desconocidos-. Hablaron con el Vilonio -un hombre extraño- y se enteraron que el grupo se había dividido. La mujer llamada Renata se había ido a Treveris. El resto había viajado, nada más y nada menos, a la ciudad de Talion. Hablaron de todo esto con el mago Eustache y les pareció que sería más fácil encontrar a un grupo entero que a una mujer. El mago les dio una buena provisión de dinero para un viaje largo. El plan era ir a Hanor y allí encontrar un barco que fuese a Westerdam. Desde allí, a Talion. Un largo viaje, sin duda. . |
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