Cuadernos de Campaña: Los Lidios
Cuando el Rey Janos Vanir fue
muerto en Eriador en el año 3370 Lidia contaba ya con siete años. En aquellos
tiempos el pueblo de los Lidios no existía sino que formaba parte del Pueblo de
los Rakos, bárbaros adoradores del dios Gleind y su panteón. Algunos de los
Rakos formaban parte de la guardia berserker de Rolf Sin Miedo, uno de los manni
que ayudó a saquear Eriador junto con el temido orco Kuj Barbanegra. Los Rakos,
además, pagaban un importante wergeld a los orcos del Reino de Blodörn.
Para pagarles tenían que dedicarse al saqueo sistemáticamente en las tierras
del Reino de Eria, con el que supuestamente estaban aliados. Años después el
Rey de Auvernia, Carlo de Troyes, en el año 3392 inició una larga campaña de
castigo contra los Rakos que estuvo a punto de aniquilarles. Sin embargo en uno
de los contraataques uno de los señores de la guerra de los manni capturó a
varios caballeros erios y una mujer llamada Clara, aprendiz del mago Calvino. En
poco tiempo los caballeros fueron asesinados, puesto que los manni raramente
intercambian prisioneros, pero por algún motivo uno de los hechiceros de los
Rakos decidió dejar libre a la aprendiza que, curiosamente, en vez de irse se
quedó en esas tierras: le había tomado cariño a una de las mujeres guerreras
de los Rakos, Lidia, que en aquella época contaba con 28 años y había tenido
ya varios hijos. La manni, a pesar de su carácter áspero y duro, había
mostrado una gran cualidad para el aprendizaje de las artes mágicas y ambas
mujeres comenzaron a tratarse como madre e hija. Cuando Lidia contaba con 40 años,
en el año 3403, hay algunos ancianos de los Manni que recuerdan sus grandes
prodigios mágicos. En el año 3410 la maga Clara abandonó las tierras de los
manni y se fue al sur. Nunca regresaría.
Los manni no suelen respetar
a las mujeres como los erios del sur o los auvernios. Sólo respetan dos cosas,
la fuerza y la vejez. Sin embargo Lidia, en los años que pasaron, fue muy
respetada por los guerreros manni. En el año 3415 el marido de Lidia, Yngvi
Snorri, discutió con el hijo del jefe de los Rakos, llamado Olaf. El joven Olaf
mató a Yngvi y eso, días después, le costó la vida a manos de Lidia, que por
las leyes antiguas de los Rakos tenía derecho a vengarse. Sin embargo fue
desterrada. Muchos de los hombres de los Rakos la acompañaron, así como la
mayoría de sus familiares. Por aquel entonces ya era sabido que ella poseía el
don de la larga vida, su piel era joven y su fuerza increíble, aparte de sus
artes mágicas.
El año 3417 se establecieron
en las tierras del conde de Pyk y las tomaron como suyas. Por esos lugares los
auvernios apenas pasaban puesto que les eran muy hostiles. Sin embargo en el año
3426 una expedición del conde atacó el castro de Lygaard y, en las crónicas
de los auvernios escritas por el mago Demóstenes se menciona a ese pueblo como
“los Lidios”.
El castro resistió el ataque
y en los años siguientes, en los que se sucedieron varios inviernos duros,
saquearon las tierras del condado de Pyk.
Fue en el año de 3442 cuando
el conde de Pyk, llamado Sire Walter, heredó el feudo de su padre, muerto a
manos de los Lidios. En dos años recuperó algunas de las tierras perdidas y,
la primavera del 3444, capturó una de las aldeas en las que, casualmente,
estaba Lidia, que se dio por muerta. El paladín, cuando se enteró de que la
propia Lidia había sido hecha prisionera, la trató con honores de noble y envió
mensajeros a los Lidios para negociar. Los dos heraldos que envió regresaron
sin cabeza. Fue entonces cuando, para dar un ejemplo de honor entre enemigos, la
dejó marchar. Quizás esto impresionó a la maga.
A pesar de todo, esto generó
cierta desconfianza en los Lidios. En poco tiempo ella empezó a ver las cosas
de otro modo, empezó a comprender que el conde de Pyk jamás atacaba poblados
con gente y se limitaba a defender sus tierras de los bárbaros. Sus continuos e
incansables intentos de negociación siempre eran vulnerados por las costumbres
de los manni, y su aparente belicismo era tan sólo un gesto de defensa mal
interpretado.
Cuando empezó a pensar todo
eso, Lidia se fue al sur. Había oído que muchos hombres como aquel luchaban
contra el mal en el Reino de Eria, donde estaba su madre.
Algunos conocidos en Lydgaard:
Osbor:
jefe del poblado, viejo conocido, amigo de Clara
Guntar: jefe de los
guerreros, muy joven y apenas conoce a Lidia
Uta Ylen: mujer
curandera, amiga de la infancia de Lidia, muy anciana
Solmok: hombre de los
caballos, guerrero intrépido
Naih:
hijo de Osbor
